Los números de 2017

Otro año se nos va. ¡Qué suerte, que tenemos otro por delante para seguir sendereando por esos montes y valles que conforman nuestro hermoso país!

Atrás quedan cientos de kilómetros recorridos semana a semana, cada sábado, cada lunes. Pues  ahora les ponemos números a lo que hemos hecho, recordando con cariño a todos los que han participado muchas o pocas veces en nuestras caminatas e invitándoles a que repitan en en el inminente 2018.

Ahí van las estadísticas de este 2017 que se extingue.

Caminata sabatina


Aunque ha habido casi 40 participantes a lo largo del año, solamente aparecen en el gráfico los que han hecho más de 150 Km.

 

 

Los Lunes al Sol

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Bruno nos acompaña

Ya estaba anunciado que la borrasca, de nombre Bruno, haría su aparición por estos lares el día de Navidad y que asentaría sus reales con fuerza el martes 26, día que en esta ocasión sustituyó a los habituales lunes. Y en verdad que lo hizo con fuerza y decisión.

Iniciamos la ruta en la ermita de San Roque, en la canguesa parroquia de Darbo.  Se alza sobre un promontorio que es un espléndido mirador de la ría de Vigo y de la villa de Cangas extendida a sus pies. Continuamos por O Camiño Vello de San  Roque hasta dar con la iglesia parroquial de Santa María, un templo barroco del S. XVII, para seguir ascendiendo hasta otro estupendo mirador, el de O Balcón do Rei, en la cima del monte Carrasco, ya en las estribaciones de A Serra da Magdalena.

Esta pequeña sierra, incrustada en el centro del municipio y rodeada de lugares habitados, constituye un magnífico pulmón vegetal surcado de estrechos caminitos y pistas forestales que nos llevan, en continua ascensión, hasta su cima en O Alto do Carballiño desde donde, en un día más claro que del de hoy, pueden contemplarse botitas panorámicas de la ría.

Sopla  el viento con fuerza obligándonos a manejar con habilidad los paraguas para mantenerlos derechos mientras iniciamos el descenso entre chubascos intermitentes, cada vez más intensos, hasta tocar el Corredor do Morrazo  bajo cuyo viaducto pasamos para toparnos con la ermita de San Cosme desde donde comienza otra subida a la Cruz de Hermelo, una pétrea cruz de Santiago que se eleva sobre el Monte da Esculca, ya en el municipio de Bueu.

También esta sería una magnífica atalaya para disfrutar de las vistas pero los eucaliptos que la rodean no lo permiten aunque en un día como el de hoy la niebla y la lluvia no dejan ver nada.

Lindando con este monte se encuentra la Fraga de Coiro que en esta mañana de niebla y lluvia ofrece a nuestros ojos una estampa de indescriptible belleza.

Los ocres de la hojarasca que cubre los caminos, los verdes oscuros y los verdes claros de los helechos, las anémonas, las digitales que en este tiempo invernal esconden sus colores, brillan bajo la lluvia  y sus pequeñas hojas tiemblan como encogidas por el viento que a su vez ruge entre las copas de los castaños, los robles, los abedules y los pinos mientras que estos aguerridos caminantes tantean con cuidado donde ponen los pies, trastabillando a veces sobre las resbaladizas rocas,  patinando en el mojado suelo de los carreiriños que serpentean a lo ancho y largo de la fraga.

Algo de bruma, la persistente lluvia y el sordo bramido del amenazante viento revisten a la fraga de un aura mágica que nos hace olvidar las inclemencias de esta mañana tormentosa, del frío y de la humedad, sumergidos en este fascinante universo de colores, brillos y mágicas sensaciones hasta que, casi de repente, se cierra la fraga a nuestras espaldas y nos topamos, casi de bruces, con la iglesia de San Salvador de Coiro, a pocos metros de la Taberna do Pan de Millo en donde nos han reservado mesa y mantel.

Allí, mientras secamos nuestras ropas y alimentamos el cuerpo, oímos como la borrasca golpea con fuerza los ventanales del mesón.

Puestos de nuevo en la cruda realidad, reemprendemos la marcha bien pertrechados con chubasqueros y paraguas, bajando por las rúas empedradas y brillantes hasta el centro de Cangas para regresar al monte de San Roque sin que la tormenta dé siquiera un respiro en este último lunes del año.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,290 Km. 6 h. 25 min. Media Borrasca 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Lamela

Después de la galerna que nos hizo suspender la caminata del pasado lunes, retornan las bajas temperaturas que, a estas horas tempranas de la mañana, visten de pálida blancura los anchos campos de la comarca del Deza por donde discurrirá nuestra caminata.

Ronda la marcha por los alrededores de Lamela, parroquia  de poco más de 300 habitantes que pertenece al municipio de Silleda famoso por sus rosquillas o melindres, fina y rural golosina de muy antigua tradición por estos lares.

