Entre O Cervo y O Espirito Santo

Desde la explanada de la feria de Vilanova de Cerveira, cruzando la villa hasta llegar a la Quinta das Mineirinhas ya metidos en los montes de A Serra das Gávea, nos desviamos de la carretera para subir a la Porta do Ceo que es lo que queda de las ruinas de A Capela do Espiritu Santo cuya construcción, allá por el siglo XVIII, parece ser que no llegó a terminarse.

Situada en un cerro, a unos 225 m.de altitud, constituye un espléndido mirador de la villa portuguesa con el Miño a sus pies. Bajando de la colina por el camino de subida y siguiendo un corto tramo de carretera un indicador nos dirige al Alto do Castro, otra magnífica atalaya en la que se eleva la escultura metálica de un ciervo del artista José Rodrigues que data de 1985 y desde donde se contempla la hermosa estampa del río Miño fluyendo majestuoso entre las villas de Vilanova y Goián.

Regresamos a Vilanova descendiendo por la empinada ladera que nos lleva hasta la Capela da Senhora da Encarnação, casi escondida en un frondoso bosque en un parque desde el que, por casi un centenar de escalones de piedra labrados entre la umbría arboleda, bajamos a la villa hasta el puente internacional, A Ponte da Amizade, para pasar al lado español y continuar por el agradable paseo que discurre desde Goián a Eiras no sin antes visitar lo que queda del la antigua fortaleza de San Lorenzo.

Fluye mansamente el gran río entre Galicia y Portugal acompañándonos por el hermoso sendero hasta el área recreativa de As Chapiñas. Allí abandonamos el río para continuar por la aldea de Eiras y meternos en los pinares por cuyas pistas y senderos llegamos a las inmediaciones de Goián en donde, ya en su casco urbano, damos con la Tapería de O Fartiñas.

Allí nos espera  una amplia mesa bajo la agradecida sombra de una parra en donde nos acomodamos los trece de la ruta más nuestros compañeros de fatigas Torres y Antón que, ausentes esta vez de la caminata, han querido acompañarnos para celebrar la incorporación de Ángel, entrañable amigo y camarada de tantos años ahora lejos pero que hoy participa en la caminata de este lunes.

Un rico albariño de la casa acompaña el agradable menú del día que, a base de ensalada mixta, filetes de merluza o albóndigas con arroz rematado con arroz con leche, cubre sobradamente las hambres de esta tropa.

Después de un buen rato de alegre convivencia recogemos los bártulos de caminar y retomamos la  andadura hasta la capilla de San Roque en las afueras de la villa goianesa para seguir, entre fincas y viñedos, hasta la pista que entronca con el puente internacional y desde  allí, por la ribera del Miño,  al campo de la feria vilanovense.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,880 Km. 6 h. 18 min. Media Sol y nubes 

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Aldea y media

A unos cientos de metros de Chan da Lagoa, en el sendero por el que discurre el PR G 62 o Ruta dos Petroglifos, se encuentra la Aldea de San Cosme. Hace unos años era un conjunto de tres o cuatro casas en ruinas que ahora han sido restauradas y forma un pequeño núcleo poblacional aunque da la impresión que se solamente está habitado de forma temporal aislado como está, solitario en medio de los pinos contiguo al seco  cauce de un regato que se hunde en las profundidades de una pronunciada vaguada.

Más adelante, en la parroquia de San Lorenzo de Belesar nos topamos con el lugar de Media Aldea que con la anterior de San Cosme podríamos decir que nos hemos encontrado con aldea y media.

Para llegar hasta allí hemos iniciado la caminata de este lunes en el parque que rodea la monumental imagen de La Virgen de la Roca que se eleva sobre el monte Sansón y desde cuya barquilla puede contemplarse la impresionante estampa del inmenso océano bañando la cercana costa con el castillo de Gondomar en primer término.

Lo que hace unos pocos años era un frondoso pinar fue transformado por los incendios en un descampado amarillento. Llega en descuidado camino hasta la carretera para, después de un corto tramo por carretera, retomar a la altura del lugar de San Antón las pistas forestales que nos llevan hasta Baredo y desde allí,  monte arriba, siempre entre pinares, hasta el área recreativa de Chan da Lagoa en donde hacemos una parada para tomar el refrigerio de las once y continuar hasta la mentada aldea de San Cosme.

Continuamos la marcha por un enrevesado camino hasta alcanzar la vaquería de As Tomadas desde donde se contemplan preciosas vistas de la ensenada de Baiona.

Seguimos por un largo camino de carro, ahora en continuo descenso, hasta  Media Aldea, poco antes de Sabarís.  Ahí nos detenemos ante el Asador O Muiño, un viejo molino restaurado a la orilla del río Groba.

