Un final accidentado

Cada año, por estas fechas, ya en en pleno verano,  hacemos esta ruta que, aunque es una caminata de casi 18 Km., resulta más bien un largo y agradable paseo en el que, partiendo la playa fluvial, atravesamos lo que queda de la Fortaleza de San Lorenzo para adentrarnos en los extensos pinares de Goián a través de umbríos caminos entre los pinos resineros.

Ya en el último tramo de monte asoma el río Miño del que nos separan las casas de Tabagón en cuya iglesia de San Miguel hacemos un alto para dar cuenta de un breve y apetitoso refrigerio consistente en un sabroso bizcocho preparado por Elvira.

Sigue la ruta por la ribera derecha del ancho Miño,  por los arenales de Eiras, hasta toparnos con el hermoso paseo que nos llevará de nuevo hasta la fortaleza.

Es un sendero precioso en el que la frondosa vegetación, verde y florida, acompaña al caminante hasta una pasarela de madera que vadea un pequeño regato. Lo malo es que el puentecillo se ha venido a abajo y cruzarlo exige cierta destreza y agilidad no exenta de cierto riesgo por lo que no faltaron los resbalones y mojaduras a los que se atrevieron a continuar la marcha por el bonito camino mientras los demás optaron por desviarse a la carretera y caminar sobre seguro.

Pero todos llegamos el punto de inicio no sin que alguno aprovechase la cercanía de la playa para darse un refrescante baño en las aguas del río Miño.

Rematamos la jornada en Figueiró, el lugar en donde se yergue el impresionante santuario de San Campio de Lonxe en cuyas inmediaciones se encuentra Casa Telleiro, restaurante conocido y apreciado por estos senderistas que degustamos  allí su selecto menú del día ennoblecido por unos excelentes godello y Ribera del Duero invitación de Juan, nuestro entrañable compañero de fatigas, con el que brindamos porque cumpla muchos más con salud y alegría.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,530 Km. 3 h. 53 min. Baja Soleado 

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Delicadas transparencias

En este recorrido triangular por los ríos Deva, Oulo y Calvo, en territorio de A Cañiza, lo más destacado fue el calor. Este apunte meteorológico, recurrente por nuestra zona, como por la mayoría de este mundo cada vez más caliente, no impidió que disfrutáramos de la belleza de este extremo oriental de nuestra provincia pontevedresa.

Apenas empezábamos a subir el alto de Puxeiros, rivalizando con el sol naciente que no nos dejaba ver la carretera como es debido, ya podíamos ver las esponjosas formaciones de niebla que nos esperaban del otro lado y que ya solo con dejarse ver suavizaban nuestra sensación de un día que sabíamos tórrido.

Equipados como siempre, nos demostramos dispuestos a soportar el esfuerzo e ilusionados con la jornada que estaba a punto de empezar, abiertos nuevamente a exprimir nuestros sentidos al máximo, a dejar llenar nuestros ojos de la inabarcable gama de verdes y tostados, así como de las delicadas transparencias en movimiento que hace el agua, acompañando la frescura de sus reflejos con el no menos refrescante rumor de su fluir.

La sombra de tantos carballos, alisos, loureiros, arces, fue nuestro mejor aliado por la mayor parte del recorrido y, donde la altitud del sendero la hizo imposible, aguantamos pacientes el aliento abrasador del sol y deseamos una mayor frecuencia de las escasas brisas que ocurrieron.

Parte del camino la hicimos en compañía de una pareja local y de sus perros.

Recorriendo la fraga del río Calvo vivimos una intensa aunque breve aventura al extraviar nuestro camino ladera arriba en busca de trazados menos accidentados. A cambio nos vimos forzados a un descenso de apurado desnivel que Silvia tuvo la habilidad experta de encontrar para nosotros.

Al cabo de casi seis bien sudadas horas, brindamos por la feliz reincidencia como abuela de nuestra querida amiga Sita, en el restaurante Arela, donde la anfitriona Mertxe nos dejó claro que quien mandaba, ella, decidía también qué comíamos. Estaba bueno y quedamos satisfechos. Lo suficiente, al menos.

