Ríos de Loureza

Carballo, Carballas, Tambre, Tamuxe. Por todos estos nombres se conoce a este río que nace en los montes del municipio de Oia y forma, en la localidad de Loureza, unas hermosas pozas bastante frecuentadas en los días de verano en los que el calor aprieta.

Los de Sendereando habíamos estado en las citadas pozas en noviembre de 2012 cuyo clima no era propicio para los chapuzones y ahora, en pleno estío, hemos vuelto a Loureza pero por distinta ruta, bordeando tramos del río polinómico y también de unos de sus afluentes, el Da Cal. Tanto en uno como en otro, en sesiones de mañana y tarde, tuvimos ocasión de mitigar los rigores del intenso calor refrescándonos en las tranquilas aguas que nos ofrecían algunos recónditos remansos en los cursos de ambos ríos.

La caminata comienza en el lugar de Barrio Novo, cerca de Loureza. Desde allí bajamos al río para iniciar la larga ascensión por los montes del entorno y volver a descender hasta dar con el río de nuevo y alcanzar la localidad de Fornelos, muy cerca del O Rosal. Otra vez toca subir y subir hasta llegar a los muiños del Picón que junto con los del Folón forman uno de los conjuntos etnográficos más importantes de la región. En total más de cincuenta muiños, treinta y tantos los primeros y casi veinte los segundos, que hasta la llegada de la electricidad constituyeron un importantísimo centro de molienda.

Hoy el paisaje que presentan los del Folón es desolador. El tremendo incendio de hace un par de años arrasó la zona, privándola de los pinares que la habitaban sin los cuales las lluvias han convertido aquellos parajes en un barrizal cuando llueve o un secarral en tiempo de estío sin la protección que les ofrecía la arboleda. En fin, un desastre que tardará años en ser reparado.

Y así el resto del monte, cuando dejando atrás el Picón y el Folón, encaramos la subida al Alto da Forcadiña por donde discurre del río da Cal, encajonado en la garganta que forma la vaguada, también de aspecto desértico provocado por un incendio que debió parece interminable por la extensión de la zona afectada.

En el descenso hacia Loureza por una rampa bastante pronunciada entramos en un espeso bosque de carballos y pinos que nos libra del inclemente sol y que nos lleva hasta el puente sobre el río Carballas, enfrente del cual se encuentra el restaurante, un fresco local en que el nos atienden estupendamente.

Los pocos kilómetros que nos separan del punto  de partida los recorremos sin prisas, que no está la tarde para grandes esfuerzos, con la suerte de que, poco antes del antes del punto final, encontramos un hermoso y tentador remanso del Carballas en donde nos damos un reconfortante chapuzón que nos deja nuevos antes de rematar la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,760 Km. 7 h. 20 min. Media Soleado 

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Serra da Gávea

Los rayanos con Portugal, que somos los que vivimos cerca de la frontera, conocemos muy bien la villa de Vilanova de Cerveira porque, entre otros atractivos, tiene su famosa feria de los sábados a la que acuden cientos de vecinos de las poblaciones limítrofes tanto portuguesas como españolas.

Fue fundada por Don Dinis en el S. XIV que la dotó del castillo que aún hoy preside el centro de la ciudad poniendo como condición que se reunieran al menos cien hombres buenos que se hicieran cargo de su constitución.

Está rodeada por la Sierra de Gávea en la que, por aquellos tiempos, abundaban los ciervos y de ahí su nombre y su símbolo representado por una gran escultura metálica situada en la cumbre del Alto do Crasto, obra del escultor José Rodrigues, de gran prestigio en Portugal, que además restauró al arruinado Convento de San Paio donde habita y mantiene exposición permanente de su obra.

El ciervo de Rodrigues que preside desde allá arriba todo el valle  es perfectamente visible a varios kilómetros de distancia.

Hemos iniciado la ruta en el interior de la sierra cerca de un pequeño núcleo rural de nombre Carbalho. Nuestro primer objetivo es llegar al Alto da Pena, a unos 500 m. de altitud, en donde ya estuvimos hace más de nueve años los chicos de Sendereando de aquel tiempo tres de los cuales  aún permanecemos  en el grupo. Afortunadamente, las tórridas temperaturas de estos días mudaron hoy en un lunes nublado y fresco que mitigó bastante el esfuerzo que supuso salvar las duras rampas que nos separaban de la cima.

