Aquel cantar de aquellos carros…

Non canta na Chá ninguén.
Por eso o meu carro canta.
Canta o seu eixo tan ben
que a señardade me espanta

Manuel María. O Carro, Terra Chá, 1954.

Los recuerdo unas veces  cargados de pinos, otras de hierba, otras vacíos, cuando iban llegando de vuelta de sus labores bajo el tibio sol del atardecer.

Se oía en la lejanía su inimitable silbido, o reochouchío que dice Manuel Antonio en su poema. Cuando, ya en la carretera, pasaban  cerca de nuestras casas nos subíamos al piso y agarrados a sus fungueiros nos divertíamos un rato hasta que nos mandaban bajar.

A partir de los años cincuenta los tractores fueron jubilando a los entrañables carranos y en la actualidad solamente se  ven en  los museos etnográficos o arrumbados en algún cobertizo como una reliquia de tiempos pasados.

En este lunes hemos vuelto a la playa fluvial de Maceira de donde parte el llamado Roteiro dos Carranos, ampliado por la ruta que el Club Deportivo Fontiñas diseñó por la zona de la Sierra del Suído. Iniciándose a las orillas del Tea, sigue por senderos y pistas forestales, monte arriba, hasta el hermoso embalse del Río  do Pozo do Piñeiro para bajar hasta el lugar de Fofe ya en el valle.

Imaginamos a aquellos carros  tirados por los enormes bueyes subiendo al monte y regresando a la aldea por caminos empedrados salvando duras pendientes por congostras y corredoiras animados por el el canto del eje: Si queres que o carro cante/mollall´o eixo no río/que despois de ben mollado/canta com´un asobío.

Alcanzada la cota de casi 900 m. toca bajar cuando el calor aprieta a estas horas del medio día a medida que nos acercamos a las primeras casas bajo cuya sombra agradecida damos  con la Rectoral de Fofe, hoy hostería y restaurante.

Allí reponemos  energías con un aceptable menú que tampoco es para echar cohetes pero que nos compensa del esfuerzo realizado sobre todo por la estupenda siesta que nos echamos bajo la higuera de su jardín.

Abandonamos la Rectoral para bajar, entre prados y maizales, por estrechos carreiriños, hasta el hermoso puente romano sobre el Tea.

Siempre pegados a su ribera, protegidos del sol por la fresca sombra de su arboleda, nos topamos con el museo-aserradero, Serradoiro dos Carranos, una instalación industrial de aquellos años dedicada a la construcción de carros que, lamentablemente, cierra los lunes, así que habrá que esperar a otra ocasión para visitar este interesante centro en el que  la energía para mover sierras y otras herramientas era suministrada por una noria.

Un par de kilómetros más y estamos de nuevo a lado de las piscinas naturales del Tea  que, en esta calurosa tarde de setiembre, invitan a darse un chapuzón.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,400 Km. 6 h. 39 min. Media Soleado 

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Ánimo, ánimas y almiñas

Ánimo mucho, ánimas pocas, almiñas… dos petos en Caritel.

La caminata de este lunes es una combinación de la ruta PRG 109, Sendeiro das Almiñas y del Sendero Azul, ambas en el municipio de Ponte Caldelas.

Iniciamos la jornada en  en casco urbano de Ponte Caldelas, en el lugar en donde estuvo la Fábrica de la luz cuya infraestructura dio lugar a la playa fluvial de A Calzada, la única de su clase que ha sido galardonada con la Bandera Azul. De ahí el nombre del sendero que discurre por la orilla derecha del río Verdugo pasando por los  pasos de Portasouto de Abaixo y Portasouto de Arriba, también conocidos como los pasos de A Fraga, muy cerca éstos de los pasos de Larpea, un regado tributario del Verdugo que lleva el nombre de una aldea cercana ya desaparecida.

