Entre A Laxe y As Estacas

Para la caminata de este lunes nos hemos apoyado en dos de los grandes senderistas de la comarca: María de Carmen Moledo y Jesús Simón. De la primera hemos tomado como guía su ruta titulada Airoa, ríos, cascadas y foxo do lobo y del segundo Estacas (Fornelos de montes). Con las dos unidas hemos compuesto el itinerario de esta jornada, un precioso recorrido que comenzamos en la parroquia de A Laxe alcanzando a unos pocos cientos de metros el puente medieval sobre el río Valdohome en un delicioso paraje.

Seguimos hasta el lugar de Airoa con la intención de contemplar la fervenza de Coto Grande y hasta allí llegamos pero no es ésta la major época para ver las cascadas en todo su apogeo pues, a pesar de las recientes lluvias,  en este tiempo de estío una pequeña cascada como ésta va bastante menguada. No así la de Casariños, un poco más adelante, que aunque no está en su mejor momento ofrece la  hermosa estampa de sus aguas precipitándose desde la altura.

Ya en plena sierra de O Suído sigue la marcha en continua ascensión hasta encontrarnos con una extensa parcela toda cerrada de cachote  monte abajo terminada en dos puntas. En la más baja el muro se cierra dejando una pequeña abertura que da a un profundo foso circular: O foxo do lobo,  una trampa para reducirlos en aquellos tiempos en que eran un peligro para el ganado y se organizaban batidas para conducirlos al foxo y atraparlos allí. En la otra punta existe un chozo, refugio de pastores típico de esta sierra aunque es la primera vez que lo vemos formando parte de un foxo.

Casi alcanzamos los 1000 m. de altitud cuando nos topamos con otro chozo de planta rectangular, no circular como el mencionado más arriba. Ambas son construcciones muy robustas, todas de piedra incluso la cubierta, con un pequeño vestíbulo y habitáculo interior en el que el pastor se protegía de los rigores del clima y hasta hacía fuego en su interior.

Por carreiros equinos bordeados de tojos atravesamos estas solitarias alturas doblando la cima para descender por la ladera norte hacia la parroquia de Estacas. Allí, en Casa Chalán, nos espera un merecido yantar a base de jabalí con arroz y otras viandas y dulces que acompañados de un buen tinto de Barrantes nos dejan en condiciones de emprender el regreso, otra vez entre fincas, fragas, ríos, regatos y riachuelos, puentes pontellas y pontillones, para llegar bajo un chaparrón que nos sorprende en los postreros minutos sin que nos dé tiempo a mojarnos demasiado antes de alcanzar el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,660 Km. 7 h. 33 min. Media Nublado 

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Outeiro dos Lameiros

Hemos iniciado nuestra ruta de hoy en Bahiña,  una parroquia de Baiona La Real en cuyas inmediaciones se encuentra uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de la comarca en el lugar llamado Outeiro dos Lameiros, a un par de kilómetros monte arriba, siguiendo el tramo del GR 58 que desde el centro de la parroquia nos lleva hasta allí.

Según se lee en uno de los paneles ilustrativos, fue descubierto en 1984 y recuperado entre 2007 y 2008 por la Comunidad de Montes de Sabarís. Fue cantera, lugar de paso, de caminos de pasto, sitio para aprovechamiento de leña y estiércol, extrema entre parroquias y dehesa real para producción de madera para el rey.

Pero antes de todo eso, hace más de 4.000 años, fue  asentamiento de nuestros antepasados que dejaron testimonio  de su existencia en  los numerosos petroglifos que aún hoy pueden verse grabados en las rocas grandes y pequeñas que forman parte de este interesante yacimiento. Algunos son representaciones abstractas cuyo significado  no se nos alcanza, lo mismo que ocurre hoy con la pintura de ese mismo estilo. Otras son representaciones zoomorfas, círculos espirales, cuevas, etc.