Texto: Jaime Sáiz

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,160 Km. 5 h. 34 min. Media Soleado 

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Sin mojarse los pies

Raro es el año en que no hacemos esta ruta por las tierras de Cossourado, la freguesía portuguesa perteneciente al distrito de Paredes de Coura en cuyo término se encuentra la Casa Constantino que ,además de ser nuestro restaurante de referencia, es también el tradicional proveedor de arándanos o mirtilos que es como se dice en portugués y en gallego, delicioso fruto de cosecha propia.

Por esta parroquia y alrededores discurre una interesante ruta denominada de los miliarios por la cantidad de las tales piedras miliares con las que los romanos  señalaban las distancias cada mil pasos. Hay un lugar llamado Antas, no lejos de la iglesia de Cossourado, en el que se conservan más de media docena, dos de los cuales han sido  colocados como pilares del porche en la ermita qua allí existe.

La novedad que da título a esta crónica es que nos hemos topado con la agradable sorpresa de que  en un punto del río Coura que últimamente había que vadear descalzos han construido una pasarela de madera que sustituye a la anterior que había desaparecido. Esperamos que esta nueva dure más  y nos permita, en posteriores ocasiones,  cruzar el río sin tener que despojarnos de botas y calcetines.

Por lo demás, no hay mucho más que comentar sobre esta caminata de la que hay repetidas noticias aquí, en Sendereando.

Pasamos por pequeños núcleos de población como Casco o Nª Sª do Alivio, ltambién por la monumental iglesia parroquial de Cossourado y O Forte da Cidade rematando la andadura por las riberas del río Coura, el más importante de la comarca y que da nombre a su principal población,

La jornada finaliza en el citado Restaurante Constantino, también albergue de peregrinos.

Degustamos su tradicional bacalhao precedido de una delicada sopa y postres varios, todo regado con unos excelentes alentejo Monte Velho y alvarinho Murallas, invitación de nuestra querida Elvira con la que brindamos porque cumpla muchos más así de animosa y contenta.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,490 Km. 5 h. 15 min. Media Soleado 

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Indianos y lisboanos

Esta bonita e interesante ruta recorre el curso alto del río Xesta-Oitavén, entre las parroquias de San Pedro de Gaxate y San Bartolomé de Xesta, pertenecientes al ayuntamiento de A Lama.El río Xesta nace en la Sierra del Suído, a más de 900 m de altitud. A partir de su confluencia con el Regato de las Ermitas recibe el nombre de Río Oitavén. Después de treinta kilómetros de recorrido, se une en Sotomayor con el Verdugo y ambos entregan poco después sus aguas a la Ría de Vigo a la altura de Pontesampaio.

La ruta discurre por tierras ásperas y pobres, con valles encajados, que no favorecen la actividad agrícola. Esta comarca está marcada por la emigración. Se inició ésta a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, probablemente como consecuencia de la sucesión de varios años con veranos muy frescos, lo que impedía que los cereales y las patatas  pudieran completar su ciclo productivo.

Brasil, al inicio; Lisboa, en la época del charlestón, y posteriormente, Méjico, fueron los destinos habituales de los habitantes de estas comarcas.

Iniciamos la caminata en Gaxate, lugar bien conocido por sus singulares casas de indianos y “lisboanos”, como la Villa Honorata. Tomamos la carretera que asciende al Cristo de Xende, pero pronto nos desviamos a la derecha para llegar al barrio de Carballal, donde se encuentra la Capilla de Nuestra Señora de la Anunciación.

El camino sigue ascendiendo. Llegamos al lugar de A Costa, donde visitamos las ruinas de un molino de muy buena fábrica. A partir de aquí, el camino se torna horizontal, siguiendo una antigua “levada”. Al fondo, el Río Xesta discurre encajonado en un típico valle de fractura tectónica. Las vistas son soberbias, pero el pasaje hay que hacerlo con precaución, el desnivel es notable, aunque la vegetación lo disimule.

