Por las tierras del buen vivir

Bembrive es una de las parroquias de Vigo que, a su vez, ostenta el título de Entidad Local Menor lo cual le concede ciertos privilegios como  el elegir su propio alcalde pedáneo. En Galicia solamente existen 8 entidades como ésta. Es una parroquia de origen esencialmente rural  como lo atestiguan sus más de cien muiños más que centenarios aunque en la actualidad está muy urbanizada por su proximidad al casco urbano de la urbe viguesa.

La parroquia, ubicada en el interior del municipio vigués, se extiende por las profundidades el valle del río Eifonso. Parece ser que en tiempos lejanos  un gran señor escogió estos parajes para su recreo y holganza, es decir para disfrutar de la vida y de ahí le viene el nombre al topónimo Bembrive, en latín medieval “bene vivere”, vivir bien. Pues de ahí, en Bembrive,  en el  límite de esta parroquia con la de Sárdoma, muy cerca de su desembocadura del río Lagares, parte el sendero que corre paralelo al río Eifonso llamado “rego” o sea regato por los locales denominación más modesta que la que se merece.

Eso sí, es un río pequeño de solamente 6 Km. de longitud que nace en el mismo Bembrive, en el Monte de As Lagoas y fluye encajonado entre bosques autótonos, ermitas y muiños formando hermosas cascadas como la de  Bouzafría con el Muiño do Buraco a sus pies.

Seguimos el curso del río hasta alcanzar la carretera, un poco después de O Muiño de Migueliño en Mourelle. Al otro lado un panel nos indica que allí se inicia la  Senda del Eifonso o PRG 165 de la que nosotros nos desviamos para seguir monte arriba por la parte alta el río hasta llegar al Parque Forestal de Beade después de atravesar el hermoso Pinar do Rei.

Toca el Parque con las lindes del Campus de la Universidad de Vigo que en nuestro caminar rozamos para continuar entre pinares hasta otro parque, el de O Galleiro en el lugar de Chans, desde donde comienza el descenso hacia las márgenes del río Eifonso cuya senda acometemos un poco antes de alcanzar la ermita de San Cribrán.

A Partir de ahí  acompañamos de nuevo al Eifonso salvando la pronunciada pendiente por escalones y pasarelas, disfrutando del pintoresco paisaje que nos deparan la profusa arboleda y los rápidos del río hasta llegar al precioso paraje de A Fervenza de Bouzafría, un chorro de agua de blanca espuma que se precipita desde la oscura roca al fondo do Muiño do Buraco.

Continúa la  senda, muy frecuentada en estos días soleados, hasta la carretera en la que retomamos el sendero que nos lleva al punto de inicio.

Como va siendo la hora de un merecido yantar, nos desplazamos hasta el cercano Asador da Peteta bien provistos de mascarillas y separados en mesas de cuatro como ordenan las vigentes normas del COVID 19. Lo malo es que, al no haber reservado, apenas si quedan provisiones por lo que nos apañamos con un  par de huevos fritos con chorizo acompañados de un agradable Ribera del Duero con lo que colmamos nuestras hambres hasta mejor ocasión.

En resumen: una estupenda jornada en la que hemos disfrutado del espléndido sol que nos ha acompañado durante todo el día iluminando los hermosos parajes por los que ha discurrido  la ruta de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,570 Km. 6 h. 14 min. Media Soleado 

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Vetado para Filomena

Estábamos deseando despedirnos el 2020 con la esperanza de que en este recién estrenado 2021 las cosas mejorasen aunque, lamentablemente, el comienzo no es de lo más alentador con la mayor parte del país sepultada bajo la gruesa capa de nieve que ha traído el temporal Filomena cuya entrada le ha sido vetada en este rincón de la península situado al noroeste que son las Rías Baixas y en particular la comarca de Vigo que es en donde, debido a las restricciones por el COVID, podemos desarrollar nuestra actividad.

