Un balcón sobre el MIño

La primera vez que pasamos por el balneario de Laias fue en el 2015 por estas mismas fechas. Desde aquella han sido varias las que lo hemos visitado pero  este lunes es la única en que nuestro periplo se inicia y finaliza  en este centro termal.

A poco de abandonar los dominios del hotel, un estrecho sendero nos mete por una frondosa carballeira pasando después por umbríos pinares de los que salimos al monte raso que, en continuo ascenso, nos lleva por pistas forestales que discurren por la ladera, cada vez más arriba pero siempre con la estampa del río Miño embalsado allá abajo cuyas aguas parecen quietas como un enorme espejo gris plateado que se extiende a los pies e la parroquia de Barbantes hasta donde la vista alcanza.

Cuando llegamos a la bifurcación que nos habría de conducir a la cima del Monte de San Trocado, un intenso aguacero se desploma sobre nuestras cabezas por lo que aguantamos el chaparrón estoicamente y decidimos dejar la subida a la ermita del santo para ocasión más favorable.

Continuamos por las pistas que rodean la montaña, siempre con el Miño a la vista, hasta llegara la gran carballeira por la que, ya en pleno descenso, damos con  lo que queda de la calzada romana hasta las primeras casas de Barbantes.

Pasado el pueblo, vadeamos el río y seguimos por su margen derecha por el paseo que, en en poco más de tres kilómetros, nos traslada a las inmediaciones el balneario.

Allí, pertrechados con las preceptivas chancletas, gorro y bañador, accedemos a las piscinas termales del establecimiento para masajear bajo sus fuertes chorros cervicales, dorsales, lumbares, isquiotibiales y cuantos músculos y articulaciones se nos ocurran después de los cual nos dirigimos al restaurante en cuyo buffet reponemos las energías gastadas durante el día y damos por rematada la jornada con un corto paseo unos y tertulia otros en la terraza al borde del río.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,000 Km. 5 h. 00 min. Media Nubes y claros 

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¡Viva la vida!

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
qu es el morir.

Contemplando desde la cima del Monte de Santa Trega cómo el padre Miño se abre en un ancho estuario para entregar sus aguas al océano, nos vienen a la memoria los archiconocidos versos de Jorge Manrique que así se lamenta en las “Coplas a la muerte de su padre”.

Es de suponer que el hombre estaría deprimido y triste por el lento y doloroso tránsito de su progenitor pero a nosotros, los entusiastas andarines de Los Lunes al Sol, esta estampa del gran río gallego extendiendo sus brazos de luz y plata hacia el inmenso mar, es la imagen de la vida misma, la vida que bulle en las profundidades de sus aguas y la que hierve en sus orillas entre Caminha y A Guarda.

¡Viva la vida! exclamamos mientras recorremos los innumerables caminos y sendas que rodean este emblemático castro que, con más de tres mil años de antigüedad, domina el solemne encuentro del gran río con el inmenso océano.

Cada año, por estas fechas, estos caminantes cumplen como un rito con su andadura por los aledaños de este cerro ancestral.

Llegados a la cima contemplamos, asombrados como si fuese la vez primera, el maravilloso cuadro del Miño entregándose al Atlántico con el islote que alberga O Forte da Insua en la desembocadura.

La Citania, el Via Crucis, O Facho, entre otros atractivos, son un imán para los continuos visitantes que merodean, sobre todo en estas fechas, por su contorno.

Nosotros también lo hacemos hasta que abandonamos las alturas para descender por O Camiño das 14 revoltas a la ladera oeste en la que se encuentran Os Castrexos da Chans, con reproducciones de viviendas y otros elementos de los que hace tres milenios habitaron aquí.

Bajamos hasta las inmediaciones de O Paxase para, rodeando el monte, atravesar la villa guardesa y, ya por la costa, cruzar O Piñeiral Castrexo cuyos pinos han sido decorados por el el artista redondelano Cabaleiro con esvásticas y trisqueles celtas que confieren al lugar un halo de magia y misterio.

Desde ahí, una larga pasarela de madera nos lleva hasta el Hotel-Restaurante El Molino en cuyo gran salón nos servimos de su buffet para dar satisfacción a nuestras hambres que, después de los casi 20 Km. de recorrido por las entrañas de Santa Trega, reclaman un poco de atención.

