Montes de Oia

Las cosas en Sendereando no son siempre fáciles. Hace un año por estas fechas me referí al núcleo duro formado por unos cuantos de estos aguerridos muchachos que no renuncian a llevar a cabo sus caminatas por adversas que sean las circunstancias. En aquella ocasión fue un calor extremo el que puso a prueba nuestra resistencia, ayer fueron las zarzas, arbustos y ramas rotas los que intentaban cerrarnos el paso por senderos casi intransitables, ralentizando nuestra marcha, arañando nuestra piel con innumerables cortes, dejando sus huellas en nuestras piernas y brazos como rojos plumazos de un misterioso y cruel escribiente escondido en la maleza.

Tampoco el calor fue ajeno a esa conspiración de la naturaleza para hacernos más difícil la jornada. Un nido de avispas despertó bajo la bota de uno de nosotros y los temibles himenópteros, puestos en pie de guerra, afilaron sus aguijones y allí donde la carne les fue más apetitosa se cebaron con saña. Había que oir los estremecidos lamentos de nuestro amigo Moncho que, seguramente elegido por la reina de la colonia, salió especialmente perjudicado.

Aun así podemos afirmar que la ruta por los montes de Oia, es un estupendo paseo por las alturas desde las que se divisa la costa en toda su hermosura, en un día limpio y transparente como el de este lunes,  con el inmenso océano como telón de fondo, un grandioso lienzo azul que llena el espíritu de paz y serenidad.

Comienza la caminata en la iglesia de Viladesuso, antigua aldea en la falda del monte desde donde, en continuo ascenso durante más de 9 km., pasando por el hermoso paraje de As Sobreiras do Faro, alcanzamos la cota de los 600 m. para seguir monte abajo hasta dar con la capital del municipio de Oia en cuya Casa Henriqueta hacemos, como es costumbre, un alto para comer bastante bien, por cierto. A dos pasos del restaurante se encuentra el monumental Monasterio de Santa María de Oia uno de los pocos sino el único construido a la orilla del mar y en estos tiempos pendiente de que entre unos inversonistas y el municipio se pongan de acuerdo para convertirlo en  hotel.

Regresamos al monte y, por pistas forestales con alguna que otra sombra, llegamos al punto de partida en Viladesuso cuando aún el sol está bien alto iluminando y calentando los arenales abarrotados de bañistas. A lo mejor al llegar a casa a alguno se le ocurre rematar la jornada dándose un buen chapuzón.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,440 Km. 7 h. 40 min. Media Soledado

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Montes de Couso

Montes de Couso precisamente no son. Couso queda en la falda de los montes que se elevan sobre las parroquias de Pinzás y San Cibrán. contiguos al Monte Tetón de que ya hemos dado noticia en Senderando, conocido por las estaciones arqueológicas, petroglifos, que existen en sus inmediaciones.

Couso está situado en la falda de esta pequeña sierra, cortada por la carretera que va de Gondomar a Tui, justo debajo del Mirador de O Viso desde el que se puede contemplar una hermosa panorámica de la ensenada de Baiona, con las islas Cíes al fondo, las Estelas en el medio, Monteferro y las playas que bordean la costa desde Panxón hasta Baiona.

EL recorrido de este lunes comienza en un punto de la carretera PO 344, Gondomar-Tomiño, en medio del GR 58, en pleno monte. Discurre en su mayor parte por pistas forestales y senderos entre cerrada arboleda que proporciona una agradable sombra muy de agradecer en este soleado y algo caluroso día de verano.

Abundan los pinos y eucaliptos pero también se encuentran bosques de castaños plantados no hace mucho tiempo pero que protegen al caminante de los rigores del calor.

Al llegar al puente de Couso, sobre el río de A Rasa, nos adentramos en la frondosidad y belleza propia de los bosques de ribera. Baja ahora el río bastante menguado, sin la fuerza y bravura que le aportan las lluvias del invierno pero aun así el verde intenso de su suelo, la exuberancia de su flora, sus muiños abandonados y cubiertos por un tapiz que el musgo ha ido tejiendo a lo largo de muchos años, pontillones y levadas, hacen de estos parajes un lugar encantado y encantador.

Ya estamos cerca de centro urbano de Couso en donde se encuentra el Restaurante Casa Celso, con mucha historia gastronómica detrás, muy conocido en la zona y en el que hemos degustado un osso buco con patatas fritas que hizo las delicias de todos nosotros, especialmente de nuestro entrañable Dietmar quien, después de una larga temporada en su Austria natal, se ha incorporado a este grupo de entusiastas de los senderos que ya lo echaba de menos.

De Casa Celso al Mirador de O Viso hay unha carreiriña de can y allí hacemos nueva parada para reposar la agradable comilona antes de reemprender la marcha por las pistas que rodean el Monte Tetón pero desviándonos, ya en franco descenso, hacia el norte para alcanzar en poco más de una hora el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,350 Km. 6 h. 40 min. Baja Soleado 

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Caminos del Tecla

Tecla, Tegra, Trega. Hasta hace unos años todo el mundo conocía esta mítica montaña como el Tecla hasta que el comité de normalización de la lengua gallega decidió llamarle Trega que según comenta Andrés Freire en un artículo suyo en ABC es una palabra documentada en la Edad Media («mons Teurega» dicen que dice un documento en Tuy).

Lo realidad es que la inmensa mayoría de la gente sigue llamándole Tecla así que yo mantengo también esta denominación. Poco hay que decir de este monte que no sea de general conocimiento. Su citania, su ermita y su viacrucis, sus petroglifos, hacen de este enclave un lugar único en una situación privilegiada desde la que se domina la desembocadura del río Miño, una estampa llena de grandiosidad y belleza.