Croca con patas fritas, revuelto de gulas o pimientos con tetilla son algunas de las sugerencias del menú del día que con su módico precio y alta calidad satisfacen plenamente nuestras hambres a estas horas del día cuando llevamos en la espalda los casi 20 Km. de la jornada matutina. Regado todo con un dorado condado y un rojo ribera obsequio de  los dos afortunados que tuvieron la suerte de descubrir un pequeño tesoro abandonado en uno de los caminos que serpentean por estos montes.

A partir de ahí se acaban los pinos y las alturas. Dejando atrás las calles de Sabarís nos dirigimos a Baiona por la carretera interior, casi escondida detrás de las grandes moles de pisos construidas en la época de la “burbuja”. No tardamos en llegar al lugar en que se encuentra el monumental Cruceiro de la Santísima Trinidad con su baldaquino de piedra.

Atravesamos las viejas calles de la villa hasta dar con el tramo de carretera que nos conduce al monte Sansón inicio y fin de la jornada de este lunes.

 

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,550 Km. 6 h. 28 min. Media Soleado 

Fotos  de José Ortigueira.

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Azul y blanco

La inmensa lámina de azul oscuro, a medida que se acerca a la costa, se convierte en una fascinante ola de espuma blanca que se alza sobre si misma como si fuese a devorar un monstruo marino desparramándose después sobre las rocas.

Es la costa de Oia que se divisa dede las estribaciones de A Serra de A Groba por cuyas cumbres se ha desarrollado la caminata de este lunes.

Saliendo de Viladesuso tiramos monte arriba hasta pasar el puente sobre el río Broi cuyo cauce en esta época está prácticamente seco pero que en tiempo de lluvias ofrece una hermosa estampa con sus aguas precipitándose entre los alcornoques que dan nombre al lugar: As Sobreiras do Faro.

Llama la atención el color negro que tienen  los árboles del alcornocal debido  al incendio que tuvo lugar en 2006  al que sobrevivieron gracias a su gruesa corteza.

Después de recorrer tan atractivo paraje continuamos la ruta en continuo ascenso, bien por monte pelado bien entre pinares, topándonos con algunos tramos de difícil tránsito a causa de la enmarañada vegetación que se apoderó del camino y que ralentiza nuestra marcha mientras luchamos con tojos, zarzas y maleza.

Por  estas alturas, a casi 600 m. sobre el  nivel del mar, nos acompaña la impresionante panorámica del océano cuyas aguas vienen a morir a la costa con el monasterio de Santa María dominando el paisaje de mar y espuma.

Pasado el regato de Vilar del que en este tiempo de sequía solamente quedan las piedras de su cauce seco comienza el descenso que en su último tramo es una pronunciada pendiente que nos lleva a la bonita villa de Oia, muy marinera, crecida a la sombra del monumental cenobio benedictino.

En la vecina parroquia de Pedornes, a donde llegamos por la pista que discurre pegada a la costa, nos desviamos a la carretera de A Guarda en el punto donde se encuentra el Bar A Riña en donde degustamos el menú del día que buena falta nos hace después de estos primeros 18 Km.

Fideos con almejas, merluza  con ensalada, arroz con leche con un rico vino del Rosal reponen energías y alegran el par de horas que allí pasamos antes de reemprender la caminata que continuamos por la costa mientras disfrutamos del magnífico cuadro que nos ofrece la mar brava rompiendo sus olas contra las rocas bañándolas de hirviente espuma.

Al llegar a los aledaños de Viladesuso atravesamos de nuevo la carretera para, después de poco más de un kilómetro, recuperar el punto de partida también remate de la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,710 Km. 7 h. 30 min. Media Nublado 

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Nuestras vidas son los ríos…

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir.

Lo decía en el siglo XV el noble, soldado y poeta Jorge Manrique en sus archifamosas “Coplas a la muerte de su padre” que nos vienen hoy a la memoria al culminar nuestra andadura por las orillas del río Tamuxe que habíamos comenzado en el pasado lunes y hemos rematado hoy con inicio y fin en el lugar en donde el río entrega sus aguas al gran Miño bajo el puente de Pías en San Miguel de Tabagón.

Lo hemos visto casi en su nacimiento en los montes de Oia encajonado en profundas gargantas, formando la hermosas pozas de  Loureza y Pozo do Arco para, alcanzada su madurez, fluir reposadamente a su paso por O Rosal y morir mansamente en el Atlántico fundido  su caudal con el  del Miño.

El Tamuxe es un hermoso río y su muerte en el MIño es una forma de dar vida al gran río que avanza pletórico hacia el mar que es una de las grandes fuentes de la vida así que, alejándonos de la triste imagen del joven  Manrique,  disfrutamos de nuestro paseo por las frondosas riberas del río Tamuxe, de su remansos y pozas en los que alegremente chapotean gentes sudorosas que alivian en ellas los rigores del estío.

