Cuervos, águilas y Benito

O Niño do Corvo sigue llamándose así desde tiempo inmemorial pero al nombrarlo me trae a la memoria aquel Niño de la Guía en Xunqueira de Espadañedo o El Mesón del Viento en Ordres, unas traducciones disparatadas que, en el afán de castellanizar los topónimos  en lengua vernácula, cometieron aquellos funcionarios del catastro antes de que las autonomías devolvieran a esos lugares los nombres que les correspondían.

Así,  El Niño de la Guía volvió a su denominación correcta Niño d´aguia, Nido del águila, y el Mesón del Viento recuperó su original Mesón do Bento, es decir de Benito.

Como éstos podrían citarse cientos de  disparates parecidos algunos de los cuales son de carcajada.

En esta mañana hemos estado en el mirador de O Niño do Corvo que nos hizo recordar aquellos divertidos topónimos. Es una atalaya con espléndidas vistas sobre el valle de O Rosal, y la desembocadura del Miño entre Camposancos y Caminha.

Desde ahí seguimos por pistas forestales, casi siempre a la sombra de los pinos, hasta un extraño paraje conocido como Pedra Furada, una gran roca en la que la erosión abrió dos grandes orificios que los visitantes se ven obligados a traspasar, si no la cosa no tiene gracia.

Seguimos entre pinares hasta un cuidado parque forestal, con fuente y estanque, esculturas e inscripciones, llamado O Delirio do Poderoso, ya no muy lejos de nuestro punto de partida y también de destino como es el Santuario de San Campio de Lonxe pegado a Casa Telleiro, lugares muy frecuentados por estos caminantes  que en esta ocasión no pasaron de cuatro y que disfrutaron de una  cómoda caminata por los bosques de estos montes de A Serra do Argallo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,490 Km. 5 h. 13 min. Media Soleado 

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De la Mata do Camarido al Alto da Espiga

Como todos los veranos por estas fechas desafiamos los rigurosos calores del estío y emprendemos la marcha desde del  umbrío verdor de la Mata do Camarido hasta la cumbre desangelada del Alto da Espiga venciendo los 10 Km. que  separan tan desiguales espacios.

La suave brisa mañanera nos acompaña, siempre a la sombra de los pinos de Don Dinís, hasta Moledo, la villa de veraneo que recorremos bordeando su playa ventolera, atravesando la linea férrea libre de comboios para seguir la ascensión por pistas forestales, ora bajo la sombra de pinares y acacias ora a cielo descubierto, hasta alcanzar los reales de San Pedro de Varais donde, al amparo de su románico pórtico, damos cuenta del generoso refrigerio que Elvira nos ha preparado en forma de rico bizcocho enriquecido con los más variados ingredientes, almendras, canela, nueces…que nos preparan para el duro esfuerzo que será el peaje a pagar para acometer la fuerte rampa del pedregoso sendero que hemos de salvar para conquistar el vértice geodésico del Alto da Espiga al que,  ignorando los sudores y fatigas de la escalada a pleno sol, Torres y Ángel se encaraman como si en vez de rondando los setenta regresado hubieran a los juegos de su adolescencia.

Sigue la caminata entre los inevitables ingenios eólicos por las desamparadas pistas de los montes desnudos hasta dar con el oasis de San Antoâo en cuyo predio se yergue la Cruz da Menina en recuerdo de la niña desaparecida por estos parajes  sin causa conocida.

Desde ahí se inicia el descenso por pistas de pavés y carretera de asfalto, ya metidos en el casco urbano de la vila camiñense cuyo paseo marítimo bordeamos para regresar al punto de inicio en la Mata do Camarido.

Rematamos la jornada en el restaurante Remo, en el centro de la villa amurallada.

Bacalhau a miñota en generosas raciones, precedido de variados petiscos, regado con  fresco vinho verde o cálido maduro, seguidos de variadas sobremesas, en una amplia mesa con excelentes vistas a la desembocadura del Miño en la mar océana, un maravilloso escenario que relaja los sentidos y calma el cuerpo de las pasadas fatigas

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,490 Km. 5 h. 24 min. Media Soleado 

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De espaldas a las salinas

Volvimos a las Salinas de Ulló, remanso de paz en el fondo más profundo de nuestra ría, por el que hemos contado pasos un sinnúmero de veces.

No esta vez, sin embargo. Allí quedaron los coches. Desde allí emprendimos la marcha hacia el Lago Castiñeiras y allí regresamos casi cinco horas después para recomponer nuestro aspecto e inmortalizarnos luego, de espaldas a las salinas, como foto de grupo para acompañar este relato.

Caminamos frescos alejándonos de las salinas, hasta empezar a oír las aguas mansas del arroyo Tuimil, cuyo curso seguimos “grosso modo”, aguas arriba, donde se convierte en arroyo Sidral y más arriba aún en Covas y Veigas.

No tardamos, cruzando algunas de las carreteras más importantes de la zona, en comprobar que esta ruta de 2011 se ha vuelto intransitable como consecuencia de reformas aún en curso. No quedó más remedio que buscar alguna alternativa, lo que gracias al creativo empuje de la mitad de la comitiva, no fue difícil.