Dos PRGs, el 122 y el 160, rodean este monte a lo largo de numerosas pistas, senderos y vericuetos, algunos verdaderos balcones con vistas al océano. Desde sus dos cimas, la de O Facho y la de San Francisco se contemplan espectaculares panorámicas del estuario del Miño y de la villa de A Guarda con su puerto y el monte Torroso al fondo.

Hemos iniciado la ruta en O Pasaxe para comenzar la ascensión en Camposancos rodeando el monte casi en espiral cerrando el bucle en el citado Camposancos y desde allí bajar a la costa bordeando el paseo de madera que nos lleva hasta La Guardia (A Guarda oficialmente). Allí nos hemos detenido en Restaurante Pizzicata en donde hemos dado cuenta de una discreta refacción que nos dejó en condiciones de seguir lo poco que nos quedaba de ruta hasta el punto de partida en O Pasaxe.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,420 Km. 6 h.  Media Soleado 

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Caminha

Caminha, Caput Mini, capital del Miño para los antiguos, es una hermosa villa portuguesa ribereña del río Miño que entrega allí sus últimas aguas al océano atlántico, el mare tenebrosum de los romanos.

Nada de tenebroso, sin embargo, tenía el mar en esta mañana soleada en la que el intenso azul del cielo teñía del mismo color las aguas del estuario bordeadas por las playas de Moledo en la ribera portuguesa y del Codesal en la española con el Castelo Velho cerrando la desembocadura del Miño.

En la iglesia de Nossa Senhora ao Pé da Cruz, en la parroquia camiñesa de Moledo, iniciamos la ruta de este lunes sobre la realizada por María del Carmen Moledo en el pasado febrero, aunque en sentido contrario y alargándola un poco para desviarnos a Caminha a la hora del yantar.

Pasadas las rúas do Prado y do Perrinchâo subimos hasta la Cruz de Moledo, el punto más al noroeste de Portugal, desde donde se contemplan hermosas vistas de la costa, una estampa que nos nos abandonará en todo el trayecto ya que, como bien dice María del  Carmen, esta es una ruta de mar y montaña, aunque un tanto desolada en algunos tramos en los que el fuego quemó pinares y matorrales, los pocos que quedaban en estos montes pelados.

Seguimos monte arriba atacando un empinado cortafuegos, de esos que cortan el resuello, hasta alcanzar el vértice geodésico de A Espiña, un parque eólico de fantasmales generadores cuyas aspas recuerdan los imaginarios gigantes de D. Quijote. No lejos se encuentra el mirador de San Antoâo, otra atalaya con espectaculares vistas de la costa y más abajo, ya en los aledaños de Caminha, el de A Fraga, casi encima de la Mata do Camarido el mayor pinar atlántico al norte del Duero que recorreremos al final de esta caminata.

Hacemos un alto en la villa para degustar en A Cova da Onça un espléndido bacalhao que colmó nuestras hambres sin necesidad de aperitivos previos y postreros remates, acompañado de los vinos verdes y maduros que en Portugal nunca defraudan.

Después de un recorrido por sus históricas y pulcras rúas, llegamos bordeando la Foz, a la mentada Mata do Camarido, un par de kilómetros por esta fronda verde al borde del mar que nos llevan al final de la playa de Moledo y de allí, desviándonos al interior, nos adentramos en las empedradas rúas de Moledo para llegar al punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,390 Km. 6 h. 45 min. Media Soleado 

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Corrubedo

Corrubedo es una parroquia del municipio de Ribeira, en la comarca del Barbanza, en la orilla norte de la ría de Arosa. Lo más conocido de Corrubedo en La Gran Duna, un banco de arena de más de 1 Km. de longitud y 20 m. de altura. La última vez que anduve por allí fue hace treinta años, aproximadamente. De aquella podía recorrerse la duna de cabo a rabo pero en la actualidad eso no está permitido, así que hay que contentarse con pasear por un sendero perimetral.

Nosotros hemos comenzado la ruta en el lugar de Olveira, cerca del monte Tahume al que que hemos subido para admirar la espléndida panorámica que se contempla desde allí con la playa de Espiñerido en primer plano y el Faro de Corrubedo en la lejanía.

Bajamos del Tahume a la costa la cual bordeamos durante toda la mañana recorriendo los hermosos y largos arenales que se suceden hasta que alcanzamos el Faro de Corrubedo. Playas como la ya citada  de Espiñeirido y de Baileiros separadas por  salientes rocosos en los que lo percebeiros luchan a brazo partido con el oleaje para arrancarles  el preciado molusco. El Faro, que con la Gran Duna es otro de los referentes de Corrubedo,  fue testigo de bastantes naufragios y accidentes en esta costa de bajos peligrosos y grandes temporales agravada dicha circunstancia por el hecho de que se confundía su luz con la del de Sálvora.

Desde el Faro al núcleo urbano  nos separa poco más de un kilómetro que recorremos bordeando la costa. En el Bar Stop, como de costumbre, paramos para reponer fuerzas. Y a buena fe que lo hacemos gracias al buen servicio y sabrosos platos con que nos atiende la buena gente de este restaurante.

Contentos y felices por en buen y  alegre yantar continuamos nuestra andadura otra vez por la costa, recorremos la preciosa  y solitaria playa Ladeira, de arena impoluta, acompañados por el relajante rumor de las olas que casi acarician nuestras botas.

Pasada la playa de Corrubedo cambiamos de sentido y dirigimos nuestra marcha hacia la Gran Duna que se estira sobre el horizonte como el lomo casi blanco de un enorme cetáceo. Poco después llegamos a la iglesia de Santa María de Olveira muy cerca del lugar en donde habíamos iniciado la caminata de hoy.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,870 Km. 7 h. 19 min. Fácil Nublado 

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