Un trocito del Salnés

Alejandro Casona fue un dramaturgo de bastante éxito entre los años cuarenta y cincuenta siendo “Los árboles mueren de pie” una de sus obras más celebradas. En ella, uno de sus personajes, al visitar los lugares en los que transcurrió su infancia, piensa: “Quizá uno no debería volver a los sitios en los que fue feliz”.

Y es que los ojos con los que mira un niño no son los mismos que cuando se alcanza la “delendam senectutem” que dice el himno de los estudiantes. Los altos muros que de antaño parecían inalcanzables son ahora simples cierres, los grandes árboles que daban sombra al atrio de la capilla ya no  parecen tan altos y aquel río en cuyas limpias aguas se refrescaba en largas tardes de aquellos cálidos veranos es ahora un regato de aguas turbias que fluye entre las fincas  de A Baralla, al pie del monte Castrove.

Pero la nostalgia no empaña la felicidad del que esto escribe al acompañar a la alegre tropa de Los Lunes al Sol por este trocito del hermoso valle del Salnés, al pie del monte Castrove, por el que transcurrieron los lejanos años de su infancia.

Iniciamos la marcha en los frondosos pinares de Andión, en San Vicente de Nogueira, cabeza de las tres Nogueiras con la de Santo Tomé y San lorenzo, para llegar a la iglesia de San Martiño de Meis y ascender por cómodas pistas a las laderas del Monte Castrove, vadeando O Rego de San Martiño y descendiendo hasta Arcos por donde nace O Rego de Santo Tomé cuyo curso nos lleva a la Cacharola en cuyos alrededores se encuentra el restaurante A Pedra en donde somos muy bien atendidos con un sencillo pero sabroso menú a base de caldo gallego, guiso de chocos o chipirones fritos regado, eso sí, con un peleón tinto de casi negra espesura no trasegable sin la ayuda de la indispensable gaseosa.

Continúa la caminata post meridiem por las orillas de O Rego Santo Tomé que toma el nombre de A Baralla cruzando el delicioso y breve valle en el que se asienta O Mosteiro, capital del municipio de Meis, el más extenso y menos poblado del Salnés, para  llegar al lugar de Lois en donde es conocido como el río Cañón.

Dejamos el río de los tres nombres y nos adentramos en los pinares que rodean Monte de Casa para llegar a Zacande y, ya por el asfalto, alcanzar el punto final de esta hermosa y cómoda ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,340 Km. 6 h. 24 min. Media Nubes y claros 

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Paisaje de otoño

Amieiros, abeleiras, bidueiros, freixos, salgueiros... alisos, avellanos, abedules, fresnos, sauces… recientes y vetustos, de estilizados tallos o añosos troncos, alzando sus copas al azul del cielo en una sinfonía de colores que van del rojo al amarillo bordean las orillas del modesto Loira que muestra  ufano su abundoso caudal después de las recientes lluvias, lejos de aquel esquelético cauce de los tiempos del estío.

Rezuman espuma las represas construidas antaño para forzar la corriente y suministrar la necesaria energía para la molienda en los 55 muiños que jalonan sus riberas. En un recodo del río aparece, casi de repente, un verde campo decorado  por una variopinta y frondosa arboleda en un escenario genuinamente otoñal. Al fondo, en los montes que amparan el valle, surgen las manchas doradas y ocres de  los pequeños bosques de la arboleda autóctona que sobreviven entre la masa verde gris de pinos y eucaliptos.

Abandonamos el río rumoroso para dirigir  nuestros pasos hacia el oeste, entre fincas y pastos, por tranquilas aldeas como Pedrafita de Currás hasta que, pasada A Fonte de Bilidáns, emprendemos la ascensión al Castro de Subidá , un asentamiento castrense de hace unos dos mil cuatro cientos  años en una de las laderas del monte de A Portela, conformando un espléndido mirador de la ría de Pontevedra y Marín.

Ahora todo es bajar hasta el puerto  con parada en Casa Pilán que  ofrece  un económico, delicioso y variado menú con platos como fabada de marisco o caldeirada de rape y rubio entre otros, que dejan más que satisfechos a los diez y seis componentes de la expedición de este lunes. Regada la cosa por un potente Ribera de Duero como es el Protos, de bien ganado prestigio, obsequio del recientemente incorporado al grupo, Manuel, que de alguna manera hay que ganarse el aprecio y aceptación del resto de los colegas.

