Rodeando O Galleiro

Con sus casi 750 m. de altitud sobre el nivel del mar, el monte Galleiro puede presumir del ser el pico más alto del litoral atlántico gallego. Los andarines de Sendereando lo conocen bien pues han sido varias las ocasiones en que hemos caminado por esta sierra alcanzando el vértice geodésico que da fe de la citada altura pero en este lunes hemos ido rodeando el monte, siempre por debajo de los 500 m., recorriendo las numerosas pistas forestales que lo circundan.

Iniciamos la marcha en Cepeda, una pequeña aldea de la parroquia  de Nespereira, municipio de Pazos de Borbén,  para después de un buen tramo de carretera emprender la ascensión más dura de la jornada por una pista que nos lleva,  cerca de los 500 m., de altitud, hasta  un recodo desde de el que se divisa una hermosa panorámica de la ensenada de San Simón.

A partir de ahí, la ruta discurre por la pedregosa  ladera del Galleiro, en un paisaje de monte pelado, sin vegetación, plagado de rocas pero con el aliciente de las hermosas vistas de la ciudad de Vigo y su bahía en la lejanía.

A medida que descendemos surge la masa forestal en la que el eucalipto es amo y señor. No hay poblaciones ni grandes ni pequeñas en nuestro recorrido hasta que llegamos a Os Valos, en la carretera que va de Porriño a Redondela en donde se encuentra el restaurante O Cruceiro ya conocido por los andarines de Los Lunes al Sol que allí hallan reposo y alimento. Fabada con almejas, carrilleras porcinas, tartas y pasteles, todo con la buena calidad a que nos tiene acostumbrados.

Ya es hora de abandonar la carretera y subir hasta la ermita de San Gregorio para regresar al monte, otra vez cuesta arriba bajo un sol que luce espléndido pero sin agobiar, que aún estamos en invierno, y superar los cuatro kilómetros que nos separan del punto de partida.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,920 Km. 6 h. 21 min. Media Soleado 

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Entre penedos y castelos

Couso es una aldea de la ponteareana parroquia de Guláns. Rodeada de pinares, sus casas se extienden por la ladera del monte esparcidas entre tierras de labor, ahora verdes pastizales y viejos viñedos en los que casi nadie trabaja. Dispone de un Centro cultural en cuya explanada iniciamos la caminata de este lunes.

Nos dirigimos al este por donde va asomando tímidamente el primer albor que, cuando llegamos al Alto de San Cibrán a poco más de 2 Km., ilumina el lugar con las claras luces de una mañana soleada.

Un enorme penedo, colosal peñasco redondo, domina este sitio en el que se eleva la ermita de Cibrán, en la raya que separa los concellos de Ponteareas y Salceda de Caselas. Otras grandes rocas acompaña al enorme pedrusco en este alto desde el que se contemplan espléndidas vistas del valle del Tea.

Desde los casi 400 m. del Alto de San Cibrán bajamos, casi siempre por pistas forestales, hasta el fondo del valle en donde se encuentra A Picoña, casi a nivel del mar para, después de atravesar las fincas y viñedos que se extienden por el llano, volver a ascender por la empinada rampa que nos lleva al parque forestal de As Conforcadas en donde nos detenemos para descansar un rato y tomar las once.

Desde ahí, ya en las estribaciones de los montes de Budiño, no tardamos en alcanzar la cima del Faro, una enorme formación rocosa cuya colosal pared se alza vertical sobre el valle del Louro, siendo objetivo preferente para escaladores que ponen a prueba su pericia dominando el Faro de Budiño por su cara más inaccesible.

Continúa la marcha por las alturas hasta pasar por O Castelo, otro conjunto de rocas enormes sobre el que, parece ser, se elevaba en el siglo XIV un castillo, el Castillo de Miravel, que fue derribado posteriormente no se sabe si por la revuelta  irmandiña o por una orden de los Reyes Católicos. También es conocido como “El Pianista” o “Bethoveen” porque cuando se ve desde lejos forma una silueta que los recuerda.

Ya monte abajo, nos queda poco para llegar a Os Eidos do Medio, en la N 120, parroquia de Cans, en donde se halla el Bar Fortes, en donde nos espera, después de estos primeros 20 Km., la ansiada pitanza. Confortable menú a base de salpicón, cariocas, luras, abadejo a la gallega y más platos seguido de postres como brazo de gitano y tarta de la abuela entre otros, todo regado por un Rectoral de Amandi con el que nuestro entrañable Torres ha querido celebrar su no sé cuantos cumpleaños que siempre parecen pocos al ver su juvenil prestancia.

No más se 3 Km. restan para regresar al punto de partida pero no son moco de pavo. Hay que ascender contra corriente una empinadísima cuesta por la margen derecha del río Couso y dar cuenta de las docenas de escalones de sus pasarelas de madera para toparnos de nuevo con los verdes campos de la aldea y alcanzar con alivio el lugar en el que comenzó y finaliza la jornada de hoy.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,910 Km. 6 h. 42 min. Media Nubes y claros 

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Inolvidable hermosura

Hay cosas que, por agradables que sean llegan a cansar. Esa comida que tanto nos gusta pero de que, de tanto repetirla, nos deja hartos. Esa película vista cien veces que acaba aburriendo por buena que sea. Esa música, ese cuadro..

