Camino de la libertad

Hicimos esta ruta por primera vez en la primavera de 2011, un fresco día de abril. La repetimos, con algunas variantes, en el otoño de 2013, en una lluviosa jornada de octubre y hemos vuelto a hacerla en este lunes, uno de los más calurosos de este  verano de 2016, también con alguna que otra modificación.

Cada estación tiene su escenario. En primavera la naturaleza viste el paisaje de color, exuberancia y vida. En otoño llegan los ocres y el oro en las hojas de árboles y plantas y también las lluvias como preludio del gris invierno, cuando la naturaleza parece que se encoge y oculta. Y ahora, en este verano excepcionalmente cálido, la sequía amarillea la hierba de los senderos y mengua el agua de los ríos convirtiendo sus cauces en un mustio lecho por donde fluye una tímida corriente.

Aún así, es de agradecer la sombra que nos ofrecen durante gran parte del recorrido las riberas del Barbeira y los caminos por los que, entre fincas y bosques, discurren entre parajes casi siempre umbríos.

Partimos de la parroquia de San Esteban de Covelo, en las estribaciones de A Serra do Cando, por donde sopla una suave brisa en las primeras horas de la mañana para bajar, al cabo de un par de horas, a las orillas del río Barbeira por las que caminamos durante casi toda la mañana hasta llegar al lugar de O Peso, al puente sobre el río Verdugo, desde donde hemos de subir unos 2 Km. por la carretera, con poca sombra y mucho sol,  que nos llevan al Centro Cultural de Antas en donde nos espera una reconfortante pitanza a base de tortilla, ensalada y pollo al ajillo, de muy buen pasar.

Con poco más de 4 Km. salvamos la distancia que nos separa del punto de partida que también es el de llegada de esta ruta circular que dieron en llamar Ruta da Liberdade, pues fue preparada por los presos de la cercana cárcel de A Lama, aquellos a los que les quedaban pocos meses para cumplir su pena y que eran llevados por un funcionario para preparar el camino y conservarlo. Parece ser que los recortes que tanto padecemos derivados de la tan llevada y traída crisis económica han afectado también al mencionado funcionario y ahora los presos se quedan en sus celdas y los caminos comienzan a deteriorarse. ¡País…!


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,210 Km. 6 h. 38 min. Media Sol y calor 

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Burlando al enemigo

Remontan los esforzados andarines las duras rampas que los separan de las peladas cumbres en las que son nacidos el regato Toiteiras y el río Morgadáns y cuando, implacable,  el ojo de fuego del astro inclemente posa su mirada abrasadora sobre sobre las sufridas espaldas,  acude Eolo en su auxilio transformado en fresca brisa que acaricia sus rostros como si fueran las suaves guedejas de una invisible doncella que por allí pasara.

Huyen los aguerridos caminantes del acoso de la despiadada estrella alejándose de las cimas inhóspitas y descienden con premura a las umbrías riberas del río Morgadáns donde hallan asiento y reposo. Cabe la orilla, bajo el ramaje rumoroso, los trinos de las aves acompañan su frugal refrigerio.

Alcanzado el pueblo por donde la iglesia, al amparo de sus añosos muros, esquivan al acechante perseguidor burlando los rayos caniculares por escondidas veredas y sendas ignotas hasta entrar en Gondomar, la villa de San Benito, el abad mitrado, Patrono de Europa, curador de verrugas, “San Benitiño do ollo redondo…”

Ya en la villa, refugiados en el Adechape, a la vera del Miñor,  su risueña Dulcinea ofrece a los hambrientos andantes apetitosos manjares tales como ensaladas completas y mixtas, huevos rotos y sin romper, setas revueltas y sin revolver, tartas de yogur con frutas y frutas sin yogur, todo bajo la protección de Regina Viarum, las bodegas del gran Horacio, el de la viticultura heroica, representada en nuestra mesa por el Vía Imperial, el mencía de la Ribeira Sacra.

Repuestos de aquellos trabajos por la copiosa pitanza, en el exterior espera el astro incandescente que a estas horas del mediodía acecha impasible desde las alturas, impotente para verter sobre  sus pellejos el plomo derretido que emana de sus entrañas, acogidos como están a la hospitalaria sombra que deparan los placenteros parajes por los que fluye el río Miñor.

Tímidas florecillas de anaranjados pétalos adornan el idílico sendero que discurre parejo con el río.  Árboles de frondoso ramaje protegen a los  andariegos hidalgos de los rigores del astro amenazante. El leve céfiro y el agua cantarina mudan la marcha en sosegado andar y aún está muy alto el tórrido enemigo cuando los animosos cofrades del sendereante gremio alcanzan el punto de inicio y final en O Camiño da Fonte, en A Peroleira, parroquia de Peitieiros, concello de Gondomar.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,760 Km. 6 h. 46 min. Media Soleado

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Viñedos de O Rosal: Ríos Tamuxe y Miño

No es la primera vez que pateamos las innumerables pistas, caminos, carreiros y corredoiras que surcan en todas direcciones estas tierras de Tomiño y O Rosal, desde las alturas de la sierra del Argallo bajando por este hermoso valle hasta las riberas del Tamuxe y el Miño.

