Por donde andaban los osos

Ursus, Ursaria, Oseira, tierra de osos, en tiempos ya olvidados. En el 2012 estuvimos por aquí haciendo La ruta del oso. En el 14 repetimos para hacer la de Piñor. Oseira es su monasterio, el impresionante cenobio de Santa María la Real que en 1929 fue recuperado por sus frailes y restaurado a lo largo de más de treinta años en una labor que ha merecido y merece la admiración de cuantos lo visitan y el premio de las más altas instituciones como el de Europa Nostra en 1990. Como no nos cansamos de verlo y visitarlo, hemos vuelto a Oseira en este lunes con una ruta por los montes aledaños con la intención de prestar especial atención al llamado Escorial gallego.

Iniciamos la ruta en el lugar de Peles, al pie de Pena Veidosa, un pico de más de 1000 m. de altitud en la sierra de A Martiñá. Discurre la ruta por las tierras altas de esta comarca, casi siempre por monte raso cuya vegetación predominante es tojo, brezo y matoral. Pequeñas aldeas jalonan el recorrido como las de Trabazos, Áspera y Pingón.

Poco antes de Áspera bajamos hasta el río Mirela cuyo puente cruzamos en un precioso paraje en el que no falta el clásico muiño, hoy en ruinas. A lo lejos se divisan las torres del monasterio al que por carretera se puede llegar en poco tiempo pero nosotros, andadores compulsivos, seguimos monte arriba hasta alcanzar la cima de O Penedo, a algo más de 900 m., y bajar de nuevo a la aldea de Pingón.

Ahora la fría brisa que soplaba en los altos picos es un viento suave y agradable que nos acompaña por las viejas corredoiras que nos llevan al entorno del gran cenobio. Allí, fuera de sus muros, nos espera en el Bar Escudo una agradable refección en una acogedora estancia en donde damos buena cuenta de una caliente sopa y una Carne al Escudo, modalidad de la casa que con unas raciones de bica, obra también de la patrona, colma nuestras hambres satisfactoriamente.

Ya en el atrio del monasterio ,esperamos con otros visitantes la hora de entrada hasta que, a las cuatro y media, llega el Hermano Alfonso, Superior de la comunidad, que nos conduce por el interior del impresionante monumento durante casi una hora explicándonos la historia, detalles y vicisitudes de su restauración y orígenes.

Aún nos quedan por recorrer más de 6 Km. para regresar al punto de inicio de la ruta por lo que reemprendemos la marcha, esta vez por tierras menos inhóspitas que de las de la mañana, entre carballeiras, fincas y pequeñas aldeas, para llegar a nuestro destino cuando el sol comienza a desaparecer en el horizonte.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,60 Km. 7 h. 10 min. Media Soleado 

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Rodeando el Iroite

La sierra del Barbanza es una cadena montañosa que se extiende por la península del mismo nombre situada entre las rías de Arosa y la de Muros y Noia. Los de los lunes de Sendereando conocen bien esta comarca que alberga los municipios de Boiro, Lousame, Puerto del Son y Noia.

En todos ellos se encuentran preciosas rutas de senderismo una de las cuales es la que hemos realizado en esta jornada, espléndida de sol y de luz, que fue como un regalo de este invierno al que ya le quedan pocos días ante la inminente primavera.

Iniciamos la caminata en el lugar de Cubelo, en Boiro, no muy lejos de la espectacular cascada de Cadarnoxo, formada por O Rego da Lampreeira, un arroyo que baja del monte Iroite para desembocar el río Coroño. Aún cercanas las fuertes lluvias, la cascada conserva su fuerza y belleza desplomando su chorro desde la altura para fundirse después en las tranquilas aguas que continúan monte abajo perdiéndose en la lejanía.

Comienza desde aquí una larga ascensión hasta alcanzar la pista forestal que bordea durante varios kilómetros la ría de Muros y Noia regalando nuestros sentidos con la magnífica panorámica que nos ofrece el plácido azul de su mar festoneado por playas y poblaciones grandes y pequeñas como las de Portosín, Esteiro, Louro y otras.

Así, por el balcón que es este camino por lo alto  sobre tan hermoso paisaje, vamos rodeando el monte Iroite, la máxima altura de la sierra del Barbanza con 685 m. que, con las del Alto de Barzal, Barbanza y La Curota, todas a menos de 6 Km. del mar, constituyen los más privilegiados miradores de la comarca.

Nos desviamos de tan preciosa senda en los aledaños del monte Iroite para acercarnos a Nogueira, en cuyo Bar Seara nos aposentamos para disfrutar del merecido alimento que en forma de tortilla, navajas, churrasco y larpeira, que es un postre de muy antigua tradición en Galicia, nos compensa sobradamente de las fatigas de la caminata mañanera.

Ahora solamente queda un grato paseo de poco más de  una legua (casi 6 Km.) que,  por el lado opuesto de la sierra con vista a la ría de Arosa, nos conduce   al punto final que fue el inicio de la ruta de este lunes a donde llegamos felices y contentos.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,670 Km. 6 h. 45 min. Media Soleado 

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Cabeiras

Cuasi poema de un senderista montaraz

Caminando sobre las nubes
se me llenan las manos de sol,
pero no me duele el resplandor.
En el pecho aún me caben más asombros.

Escondidísimas fervenzas en bronco bramido blanco,
serpenteantes regatos en rumor de arrullo de paloma.
Mágicos bosques blancos, ocres, verdes y rojos también.
Negras agujas hijas del fuego están clavadas
en un suelo también negro.

Yo tengo una paleta llamada otoño
y a veces me nacen cuasiversos tras los ojos.