Llaman la atención las numerosas figuras que están grabadas en la laja principal semejando manadas de caballos, (greas, en gallego) como las que abundan en toda la sierra de A Grova  y  que han dado nombre al sendero de gran recorrido, el GR 58 o Sendeiro das greas,  que cruza toda la comarca de Vigo y es una de las mayores rutas de senderismo de Galicia.

Mientras merodeábamos entre las prehistóricas piedras nos encontramos con una escena poco usual que reclamó nuestra atención durante unos minutos al toparnos con una culebra que, habiendo atrapado un sapo intentaba tragárselo, una escena de la que hemos dejado constancia en el vídeo y que seguramente se habrá repetido en este mismo lugar unos cuantos milenios atrás.

Seguimos monte arriba aprovechando algunos tramos del PRG 62 hasta llegar a Chan da Lagoa, lugar de esparcimiento muy conocido en la zona, para regresar a Bahiña con la intención de llegar un poco más temprano de lo habitual a Panxón, en donde nuestros compañeros de fatigas, Torres y Moncho, prepararon un churrasco de cerdo y ternera que en su punto exacto, fue servido a los demás precedido de una sabrosa empanada de bacalao con pasas y rematado con una tarta de Santiago deliciosa, regado todo con excelentes blancos  de O Rosal y tintos de la ribera del Duero.

En fin, todo un festín que terminó con un agradable paseo por el bellísimo arenal de Panxón, hasta hace poco abarrotado de bañistas, pero en esta tarde, nublada y tranquila, apenas hollado por las botas de estos senderistas y alguno más.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
14,810 Km. 4 h. 21 min. Fácil Nublado 

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Se acerca la vendimia

No hace muchos años cuando uno quería saber el tiempo que iba a hacer al día siguiente miraba al cielo y si tenía cerca un campesino o un marinero recibía un pronóstico seguro. Si ya próximo el fin del verano se quería conocer la fecha del inicio de la vendimia, había que examinar el grado de maduración de la uva y si,uno era profano en el tema mejor preguntaba a un paisano de los que viven cerca de los viñedos.

Pero ahora, con la hiperinformación que tenemos sobre cualquier tema, basta acercarse a internet y allí se encuentra respuesta para todo pero no siempre la correcta. Por ejemplo, en uno de los muchos adivinadores del tiempo que hay en la red se afirmaba categóricamente que el lunes llovería a partir de las 12 del mediodía. Probabilidad 100%, ponía en la tabla.

Por otro lado, el periódico del sábado informaba de que la vendimia en O Ribeiro comenzaría el lunes 8. Ambas informaciones resultaron ser falsas. Ni hubo vendimia ni cayó una gota en todo el día.

Así que por una parte nos llevamos un chasco, ya que habíamos elegido la zona de Leiro en pleno Ribeiro para nuestra caminata con la intención de vivir de cerca las tareas de la vendimia y por otra quedamos encantados porque el tiempo soleado y algo fresco, sobre todo por la mañana, hizo innecesario el uso de los paraguas que previsoramente habíamos cargado en nuestras mochilas.

La verdad es que, en nuestra opinión, las uvas aún necesitan algo más de maduración por lo que no nos sorprendió ver que no había nadie en la faena. De todas maneras, esta ruta por los aledaños de Pena Corneira, monumento natural que domina todo el Ribeiro y al que hemos hecho referencia repetidas veces en Sendereando, por muchas veces que la repitamos no deja nunca de sorprendernos por su belleza y variedad.

El enorme penedo que se alza sobre el valle del Avia, ese descomunal cuerno de piedra que enseñorea O Ribeiro, está rodeado de un frondoso bosque, en su mayoría carballos, entre cuya espesura se hallan los grandes bolos, enormes rocas redondas que como silenciosos monstruos cubiertos de musgo acechan agazapados en la espesura, inmóviles y misteriosos.

