Reboda en Santa María de Tebra

De primero: Rodaballo o marisco. De segundo, cordero al horno o carne asada. De postre, tartas varias  o pasteles. Todo de primera calidad y por el módico precio del menú del día. El restaurante está a rebosar  y es que ayer domingo hubo boda y los del Lunes al Sol y otros parroquianos que ya coocen el sitio aprovechamos los excedentes del banquete. Eso ocurría en el restaurante Las Colinas, en Santa María de Tebra, ya conocido por estos senderistas por anteriores y similares experiencias.

Para llegar hasta allí hemos partido los catorce componentes de la marcha de este lunes desde Santa María de Pinzás, una parroquia de Tomiño como la citada Santa María de Tebra. Grandes bosques de coníferas rodean la parroquia que se extiende hacia el sur a lo largo de amplias  extensiones de tierra llana que dan hasta para albergar un aeródromo cuyo proyecto fue parado por las protestas de los ecologistas.

Casi todo el trayecto discurre por pistas forestales a la sombra de pinos y castaños lo que es de agradecer en este caluroso día de julio y también por algún que otro carreiriño como el que nos lleva a la Fervenza do río Pequeno, un delicioso paraje en el que la caída del  río forma una pequeña cascada.

Seguimos por los anchos caminos de los montes que median entre Pinzás y Tebra hasta divisar desde la altura el hermoso valle en el que se asientan las parroquias de Santa María y San Salvador dominadas por la Torre y Pazo que edificó  en el S. XV Pedro Madruga, derribadas  más tarde por orden de los Reyes Católicos y reconstruidas en el S. XVI siendo hoy residencia privada.

Bajamos hasta la iglesia de Santa María en cuyas cercanías se encuentra el citado restaurante especializado en bodas y banquetes  en donde damos buena cuenta de espléndido menú citado más arriba.

Cuando salimos al exterior el sol aprieta y hemos de enfrentarnos a los siete kilómetros de ascensión que nos separan del punto de inicio.

Unas  veces por pistas polvorientas  a pleno sol, otras por tramos protegidos por benéfica sombra, vamos superando el largo tramo cuesta arriba, agradecidos a la suave brisa que de vez en cuando se compadece de nosotros y nos alivia el andar. Tras de casi dos horas de esfuerzo y paciencia alcanzamos los amplios llanos de Pinzás, en el lugar donde el río Cereixo tiene su nacimiento, A Alpuxarra, localidad vecina de Santa María,  fin y principio de la feliz jornada de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,900 Km. 6 h. 34 min. Media Soleado 

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Una torre y dos conventos

Una torre: La de Lapela.

Dos conventos: El de San Fins y el de Ganfei.

La Torre de Lapela  se encuentra a orillas del Miño, entre Valença y  Monçao, en la  localidad que lleva su mismo nombre. Es lo único que se conserva del Castelo de Lapela que defendía y vigilaba A Raia, la frontera con España. Situada a la orilla del Miño tiene una altura de unos 35 m. y constituye un magnífico mirador sobre el río que fluye mansamente entre las ciudades de Valença y Tui.

Para llegar hasta aquí hemos partido de la parroquia de Friestas desde donde bajamos a la ecopista construida sobre la antigua vía del tren que iba de Valença a Monçao y que nos lleva directamente hasta Lapela. La torre está cerrada a cal y canto en la solitaria aldea así que seguimos adelante desviándonos del Miño por las fincas de rodean la Isla de Crasto, un paraje cerrado de maleza lo que nos obliga a volver a la ecopista para encontrarnos, un poco más adelante, con el río Manco un pequeño afluente del Miño.

Regresamos a Friestas desde donde hemos de ascender por la ladera del Monte Faro en cuyas estribaciones se halla el Monasterio de San Fins, un cenobio fundado hace ocho o nueve siglos en el que destaca su preciosa  iglesia románica. Observamos que han limpiado sus viejas piedras y restaurado algunos paramentos y construcciones anejas lo que nos hace suponer que quizás haya por ahí algún  proyecto hostelero o cosa parecida.

Al abandonar los umbríos parajes que rodean el monasterio nos echamos al monte pelado arrasado por los incendios del año pasado cuya única arboleda es la formada por pinos quemados con su patético ropaje de corteza cenicienta y ramas muertas, triste paisaje apenas suavizado por el verde de los helechos que prevalecen sobre el fuego.

Siempre cuesta abajo llegamos a Ganfei, un caballero francés que llegó a santo y dio su nombre a la población y al monasterio que aquí llaman convento y que se eleva a la orilla de la carretera muy cerca de la hermosa ciudad de Valença.

No lejos del cenobio se encuentra el restaurante Merendola en donde nos han reservado una Bacalhao á brasa al que atacamos después de dar cuenta del caldo verde de la casa. Trozos como trasatlánticos del rey de los pescados portugueses rodeados de patatas cocidas y judías verdes que regados con  el vino de la casa, un blanco con aguja fresquito que entra muy bien en este día de canícula, ocupan nuestra atención durante un buen rato. Sobremesa e infusiones varias rematan el convite siendo hora ya de retomar los bártulos y emprender la marcha que, por un corto tramo de carretera, nos lleva al Convento de Ganfei, monasterio benedictino que se cargó Almanzor en el año 1000 y que fue reconstruido dos décadas después por el citado caballero y santo francés.

