En Ribadavia, inmersión total

Un grupo de amigos de la infancia,  de la quinta del 41, reencontrados hace cinco años bajo el nombre del Veterum Amicorum Coetus (Reunión de los viejos amigos),  hemos acudido a la llamada de José Sánchez, de hondas raíces en esta comarca y organizador de esta visita.

En esta ocasión el senderismo rural, que es el habitual en nosotros, ha sido sustituído por una extensa e interesante caminata urbana guiados por el director de la oficina de turismo de Ribadavia, Antonio Míguez, conocedor en profundidad de la historia de este antiguo condado, que con su verbo fácil, ameno y erudito nos ha sumergido en el apasionante pasado de la capital del Ribeiro.

Desde la Plaza Mayor, que es donde está ubicada la oficina de turismo, hemos recorrido y conocido  el barrio judío de cuyos primeros habitantes hay noticia ya en el S. XI, la iglesia de la Magdalena, Casa de la Inquisición, el Museo etnológico instalado en el impresionante Pazo de los Bahamonde y otros muchos lugares plenos de encanto y de historia.

La lluvia, que es arte en Compostela, hace brillar aquí las viejas calzadas de piedra y realza la belleza de pazos, iglesias y viviendas en el silencio de esta mañana de otoño en la que parece haberse detenido el tiempo.

Como obligada visita, hemos degustado los dulces hebreos de la Tafona de Heminia y escanciado,  en la  vieja taberna de O Papuxa,  una tazas de los deliciosos caldos del Ribeiro, en régimen de autoservicio,  que allí cada uno se sirve lo que quiera y paga  según su conciencia, acompañados del chorizo y jamón del país, todo como aperitivo del enxebre banquete que nos esperaba en el Caracas a base de anguilas, callos, pulpo y tetilla con dulce de membrillo.

No era cuestión de regresar sin más después de semejante homenaje, así que nos fuimos a hasta San Cibrao de Las en donde admiramos boquiabiertos el enorme castro también conocido como A cidade.

Ya oscurecía, mientras recorríamos este interesantísimo yacimiento, con su triple muralla, sus casas, algibes, almacenes y calles, por lo que decidimos emprender el viaje de regreso hasta Vigo donde nos recibió, ya entrada la noche, un impresionante diluvio.

No tardaremos en volver por estas tierras, pues queremos llevar a nuestros colegas a lo alto de Pena Corneira, para que disfruten como lo hemos hecho nosotros en nuestra marcha del martes pasado.


En la Plaza Mayor, esperando por el resto. La oficina de turismo, inicio de la ruta.


Foto de familia en la taberna de O Papuxa.


Desde San Cibrao de Las, ya de oscurecida, emprendemos el regreso.

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

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