Como un espejo

El río Loña parte de los altos del concello de Nogueira de Ramuín abriéndose hacia el sur y  buscando la depresión de Ourense con parada en Pereiro de Aguiar en donde lo encierran en el embalse de Cachamuiña que es la aldea en la que nació el teniente Bernardo González del Valle, héroe de la Reconquista de Vigo en la que fue herido cuando derribaba a machetazos la puerta de la Gamboa.

La caminata de este lunes se inicia a las orillas del embalse el cual abandonamos por unas pasarelas de madera para dar, al cabo de unos cientos de metros, con las riberas de ese precioso río que es el Loña a su paso por estos lugares.

La mayor parte del tramo que recorremos a lo largo de sus orillas está jalonado por viejos muiños en ruinas, algunos con dos infernos que son los huecos en los que se alojan los rodicios (turbinas) con la particularidad de que sus muelas, esos grandes discos circulares de piedra que trituran el grano, están forrados con un casco de acero fabricado en el país vasco según pudimos ver en su superficie lo cual nos dejó bastante intrigados.

Las aguas del Loña parecen quietas,  deslizándose muy lentamente sobre su cauce en cuya superficie se reflejan los troncos y las copas del la arboleda ribereña como en un espejo.

Largas avenidas bajo los arcos que forman las  altas coníferas convierten nuestro caminar en un delicioso paseo iluminado por los rayos del sol que se filtran a través  de la temblorosa hojarasca.

Tan idílico entorno finaliza cuando se acaba el sendero de pescadores en el lugar de A Lamela, cerca de Loñoa do Camiño, un conjunto de casas en el que se inicia el camino de regreso, ahora entre fincas y pinares, algún tramo a pleno sol por pistas forestales, hasta dar de nuevo con la orilla del embalse el cual rodeamos hasta alcanzar el punto en el que habíamos iniciado la caminata junto a la zona recreativa que linda con la carretera.

Desde allí nos desplazamos hasta el Hostal-Restaurante Vial, en Pereiro de Aguiar, en donde con un económico y variado menú reponemos energías y disfrutamos de una agradable y divertida convivencia.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,550 Km. 5 h. 26 min. Baja Soleado 

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Hace casi 2000 años…

Pues sí, dentro de poco se cumplirán dos mil años desde que los últimos vecinos abandonaron el poblado que se había establecido en el Castro de Baroña, allá por el siglo I a. C. Era un castro marítimo situado en un precioso paraje, un istmo abrazado por el mar y unido a tierra firme por una estrecha franja de arena.

En sus rocosas laderas se elevan los restos de unas veinte viviendas en las que habitaron los primeros mariscadores de los que se tiene noticia por estos lares. También eran pescadores y ganaderos, pues apacentaban vacas, cabras y ovejas. No tenían agua y la obtenían de manantiales lejos del castro almacenándola en aljibes de los que aún quedan vestigios.

Trabajaban la piedra, los tejidos y el hierro.

Contra sus escarpados roquedos baten incansablemente las olas del Atlántico y desde sus alturas se contemplan las hermosas rías de Muros y Noia.

El Castro era el objetivo de nuestra caminata que comenzó en el lugar de O Campanario, parroquia de Caamaño, municipio de Porto do Son. Por cierto, lo de Porto do Son no tiene nada que ver con son de sonido sino que el topónimo tiene su origen en el latín Portus Dorsum (puerto del otro lado) en referencia al lugar geográfico que ocupa en la península del Barbanza. (¡Lo que se descubre en wikipedia!

Hemos dejado la visita al castro para el último tramo de la ruta a fin de disfrutar de lo más bonito hacia el fin de la ruta ya que el primer tramo  tiene más asfalto de deseable aunque también pasamos por pinares y fincas así como por pequeñas poblaciones que no están desprovistas de encanto para el caminante.

Poco después de pasada la iglesia de Santa María de Caamaño, no tardamos en llegar a la pista que nos lleva  por el borde del mar hasta el mirador de A Illa do Mar desde donde se disfruta de la bellísima estampa que ofrecen las olas de un intenso azul festoneadas por los rizos de blanca espuma acariciando las oscuras rocas.

Regresando a la pista que discurre paralela a la costa, nos desviamos hasta otro promontorio rocoso en el que se alza, excavada, en la piedra la ermita de Nª Sª do Carme.

Continuamos por las playas de As Seras, As Furnas y Río Maior hasta  alcanzar la de Aeralonga en cuyo extremo se encuentra el Castro de Baroña en donde nos demoramos con más tiempo para recorrer el antiguo poblado, sus muros, y los restos que recuerdan que allí hubo gente viviendo durante casi doscientos años.

Ya es hora del regresar, que las tripas reclaman algo de atención así que volvemos al interior por los pinares y campos por cuyos caminos y pistas recuperamos la localidad de O Campanario, inicio y fin de esta agradable jornada.

Desde allí nos desplazamos hasta el cercano Portosín en cuyo Club Náutico esperábamos colmar las razonables  ansias de aplacar las protestas de nuestros estómagos hambrientos.

Instalados en una agradable terraza con vistas a las hermosas aguas del puerto en las que  reposaban multitud de embarcaciones fuimos invitados a escoger nuestros platos preferidos en la elegante carta que nos presentó el atento personal de la marítima institución cuando, cual no sería nuestra sorpresa, fuimos informados de que algunos de los platos allí anunciados no estaban disponibles.

También  se puso a prueba nuestra paciencia por la tardanza en recibir el esperado condumio hasta el punto de que alguno de los comensales renunció a su ración cuando esta le fue servida después de casi una hora de espera.

Menos mal que los vinos, licores y bombones con los que nos obsequió   la esplendidez de nuestra  querida Teresa, recién incorporada a esta tropa de Los Lunes al Sol, rebajó la temperatura ambiental y alegró los ánimos de todos nosotros.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,570 Km. 5 h. 57 min. Media Sol y niebla

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