El agua alborotada

Aprovechando la abundancia de lluvias de estos días hemos vuelto a las fervenzas o cascadas que últimamente estaban bajo mínimos pero que en este invierno especialmente lluvioso recuperan toda su fuerza y esplendor.

Si el lunes pasado disfrutamos de la espectacular estampa de la del río Barosa, esta vez nos hemos ido a las del río Valga iniciando la ruta en la explanada del Santuario del Nª Sª de los Dolores, en Requián. Desde allí caminamos hacia el norte hasta dar con a Pedra da Serpe, una roca así llamada porque la decoran unos surcos formando eses que sugieren la figura de una serpiente así como círculos y otros dibujos.

Ya hacia el sur, llegamos al área recreativa de As Laceiras y, desviándonos un poco, a la capilla de San Mamede dos Martores, a la orilla del río Valga, hasta llegar a las inmediaciones de la localidades de Raxoi y Piedrafita o Parafita que son las que le dan su nombre a las fervenzas que, auxiliado por O Rego do Ferreiro, forma el río a su llegada al monte Cerquido desde donde desciende unos 50 m. casi en picado en un paraje de formado por grandes rocas cubiertas de musgo por la que se despeña el río formando una cola de caballo que se se desploma en una gran poza para seguir como un torrente aguas abajo y formar otra cascada, la de Parafita,  bien accesible desde las pasarelas de madera que permiten llegar hasta ella vadeando el río por el puente vecino al muiño en el acceso a tan hermoso lugar.

Para llegar a la de Raxoi, hay que hacerlo por el sendero que lleva a la cima desde donde caen las alborotadas aguas de la primera cascada porque en días de lluvia la subida por el interior es peligrosa por el riesgo a resbalar y despeñarse monte abajo.

Nos cuesta abandonar tan hermoso lugar pero la caminata hay que continuarla y eso hacemos siguiendo la ruta, más orientados por nuestro GPS que por la marcas que desaparecen con frecuencia, hasta llegar al cruce con la N550 en cuyo borde se encuentra la Parrillada O Castro, típico restaurante de carretera, con mucho camión a la puerta lo que significa plato abundante y contundente como así sucede, mejorado por un mencía de calidad, invitación de nuestro amigo Marcial, excelente andarín con el que celebramos su cumpleaños.

Aún nos quedan más de 6 Km., ahora en continua aunque suave ascensión que. después de pasar por el lugar de As Ribocias, discurre casi en su totalidad por pistas forestales hasta alcanzar de nuevo el santuario de Los Dolores, inicio y fin de la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,930 Km. 6 h. 20 min. Media Nublado 

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Espuma blanca bajo el cielo azul

En la Comarca de Caldas de Reis, en la zona intermedia entre la costa litoral y las tierras altas de la provincia se halla el municipio de Moraña en cuyos montes nace el río Agra que, a su paso por el lugar de Barosa, parroquia de Briallos, en Portas, toma su nombre  hasta llegar al concello de Barro, despeñándose desde las alturas entre los 17 muiños que forman la muiñada de A Barosa, en cuyo parque, cerca ya de la carretera que va a Caldas, puede contemplarse una espectacular cascada de aguas rugientes de blanquísima espuma desparramándose sobre el gris brillante de  las inmensas lajas que, en una mañana soleada como la de este lunes, contrasta con el límpido azul del cielo que asoma entre la frondosa arboleda.

Para llegar hasta tan hermoso paraje hemos partido de las inmediaciones del embalse de A Baxe, en Caldas de Reis para, abandonando la PO 221 que une Campo Lameiro con Caldas,  continuar hasta el lugar de Paradivas y por senderos entre pinares y campos, después de cruzar la aldea de Arousa, nos topamos con la iglesia de  Nª Sª de Dolores, parroquia de Barro, cerca ya del río Barosa, cuyo curso seguimos hasta bajar al citado parque en donde hacemos un alto para contemplar la fervenza y tomar un breve refrigerio.

Salimos de allí para cruzar la PO 551 y seguir el sendero por donde discurre el tramo del Camino de Santiago que nos lleva hasta Caldas y que va  prácticamente paralelo a la carretera, entre fincas y viñedos, jalonado profusamente por mojones y flechas para orientar al peregrino así como por anuncios de albergues y posadas.