Desde el mencionado Alto da Pena hay que descender hasta la orilla del mar que es donde se encuentra Vilanova pero no es bajada todo lo que parece sino que se trata de  un auténtico tobogán con vertiginosos descensos y duras subidas que ponen a prueba nuestras sufridas rodillas. Aunque pasamos por alguna zona verde la mayoría es monte raso sin apenas arboleda.

Ya en  la villa del ciervo, entramos en el restaurante Cantinho dos amigos en donde nos espera un magnífico Bacalhau asado digno representante del saber culinario del país de las mil recetas del apreciado teleósteo.

Reanimados por tal festín regresamos a la ruta, ahora desde abajo, para subir y subir hasta el Monte da Senhora da Encarnação  coronado por O Alto do Castro y la  citada escultura del cérvido de Rodrigues desde donde se contempla el espléndido panorama del río Miño entre Goián y Cerveira no lejos de su desembocadura entre A Guarda y Caminha.

Monte arriba de nuevo, un par de kilómetros más y nos encontramos en el punto en que habíamos iniciado y finalizamos nuestra caminata de hoy.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,060 Km. 7 h. 56 min. Alta Nublado 

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Xabriña/Paradanta

No es ésta la primera vez ni será la última que recorremos las orillas de este río protagonista de una de las rutas más hermosas que hay en este país. Y, además, en un estado de conservación envidiable. En esta ocasión hemos combinado la conocida ruta del río Xabriña con la ascensión al alto de la sierra coronado por una gran cruz que señorea toda la comarca con A Franqueira como centro religioso y geográfico de las tierras del Paradanta.

La ruta del Xabriña se inicia en la parroquia de Paraños  y va ascendiendo por el curso medio del río hasta las tierras altas de la Canda desde donde se divisa una amplia panorámica del valle con la villa de Ponteareas en el horizonte y la Cruz de A Paradanta fina y estilizada en la lejanía como flotando en la leve bruma de la mañana.

Caminos históricos a través de la entrañable arquitectura rural presente en los numerosos muiños que jalonan la ruta, puentes y pontellas, petos de ánimas, y hasta un lagar de cera hoy restaurado que retorna a nuestra memoria oficios ya desaparecidos y una vegetación frondosa y exuberante hacen de esta caminata un extraordinario deleite para el senderista sobre todo en estas horas de la mañana frescas y soleadas.

Llegados a Prado de la Canda nos detenemos en la cima del cerro que se eleva sobre la parroquia para reponer fuerzas con algo de fruta y reemprendemos la marcha hacia los altos de A Paradanta, ahora entre pinares y monte raso en donde la frondosidad y el verdor de las riberas del Xabriña han devenido en  pinares y monte raso cuando el calor del sol comienza a apretar en la dura subida que nos lleva a la cruz que se eleva a casi 1.000 m. de altitud, casi en la vertical sobre la población  de A Franqueira hoy sumida en el silencio y la paz de los campos que en nada recuerda la algaravía de hace un par de semanas cuando esto estaba a rebosar de romeros en la fiesta de As Pascuillas.

Allá al fondo, casi perdida en el valle, se divisa la aldea de O Cebreiro en donde, después de admirar otra vez el bellísimo pórtico románico de la iglesia de A Franqueira, nos espera la ansiada pitanza que reponga en nuestros cansados organismos las energías necesarias para  reemprender la marcha.

Únicos comensales en el amplio comedor, disfrutamos de una agradable colación y alegre tertulia después de la cual regresamos a la ruta que nos lleva, con unos cuantos kilómetros más entre pinares, a la generosa sombra que nos regalan las umbrías riberas del Xabriña para llegar de nuevo a Paraños, inicio y fin de esta espléndida  caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,870 Km. 7 h. 16 min. Media Soleado 

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El silencio de Amil

Hace casi dos años estuvimos en Amil los grupos de los lunes y sábados de Sendereando en su famosa romería de la Virgen de los Milagros. En los alrededores del santuario la multitud de romeros iba y venía entre los puestos de pulpo, churrascos y otras viandas, tenderetes en los que se vendían quesos, chorizos, pan, herramientas, aperos de labranza, velas, exvotos, etc. Todo eso bajo el estruendo de la  megafonía interrumpido por el volteo de campanas durante la procesión de la Santa.

Hoy, al llegar a ese mismo  lugar, todo era silencio, paz y sosiego. El santuario se alza solitario y solemne  sobre el valle. Solamente las pisadas de los chicos de Sendereando rompen su quietud. Volveremos en setiembre para disfrutar nuevamente del jolgorio en la gran fiesta.