Iniciamos la jornada en Marcón, un pequeño núcleo rural al norte de Lamela, para llegar, después de atravesar O Regueiro de Romanín, ahora algo más lleno después de las recientes lluvias, a Besteiros y Caricova, pequeñas aldeas rodeadas de grandes extensiones de pasto salpicadas aquí y allá por granjas casi todas porcinas.

Alternando hermosos bosques de caducifolios que decoran con los bellos colores de sus copas esta mañana otoñal con las  extensas praderas llegamos al lugar de Cuiña y desde allí a los de Castromonde y Abades en donde destaca su monumental Santuario de Santa María, imponente templo barroco del siglo XVIII que sustituyó a la antigua iglesia, un sencillo templo románico que aún existe, a unos pocos metros del templo grande.

Dejando atrás  Castromonde, deambulamos un rato paralelos a la vía del tren para toparnos, después de vadear O Regueiro de Cervantiño, con Bravil y sus extensos pinares que  abundan por esta zona rodeando los  lugares de Souto y Alfonsiños, cerca ya del Restaurante El Gaucho, en Lamela, especializado en churrasco de ternera, plato único acompañado de patatas fritas, lechuga y chorizos. El sitio está a rebosar y eso que es lunes. Las fuentes de patatas fritas salen sin cesar y las mesas se renuevan una y otra vez. La verdad es que la carne estaba buena y el resto también. El vino de la casa, mejor con gaseosa.

Seguimos la caminata después de la comida, siempre entres granjas y pastizales, en una jornada de cómodo andar, casi siempre por llano, muy  adecuada para los que no gustan de rampas y cuestas.

Templa la temperatura a estas horas del comienzo de la tarde cuando llegamos al sitio de Marcón que es donde comenzó y termina la ruta de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,780 Km. 5 h. 35 min. Baja Nubes/Sol 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Roteiro das carballeiras

Esta ruta está basada en la llamada Sendeiro dos pelamios o PRG 194. Pelamio es una expresión gallega que se usa para denominar los lugares en los que se sumergían las pieles para curtirlas. Habitualmente se situaban al borde de los ríos como el Arnoia que es la arteria que riega la mayor parte de las tierras que rodean a Xunqueira de Ambía.

Efectivamente, existen los restos de dos de esas construcciones, reducidas hoy a los muros exteriores sin que se vea nada en su interior, pero lo que sí abundan de forma extraordinaria son los bosques de robles, las carballeiras por las cuales discurre casi la totalidad de nuestra caminata y que es la razón por la que hemos nombrado  a esta ruta Roteiro das carballeiras.

Xunqueira de Ambía es una hermosa población ourensana, cabeza de la novena etapa del Camino Sanabrés que es el remate del de la Vía de la Plata.

Según la tradición, en el siglo IV la Virgen se apareció en un juncal,  una xunqueira, que es de donde le viene el nombre a la villa. Con tal motivo, como suele suceder, se construyó una ermita, después un monasterio y en el siglo XII una iglesia románica que  es hoy la imponente Colegiata de Santa María cuyos muros albergan también la Casa do Concello como pasa en Celanova.

Pues en ese lugar, en el centro urbano de Xunqueira, comienza y termina nuestra jornada en una ruta trazada en dos bucles cuyo nudo es la Colegiata de Santa María.

De buena mañana, iniciamos la marcha, bien abrigados, como lo exigen los siete grados bajo cero con que nos reciben las centenarias losas de la Plaza de San Rosendo.

A los pocos minutos de dejar atrás el casco urbano, nos topamos con el Arnoia, el gran río ourensano, en cuyas orilla se elevan las ruinas de uno de los “pelamios”, cuatro paredes de mampostería que nada dicen del uso al que fueron destinadas en otros tiempos.

Un poco más adelante, al pasar por el pelamio número 2, más de lo mismo, nos desviamos del río para llegar, entre profundas congostras y  hermosos senderos alfombrados por la hojarasca otoñal bajo la luz dorada que se filtra por las ramas de los carballos, a la aldea de Paciños y poco después a la de Requeixo de Valverde en donde nos detenemos para contemplar su monumental iglesia y su cementerio, de los que quedan pocos, pues está situado todo sobre el suelo,  lápidas y algún que otro panteón de cierto porte, pero sin los nichos de hormigón que afean tan frecuentemente estos lugares.

Los campos pintan blancos por la helada y de ello se quejan las ovejas de algunos rebaños que salen a nuestro paso y a las que el hielo les impide pastar.

Siempre bajo el tupido  oropel de su dorada capa, discurre el camino entre los añosos carballos y castaños pasando por pequeñas poblaciones como las de Vilariño do Río, Vilanova y Armariz hasta alacanzar  la capilla de San Xillao, ya en los aledaños de Xunqueira en cuyo Restaurante Luciano nos detenemos para resolver la cuestión culinaria con un caldo y un par de huevos fritos con chorizo, que el menú no da para más.

A  continuación reemprendemos la marcha por el segundo bucle que nos lleva hasta el lugar a A Cea y desde allí, otra vez por la orilla izquierda del Arnoia, hasta en punto de origen  y remate de esta hermosa andaina.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,000 Km. 6 h. 10 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.