Pero lo que nunca cansa, lo que nunca aburre es la belleza siempre viva y cambiante de la naturaleza cuando luce su hermosura en un entorno tan especial como las tierras que bordean el río Vez  a su paso por lo que en Portugal han titulado como O Pequeno Tibete Portugués, un increíble paisaje situado a las puertas del Parque Nacional da Peneda-Gerês, el único del país lusitano.

Generación tras generación, a lo largo de siglos, han ido construyendo en las laderas de los montes cientos de hectáreas de bancales, verdes terrazas domesticando la montaña para convertirla en las fértiles veigas que durante muchísimo tiempo fueron la despensa de estos lugares y que recuerdan los exóticos campos del lejano Tibet.

Hasta las mismas riberas del río se extienden los bancales y hasta allí llegamos desde los altos de Sistelo, monte arriba, monte abajo,  caminado ora por viejos senderos empedrados en los que los carros del país han dejado sus huellas o rodelas esculpidas  en las losas a lo largo de los siglos, ora por los estrechos caminos que serpentean  entre los montes.

Va el río pleno de caudal y bravura, sus aguas inquietas rebosando blanca espuma en rápidos que se suceden a lo largo de su curso, entre la frondosa floresta de ribera. Lo seguimos  por el ancho sendero que bordea su margen derecha, salvados los desniveles por los famosos “pasadiços” del río Vez, las numerosas pasarelas de madera  que permiten disfrutar de la vista del río tanto a ras de su cauce como desde la altura, ofreciendo al caminante una estampa cuya belleza es imposible de describir y aún más de olvidar.

Ya va la lluviosa mañana entregando sus horas al mediodía cuando nos desviamos del río para entrar en Sistelo, una pintoresca  aldea presidida por el decimonónico castillo del Visconde y reconocida en 2017 como Monumento Nacional por la belleza de su entorno.

Allí, my cerca del castelo, nos espera  O Cantinho do Abade con la mesa bien puesta para los dieciocho comensales que hoy componen la expedición de Los Lunes al Sol.

Petiscos varios muy apetecibles, antesala del Lomo de porco, especialidad de la casa y un delicioso brazo de gitano, “rodo” en portugués, todo regado por un caldo alentejano, invitación de Marcial por su cumpleaños,  dejan a todos satisfechos, contentos y dispuestos para continuar la jornada abandonando Sistelo por los ciento y pico escalones que nos llevan, después de caminar unos pocos kilómetros entre chozos, viejos muiños y rústicos puentes,  hasta las alturas en donde se encuentra Porta Cova, inicio y final de este espléndida jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,470 Km. 6 h. 38 min. Media Lluvioso 

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Río Ribadil

Amanece entre los pinos cuando suenan sobre la hojarasca los primeros pasos de la caminata de este lunes. Iniciamos la ruta en un lugar sin nombre de la carretera PO 400, cerca de la aldea de Sendelle, en el municipio de Crecente. Entre pinares, por pistas forestales y algo de asfalto, llegamos al lugar de As Carballeiras, no  lejos de A Urxeira que es de donde arranca el precioso sendero del río Ribadil o Sendeiro de Vilar, de accidentado curso, que nace en A Cañiza y desemboca en el Miño.

Entre la frondosa arboleda propia de estos parajes ribereños baja el río, ya cerca de Crecente, pletórico de fuerza, en rápidos que se van escalando a lo largo de su descenso hacia el valle, cruzado por el hermoso puente de Noceifas el cual atravesamos para regresar por la orilla derecha y seguir disfrutando de la incomparable estampa que nos ofrecen sus muiños destejados y vacíos, cubiertos de musgo, vestigios de tiempos pasados y tareas desaparecidas de cuya vida y trajín solo queda el silencio y la calma orquestados por el rumor incesante de sus aguas que, en estos días de lluvias recientes, fluyen alborotadas hasta calmar su ímpetu en la playa fluvial de Mandelos que de playa tiene poco, pues si algún día lo fue, ahora es un lugar abandonado con un trampolín desvencijado  en la orilla y los restos de una compuerta que aún quedan por allí como testimonio de la desidia y el desinterés de los que lo habrán inaugurado a bombo y platillo.

En Mandelos nos desviamos del río a la carretera que nos lleva al lugar de As Barrondas en donde se encuentra  O Pozo do Inferno, de nuevo en el Ribadil, junto a un viejo puente seguramente centenario y un antiguo muiño del que solamente quedan los muros. En febrero del año pasado instalaron allí un pasarela de madera  y una plataforma metálica desde la que se contempla la hermosa cascada que forma en la profundidad del cauce una poza encajonada en el barranco que,  como ocurre en otros sitios de parecida morfología, semejan la entrada al infierno en la imaginería popular.