Con un corto paseo por los pinares que bordean la Playa de Camposancos, regresamos al punto de partida dando por finalizada la espléndida jornada de este primer lunes de setiembre.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,100 Km. 5 h. 44 min. Media Nubes y claros 

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Un jardín junto al MIño

La caminata de esta mañana del penúltimo día de agosto es un cómodo y gratificante paseo por uno de los parajes más hermosos de la zona.

Desde su inicio en el embarcadero de Goián, por la senda que nos lleva hasta el puente internacional llamado “Ponte da amizade” que une la parroquia tomiñesa con Vilanova de Cerveira al otro lado del río Miño, nos acompañará durante todo el recorrido la exuberancia de esta tierra con un microclima peculiar, semitropical, en el que conviven especies tropicales como palmeras y aguacates con las nórdicas como pinos y abetos.

Atravesamos los umbríos pinares de Fontela, pasando por encantadoras y pequeñas aldeas como O Pazo, también por las cuidadas rúas de San Juan de Tabagón  en muchas de cuyas casas florecen gran variedad de plantas de vivos colores, glicinias, buganvillas, geranios y muchas más.

Abundan los viveros de grandes extensiones en los que se cultivan plantas y flores que son enviada a las lonjas holandesas para su distribución por el ancho mundo.

Llegados a la iglesia de San Miguel hacemos alto en el delicioso bosque que le es vecino y en cuyo merendero  disfrutamos de su sombra y de un pequeño descanso. A partir de ahí nuestro paseo es un gozoso caminar por la senda que bordea el río MIño, ya muy ancho por estas latitudes cercanas a su desembocadura entre a Guarda y Camniha.

Palmeras, castaños, abedules y muchas otras especies vegetales entre plantas y flores jalonan el delicioso sendero por el que  caminamos acompañados por la suave brisa y el silencioso fluir de las las tranquilas aguas del rey de los ríos gallegos.

Llegamos así hasta la Fortaleza de San Lorenzo, un impresionante bastión en forma de estrella construido en el siglo XVII para defenderse de los portugueses que habían ocupado este lugar.

A lado de la fortaleza se encuentra el embarcadero de donde habíamos partido y en que  ahora, rondando las dos de la tarde, finaliza este agradable periplo por las hermosas tierras goianesas.

Aunque la caminata ha sido fácil y ha requerido poco esfuerzo, los casi 20 km. de la andadura claman por un compensación gastronómica, así que nos desplazamos hasta el restaurante Os Pedregales en done nos atienden con un menú aceptable a base se salpicón, media mini lubina de serie a la plancha y sabrosas natillas, todo acompañado por el excelente albariño de la bodega se la casa, invitación de nuestro entrañable Antonio con el que brindamos por su cumpleaños celebrando también la asistencia de nuestro inolvidable Ángel que desde su destino en Tenerife ha venido a acompañarnos aprovechando sus vacaciones.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,620 Km. 4 h. 51 min. Baja Soleado 

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Arrecia la canícula

“Sangre, sudor y lágrimas, es todo lo que os puedo ofrecer”,le espetó Winston Churchill a sus compatriotas avisándoles
de lo que se les venía encima si entraban en guerra con los alemanes.

En la caminata de hoy no hubo lágrimas ni sangre pero sí sudor, no del que hablaba Churchill refiriéndose al sufrimiento, sino sudor físico de ese que, deslizándose por la frente, recorre todo el cuerpo empapando desde la camiseta hasta el calcetín.

Y es que en este lunes de la penúltima semana de agosto, después del julio más nublado de los últimos treinta años, la canícula arrecia y el calor aprieta por las pedregosas pistas que serpentean por los montes que rodean la parroquia oiense de Loureza en nuestro camino hacia los muiños del Picón y del Folón, los dos riachuelos que dan nombre a la serie de los 60 ingenios, 36 el primero, 24 el segundo, que desde hace más de 300 años fueron construidos a lo largo de sus cauces y que hoy son una de las más importantes expresiones del patrimonio rural gallego.

Para llegar a tan pintoresco lugar bajamos hasta el río Tamuxe hasta su cruce con el río da Cal, un poco antes del puente que nos lleva por un corto tramo de carretera hasta el camino de la que se desvía monte arriba para conducirnos, una veces a pleno sol otras bajo la sombra de la escasa arboleda, hasta el inicio de los citados Muiños do Picón en uno de los cuales nos detenemos para dar cuenta de un pequeño refrigerio que buena falta nos hace para lo que nos queda de camino.

