Corno do Bico

Corno do Bico que traducido se diría Cuerno del Pico ni es cuerno ni tiene pico, no como Pena Corneira, aquella enorme roca de O Ribeiro que se eleva sobre el valle como un cuerno descomunal.

O Corno do Bico es la cima del monte que señorea la zona llamada Paisagem Protegida do Corno de Bico que se extiende sobre un área de unas 2.000 Ha. en el norte lusitano situada en el municipio de Paredes de Coura que abarca cinco parroquias entre ellas la de Bico que es de donde arrancó la caminata de este lunes.

Aunque pasa por algunos núcleos rurales como Baltar, Penim, Lisouros o Cavadoso, pequeñas aldeas salpicadas entre los verdes campos que rodean rodean la citada elevación de casi 900 m. de altitud, la ruta  transcurre casi todo el tiempo entre carballeiras y pinares entre los que llaman la atención los cipreses Lawson, un tipo de coníferas de alto porte y verdes ramas que dotan al paisaje de una singular belleza.

Parece ser que por estos montes habitan el lobo, la jineta y el jabalí entre otros aunque nosotros, en nuestros casi 30 Km. de recorrido, no hemos avistado ninguno de ellos.

El suelo de estos parajes está cubierto de un manto de hojarasca de marrón oscuro brillante en este tiempo de lluvia. Bajo nuestras botas las hojas crepitan con el sonido de un fuego frío e invisible.

A lo largo de la ruta se encuentran unos mojones que señalan la Ruta PR 12 o Trilho do Sistema Solar, un curioso recorrido que va indicando la distancia a escala, entre los planetas con inicio en el sol  localizado en el  CEIA – Centro de Educação e Interpretação Ambiental da Paisagem Protegida y finaliza en Neptuno o sea en O Corno do Bico.

Llegados a la aldea de Lisouros no tardamos en toparnos con el sendero que conecta con el PR 14 o Trilho das Lages Altas. Esta ruta, trilho en portugués, es una de las dieciséis que ha diseñado la oficina de turismo de Paredes de Coura cuyos mapas, primorosamente impresos,  vendía por 1€  hace unos años. No sé si seguirán haciéndolo. Muchas de aquellas rutas que los de Sendereando conocemos han perdido sus marcas o están faltas de mantenimiento.

Esta de Lages Altas es una de ellas. Para llegar allí hay que dar con el río Coura y seguir monte arriba y monte a través porque el sendero que lleva al lugar ha desaparecido. Es una subida bastante laboriosa pero merece la pena porque el paraje es de una gran belleza sobre todo en un día como de de hoy en el que el río baja a cauce lleno desde la altura desplomándose sus aguas como una inmensa y blanca melena tras las ramas que casi ocultan la impresionante caída de sus aguas.

Un poco más arriba hay que vadear el río Coura a través de unas cuantas poldras o pasos, esas piedras montadas sobre el lecho del río que permiten pasar a la otra orilla en donde se encuentran las Lages Altas, o piedras altas que forman también un potente salto no tan grande como el anterior pero creando una hermosa estampa al precipitar su caudal río abajo por las grandes lajas en un precioso paraje bajo la frondosa  arboleda.

Disfrutando a tope de tan  precioso cuadro que nos ofrece la madre naturaleza paramos un rato para descansar de la laboriosa  ascensión  y hacer la foto de familia.

Sigue la marcha que aún  queda un trecho para pisar el asfalto de las primeras calles de la villa courense.

Ya van allá más de 20 Km. de andaina mañanera cuando alcanzamos O Forno do Minho, el restaurante en donde nos permitiremos un tiempo de reposo a la vez que restituimos a nuestros castigados esqueletos las gastadas energías. Un pollo al horno con papas fritas y un flan es lo principal del menú que, regado con un viño verde albarinho, colma nuestras hambres sin ir mas allá.

Abandonamos la zona urbana de Paredes para regresar a la verdes campos de Cavadoso cruzando las viejas corredoiras  y rústicos caminos que la separan de la parroquia de Bico a lado de cuya iglesia comenzó y finaliza esta ruta cuando las sombras de la noche se ciernen  sobre nuestra cabezas

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
27,310 Km. 7 h. 44 min. Media Chubascos 

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El puente más largo

Noia, la villa de los puentes. Esta hermosa ciudad coruñesa está como escondida en un  recodo de la más septentrional de las Rías Bajas, la Ría de Muros y Noia.