Todos sabemos que Ramón, uno de los más fieles andarines de Sendereando, es un artista que hace poesía sobre el lienzo pero lo que desconocíamos hasta ayer era su vena lírica que queda plasmada en el poema que encabeza este comentario y que su autor recitó ante la entregada audiencia de los catorce que lo oyeron, poeta de monte y cielo, en el Alto de San Fins.

Es San Fins una cima que se eleva sobre los montes de Cabeiras en la que el primero de agosto se celebra el encuentro familiar entre San Pedro Víncola, patrono de Cabeiras, su hijo San Fins y  todas las familias de romeros que, después de la misa y la procesión  en la que los ofrecidos suben al santuario portando una teja sobre la cabeza, comparten la tradicional comida campestre.

También es famosa Cabeiras porque allí se encuentra el Mesón de la lamprea, templo gastronómico en donde se rinde culto al apreciado ciclóstomo, muy cerca del otro templo, el parroquial.

Es tradición de la tropa de Sendereando, acudir allí cada año por estas fechas que es cuando la lamprea está en su punto. La sirven los del Mesón a la bordelesa, con aperitivo previo en su bodega a base de jamón y blanco del Condado. En esta sesión preparatoria a la degustación en sus comedores del rico manjar del Miño, expertas de la casa extraen las lampreas del vivero mostrándonos los ejemplares que poco después veremos en las cazuelas.

Se dice que el rey Enrique I de Inglaterra murió de un atracón de lamprea allá por el 1135. Quizá sea esa la razón por la que algunos prefieren cabrito. Sea una cosa o la otra, la verdad es que la comida resultó un auténtico festín gastronómico y de lo otro, pues estuvo bien animada por el acordeón de Dietmar a cuyo son cantamos y bailamos hasta que llegó la ora de rematar los casi 24 kilómetros de la andaina de este lunes que en su mayor parte discurrió por los montes que rodean a Cabeiras para bajar, después de comer, hasta el río Cea, no muy lejos del gran Miño a su paso por Arbo, para regresar al Mesón que es donde habíamos iniciado la caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,580 Km. 6 h. 35 min. Media Chubascos 

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Ourense termal

Hay quienes ven en el nombre de Orense un reflejo del oro que supuestamente brillaba hace 2.000 años en las arenas del Miño y se imaginan a los romanos bateando junto a la Ponte Vella, un coloso de piedra de 370 metros, con un arco central de 43, cuyos fundamentos son de aquella época. Lo más probable, sin embargo, es que no hubiera tanto oro y que el único gran tesoro que atrajo e hizo asentarse aquí a los romanos fueran las fuentes termales que manaban, y aún manan, por doquier. Si algo apreciaban los romanos, casi más que el oro, era un baño caliente. (Del ABC).

Lo nuestro fue algo más que un baño caliente. Comenzamos en las Termas de Outariz que, a estas horas del día, estaban cerradas. La mañana, aunque soleada, estaba fresca y prometía una agradable jornada de senderismo por los alrededores de la ciudad de las burgas, animados con el premio que nos esperaba al finalizar la ruta en las famosas termas ourensanas. Así que, dejando atrás los últimos reductos urbanitas, tiramos monte arriba hasta llegar al Parque de Astrés y,  un poco más arriba, a la localidad de Sartédigos, casi siempre entre pinares y alguna que otra pequeña población rural.

Ahora toca bajar hasta topar con la conexión con la Vía de la Plata en cuyo entorno se encuentra la hermosa fuente de Santiago y la ermita de San Marcos, en un promontorio desde donde se divisa una espléndida vista de la ciudad y sus alrededores con el río Miño cruzándola pletórico en estos días de lluvias recientes y copiosas.

Un poco más abajo, cruzamos el Camino Sanabrés en dirección a Silleda, ya en el barrio de Cudeiro y su imponente pazo, para bajar por un estrecho sendero al río Miño, atravesado por los monstruosos muros de la presa de Velle que deforman el río y su entorno, no lejos del impresionante puente de piedra, A Ponte Vella, un  hermoso viaducto construido sobre los cimientos  romanos  de hace más de dos milenios.

Ya pasan de las dos cuando entramos en los comedores del restaurante Don Pablo para reponer fuerzas con un modesto menú, de esos de andar por casa pero regado por un noble mencía invitación de nuestro buen Avelino.

Repuestos de las fatigas de la mañana, emprendemos el regreso dando un rodeo por el parque del río Lonia para seguir por el Paseo de las Ninfas, ya a la orilla del Miño, hasta la bonita pasarela que, vadeando el río, nos lleva al cabo de unos cientos de metros al punto de comienzo, las Termas de Outariz.

Enclavadas en una preciosa terraza sobre el río Miño,  están distribuidas en dos ambientes: el Celta y el Zen. Las primeras son pozas entre grandes cantos rodados por las que el agua cae en pequeñas cascadas o surge de su interior en fuertes chorros intermitentes que masajean variadas zonas de nuestra anatomía.

Las del Zen son termas de inspiración japonesa, en las que uno se sumerge para relajarse en actitud reposada y quieta alternando con rápidas inmersiones en agua fría para mantener la tensión arterial en valores saludables.

Después de cerca de una hora de tan estimulante ejercicio, abandonamos las termas de Outariz sintiendo en nuestra piel la acción suavizante de las sulfurosas aguas y en nuestro interior el benéfico efecto de tan gozosa experiencia que combina la paz y relajación de la cultura Zen con los divertidos juegos del agua en las pozas celtas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,680 Km. 6 h.  Fácil Soleado

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