Abandonamos el restaurante para, después de atravesar el casco urbano de la villa marinense, continuar nuestro recorrido por las playas no sin pararnos en Mogor para admirar sus petroglifos y seguir por la de Aguete cuando ya el sol comienza a esconderse tiñendo de rojo los huecos que quedan entre las nubes de algodón gris oscuro que cubren  las tranquilas aguas del puerto, punto de inicio y fin de la estupenda jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,410 Km. 6 h. 33 min. Baja Nubes y claros

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Niebla en A Peneda, sol en Arcade

Si el lunes pasado, lluvioso y frío, decíamos que habíamos alcanzado el minimum minimorum de asistencia en éste, con pronóstico de sol y alguna niebla matutina, hemos batido el registro con el máximum maximorum, pues 15 fueron los que se apuntaron,  el más alto número de participantes  hasta la fecha en las caminatas de Los Lunes al Sol.

Efectivamente, la jornada comenzó con una densa niebla que nos acompañó hasta el Alto da Covaleira, una extensa plataforma desde la que, en los días claros, se disfruta de una amplia panorámica se la ría.

Un poco más arriba se halla el Alto de A Peneda al que también accedemos envueltos en la niebla que desaparece una vez estamos en la cima de este histórico promontorio que se eleva como un cono sobre las tierras de Soutomaior con vistas en 360º sobre el valle y la ría.

Desde aquí queda un largo descenso entre las fincas y viñedos que nos separan del Castillo de Soutomaior, otro enclave lleno de historia muy bien conservado y que es objeto de continuas exposiciones y eventos. Sigue la marcha hacia el puente medieval sobre el río Verdugo al que acompañamos hasta su desembocadura en la ría de Vigo por Pontesampaio, parroquia pontevedresa limítrofe con la de Arcade que pertenece al municipio de Soutomaior.

En Arcade, después de 18 Km. de caminata, nos dirigimos a la Ostrería Romasa en donde nos atienden estupendamente con un menú  del día a base de chipirones a la plancha y arroz con bacalao cuya relación calidad precio es una de las más altas  que hemos conocido en nuestras andanzas.  Todo regado con Joaquín Rebolledo, un blanco godello de Valdeorras, oro en la copa,  acompañado por las exquisitas y famosas ostras de Arcade, generosa invitación de nuestro querido José Luís que celebró así su cumpleaños a los sones del “Es un muchacho excelente…” que sus amigos  le dedicamos entusiasmados.

Sigue luciendo un espléndido sol a la salida del restaurante cuando atacamos los pocos kilómetros que nos separan del punto de partida no sin esfuerzo, pues hemos de salvar las empinada rampa de O Outeiro das Penas, entre frondosos pinos y altos helechos, antes de alcanzar el sitio, cerca de O Cruceiro do Viso, donde iniciamos y rematamos la gozosa jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,000 Km. 6 h. 40 min. Media Soleado 

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Lloviendo en el paraíso

A Airoa es una pequeña aldea de la parroquia de A Laxe, municipio de Fornelos de Montes. A poco de comenzar la ruta de este lunes nos topamos con  un panel informativo colocado por la Comunidad de montes que pone: Airoa, paraíso natural.

La lluvia, la niebla y el frío impiden que podamos disfrutar plenamente de los bellísimos parajes que iremos encontrando a lo largo del recorrido.

Cuando llegamos a la Fervenza de Casariños sopla un viento helado y cubre la sierra una densa niebla tras la cual se insinúa el formidable salto formado por O Barraqueira de Fonte Uceira y O Barranqueira do Rego de Casariños, dos torrentes que se unen en estos montes  de la Sierra del Suído para caer al fondo de la vaguada y unirse allí en un solo caudal.

Dejando atrás aquel solitario lugar envuelto en la magia de la niebla y la fervenza, encaminamos nuestros pasos hacia A Airoa para lo cual hemos de vadear O Rego do Ceño de Reixa Grande, ahora un ruidoso caudal que cubre los pasos que dan acceso al camino que sigue al otro lado del río, así que no nos queda más remedio que dar vuelta atrás y regresar a la aldea y modificar el recorrido.

Por las verdes praderas brillantes bajo la lluvia entre los estrechos caminitos que forman los cierres de las diminutas fincas, buen ejemplo del tan denostado minifundio, llegamos al puente Silvares en el río Valdohome y seguimos hasta el puente Rocín, siempre por la orilla de este río, hoy pletórico, con su cauce casi rebosante y sus aguas agitadas entre la hermosura de la arboleda que  jalona sus riberas, con mucho cuidado de no resbalar sobre las mojadas  piedras que forman los caminos bien encharcados en esta lluviosa mañana

Puentes y pontellas  cruzan este río y los otros que fluyen por esta comarca como el Couñago cuyos pasos o poldras también hundidos bajo la corriente nos obligan por segunda vez a cambiar de rumbo hasta que llegamos al restaurante casa Chalán, en As Estacas, en  donde podemos descansar del laborioso andar entre piedras y charcos por antiguas congostras que, más que caminos de carro, parecen en esta mañana torrentes paralelos al curso del río.