Ríos como el Tambre, el Traba o el Vilacoba, entre otros, bajan a la ciudad que para vadearlos cuenta con numerosos puentes como el de Nafonso sobre el Tambre, el medieval sobre el río Traba y varios más.

Pero el más moderno y el más largo es el puente que une el barrio de A Barquiña con el puerto de Testal cerrando esos dos extremos de la villa con una longitud de 1,7 Km. siendo el atirantado más largo de Galicia.

En el puerto de Testal nace la playa del mismo nombre y ahí hemos iniciado la preciosa ruta de este lunes. Es un largo arenal de más de 1 Km. de longitud que en el pasado verano estuvo vedado a los bañistas por la baja calidad de sus aguas.

Paralelo a la playa discurre un hermoso sendero desde el que a estas horas tempranas de la mañana nos cupo la suerte de poder contemplar la singular estampa de cientos de mariscadores cuyas embarcaciones, grandes y pequeñas, desfilaban por la ría en larguísima fila para reunirse alrededor del banco de almejas armados con sus largas varas para extraer el preciado marisco  del fondo arenoso.

Sigue el camino entre estrechas  sendas decoradas con los hermosos colores del otoño brillantes después de las recientes lluvias hasta llegar a la parroquia de San Juan de Argalo cuyas casas dejamos atrás para adentrarnos en el monte y bajar hasta O Rego Vilaboa cuyas aguas forman una preciosa cascada,  A Fervenza de Argalo  que, con sus siete metros de caída en doble cola de caballo, constituye la más alta de la zona y la más espectacular.

Continúa la marcha, ya por verdes campos de hierba ya por pinares, pero siempre por encantadores caminitos que nos llevan hasta el paraje en el que se encuentra el Dolmen da Cova da Moura, un monumento megalítico que en la actualidad consiste tan solo en unas cuantas piedras propias de este tipo de sepulcros del Neolítico al que le falta la gran laja horizontal y que, según cuentan en Noia, alguien se llevó, a saber para qué, hace muchos años.

Después de dar unas cuantas vueltas alrededor del esquilmado monumento seguimos la marcha siempre por hermosas pistas y senderos hasta los arrabales de la joya del Barbanza que es la villa noiesa. La torre inacabada de la iglesia de San Martiño, el monumento más icónico de la villa, nos recuerda su tenebrosa leyenda que avisa de muerte a quien intente rematarla.

 La cosa se puso seria cuando en  1973 durante el rodaje de “La campana del infierno” su protagonista Claudio Guerin se precipitó al vacío desde una estructura que se había instalado para unir las dos almenas de la iglesia, la que remata en un campanario y la inacabada, que con motivo del rodaje se había reconstruido con cartón piedra. *

Buscamos la calle Ferrador en cuyo restaurante homónimo nos sentamos para dar cuenta del menú del día, nada del otro mundo.

Repuestos del esfuerzo de los primeros 18 Km. de la jornada, seguimos camino, ahora muy cómodo, por el paseo de orillamar que nos lleva hasta el puente sobre la ría en cuyo extremo se halla el sitio que fue inicio y es fin de la grata caminata de este lunes.

  • La Voz de Galicia 20.6.2010.
Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,520 Km. 6 h. 43 min. Media Nublado 

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Ora et labora

En muchos monasterios de la orden benedictina hay colgado en su entrada un cartel con esta máxima que expresa la forma de vida de los monjes de San Benito. “La ociosidad es la enemiga del alma” se lee en uno de los capítulos de La Regla a pesar de que en los tiempos del santo el trabajo manual era considerado degradante y propio de las clases inferiores.

En este lunes hemos visitado el colosal monasterio benedictino de Santa María la Real, también conocido como el Escorial gallego, en la localidad ourensana de Oseira. Como en ocasiones anteriores, una vez finalizada la caminata, nos hemos desplazado hasta este maravilloso monumento que es uno de los hitos de nuestra ruta situado a unos 8 kms. del lugar de Canices que es en donde iniciamos la marcha bajo la lluvia de una mañana gris que comenzaba a clarear.

Desde Canices no tardamos el llegar a Cales, otra aldea sumida en la soledad y el silencio de los campos  adormecidos bajo el orballo y el frío de esta mañana de noviembre. Bajando de la aldea hacia el Rego da Fervenza, nos topamos con el regato que hoy fluye con aguas agitadas que bajan de la cercana cascada cuya ubicación es inaccesible por la vegetación que crece en ambas orillas. No es muy grande y con lluvia tiene cierta entidad pero en tiempo seco seguro que apenas se nota.

