Un paseo placentero

En este lunes los esforzados andarines de Los Lunes al Sol se han tomado la cosa con calma y han pasado de la habitual caminata de cinco o seis horas a un agradable paseo de no más de 12 km. por el hermoso contorno de la Isla de Ons.

Claro que, llegando a la isla pasadas las once de la la mañana, no queda mucho hueco para una gran andadura, así que una vez que el barco nos deja en el muelle, enfilamos el sendero que nos lleva al mirador de Fedorentos, casi tocando la isla de Onceta y con las Islas Cíes enfrente sobre un mar de intenso azul brillante en esta mañana soleada.

Regresando al sendero, no tardamos en dar con O Burato do Inferno, una profunda sima cargada de leyendas y supersticiones, donde se oyen, en ciertas noches, los gritos y gemidos de los condenados. También es  objeto de la fantasía literaria siendo uno de los escenarios principales de «Los hijos del mar», la entretenida novela de Pedro Feijóo.

Seguimos el camino que serpentea por las suaves colinas de la isla pasando por deliciosos parajes como de de la Ensenada de Gabeliñas, una preciosa entrada del mar formando un pequeño golfo en el que las inquietas aguas rompen contra la costa  en incesantes olas de blanco y azul.

Seguimos hasta el monumental faro, vigía de estos mares  en tiempos ya idos y desde allí bajamos al hermoso arenal de Melide a un tiro de piedra el restaurante O Pirata, fin e inicio de la caminata.

Pulpo a la gallega y arroz de marisco, todo muy rico, acompañados de ribeiro y mencía, son el perfecto colofón para el agradable paseo por esta preciosa isla.

Rematamos la jornada en la playa de Canexol tomando el sol sobre su fina y blanca arena y disfrutando también de un vigorizante baño en sus transparentes aguas.

Son las seis cuando suena la bocina del barco que nos devolverá al puerto de Bueu a donde regresamos felices y contentos después de tan gratificante jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
11,990 Km. 3 h. 13 min. Baja Soleado 

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Rafel Areses: Pionero del Aloia

Rafael Areses Vidal fue un ingeniero de montes nacido en Tui en el último cuarto del siglo XIX, precursor de lo que hoy son los Parques Naturales como  el del monte Aloia cuya reforestación dirigió en los inicios del siglo XX y que obtuvo esa calificación en 1978 siendo el primero de su clase en Galicia.

Cipreses, abetos y cedros del Líbano pueblan el parque de este mítico Monte Medulio, escenario  del suicidio de las tribus celtas que lo habitaban ante el asedio de las tropas romanas lideradas por Cayo Furnio.

Miradores sobre el Miño y el Louro y más de 10 kilómetros de sendas hacen de este parque un delicioso jardín cuyo paraje más atractivo es la Senda Botánica que discurre a lo largo del Rego Tabernas encajado en una increíble levada de piedra. En lo alto del monte, en San Xiao, nace el río Tripes que riega el valle de la aldea que le da nombre, jalonado por una veintena de muiños con más de 200 años de antigüedad en un entorno de indescriptible hermosura.

Al llegar a la aldea de Frinxo nos desviamos al Castro del Alto dos Cubos, un enclave castrexo que fue habitado entre los siglos II a.C. hasta el III d.C. Hoy es un espléndido mirador sobre la ciudad de Tui.

Ya quedan poco más de 2 Km. por la Senda Botánica y los escarpados roquedos que nos separan del Restaurante  Aloia, en la cima del monte en donde remata la jornada de este lunes. Unos contundentes callos con garbanzos, merluza a la romana y postres variados compensan nuestro esfuerzo.

Todo regado con albariño y Ribera del Duero, obsequio de nuestro querido Juan, incansable andarín que cumple años y por el que brindamos gozosos porque tenga larga vida y felicidad.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,810 Km. 5 h. 48 min. Media Nublado

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A Raiña da Fonte

La primera vez que estuvimos en la romería de A Franqueira fue en el 2006.  Durante todos estos años hemos ido varias veces y en éste repetimos para que alguna de las más recientes incorporaciones pudieran conocerla.

Es una de las más antiguas y hermosas de Galicia en la que lo que más llama la atención son los rituales de recepción y despedida entre  las parroquias anfitrionas y las que llegan desde sus aledaños para seguir después, monte arriba, hasta la explanada anexa al santuario en la que se repite la ceremonia para las más de las 70 imágenes que llegan allí en procesión procedentes de  las aldeas y villas que rodean la sierra da Paradanta.

Una muchedumbre de fieles y visitantes llenan los reales del santuario en los que se han instalado multitud de puestos de venta de los más variados productos, como quesos, embutidos, gorros y muchos otros además de los que ofrecen pulpo, empanada, vino del país, etc.

Nosotros, los de Los Lunes al Sol, hemos acompañado a la procesión que,  partiendo de Paraños sube, después de hacer recibido y saludado a sus parroquias invitadas, hasta el santuario  en el que se reúnen con las demás para concentrarse bajo la gran carpa en la que se oficiará misa solemne presidida por el Sr. Obispo. Este año no hubo la tradicional procesión  después  a causa del mal tiempo.

Como senderistas que somos no pudimos evitar hacer una  pequeña caminata hasta la Cruz da Paradanta, que se eleva sobre O Coto Redondo a más de 900 m. de altitud rematando el Via Crucis que viene desde el santuario, muy cerca del Coto da Vella que es el sitio en el que fue encontrada la imagen de A Raiña da Fonte que es como también se conoce a la Virgen de A Franqueira.

Desde allí la  vista  alcanza hasta los 40 Km. de distancia pero como  el sitio estaba envuelto en la niebla que apenas si dejaba ver la enorme cruz habrá que esperar a un tiempo más soleado para disfrutar de la panorámica.