Ya en pleno casco urbano de Caldas, entramos en el restaurante O Roquiño en donde ofrecen un variado menú del día, de buena calidad y generosa cantidad. Tras un par de horas de agradable condumio y animada conversación regresamos a la ruta, esta vez siguiendo la margen derecha del río Umia que, tras las recientes lluvias, fluye rebosante entre los  soberbios ejemplares del Jardín Botánico y su Carballeira en pleno centro de la villa.

Continuamos río arriba un par de kilómetros hasta la impresionante fervenza de Segade, hoy en estado de gracia, cosa no siempre posible debido a las regulaciones del embalse de A Baxe. Una cola de caballo blanca como una alba plena se desploma desde las alturas sobre las enormes losas que le esperan en el fondo golpeándolas con su hirviente y fría espuma para desvanecerse en la corriente del río,  de repente manso, que se pierde entre la arboleda.

La ruinas de la antigua “fabrica de la luz” con su altísima chimenea y sus arcos vacíos sirven de romántico decorado a tan espléndido escenario.

Despues de un buen rato contemplando absortos tan deslumbrante hermosura, seguimos nuestro caminar hasta el puente romano, a unos pocos cientos de metros del lugar en el que iniciamos y rematamos esta cómoda y bonita caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,460 Km. 6 h. 4 min. Baja Soleado 

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Aledaños de Ponte Caldelas

Después de varios meses de pertinaz sequía, famosa expresión acuñada por el franquismo en los años cuarenta, han llegado las lluvias también de forma pertinaz, persistentes, insistentes e imparables en estos primeros días del año nuevo. Desde que salimos  de nuestros puntos de origen hasta el lugar de inicio de la caminata, la lluvia nos acompañó sin cesar un momento y así siguió durante todo el día.

Comenzamos la jornada en el lugar de Tourón, en el municipio pontevedrés de Ponte Caldeas, cuando  las primeras luces de la mañana pugnaban por deshacerse de las postreras sombras de la noche. Abandonadas las últimas casas de Tourón, tomamos un ramal que nos lleva al antiguo Camiño dos Arrieiros, un estrecho y angosto sendero convertido en un torrente,  erizado de zarzas y maleza que hacían la marcha lenta y penosa.

Hubo que vadear regatos más anchos que nuestros pasos, pisar charcos escondidos entre las hierbas, rodear lagunas por las fincas o montes lindantes, sin que la lluvia nos abandonase en ningún instante. Así que, cuando llegamos al lugar de Vilarchán en cuyo parque de San Miguel hicimos alto para tomar un refrigerio, toda nuestra impedimenta estaba empapada, desde las botas hasta el gorro.

Repuestos como cada cual pudo de los efectos del interminable chaparrón, continuamos nuestra marcha, ahora por la pista de A Barcala que rodea los altos de Tourón, todo monte quemado por los incendios del pasado verano, incluidas las pasarelas y vallas que limitan su Área Arqueológica. Baja el agua desde las alturas destacando la brillante blancura de las aguas torrenciales entre la siniestra negrura de los pinos y eucaliptos que cubren estos montes.

Salvando los enormes charcos que se han formado en las pistas forestales que nos llevan a Ponte Caldelas, pasamos por los bajos de O Alto da Múa cuya visita dejamos para mejor ocasión y seguimos monte abajo hasta dar con la carretera que entra en el centro urbano hasta dar con la Casa 501, un cuidado restaurante en el que nos despojamos de casi todo lo mojado que llevamos encima para sustituirlo por ropa seca o ponerlo a secar en la espléndida estufa que calienta el salón.

Cigalas de Marín, arroz con bogavante y postres varios componen el excelente menú del día que sirven en esta casa por un módico precio. Todo regado con un rico Mencía para celebrar el 77 cumpleaños del veterano del grupo rematando el festín con un brindis con cava y haciendo votos por que la cosa se prolongue, cuanto más tiempo mejor.

Afuera sigue el tiempo intratable pero estos caminantes, que no se arredran ante las vicisitudes meteorológicas, siguen camino hasta el punto previsto llegando a Tourón, inicio y fin de esta lluviosa jornada, mojados pero contentos.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,200 Km. 6 h. 25 min. Media Lluvia

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Los números de 2017

Otro año se nos va. ¡Qué suerte, que tenemos otro por delante para seguir sendereando por esos montes y valles que conforman nuestro hermoso país!