Regresamos a Cales y seguimos por el sendero que nos lleva por una extensa carballeira de la  que salimos a unas verdes praderas en las que pasta una pacífica manada de vacas lecheras. Continuamos hasta San Martiño. una pequeña localidad en la que destaca su horno de pan comunitario muy cerca del lugar en el que se eleva el gran cenobio de Santa María la Real de Oseira por el que pasamos con la intención de visitarlo una vez finalizada la jornada.

Vadeamos el río Mirela por el parque de Cosdelo abandonando Oseira por la pista que limita con la gran finca que alberga el monasterio para seguir, casi siempre sobre piso de asfalto, por las localidades de Betar, Senra y Arenteiro, próxima esta última a O Reino que es en donde se halla el Hostal Ateneo II en plena carretera frente a la gasolinera.

Está el restaurante a tope lo cual no es óbice para que seamos atendidos con rapidez y eficiencia. Un variado menú de primeros y segundos recupera las gastadas energías y nos deja listos para reemprender la marcha hasta el cercano monasterio al que dedicamos una detenida visita dirigida por la experta guía que nos desvela detalles e historia del monumental recinto. Sus tres claustros, la espléndida escalinata de granito, la preciosa iglesia, la sala capitular y otros muchos rincones hacen de nuestra visita una vivencia inolvidable.

Cae la noche sobre el solitario lugar cuando lo abandonamos entre el asombro y la admiración finalizando así la intensa jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,180 Km. 6 h.3 min. Media Nubes y lluvia

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Arrieros somos…

Arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

Esta expresión es interpretada generalmente en modo peyorativo y tiene su origen en los tiempos en los que los arrieros caminaban de pueblo en pueblo para vender sus mercaderías. En ocasiones alguno le fastidiaba una venta a otro mediante alguna astucia o engaño y de ahí viene lo de “arrieros somos…”.

También hay quien piensa, aunque son los menos, que en vez de una advertencia podría tratarse de una frase amigable de quien recibía la ayuda de un compañero de fatigas.  “Hoy por mí mañana por tí ” como se diría ahora.

No era una vía fácil. Muchas jornadas fuera de casa, arreando mulas, de aquí para allá.

Como dice la copla:

Non te cases co arrieiro
que leva a vida penada.
Nin oe misa no domingo,
nin durme só na cama.

Pues por el camino de los arrieros a su paso por las tierras de O Carballiño ha discurrido en este lunes nuestra caminata repitiendo la que habíamos hecho hace un año, por esta fechas. Es una preciosa ruta que por muchas veces que se haga siempre resulta una experiencia gratificante.

Hemos comenzado en O Penedo do Varón, una pequeña localidad casi escondida entre viejos viñedos y fincas abandonadas en las orillas de O Rego Varón por donde serpentean los viejos caminos por los que transportaban sus mercancías aquellos arrieros de oficio hoy desaparecido. Pasa el camino por aldeas abandonadas como las de Sona y A Fragua y otras aún vivas como Porto Egua, Refoxos, Partovia y Mesego.

En Partovia llama la atención su Balneario de Caldas de tiempo de los romanos hoy una moderna instalación termalista ubicada en medio de la verde campiña.

En Mesego, ya muy cerca de la villa de O Carballiño, destaca su iglesia románica de portada con arco ligeramente apuntado.

Casi siempre entre carballos y castaños el sendero avanza en este día de otoño bajo la penumbra iluminada por la mágica luz que se filtra entre sus ramas.

Dejando atrás Mesego entramos en el parque del Arenteiro cuyas pistas nos llevan hasta uno de los puentes que vadean el río a cuya orilla, cerca de A Pena dos Namorados, se encuentra el restaurante A Maquía viejo conocido de estos andarines y que nunca nos defrauda con su variado menú de alta calidad y fina presentación  que ennoblece un excelente rioja Campillo, invitación del nuestro cumpleañero Moisés.

Rematado el condumio abandonamos tan confortable lugar para seguir nuestra andadura vadeando de nuevo el río Arenteiro que fluye pleno de espuma y caudal.

Seguimos su curso durante un par de kilómetros hasta llegar a la carretera y desviarnos por las pistas que, monte arriba, nos devuelven a las fragas y soutos que rodean O Penedo do Varón, inicio y fin de esta hermosa caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,880 Km. 6 h. 54 min. Media Chubascos

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