Ya estamos muy cerca de Crecente a cuyo centro urbano llegamos después de pasar por el barrio de Os Fernández y toparnos con la casa do Concello y a su lado el Bar Creciente en donde nos espera una amplia mesa para los catorce comensales que somos y  que atendidos por Pili, nuestra amable y atenta anfitriona, disfrutamos de una abundante pitanza a base de sopa, empanada y carne estofada, flan de turrón y queso con membrillo, todo regado por un dorado Condado que es el vino de la comarca.

Regresamos a la ruta esta vez por el PRG 174 o Sendeiro do Coto da Cruz por caminos de carro jalonados por las viejas piedras cubiertas de musgo, entre pinares y fincas, hasta dar con O Cruceiro Quebrado de Freixo, un pequeño promontorio sobre el que se eleva la capilla de O Cristo dos Aflixidos, cuya romería se celebra en el mes de julio. Como curiosidad es de resaltar que a cada lado de la puerta hay una ventana porticada en una de las cuales está inscrita la palabra “maiz” mientras que en la otra pone “azeite”. Es de suponer que esas serían las ofrendas de los romeros.

Seguimos nuestro camino por estrechos senderos y empinadas cuestas que, después de pasar por el lugar de Mollapán, nos llevan a las cercanías de Sendelle, la citada aldea muy próxima al sitio en el que hemos iniciado y rematado la hermosa jornada de este lunes fresco y soleado.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,190 Km. 6 h. 58 min. Media Soleado 

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Un millón de miradas

El millón es un número un tanto especial que se usa, sobre todo coloquialmente, para enfatizar ciertos asuntos.
¡Un millón de gracias! exclama el alma agradecida.
¡Te lo dije un millón de veces! increpamos al niño desobediente.
“Un millón para el mejor” causó furor en la tele de los años sesenta. Un millón de pesetas, claro.

Pues un millón de miradas es lo que debería haber encabezado los “Números del 2018” ya que en el pasado diciembre fue superada la barrera del millón de visitas a esta revista de andarines que es Sendereando.

Y aunque un millón no es más un simple número, no por eso deja de hacernos ilusión que a lo largo de estos años un millón de miradas se hayan posado sobre los avatares, andanzas e inquietudes de los que hacemos Sendereando.

Aprovechamos esta circunstancia para daros un millón de gracias a todos los que nos visitáis con el deseo de que sigáis con nosotros por muchos años.

Y ahora vamos con la andaina de ayer.

Siguen los días claros y frescos de estas últimas semanas. El cielo de un azul impecable, el aire transparente y la luz clara y deslumbrante del sol magnifican la austera belleza de ríos y montes a los que el riguroso invierno ha despojado del oropel con el que el benévolo otoño adornaba riberas y arboledas.

Pero aún así no nos podemos sustraer al reclamo del imponente Umia, uno de los grandes de la provincia, en cuyo paso por Vilar do Mato iniciamos nuestra caminata. Con las primeras luces de la mañana, aún medio oculto el astro rey,  bajan sus aguas de un azul oscuro con bordados de blanca espuma sorteando las grandes piedras que se asientan en su cauce para desaparecer entre la arboleda y surgir más adelante como un enorme espejo de aguas casi quietas que reflejan calma y serenidad.

Pasado O Ponte do Ramo, abandonamos el río y nos acercamos a la iglesia de Cequeril, solitario templo a estas horas rodeado de viejas sepulturas y algún que otro monumento funerario de fina labor de cantería rural. No lejos se encuentra la roca en la que nuestros antepasados de la Edad de Bronce dejaron su testimonio en forma de petroglifos que apenas si se insinúan en la abandonada roca que les sirvió de soporte.

Caminamos ahora hacia el monte de O Rañadoiro, comienzo de la larga ascensión que nos llevará hasta el Monte Cávado, a unos 800 m de altitud. Sopla una fresca brisa sobre su pelada superficie de monte bajo, tojo y matorral, sobre la que resplandece la bóveda celeste de un azul sin mácula.

Desde ahí comienza el descenso hasta el valle en el que se asienta Montillón de Arriba cuyo atractivo más interesante en Casa Verdura, bien conocida por estos senderistas por su espléndido cocido, aunque en esta ocasión nos hubimos de contentar con una agradable sopa de fideos y un estofado de ternera que nos dejaron  satisfechos. Los vinos, riojas y mencías, de alto rango, fueron invitación de nuestra querida andarina y compañera de fatigas Mari Carmen que así celebraba su cumpleaños tan lozana y alegre  que parece que los años no pasan por ella.

También es de destacar la imposición de otra medalla de oro, simbólica eso sí, al campeón de Los Lunes al Sol, versión 2017, nuestro entrañable Moisés.

Y así, después de tanta fiesta, reemprendemos el camino de regreso, entre congostras y corredoiras, también por algo de pista forestal, hasta dar con el punto de inicio de la estupenda caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,140 Km. 6 h. 38 min. Media Soleado 

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