Mientras tantos pueblos y ciudades luchan aún denodadamente contra la nieve, el hielo y el frío, por estos lares luce un sol espléndido que ilumina nuestras andanzas permitiéndonos disfrutar de las maravillosas estampas que desde las alturas nos ofrece la bellísima ría de Vigo en estos días soleados.

Tanto desde el Alto da Cabaleira como desde la cima de A Peneda podemos contemplar la serena belleza de un mar azul cuyas tranquilas aguas se extienden desde la ensenada de Rande hasta las playas de las Islas Cíes bajo la imponente estructura del viaducto que une ambas orillas en el estrecho.

Hemos iniciado la ruta de esta mañana en la localidad redondelana de Ventosela partiendo del atrio de la iglesia de San Martiño bajo la incierta luz del tardío amanecer que se va aclarando a medida que avanzamos hacia el Alto da Cabaleira, monte arriba. Es el camino como un balcón asomado a la ría cuya vista nos va acompañando durante casi todo el recorrido.

Del Alto da Cabaleira bajamos a O Viso y desde allí emprendemos la ascensión al monte de A Peneda ya visitado en otras ocasiones por estos senderistas. Es un enclave histórico en cuya cima se alza la hermosa capilla de la Virgen de las Nieves y el centenario alcornoque que sobrevivió a los incendios que devastaron los alrededores de este emblemático lugar.

Dejando atrás A Peneda, seguimos entre fincas y pinares hasta dar con la ermita de San Caetano en en el punto más alto de la finca del Castillo de Soutomaior, no lejos de la localidad de Moreira, un pacífico conjunto de unas cuantas casas esparcidas entre verdes praderas cuya hierva brilla bajo el claro sol del mediodía.

Sigue la marcha, siempre ascendente, entre caminos y pistas forestales cuando, desde la altura, se divisan las primeras casas de Ventosela a cuya iglesia regresamos después de seis horas de gozoso caminar.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,460 Km. 6 h.  Media Soleado 

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Tierras del Dubra

Hace más de mil años ya se hablaba en el Chronicon Iriense de la Tierra de Dubriam que es en donde se asienta hoy el municipio de Val do Dubra, un afluente del Tambre de no más de 15 Km. de recorrido que baña las tierras de este valle de exuberante belleza, de extensas praderas como las de la Devesa de Gontar y frondosas carballeiras que en estos días de otoño exhiben las altas copas de sus centenarios troncos luciendo los bellísimos colores, desde el verde hasta el dorado, brillando bajo un cielo encapotado por el que asoma de vez en cuando un tímido sol que filtra su luz a través del ramaje de temblorosas hojas que destellan en fugaces reflejos goteando las transparentes lágrimas que les ha dejado la lluvia reciente.

Por estos parajes, entre los verdes tapices que forman las extensas campiñas de la Devesa y los densos bosques de robles y castaños se desliza el Dubra. Abedules, fresnos y sauces creen a lo largo de sus riberas. Hermosos senderos, en cuyo piso brilla la hojarasca, acompañan su curso serpenteando bajo los arcos monumentales que forman las ramas de robles y castaños que se enlazan en las alturas.

Y en medio de todo este paisaje de rumoroso silencio irrumpe un rugiente pedazo de río que emerge de las oscuras rocas tras las que se esconde el callado lecho del Dubra. Es A Fervenza do Rexedoiro, un lengua de agua y espuma que se despeña desde la altura para romperse en blancos chorros que descienden de roca en roca para caer en el cauce del río que se aleja en agitadas aguas por lo profundo de la vaguada.

Dejando atrás tan hermoso escenario, continuamos la caminata apartándonos del río para seguir por caminos vecinales que nos llevan a la parroquia de San Román, a Gontar y a Ceibe, aldeas dispersas por el valle. Regresamos al río para seguir su curso, desviándonos aquí y allá, por las Carballeiras del Dubra, que encierran capillas y ermitas como la de San Juan Bautista y regresando al río cuya corriente fluye rápida y a cauce rebosante después de las intensas lluvias de estos días.