Nuestra andadura discurre en este lunes por la parte baja, llana, entre viñedos y pinares. Aquí, en el valle, tienen su asiento afamadas bodegas dueñas de los extensos viñedos que en un par de meses lucirán los racimos blancos y tintos de albariño, loureira blanca, caiño, espadeiro, y otras cepas hijas de las Rías Baixas y madres de los excelentes caldos que se cultivan en sus viñas.

Comenzamos la ruta en Goián, en el solar que ocupan las bodegas de Terras Gauda y Altos de Torona. Pronto entramos en las pistas de tierra que entre pinares y viñedos nos llevan hasta Valdemiñotos, una localidad pegada al río Tamuxe, en esta fechas de avanzado estiaje más bien escaso de agua.

Bajo la amigable sombra de su ribera, vamos paseando más que caminando, disfrutando de la luminosa mañana hasta llegar al paraje de As Aceñas y allí, al lado de un restaurado muiño de gran porte, en el parque que lo rodea, paramos para tomar algo de fruta  que poca falta hace dada la suave marcha que llevamos hasta allí.

Seguimos hasta San Miguel de Tabagón, apenas si lo tocamos, para bajar hacia la extensa explanada que bordea el Miño, adornada por los jardines de las últimas casas de Tabagón. Al llegar a la iglesia desviamos la ruta de nuevo hacia al río hasta el lugar de Eiras que es donde se encuentra el restaurante homónimo ya conocido de otras ocasiones en donde, una vez, más nos atienden estupendamente. Su menú del día ofrece potaje de lentejas, fideos con marisco, bacalao al horno, ternera asada…Todo sabroso y bien cocinado por un precio razonable.

Sigue la ruta por el PRG 112, Sendero de Pescadores, que recorre el estuario del Río Miño y parte del Tamuxe hasta llegar a la playa fluvial de Goián, al lado de su fortaleza. Nosotros cortamos un poco antes y nos desviamos hacia el cementerio que queda a menos de un kilómetro del punto de partida a donde llegamos con el sol aún muy alto con  tiempo para bajar a la playa a quien le queden fuerzas para ello.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,530 Km. 5 h. 23 min. Fácil Sol y nubes 

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Cenlle: Entre mimosas

Más de la mitad de los kilómetros recorridos en este lunes por los alrededores del ourensano concello de Cenlle fueron bajo bosques de mimosas (Acacia dealbata) que en este tiempo estival bordea los senderos con su verde ramaje y en primavera florece con el intenso amarillo de sus flores.

Es una especie invasora que desplaza a las autóctonas y en ese aspecto es indeseable pero hay que reconocer que en estos días de intenso calor es de agradecer la generosa sombra de sus amplias hojas que cubren los caminos protegiéndonos durante casi toda la jornada del inclemente sol que calienta sin piedad estas tierras ourensanas.

Iniciamos nuestra andadura en Trasariz, un hermoso lugar a cuyos pies fluye el río Miño convertido a estas alturas en el embalse de Castrelo de Miño. No tardamos en llegar a las ruinas de Bostelo, en donde por lo visto hubo un castillo en tiempos del medievo del cual restan algunas ruinas según reza el cartel, ruinas que quizá hayan quedado enterradas en la maleza porque por allí no vimos nada que revelase su existencia.

Seguimos, casi siempre bajo la sombra de las citadas acacias, hasta la Casa do Curtiñal, un imponente y viejo caserón  solitario en medio del campo que seguramente encierra antiguas historias tras sus portalones y ventanas cerrados a cal y canto.

Llegados a Cenlle cuando el sol está bien alto atravesamos sus solitarias callejas. No hay nadie en el exterior, pues el calor aprieta y mejor se están dentro de casa. Llaman la atención las ristras de mazorcas que penden de las paredes de algunos canastros, reflejando el brillante amarillo de sus espigas como granos de oro.

Cuando alcanzamos As Chabolas, un conjunto de casas al borde de la Nacional 120 una de las cuales es el restaurante del mismo nombre, hacemos alto para reponer fuerzas y refrescar la piel que a estas horas está ya que echa humo.

Un variado menú del día en el que destaca el pollo al ajillo y el bacalao a la plancha con un vino del la casa solamente trasegable con gaseosa cumple su función y nos deja listos para continuar la marcha cuando el sol cae a plomo sobre nuestras cabezas.

Menos mal que los umbríos parajes por los que discurre el camino de vuelta nos libran de los rigores de la canícula y convierten el camino de regreso en un agradable paseo hasta el punto de inicio.

 


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,31 Km. 6h. 52 min. Media Soleado 

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