Ora et labora

En muchos monasterios de la orden benedictina hay colgado en su entrada un cartel con esta máxima que expresa la forma de vida de los monjes de San Benito. “La ociosidad es la enemiga del alma” se lee en uno de los capítulos de La Regla a pesar de que en los tiempos del santo el trabajo manual era considerado degradante y propio de las clases las clases inferiores.

En este lunes hemos visitado el colosal monasterio benedictino de Santa María la Real, también conocido como el Escorial gallego, en la localidad ourensana de Oseira. Como en ocasiones anteriores, una vez finalizada la caminata nos hemos desplazado hasta este maravilloso monumento que es uno de los hitos de nuestra ruta situado a unos 8 kms. del lugar de Canices que es en donde iniciamos la marcha bajo la lluvia de una mañana gris que comenzaba a clarear.

Desde Canices no tardamos el llegar a Cales, otra aldea sumida en la soledad y el silencio de los campos  adormecidos bajo el orballo y el frío de esta mañana de noviembre. Bajando de la aldea hacia el Rego da Fervenza, nos topamos con el regato que hoy fluye con aguas agitadas que bajan de la cercana cascada cuya ubicación es inaccesible por la vegetación que crece en ambas orillas. No es muy grande y con lluvia tiene cierta entidad pero en tiempo seco seguro que apenas se nota.

Regresamos a Cales y seguimos por el sendero que nos lleva por una extensa carballeira de la  que salimos a unas verdes praderas en las que pasta una pacífica manada de vacas lecheras. Continuamos hasta San Martiño. una pequeña localidad en la que destaca su horno de pan comunitario muy cerca del lugar en el que se eleva el gran cenobio de Santa María la Real de Oseira por el que pasamos con la intención de visitarlo una vez finalizada la jornada.

Vadeamos el río Mirela por el parque de Cosdelo abandonando Oseira por la pista que limita con la gran finca que alberga el monasterio para seguir, casi siempre sobre piso de asfalto, por las localidades de Betar, Senra y Arenteiro, próxima esta última a O Reino que es en donde se halla el Hostal Ateneo II en plena carretera frente a la gasolinera.

Está el restaurante a tope lo cual no es óbice para que seamos atendidos con rapidez y eficiencia. Un variado menú de primeros y segundos recupera las gastadas energías y nos deja listos para reemprender la marcha hasta el cercano monasterio al que dedicamos una detenida visita dirigida por la experta guía que nos desvela detalles e historia del monumental recinto. Sus tres claustros, la espléndida escalinata de granito, la preciosa iglesia, la sala capitular y otros muchos rincones hacen de nuestra visita una vivencia inolvidable.

Cae la noche sobre el solitario lugar cuando lo abandonamos entre el asombro y la admiración finalizando así la intensa jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,180 Km. 6 h.3 min. Media Nubes y lluvia

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Arrieros somos…

Arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

Esta expresión es interpretada generalmente en modo peyorativo y tiene su origen en los tiempos en los que los arrieros caminaban de pueblo en pueblo para vender sus mercaderías. En ocasiones alguno le fastidiaba una venta a otro mediante alguna astucia o engaño y de ahí viene lo de “arrieros somos…”.

También hay quien piensa, aunque son los menos, que en vez de una advertencia podría tratarse de una frase amigable de quien recibía la ayuda de un compañero de fatigas.  “Hoy por mí mañana por tí ” como se diría ahora.

No era una vía fácil. Muchas jornadas fuera de casa, arreando mulas, de aquí para allá.

Como dice la copla:

Non te cases co arrieiro
que leva a vida penada.
Nin oe misa no domingo,
nin durme só na cama.

Pues por el camino de los arrieros a su paso por las tierras de O Carballiño ha discurrido en este lunes nuestra caminata repitiendo la que habíamos hecho hace un año, por esta fechas. Es una preciosa ruta que por muchas veces que se haga siempre resulta una experiencia gratificante.

Hemos comenzado en O Penedo do Varón, una pequeña localidad casi escondida entre viejos viñedos y fincas abandonadas en las orillas de O Rego Varón por donde serpentean los viejos caminos por los que transportaban sus mercancías aquellos arrieros de oficio hoy desaparecido. Pasa el camino por aldeas abandonadas como las de Sona y A Fragua y otras aún vivas como Porto Egua, Refoxos, Partovia y Mesego.

En Partovia llama la atención su Balneario de Caldas de tiempo de los romanos hoy una moderna instalación termalista ubicada en medio de la verde campiña.

En Mesego, ya muy cerca de la villa de O Carballiño, destaca su iglesia románica de portada con arco ligeramente apuntado.

Casi siempre entre carballos y castaños el sendero avanza en este día de otoño bajo la penumbra iluminada por la mágica luz que se filtra entre sus ramas.

Dejando atrás Mesego entramos en el parque del Arenteiro cuyas pistas nos llevan hasta uno de los puentes que vadean el río a cuya orilla, cerca de A Pena dos Namorados, se encuentra el restaurante A Maquía viejo conocido de estos andarines y que nunca nos defrauda con su variado menú de alta calidad y fina presentación  que ennoblece un excelente rioja Campillo, invitación del nuestro cumpleañero Moisés.

Rematado el condumio abandonamos tan confortable lugar para seguir nuestra andadura vadeando de nuevo el río Arenteiro que fluye pleno de espuma y caudal.

Seguimos su curso durante un par de kilómetros hasta llegar a la carretera y desviarnos por las pistas que, monte arriba, nos devuelven a las fragas y soutos que rodean O Penedo do Varón, inicio y fin de esta hermosa caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,880 Km. 6 h. 54 min. Media Chubascos

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