Siempre al abrigo del abundante arbolado, seguimos avanzando con disfrute y esfuerzo crecientes, río arriba, cuesta arriba casi siempre, metro a metro.

Nuestro esfuerzo recibió al cabo recompensa con la llegada, es verdad que con algo de desconcierto, a la orilla del Lago Castiñeiras, viejo conocido de todos los que hemos crecido en esta mitad sur de la provincia de Pontevedra.

Allí, como es costumbre nuestra, descansamos regalándonos con la fruta que cada uno lleva y los siempre sorprendentes dulces que Elvira no deja de obsequiarnos.

De regreso, cuesta abajo y con algo más de agobio por el sol pleno, volvimos a sortear el obstáculo de las obras en curso con menos complicaciones de las esperadas.

Con ropa limpia y hecha la foto, nos refugiamos allí cerquita, en el restaurante O Cañoto, donde volvimos a brindar por todos nosotros, nuestra suerte presente y un futuro lo mejor posible para los nuestros.

Texto y fotos de Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,490 Km. 5h. 34 min. Media Soleado

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«Este ano non toca»

El río Tamuxe, a su paso por Tabagón, ya cerca de su desembocadura en el Miño, podría llamarse el Río de los mirabeles, esa sabrosa fruta que es como una pequeña ciruela  y que es una de las marcas de identidad de la comarca.

Río de los mirabeles, porque a lo largo de sus riberas abundan las plantaciones de esa deliciosa fruta.

No lejos de las Aceñas, un parque al borde del Tamuxe con piscina natural y mobiliario propio de estos sitos, nos detenemos ante una parcela llena de los arbustos del preciado manjar un tanto decepcionados al comprobar que apenas se ven unos pocos que penden de sus ramas, cuando una lugareña que pasaba por allí nos advirtió: «Este ano non toca» y es que, por lo visto, unos años  hay fruta y oros no.  Este era del no, así que continuamos  la caminata por los hermosos senderos que discurren paralelos al río plenos de verdor y bajo la sombre de la frondosa floresta ribereña, hasta que llegamos a las cercanías del Parque das Pías vadeando el río por una antigua pontella  para dar con O Muiño do Rial, un adefesio construido sobre uno antiguo que fue derribado en en parte por la rama de un enorme eucalipto que se desprendió durante un temporal.

Parece ser que su dueño, al no recibir la ayuda económica que había solicitado de las instituciones, decidió acometer la restauración por su cuenta. «Fixen o que pude» dicen que dijo cuando le preguntaron por el autor de semejante chapuza.

Nos desviamos del río para seguir por pistas forestales y algún que otro núcleo rural para vadear de nuevo el río a la altura de Fornelos y continuar  por el sendero fluvial, que discurre por su orilla derecha siguiendo su curso de plácidas aguas, ora transparentes ora oscuras como un espejo en el que se refleja la densa vegetación que nos provee de sombra y frescura.

No tardamos en recuperar el punto de inicio desde el que nos desplazamos hasta Casa Telleiro, nuestro restaurante de referencia por esta zona, en el que degustamos los selectos platos de su menú del día acompañados por nuestros entrañables amigos Carmen y Antonio que, aunque no han participado de la caminata, han querido compartir estos agradables momentos con sus amigos de Los Lunes al Sol.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,820 Km. 5 h. 01 min. Baja Soleado 

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Los rigores de la canícula

Dentro del catálogo de nuestras rutas estivales no puede fallar esta de los Altos de A Portela y O Torroso que en estos días de julio, en los que el calor aprieta, suponen un desafío para los esforzados caminantes de Los Lunes al Sol.

De buena mañana o vento mareiro, esa fresca brisa que sopla del océano, nos hace leve ascensión al monte de O Torroso y al Castro da Bandeira desde donde disfrutamos de la hermosa panorámica del río Miño en su curso hacia la desembocadura con el monte de Santa Tegra al fondo.

Sigue la ruta bajo la sombra de pinares y carballeiras hasta el lugar de Marzán en cuyos alrededores se encuentran los restos de los  Sarcófagos de San Vidente, antropomorfos, tallados en piedra y que parece ser que pertenecen a los siglos V o VI.

Después de Marzán viene Parada y aquí comienza la larga y laboriosa subida hasta el Alto da Portela, por una pista forestal y pedregosa con pocos tramos de sombra lo cual nos hace sudar la gota gorda hasta que recuperamos el punto de inicio después de un par de horas de dura ascensión, pero la abundante liberación de endorfinas nos hace sentir eufóricos y satisfechos después del fuerte ejercicio.

Rematamos la jornada en Casa Juan, nuestro icónico restaurante de O Rosal donde disfrutamos de un agradable menú en el que destacan la ensalada de garbanzos y el abadejo a la plancha, todo acompañado de un Quinta do Couselo, delicioso blanco de la zona invitación de Alejandro con el que brindamos porque el reciente matrimonio de su hija los llene de felicidad durante muchos años.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,230 Km. 5 h. 9 min. Media Soleado 

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