No nos resistimos a echar una reconfortante siesta a la sombra de los plátanos que crecen frente a la fachada del monumento lo que nos deja listos para recorrer la media docena de kilómetros que nos separan del arranque de la estupenda caminata de esta jornada, toda sol y luz en este espléndido día de verano que rematamos con una parada para refrescar nuestros gaznates con unas cervezas a la honra y salud de nuestra querida Carmen, la esposa de Antonio, que en su ausencia ha querido invitarnos para celebrar su onomástica, hoy que es la fiesta de la Virgen del Carmelo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,180 Km. 6 h. 24 min. Media Soleado 

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Los tres Santos de Tabagón

Entre las villas de O Rosal y la de A Guarda hay un lugar llamado Tabagón, ribereño del Miño ya en su último tramo, que es un auténtico jardín. Su privilegiada situación en el estuario del padre de los ríos gallegos, resguardada de vientos y fríos, crea un espacio de tierra fértil en la que frutales y flores surgen por doquier llenando de color y hermosura este precioso enclave.

Tres son las parroquias, cada una con su santo protector, que se encuentran en Tabagón: San Miguel, San Xoan y As Eiras, ésta bajo la advocación de San Barlomeu. Llama la atención lo cerca que están unas de otras y lo monumental de sus templos.

La caminata de este lunes se inicia en la explanada de la iglesia San Miguel envuelta a estas horas en una espesa niebla. Desde aquí nos allegamos al centro urbano para, atravesando la PO 552, bajar al Parque do Tamuxe, muy cerca del puente su su mismo nombre que vadea el río poco antes de que entregue sus aguas al padre Miño. Siguiendo por la margen izquierda del Tamuxe, que más adelante adquiere la denominación de río Tambre o Carballas, alcanzamos otro parque, el de As Aceñas, presidido por el gran molino construido en el siglo XIX, restaurado en el 2011 y convertido en un centro de interpretación llamado Área da Natureza do Muíño das Aceñas.

Hace unos años un colosal viaducto de hormigón fue construido sobre este idílico paraje sobre cuyo antiguo silencio retumban ahora los ruidos  del tráfico rodado sobre la enorme estructura.

Continuamos por el sendero de pescadores disfrutando de la agradable sombra de la floresta ribereña,  ahora que la niebla va dejando sitio a la luz y calor del sol hasta llegar al lugar de Valdemiñotos cuyo núcleo urbano hemos de cruzar bajo un sol que ya comienza a calentar sin sombra ni cobijo, pasando por sus extensos viñedos, también a pleno sol, hasta que nos reencontramos con las casas de Tabagón, muy floridas y de gran porte muchas de ellas, amparándonos en la sombra de sus estrechas calles.

No tardamos llegar a la iglesia de San Xoan, construida en el XIX a petición de los feligreses a los que la de San Miguel les quedaba escasa y lejos. Aquí,  en San Xoan, levantan en el mes de febrero un enorme arco  florido, costumbre ancestral que data desde la fundación del templo en 1926.

Dejamos atrás San Xoan para adentrarnos en los montes cercanos  hasta dar con el Castro de Eiras sobre el que se eleva la ermita de A Magdalena, rodeada de unos enormes alcornoques bajo cuya sombra de celebra en este mes de julio la tradicional romería.

Un poco más abajo nos espera la tercera iglesia de esta ruta, la de San Bartolomeu, de estilo manuelino de clara influencia portuguesa dada la proximidad con la tierra lusitana.

Muy poco queda para bajar la bosque que se extiende a la orilla del gran Miño en cuya explanada se encuentra el restaurante Eiras, viejo conocido de estos andarines, en donde en una mesa al aire libre damos cuenta su palometa a la plancha o su cordero asado que aplacan gustosamente nuestro apetito.

Aún está muy alto el sol cuyos rigores suaviza la fresca brisa que sopla a lo largo del PRG 112 que discurre paralelo a la ribera hasta regresar, al cabo de un par de horas, al punto de inicio y fin de esta caminata en el atrio de  la iglesia de San Miguel.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,210 Km. 5 h. 43 min. Media Niebla/Sol 

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Nieblas de verano

Al tímido comienzo del este verano siguieron unos días de mucho calor y ahora,  en los primeros días de julio, este tiempo tan voluble nos trae lluvias y nieblas como la que cubría en la mañana de este lunes los altos que bordean la costa que serpentea desde A Guarda hacia Oia a cuyas cumbres ascendemos desde el Parque das Loucenzas en la PO 552, el punto de inicio, muy cerca de A Guarda.

Desde el primer mirador que alcanzamos en las alturas de esta sierra aún podemos disfrutar de la vista de la costa rocosa contra la que baten incesantes las olas rebosantes de blanca espuma pero, a medida que avanzamos por los pinares que pueblan estos montes, la niebla se va cerrando y cuando llegamos al otro mirador, el que está cerca del campo de tiro de A Cruz da Portela, ni el mar ni el cielo ni la costa on visibles. Una pena, porque las vistas desde ese sitio en los días despejados son espectaculares.

De vez en cuando cae un chaparrón pero la niebla se va abriendo cuando pasamos por los aledaños de Marzán, un núcleo poblacional desde donde se ve la villa de O Rosal a cuyo municipio pertenece, para adentrarnos de nuevo en el bosque y encontrarnos, después de unos pocos kilómetros, con la parroquia de Salcidos, ya en el Concello de A Guarda.

No queda mucho para llegar al caso urbano de la villa guardesa en donde nos espera un sabroso yantar en La Pizzicata acompañado de un estupendo mencía Regina Viarum con el que nuestra querida Elvira ha querido celebrar su reciente cumpleaños por el  que brindamos deseándole una larga  y gozosa existencia que bien se lo merece.

Queda para la tarde, aún temprana, la visita al Castillo de Santa Cruz, una fortaleza del siglo XVI que fue rehabilitada por el Concello en el 2014 y que vale la pena visitar.

Desde allí bajamos al puerto para continuar nuestra andadura a lo largo de la costa hasta la playa de Area Grande desde donde ascendemos al lugar en donde comenzó la jornada de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,530 Km. 5 h. 30 min. Media Nieblay lluvia 

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