Atrás quedan cientos de kilómetros recorridos semana a semana, cada sábado, cada lunes. Pues  ahora les ponemos números a lo que hemos hecho, recordando con cariño a todos los que han participado muchas o pocas veces en nuestras caminatas e invitándoles a que repitan en en el inminente 2018.

Ahí van las estadísticas de este 2017 que se extingue.

Caminata sabatina


Aunque ha habido casi 40 participantes a lo largo del año, solamente aparecen en el gráfico los que han hecho más de 150 Km.

 

 

Los Lunes al Sol

Bruno nos acompaña

Ya estaba anunciado que la borrasca, de nombre Bruno, haría su aparición por estos lares el día de Navidad y que asentaría sus reales con fuerza el martes 26, día que en esta ocasión sustituyó a los habituales lunes. Y en verdad que lo hizo con fuerza y decisión.

Iniciamos la ruta en la ermita de San Roque, en la canguesa parroquia de Darbo.  Se alza sobre un promontorio que es un espléndido mirador de la ría de Vigo y de la villa de Cangas extendida a sus pies. Continuamos por O Camiño Vello de San  Roque hasta dar con la iglesia parroquial de Santa María, un templo barroco del S. XVII, para seguir ascendiendo hasta otro estupendo mirador, el de O Balcón do Rei, en la cima del monte Carrasco, ya en las estribaciones de A Serra da Magdalena.

Esta pequeña sierra, incrustada en el centro del municipio y rodeada de lugares habitados, constituye un magnífico pulmón vegetal surcado de estrechos caminitos y pistas forestales que nos llevan, en continua ascensión, hasta su cima en O Alto do Carballiño desde donde, en un día más claro que del de hoy, pueden contemplarse botitas panorámicas de la ría.

Sopla  el viento con fuerza obligándonos a manejar con habilidad los paraguas para mantenerlos derechos mientras iniciamos el descenso entre chubascos intermitentes, cada vez más intensos, hasta tocar el Corredor do Morrazo  bajo cuyo viaducto pasamos para toparnos con la ermita de San Cosme desde donde comienza otra subida a la Cruz de Hermelo, una pétrea cruz de Santiago que se eleva sobre el Monte da Esculca, ya en el municipio de Bueu.

También esta sería una magnífica atalaya para disfrutar de las vistas pero los eucaliptos que la rodean no lo permiten aunque en un día como el de hoy la niebla y la lluvia no dejan ver nada.

Lindando con este monte se encuentra la Fraga de Coiro que en esta mañana de niebla y lluvia ofrece a nuestros ojos una estampa de indescriptible belleza.

Los ocres de la hojarasca que cubre los caminos, los verdes oscuros y los verdes claros de los helechos, las anémonas, las digitales que en este tiempo invernal esconden sus colores, brillan bajo la lluvia  y sus pequeñas hojas tiemblan como encogidas por el viento que a su vez ruge entre las copas de los castaños, los robles, los abedules y los pinos mientras que estos aguerridos caminantes tantean con cuidado donde ponen los pies, trastabillando a veces sobre las resbaladizas rocas,  patinando en el mojado suelo de los carreiriños que serpentean a lo ancho y largo de la fraga.

Algo de bruma, la persistente lluvia y el sordo bramido del amenazante viento revisten a la fraga de un aura mágica que nos hace olvidar las inclemencias de esta mañana tormentosa, del frío y de la humedad, sumergidos en este fascinante universo de colores, brillos y mágicas sensaciones hasta que, casi de repente, se cierra la fraga a nuestras espaldas y nos topamos, casi de bruces, con la iglesia de San Salvador de Coiro, a pocos metros de la Taberna do Pan de Millo en donde nos han reservado mesa y mantel.

Allí, mientras secamos nuestras ropas y alimentamos el cuerpo, oímos como la borrasca golpea con fuerza los ventanales del mesón.

Puestos de nuevo en la cruda realidad, reemprendemos la marcha bien pertrechados con chubasqueros y paraguas, bajando por las rúas empedradas y brillantes hasta el centro de Cangas para regresar al monte de San Roque sin que la tormenta dé siquiera un respiro en este último lunes del año.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,290 Km. 6 h. 25 min. Media Borrasca 

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