En este lunes hemos alcanzado el minimum minimorum de asistencia, pues solamente cuatro formamos la animosa tropa que se ha atrevido a desafiar a los elementos en esta mañana de lluvia y niebla. Un mencía Via Apia, de la Ribeira Sacra, con que el brindamos por el cumpleaños de Moisés que sigue la norma no escrita  que no obliga pero prescribe que los cumpleañeros inviten, es lo mejor del rutinario menú con el que recomponemos nuestros baqueteados esqueletos

De nuevo en  la ruta, la lluvia nos da un respiro y hasta el sol parece que asoma tímidamente entre las nubes.  Después de atravesar el monumental y hermoso puente de Anceu, en otros tiempos importante paso de hombres y mercancías y hoy prácticamente abandonado, nos acercamos a la Fervenza de A Feixa, en Verducido, otra magnífica estampa del río Parada precipitándose sobre las rocas. Ahora nos toca volver sobre nuestros pasos y regresar al gran meandro del río Couñago desde donde nos dirigimos hacia el final en nuestra ruta en O Casal.

Una ruta preciosa, cuajada de muiños, puentes, fervenzas y ríos que fluyen entre frondosas riberas que el otoño tiñe de oro antes de que el sol se esconda para dar paso a la tempranas noches de la estación.

 

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,780 Km. 6 h. 54 min. Media Lluvia 

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Ondiñas veñen e van…

Ondiñas veñen,
ondiñas veñen e van
non te embarques rianxeira
que te vas a marear.

Un icono musical de Galicia nacido en Buenos Aires y compuesto en honor del eximio rianxeiro Alfonso Rodríguez Castelao.

En el Paseo Marítimo de Rianxo se encuentra la escultura de la rianxeira que recuerda a tantos emigrantes que dejaron esta hermosa villa para en ir en  busca una vida mejor. A poco más de tres kilómetros, en el lugar de A Laxe, a la orilla del río Te, iniciamos la caminata de este lunes.

Los primeros kilómetros discurren a lo largo de este río totalmente rianxeiro, pues nace y muere dentro del municipio. Aunque el estiaje persiste y aún no han comenzado las lluvias, el río mantiene un caudal  escaso pero suficiente para ver reflejada en sus aguas la frondosa arboleda que lo acompaña hasta el lugar de Foxaco en donde abandonamos el río para acometer las pistas forestales que nos llevan, entre pinos y eucaliptos y alguna que otra carballeira, hasta el centro de la villa, sin apenas desniveles, lo que hace de la caminata un paseo agradable y exento de esfuerzo en este verano-otoño, “veroño”, que de momento no nos abandona en contraste con los tremendos temporales que asolan el este y sur de la península.

Ya en el puerto, nos dirigimos a O Taberneiro, un restaurante con amplios ventanales  a la ría que en este mediodía se extiende como una lámina  de temblorosas ondiñas brillantes bajo el azul intenso de un cielo impoluto que presta su color al mar.

Callos con garbanzos (se olvidaron de los callos), merluza a la plancha, algún postre y un ribeiro de barril no constituyen un festín pero cumplen su función de reponer energías y proporcionarnos un buen rato de charla distendida y alegre convivencia antes de echarnos de nuevo a la calle para recorrer el hermoso Paseo Marítimo de Rianxo, desde el puerto hasta la playa de la Torre, ya en la parroquia de Taragoña donde el río Te entrega sus aguas al océano.

Poco nos queda para regresar al punto de partida.

Tras un precioso tramo por la  ribera izquierda del río Te estamos de nuevo en A Laxe y como nos queda cerca el famoso hórreo de Araño que dicen que es el más grande del mundo, allí nos dirigimos para observarlo. Grande sí que es pero no llevamos cinta métrica para comprobar su tamaño. Mucho maíz debía recolectar la parroquia a cuyo iglesiario pertenece este almacén de grano, hoy vacío, para ostentar semejante tamaño.

Ha sido una espléndida jornada, el sol aún calienta con fuerza y es hora de regresar.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,500 Km. 5 h. 54 min. Baja Soleado 

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