Desde el puente de Pías no tardamos en llegar a la zona recreativa de As Aceñas con su muiño y piscina construida aprovechando el ensanche del río en esa zona. Seguimos entre fincas de labor, algunas abarrotadas de mirabeles, esas doradas ciruelas que procedentes de la Selva Negra alemana arraigaron en ese vergel que son las tierras de O Rosal y que ahora en verano tienen su mejor momento.

Casi siempre pegados a la orilla izquierda del Tamuxe y después de pasar por los lugares de Urgal y Couselo, seguimos por O Camiño do Barrio Novo que nos lleva hasta la Pontella de Loureza en donde hacemos un alto para tomar las once y darnos un remojón en sus transparentes aguas.

Seguimos, unas veces entre pinares otras por la orilla, hasta Fornelos frente a cuya plaza se encuentra el Restaurante A Cantina en donde somos magníficamente atendidos. Deliciosa dorada al horno, bacalao a la plancha, carnes varias y postres, todo acompañado de un fresco y agradable vino de O Rosal, dejan a los trece comensales que componen la expedición de este lunes al borde de la felicidad gastronómica.

Cae el sol a plomo sobre Fornelos cuando la aguerrida tropa de Los Lunes al Sol reemprende la marcha de vuelta al río, esta vez por su margen derecha disfrutando de los apacibles y bellos parajes que el Tamuxe ofrece a nuestro paso hasta toparnos de nuevo con el citado Puente das Pías y despedirnos del Tamuxe que allí nos abandona para hacerse grande con el Padre Miño.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,710 Km. 6 h. 24 min. Baja Soleado 

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Jugando con el agua

Una fina niebla cubría los montes de la sierra de A Grova desde Torroña a Refoxos que es el lugar en el que iniciamos la ruta de este lunes siguiendo la margen derecha del río Tamuxe también conocido con el nombre de Carballas por estos parajes. El cauce queda hundido en la vaguada por cuya ladera avanzamos paralelos a una larguísima acequia  por  la que corre veloz un agua que debe proceder de la parte alta del río.

Poco después de dar con la caseta que alberga alguna instalación de la central hidroelétrica que por allí han montado y que no parece que esté en funcionamiento, seguimos monte arriba hasta el lugar de Bonaval, un conjunto de unas cuantas casas que parecen perdidas en medio de la sierra.

Aunque la neblina  ha desaparecido el cielo se mantiene encapotado lo cual es de agradecer en estos tiempos de calor. Desandamos el camino que nos ha llevado a Bonaval para volver al río con parada en O Pozo do Arco, una zona recreativa  recuperada por la Comunidad de Montes de Burgueira con  pozas, molinos, bancos y mesas y una pasarela de madera nueva del trinqui. Un lugar ideal para pasar una agradable jornada con la familia. El río va escaso de caudal en esta época del año así que abandonamos As Pozas de Burgueira que son éstas para seguir camino y probar suerte en las otras que no quedan muy lejos.

Son las Pozas de Loureza, unas piscinas naturales que la erosión esculpió en las grandes rocas que forman el cauce del Tamuxe en este lugar. Pequeñas cascadas y hoyos grandes y pequeños invitan al baño y al disfrute de los chorros que forman encantadoras cuevas bajo las cuales puede recibirse un magnífico masaje corporal de agua fresca y cristalina.

Entre las pulidas lajas que separan unas pozas de otras gateamos para no resbalar, nadamos en pequeños círculos, jugamos como niños que se divierten chapoteando en aquellas aguas  límpidas y transparentes

Terminada la diversión reemprendemos la marcha hacia Loureza que queda a poco más de un kilómetro. Allí, a la vera del río, se encuentra el Bar El Puente a donde estos senderistas arribaron por vez primera hace más de diez años cuando, perdidos en la niebla sin comida y sin bebida, un cazador que por allí andaba los trajo hasta este bar-restaurante desde aquella ocasión entrañable refugio al que acudimos siempre que sendereamos por esta latitudes sin que nunca nos defraude.

Un arroz decorado con elegante langostino es el preludio de ternera asada con patatas seguido de frutales postres a base de piña y melocotón en almíbar. Tinto del país beneficiado con amigable gaseosa acompaña la pitanza.

Pero la cosa no termina aquí. Hay que subir a Santa Comba por una larga y empinada cuesta que, después de vadear el Carballas o Tamuxe por la pontella de Loureza, asciende, casi siempre jalonada por la umbría arboleda, hasta la ermita y pueblo que parece dormido en esta hora de la siesta.

Volvemos sobre nuestros pasos para regresar al punto del desvío que nos lleva al sitio de partida en Refoxos, también final de la ruta de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,700 Km. 5 h. 46 min. Media Sol y nubes 

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