Al final de este tramo se encuentra la “Fervenza da Freixa”, donde el río se precipita procedente de Liñares. Llegados a este lugar, apreciamos la belleza de su conocido puente sobre el río protagonista de nuestra caminata.

A continuación, tomamos la carretera que conduce a la parroquia de Xesta. En el entorno de su iglesia barroca hacemos la foto oficial y tomamos el tentempié de las once.

Una vez repuestos, nos dirigimos a la Casa Rural de Portomartiño para, desde allí, iniciar un recorrido circular que nos lleva al Bosque de los acebos. Aunque estamos a las puertas del verano, el ambiente es húmedo, la vegetación está mojada y el agua circula alegre por los regatos. El bosque es un poco decepcionante. En realidad, algunos ejemplares aislados. Este lugar es el punto más alto del recorrido, 720 m.

Iniciamos el recorrido de regreso. Al poco, cae un aguacero que se va a mantener más de media hora. El camino de aleja del río y se dirige a un collado de 680 m de altitud. Es un camino de vacas y, como los helechos están crecidos, nos dejan bastante empapados. Es la parte menos grata del recorrido, pero enseguida tomamos una calzada empedrada que nos lleva a Cortegada y a su “Fonte do seixiño”.

Desde este lugar, el camino se alegra entre carballeiras, sale el sol y la vegetación mojada resplandece. Conectamos con la carretera que baja de Xende a Gaxate y allí llegamos.

Comimos en el Café Bar Gaxate, donde nos sirvieron un discretito menú, concluyendo así esta bonita ruta.

Texto: Miguel García.
Fotos y vídeo: Elvira R. Maceira

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,120 Km. 5 h. 34 min. Media Chubascos 

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Rocas, arena y asfalto

Esta ruta tiene un atractivo de indiscutible belleza: las playas de Aldán.

Pero para alcanzar el premio que ofrece ese precioso tramo de costa salpicado de  solitarias playas  de arena fina y blanca hay que pagar un precio y ese es un recorrido previo por 10 Km. de asfalto desde el barrio de Menduiña hasta la playa de Lagos.

Es lo que ocurre con las zonas turísticas de hoy que, habiendo sido territorios rurales hace muchos años cuando las playas no estaban de moda, ahora se han ido cubriendo de chalés y casas de veraneo en donde en otros tiempos solamente había fincas y caminos de carro, corredoiras y carreiriños que han sido sustituidos por pistas y carreteras asfaltadas, lo cual supone un agravio para los pies de los caminantes cuyas botas están hechas para pisar tierra y no conglomerado.

Una vez alcanzada la primera playa, se nos va olvidando el aburrido asfalto y comenzamos a disfrutar de los increíbles parajes que nos depara este tramo que va desde la playa de Lagos hasta la de  Areacova pasando por las de Cunchosa, Menduiña y Fancón, unas  veces caminando sobre las rocas bañadas por  suaves olas de  un plácido mar azul turquesa, otras por los estrechos caminitos que surcan los pinares que bordean la costa.

Pasada la última playa y bajo un repentino chaparrón damos con el casco urbano del Aldán que no tardamos en atravesar para meternos en lo que llaman el Bosque Encantado, una extensa finca que en realidad se llama O Frendoal, propiedad de los Condes de Canalejas que donaron esta parte al Concello de Cangas.

Es un lugar encantador, cruzado por el Orxas, en el que destaca un pequeño castillo construido por los condes para su solaz y un impresionante acueducto que dicen de los romanos y cuyo arco de piedra llaman O Arco da Moura o Arco da Condesa.

A poca distancia de estos bonitos parajes nos desviamos hacia la carretera por donde, de nuevo sobre el asfalto, nos dirigimos a la Taberna A Eira en donde reponemos fuerzas a base de un agradable y sencillo menú: lentejas y tintorera a la plancha dando  por terminada la jornada senderística de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,060 Km. 5h. 46 min. Media Nubes y claros

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