Sigue la ruta entre los extensos viñedos, pasando por aldeas perdidas y abandonadas como la de Uviedo, pazos arruinados y solitarios como el de Vieite, eiras comunales como la de Paredes, más viña, más fincas, corredoiras y congostras entre muros añosos franqueados por la umbría arboleda hasta llegar a San Breixo de Berán y quedarnos pasmados ante su monumental iglesia barroca, acompañados en todo momento, desde Pena Corneira hasta el final de la ruta, por un tropel de moscas, no aquellas a las que aludía Antonio Machado en su conocido poema: “Vosotras las familiares/ inevitables golosas,/ vosotras moscas vulgares/ me evocáis todas las cosas/…  Éstas no nos evocaban nada más que el fastidio y su incómoda compañía, la cual  tuvimos que soportar con paciencia apenas aliviados con unas ramitas de fentos o de carballo para espantarlas sin apenas conseguirlo.

Unos kilómetros más, ahora casi siempre monte arriba, hasta regresar al punto de partida en Orega, una diminuta población rural escondida en esta hermosa comarca, a un tiro de piedra de Ribadavia.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,890 Km. 7 h. 27 min. Media Soleado 

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Alto de A Pedrada

El Alto de A Pedrada y O Niño do Corvo constituyen las dos atalayas entre las que se extiende la sierra del Argallo, en el municipio de Tomiño y desde las que se contemplan espléndidas vistas del entorno formado por el curso del río Miño a su paso por el valle de O Rosal y su estuario en su desembocadura entre A Guarda y Caminha con el mítico monte de Santa Tegra al fondo.

Al Alto de A Pedrada, que es el que queda más al este, hemos subido en esta calurosa mañana del primer día de setiembre partiendo de Vilachán, una pequeña población  tomiñesa situada en la falda de los extensos viñedos que, cerca ya la vendimia, exhiben casi maduros sus racimos de loureiro,  caiño y albariño, las cepas de los excelentes y caros vinos que con la denominación de Rías Baixas se producen en estas tierras del Bajo Miño en donde se han asentado importantes bodegas, algunas venidas de otras regiones vinícolas de fuera de Galicia.

Estas grandes plantaciones  se extienden sobre lo que antes eran pinares lo que ha provocado la protesta de algunas asociaciones ecologistas que no están de acuerdo con el cambio de cultivo. Sus razones tendrán, pero el aspecto que ofrecen estos viñedos dispuestos en bancales como verdes curvas de nivel dibujadas a compás y tiralíneas impresiona por su belleza y pulcritud. Dejando atrás estas tierras de vino, alcanzamos las inmediaciones de Vilachán do Monte una aldea situada en la vaguada que separa la sierra del Argallo de la de A Groba y comenzamos la ascensión a la cima del Alto de A Pedrada. Aunque el día promete calor, de momento sopla una agradable brisa que atenúa los rigores del sol tratando de calentar nuestras cabezas.

Desde este vértice la vista se recrea con la estampa que  ofrece el paisaje que nos rodea en 360º con el río Miño allá abajo en su curso hacia el Atlántico y las cadenas montañosas de O Galiñeiro y A Grova, de este a oeste, hasta cerrar el círculo con la vista del monte de Santa Tegra en la lejanía.

Desde el Alto en adelante, entre pistas forestales, a veces a la sombra de los pinos otras por monte raso, llegamos a Figueiró, lugar muy conocido por la gente de Sendereando, pues allí se alza el santuario de San Campio de Lonxe en cuyas instalaciones nos hemos aposentado muchas veces para descansar y gozar de espléndidas comidas, cocinadas por nosotros mismos,  bastante más copiosas que la discreta colación que nos han servido en Los Pedregales, un restaurante de carretera en el que hemos parado para reponer fuerzas.

Ahora, después de la comida, el sol aprieta. La brisa ha desaparecido y Lorenzo se muestra implacable en aquellos parajes en donde, a campo abierto, deja caer sobre nosotros su tórrido aliento.

Resistimos su pesado agobio con entereza pasando por los lugares de Estás y Sanomedio que preceden al de Vilachán inicio y fin de esta caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,160 Km. 6h. 31 min. Media Soleado

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