Para llegar hasta aquí hemos iniciado nuestra caminata en el Menhir de Gargantáns, un monolito neolítico que se encuentra en esta parroquia del municipio de Moraña, descubierto por el maestro de la localidad en 1958, unos dos mil de años después de que fuera elevado como monumento funerario en la inmediaciones del lugar que ahora ocupa.

Dejando atrás el milenario pedrusco, continuamos entre fincas, algún pinar y más fincas hasta el lugar de Soar para alcanzar poco después al Pazo de La Buzaca, una instalación hotelera de gran porte con hermosos jardines. Un pazo de verdad pues como dice el conocido aforismo: Capilla, palomar y ciprés, pazo es. Y de todo eso y más tiene esta hospedería rural.

En este 8 de junio el calor aprieta y ahora toca subir y subir. Paramos en Castro Penalba, una atalaya desde la que se divisa al fondo la iglesia de Campo Lameiro encajada en el amplio valle que circunda a este municipio que alberga la llamada Capital Rupestre de Galicia. En los alrededores de la ermita de San San Antonio, en este Castro de Penalba, trabaja a destajo una brigada de operarios acondicionando el lugar para la cercana romería de San Antonio.

El calor sigue apretando. Cae el sol a plomo sobre nuestras cabezas pues no hay sombra en las peladas superficies de estas lomas durante los 5 o 6 Km. que nos separan de las hermosas carballeiras que rodean al santuario de Amil. Desde allí nos acercamos a la fuente de Rozavella, originaria del milagro, en donde refrescamos cabezas y gaznates para seguir durante un par de kilómetros, y ya van casi veinte, hasta la de Javier Giao, un restaurante ahora casi vacío pero que en el día de la romería está a reventar.

Allí nos espera una empanada de “millo” de las que casi no se ven y un cabrito al horno que colma todas nuestras expectativas por su sabor y finura. A tan maravilloso bocado nos lanzamos todos con premura menos nuestro amigo Moncho que, en un ejercicio de férrea voluntad, obedece a su monacal dieta y se contenta con la reducida ración de la que da cuenta con resignada felicidad.

Finalizado el banquete entre cantos y chascarrillos, recogemos bastones y mochilas para completar nuestra caminata con el par que kilómetros que nos separan del punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,510 Km. 7 h. 48 min. Media Soleado

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Val do Dubra

Cuando llegamos estaban comenzando a montar los tenderetes y puestos del mercadillo que se celebra los lunes en la antigua plaza de la feria en Bembibre, una parroquia perteneciente al municipio de Val do Dubra, antes llamado Buxán, que está situado a unos 15 Km. de Santiago de Compostela. Allí iniciamos nuestra caminata por las tierras del citado concello que, como su nombre indica, están regadas por las aguas del río Dubra, un afluente del Tambre.

Dejando atrás el núcleo urbano de Bembibre, no tardamos en caminar por campo abierto. Atravesando robledales y pinares llegamos a los campos y prados de San Román y poco después, al sur, a la aldea de Gontar. Casi escondidos entre las casas nuevas, rodeados de muros y vegetación, se encuentran los restos de la antigua aldea, evocadores de tiempos pretéritos ahora sumidos en el olvido.

Pasamos la Devesa de Gontar, atravesando de nuevo fincas arboladas y de labradío, llamando nuestra atención las extensas plantaciones de maíz para forraje que, previamente triturado, será ensilado para el alimento del ganado de las numerosas explotaciones ganaderas instaladas en esta comarca.

Subiendo por las antiguas corredoiras que suavemente van ganando altura sobre el río, no tardamos en alcanzar las carballeiras y bosques de ribera del río Dubra. En esta época de aguas tranquilas seguimos por los prados y cultivos que jalonan el lecho del río. Tras unos dos o tres kilómetros de agradable aunque a veces accidentado caminar bajo la galería de alisos, fresnos y otros árboles de ribera, llegamos al camino inicial del que nos desviamos para acercarnos a la Parrillada A Cabaña en donde, con Carne o caldeiro como plato principal, satisfacen nuestras necesidades alimentarias después de casi 20 Km. de recorrido.

Como ya estamos otra vez en la parroquia de Bembibre, tras un par de horas de sosegado paseo,  regresamos al Campo da Feira, en donde ya no queda rastro del mercadillo de la mañana. El silencio y la quietud reinan en el pueblo a estas horas de la media tarde rotos por el discreto alboroto que se produce con la despedida de los chicos de Sendereando.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,250 Km. 6 h. 50 min. Media Sol y nubes 

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