Ya estamos en el mediodía y las tripas reclaman algo de atención por lo que, alejándonos unos cientos de metros del Dubra, lo seguimos paralelo por una hermosa senda que semeja una avenida natural, pues el ancho camino cubierto por las hojas de intenso color castaño oscuro bajo la arcada vegetal, más parece un paseo de alameda que la solitaria pista rural de la que nos desviamos hacia la carretera para dirigirnos a  la Parrillada A Cabaña.

Contundentes platos propios de mesón de posta tales como callos y pata con garbanzos, paleta asada con papas fritas o carne a o caldeiro sacian nuestra hambres y nos disponen para rematar la caminata con los dos kilómetros que nos separan del punto de inicio en las afueras de la parroquia de Bembibre, capital del municipio.

Ha sido una jornada apacible, de agradable caminar, con dispersos chaparrones de buen llevar, en la que hemos disfrutado con profundo placer de la belleza y el encanto de las hermosas tierras del Valle do Dubra.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,440 Km. 6 h. 27 min. Media Chubascos 

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Todo verde, todo agua

Es una ruta cómoda y fácil, prácticamente llana, sin desniveles importantes, sin asfalto, excepto el corto tramo que conduce al restaurante en Pontevea y unos pocos metros que se salen del río para llegar al punto de inicio en la aldea de Mallos, unas pocas casas no lejos de la orilla derecha del Ulla, uno de los grandes ríos gallegos que recibe en su cauce las aguas de otros tan significativos en la geografía gallega como el Deza y el Sar.

Discurre el camino en su mayor parte por estrechos senderos de pescadores. A veces se aparta un poco del río para continuar por espesas brañas de verde y mullida hierba hollada por los pasos de otros andarines que nos han precedido. Vueltos a la orilla del río,  caminamos un buen trecho bajo la oscura luz que filtra la espesa arboleda de la ribera hasta dar con el río Pereiro, más bien riachuelo, que henos de vadear con tiento pisando con cuidados las resbalosas piedras que nos separan de la senda principal.

Abundan a lo largo del Ulla grandes praderas y maizales recién recolectados con restos de mazorcas  desperdigadas entre los surcos sobre los que hace poco brotaban las verdes plantas del cereal.

Llega el momento de hacer un alto para reponer energías y lo hacemos en la Zona recreativa de Cubelas, una hermosa carballeira con las dotaciones propias de estos sitios de esparcimiento.

No queda lejos la pasarela de Ximonde que vadea el Ulla ondeando grácilmente sobre su cauce. Y en la orilla opuesta, después de atravesar los campos de Ribeira, también de hierba y maíz, regresamos al río por la hermosa senda que, bajo los arcos que forman alisos, adebules, robles y castaños, nos lleva durante un buen rato, unas veces más cerca otras más lejos del río, hasta la Carballeira do Bao, un impresionante robledal bajo cuyas copas doradas por el otoño disfrutamos de la belleza de tan encantador paraje acompañada por la sinfonía que componen los trinos de las aves y el suave ulular de un inquietante viento que avisa de que la lluvia nos acecha.

Pasada Vila Criste, otra aldea en el camino, llegamos a  Fonte de Barco, una vieja fuente por la que pasó el P. Martín Sarmiento, el conocido polígrafo, y en la se refrescaba Pepa  A Loba, una legendaria bandolera  que al frente de su banda de ladrones se hizo famosa a mediados del XIX por sus fechorías por toda Galicia.

Ya queda  poco para avistar el hermoso puente románico-gótico de Pontevea en cuyo casco urbano se halla el restaurante A Colmena. Lentejas y jamón asado constituyen el sencillo pero apetecible menú que allí nos ofrecen.  Eso sí, el vino de la casa hay que bautizarlo con gaseosa. Ya desde dentro se deja oír  el fuerte repiqueteo de la lluvia sobre paredes y tejados .