Dejando atrás los Muiños do Picón, do Folón y los de O Nivel , seguimos monte arriba hacia el este, al encuentro del río da Cal cuyas escasas aguas bajan desde el Monte Valga, en Loureza, por un profundo desfiladero formando preciosas pozas en el lugar donde se hayan los viejos Muiños do Calán.

Los incendios habidos en el 2005 y posteriores han arrasado estos parajes en los que hoy predomina el pino joven y el eucalipto por lo que nos quedan largos tramos de marcha a pleno sol.

Solamente al llegar a la aldea de Santa Comba nos topamos con el sendero de bajada profusamente protegido por la frondosa arboleda que da sombra al  camino que nos lleva hasta el punto de final y también inicio de esta hermosa ruta que finaliza con un gratificante chapuzón en las mansas aguas de la piscina natural que forma el Tamuxe a su paso por el puente de Loureza.

Rematamos la jornada en la cercana Casa Paco, en Torroña, vieja conocida de este grupo de senderistas a los que nunca defrauda como en esta ocasión en la que calidad, atención y precio son marca de la casa. No se puede tener más por menos. Paté de foie, salpicón, un espléndido codillo y riquísimas filloas por el módico precio del menú del día.

Regresamos a nuestros hogares cruzando los montes montes de A Groba con maravillosas vistas de la ensenada de Baiona, las Islas Cíes y Monte Ferro, sorprendidos por la cantidad de garranos y vacas refugiados bajo la sombre de los pinos, resguardándose del agobiante calor que el implacable Lorenzo está dejando caer sobre estos territorios.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,470 Km. 5 h. 11 min. Media Soleado 

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Del monte a la mata

En el 2014 hicimos esta ruta por primera vez y desde entonces se ha convertido en una de las fijas de la temporada estival así que poco hay que contar sobre este “trilho” portugués que no se haya dicho antes.

La novedad en esta ocasión es que hemos invertido el sentido de la ruta comenzando la marcha por el casco urbano de Caminha, desviándonos en el paseo marítimo del Doutor Danta Carneiro para pasar por la capilla de Nª Sª da Agonia y seguir por el barrio de Portela hasta el Miradoiro da Fraga en donde hacemos un alto para disfrutar de la hermosa panorámica que nos ofrece la Mata do Camarido, una enorme mancha verde entre la ciudad y el azul del mar.

Siempre carretera arriba, nos topamos al monte de Santo Antâo, casi a 400 m. sobre el nivel del mar coronado por la Capela del Santo.

Es una fantástica atalaya para observar la desembocadura del río Miño con el islote de San Isidro y su Forte da Insua, valuarte portugués a 500 m. de su costa y casi un kilómetro de la española.

Ahí se acaban los casi 6 km. de carretera bien asfaltada para enlazar con la pista que atraviesa el parque eólico del Alto da Espiga en cuyo vértice geodésico nos detenemos para hacer la foto del grupo.

Ahora toca bajar por un abrupto y pedregoso sendero hasta la zona recreativa en la que se haya la capilla de Sâo Pedro de Varais, un sencillo y encantador templo de estilo románico tardío enclavado en un hermoso paraje cuyo verdor destaca entre la seca estampa del este monte pelado.

Continúa el sendero en franco descenso hasta la Freguesía de Moledo do Minho que ahora en verano luce su gran playa, muy ventosa, más apta para el surf y deportes similares que para el baño.

En el límite norte de esta parroquia tiene su arranque la impreionante Mata de Camarido, “una extensa mancha forestal de 146 hectáreas al borde del mar en la que predomina el pino atlántico pero en el que crecen otras muchas especies como alcornoques y sobretodo laureles. En algunas zonas, el bosque adquiere más aspecto de laurisilva que de pinar”.(Alfonso Polvorinos).

Atravesamos el precioso bosque hasta su término en el restaurante O Forte da Insua a cuyos pies se extiende la playa de Foz do Miño con el monte de Santa Trega enfrente.

Ahí rematamos la jornada de este lunes mientras disfrutamos de los excelentes pescados de la casa: lubina, dorada y bacalao acompañados de los ricos vinos portugueses, verdes y maduros, complementando tan agradable pitanza con variados postres tales como la leite creme, baba de camello y otras delicatessen.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,740 Km. 5 h.17 min. Media Soleado 

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