De vuelta a la romería, atravesamos a duras penas el inmenso gentío que, a pesar del mal tiempo, llenaba los alrededores de la iglesia y seguimos monte abajo hasta dar con el sitio de inicio de la caminata, ahora despejado y vacío hasta que las imágenes regresen a Paraños.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
15,160 Km. 3 h. 30 min. Media Chubascos 

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Dolencia de caminantes

Llénese un barreño con agua bien caliente, añádase un chorro de vinagre y un puñado de sal. Sumérjanse los pies hasta que el agua enfríe.  Esta receta es de  Elvira que, además de saber mucho de cocina, también conoce remedios caseros.

Llénese con agua  una botella de Anís del Mono o similar y guárdese en el congelador. Una vez formado el bloque de hielo hágase  rodar bajo el pie afectado  masajeándolo lentamente entre cinco y ocho minutos dos veces al día. Ésta es del traumatólogo que me diagnosticó una fascitis plantar en mi pie derecho la cual me relegó al dique seco durante varias semanas.

La fascitis plantar es una dolencia bastante frecuente entre los caminantes. En nuestro grupo nos ha afectado a varios en mayor o menor grado. En mi caso particular las recetas de Elvira y del traumatólogo y los masajes de la fisioterapeuta me han  permitido regresar a las andanzas con mis queridos colegas de Los Lunes al Sol y disfrutar de la belleza y del encanto de las Pozas de Melón que, a lo largo del río Cerves,  jalonan el precioso sendero que nos lleva hasta la Fervenza de Tourón, una impresionante cola de caballo en los días de  lluvias abundantes aunque algo menguada en estas fechas cercanas al estío.

Dejando la fervenza a nuestras espaldas y pasada la aldea de Tourón, comienza el descenso hasta  Melón cuyo monumental monasterio sobresale en  el paisaje que se domina desde la altura. Ya en pleno descenso, regresamos al punto de inicio para seguir por un corto tramo de la A 52 hasta la bifurcación de la que parte el sendero que bordea la profunda vaguada por la que discurre el río Cerves que se desploma en estos parajes por la  hermosa pero inaccesible  Fervenza de Santa Cruz o de Codesás que es el nombre de la aldea que se encuentra por allí cerca.

Un par de kilómetros más y finalizamos la caminata de este lunes desplazándonos hasta el restaurante A Quinza, en Ribadavia, en donde  nos espera un sencillo pero apetitoso menú a base de lentejas y rapante frito acompañado por los deliciosos ribeiros blanco y tinto de su propia bodega Divino Rei , atención de Tere, nuestra entrañable andarina, con la que brindamos porque cumpla muchos más, felices y en nuestra compañía.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,000 Km. 5 h. 13min. Media Nublado

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El Almofrei por Cotobade

No recuerdo exactamente cuándo fue mi primera visita al Almofrei: un sábado de sol, con Domingo, padre carmelita que caminó con nosotros unos pocos años, la hermosura de los molinos y la visita al Foxo do lobo. Sí recuerdo las buenas sensaciones que desde entonces he asociado a su nombre.

Sabíamos que iba a llover. Quién más, quién menos nos habíamos equipado con chubasquero y/o paraguas, sacrificando en este segundo caso un bastón, lo que nos causó más de un problema en los puntos calientes de la ruta.

Sí. Ya desde la primera rampa fuimos conscientes del peligro de resbalar. Aunque no tan fina como la de la semana pasada en Geraz da Lima, Portugal, la precipitación que nos acompañó sin tregua durante tres horas convertía la pista por la que intentábamos enderezar nuestros pasos en una de patinaje, no solo por estar lógicamente húmeda si no también por haber impregnado completamente de moho o verdín todo tipo de pavimento, del hormigón y la piedra a la madera.

Gracias a los bastones, y a nuestra experiencia, conseguimos salir, casi siempre airosos e ilesos, aunque no podemos dejar de señalar la concentración y contracción muscular con que acompañamos cada paso que dimos…

El Foxo do lobo fue nuestra primera parada. Todos conseguimos ver allí, gracias a los oportunos comentarios de Miguel, a los lugareños arremolinados en torno al pozo, donde ya habría dado con sus pobres huesos el desafortunado lobo, sufriendo la lapidación terrible en medio de una algarabía de insultos tan hirientes como las mismas piedras.

No mucho después bajábamos hacia el Almofrei, con considerable esfuerzo físico y mental, hasta el puente Serrapio, para continuar río abajo pendientes de cada paso.

La que desde allí vivimos fue una auténtica inmersión en todos los sentidos de la palabra. Mojados de pies a cabeza, tal era el empeño de la humedad autóctona, se sentía uno caminando por el fondo de un mar, o por el lecho de algún río, real o “meigo”, ayudado en esta fantasía meteorológica por la verdura de tan fragosa vegetación que, por sus contornos difusos (a lo que ayudaba, que duda cabe, el vaho de las gafas) podía igualmente ser selvática o subacuática.

El musgo y los líquenes, juntos y por separado, lo envolvían todo, acrecentando esa sensación de irrealidad, como en el caso del cruceiro vecino de la iglesia de san Martiño de Rebordelo, que cuenta con una “piedad” en la que Madre e Hijo aparecen ataviados con un tétrico manto vegetal.

Llegando a Carballedo, final de nuestro recorrido, nos acercamos a la capilla de san Roque, pequeña y de hermosa apariencia, Parece que consta de planta basilical, cuya nave central es de mayor altura que las laterales.

Junto al restaurante nos esperaban Moisés, Bea y José y Avelino y su señora. Juntos celebramos el cumpleaños de Avelino, que nos invitó al vino como es tradición entre nosotros. Gracias, Avelino.

Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,100 Km. 6 h. 13 min. Media Chubascos 

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