Al salir, el cielo de un pálido gris que nos acompañó durante toda la mañana ha devenido en un desafiante aguacero que nos obliga a desplegar paraguas y chubasqueros durante los tres escasos kilómetros que nos separan del punto de inicio y también final de esta hermosa caminata por  las dos orillas del Ulla cuyas aguas bajaban plácidas y oscuras por el reflejo de la espesa arboleda que bordea sus riberas, algo agitadas en estas primeras horas de la tarde por el intenso chaparrón.

Es una ruta todo verde, todo agua. El verde del bosque de ribera, de los altos caducifolios luciendo su hermoso ropaje de otoño, el intenso y brillante verde de la hierba húmeda meciéndose en la suave brisa de la mañana, el verde alfombrado del musgo cubriendo troncos y rocas, el agua serena en su ancho cauce, fluyendo como una lámina de plata y acero, amparada por la espesa vegetación, limpia y clara bajo el puente antiguo. El Ulla, uno de los grandes señores de los ríos gallegos.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,620 Km. 6 h. 32 min. Baja Nubes y lluvia 

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Por las tierras del Frei

La primera vez que hicimos esta ruta fue el abril de 2006. Éramos solo dos y estaba recién hecha con el nombre de PG R69 o Ruta de Frei Sarmiento, por lo cual casi la estrenamos. Con diversas variantes la repetimos varias veces, la última en el 2018 y en este lunes la hemos hecho con el itinerario de la realizada hace cuatro años, en 2016.

Iniciamos la marcha en el lugar de Barro, a un par de km. de San Juan de Cerdedo que, según las últimas investigaciones, es la verdadera patria chica del Frei Sarmiento cuyo nacimiento se emplazaba hasta ahora en Villafranca del Bierzo.

Aún se conserva, en estado ruinoso, la casa que habitó en su infancia, pues su padre también  era natural de Cerdedo. La vivienda está situada en la aldea de Melide, no muy lejos de la capilla de la Virgen de Loreto.

El P. Martín Sarmiento conocido también como Frei Sarmiento fue un sabio monje benedictino erudito en  botánica y ciencias naturales y ferviente defensor de la lengua gallega. Parece ser que hasta los quince años vivió en la casa de Melide con sus padres, después vivió Madrid  y en otros sitios y que, ya fraile, visitó Galicia en repetidas ocasiones.

La ruta que hemos hecho en este lunes recorre algunos de los lugares  que Frei Martín frecuentó durante su infancia y adolescencia. Son hermosos parajes en los que abundan los bosques de robles y castaños, salpicados de recónditas aldeas como Carballás, Cabenca y Codesás.

En esta última se inicia la bajada al río do Seixo, que fluye entre rápidos de blanca espuma hacia el río Lérez del que es tributario, jalonados por numerosos muiños casi ocultos por el musgo y las trepadoras, despojados de sus muelas y turbinas.

Nos detenemos durante unos minutos para disfrutar de la hermosa estampa del agua precipitándose por la Fervenza de  Sangüento y seguimos caminando entre viejos carballos y frondosos castaños, ahora en su estación, sembrado el suelo de erizos abiertos mostrando su sabroso fruto.

Abandonando el río, no tardamos en alcanzar la aldea de Lourido que parece dormida en sus viejas casas de piedra encerradas en el silencio y la paz de estos solitarios parajes. Bajamos ahora por caminos empedrados para entrar de nuevo en espesos bosques decorados con los ocres y dorados de este otoño recién estrenado y bajar hasta la capilla de San Antón y el precioso puente románico sobre río Castro ya casi en el casco urbano de Cercedo.

Allí, en O Meu Lar, restaurante bien conocido por los senderistas de Los Lunes al Sol, reponemos fuerzas a base de unos callos sabrosos y potentes seguidos de un rodaballo de ración de imponente presencia y agradable pasar, todo regado por el vino de la casa que un piadosa gaseosa hace trasegable.

No estuvo mal la pitanza que ha reconfortado nuestros esqueletos y aportado suficiente energía para rematar la jornada con los dos kilómetros y pico que nos separan del punto de inicio y también final de tan hermosa andadura .

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,720 Km. 6 h. 53 min. Media Nublado 

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