Estos pasos, también llamados pasais, peares, pasadeiras, pasadoiros o poldras, son piedras que se colocan en el lecho del río para atravesarlo a pie seco. La distancia entre ellos equivale al paso de una persona, por eso reciben ese nombre. Se emplazan en vados del río de poca profundidad lo cual permite también el paso del ganado aunque, cuando las aguas vayan muy altas, ni personas ni ganado podrán vadearlo.

En los Pasos de Portasouto de Arriba o de A Fraga se cruzan las dos rutas, la Azul con lasde As Almiñas hallándose en ese punto un de los dos petos de ánimas con los que nos hemos topado. Éste de A Fraga fue donado por Manuel Cabirta y falmilia, feligreses de abad de Santa María de Caritel, al abad confiando en que éste nombrase a una persona encargada de recoger y entregar las limosnas para sufragar misas y oraciones por sus difuntos.

La vida y la muerte corren parejas por estos caminos con fuerte presencia de nuestros antepasados de lo cual son buena muestra los petos de ánimas.  Poco después de abandonar el sendero Azul, casi al comienzo de la caminata, damos con el Camino de Roriz, en Laxoso de Arriba y el crucero de Pé da Herba por donde llevaban a enterrar a sus muertos a Ponte Caldelas con el ataúd al hombro de familiares y vecinos aprovechando los cruceros para descansar y echar unos rezos por los difuntos.

Pasado Laxoso continuamos nuestra marcha hasta los muiños del río Calvelle que fueron catorce de estos ingenios los que en su época no daban a basto para moler tanto cereal como había de modo que, durante el estiaje, era necesario construir presas en el río para almacenar el agua necesaria que hiciese girar las pesadas muelas.

Un poco más al sur nos esperan las Pozas del Verdugo que, a pesar de lo menguado de su cauce, se ofrecen como unas piscinas naturales en las que darse un buen chapuzón en estos días de calor.

Más adelante nos desviamos unos cientos de metros de la ruta para bajar a los Saltos del Verdugo, un muro construido en el río para formar una presa, hoy con tan poca agua, que no podemos disfrutar de las cascadas que allí se forman en tiempo de lluvia. Ya nos queda poco para alcanzar la Carballeira de Portasouto, una hermosa y frondosa robleda que nos ampara de los rigores del sol hasta nuestra llegada a los Pasos de A Fraga y Larpea  citados más arriba.

Desde allí nos dirigimos, ya  de nuevo en el Sendeiro das Almiñas, hacia la iglesia neogótica de Santa María de Caritel y de allí a la PO 225 que es donde se encuentra el segundo peto de ánimas, esta vez bajo el amparo de la Virgen del Carmen y enfrente del Centro Cultural Alborada en donde calman nuestras hambres con melón con jamón, lasaña y una tarta de zanahoria que no está nada mal.

Felices y contentos volvemos sobre nuestros pasos para regresar al cruce de los dos senderos y pasar de los Pasos de Portasouto de Arriba a los de Portasouto de Abaixo, ya en el Sendero Azul, disfrutando del precioso camino de pescadores que nos lleva hasta el fin de nuestro recorrido que también fue su inicio en la antigua Fábrica de la Luz de Ponte Caldelas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,320 Km. 6 h. 50 min. Media Nubes y claros 

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A vueltas por el Tecla

Cuando yo era niño teníamos a Santa Tecla como patrona de los pianistas y a San Frasquito de de Sales, de los farmacéuticos. Ahora creo que a Santa Tecla la han nombrado patrona de los informáticos, por lo de los teclados.

Santa Tecla de Iconio fue una virgen y mártir que da da  nombre a uno de los montes más famosos de Galicia por su situación en la desembocadura del Miño y por su poblado castreño el más visitado de los gallegos.

El monte que alberga no solo los restos del citado poblado sino también vestigios de la edad del bronce que se pueden visitar en su museo arqueológico, es un formidable mirador desde el que se contemplan espectaculares vistas del estuario del Miño, con la ciudad de Caminha enfrente y O Forte da Ínsua, la fortaleza portuguesa que se alza en el espacio en donde las aguas del Miño se encuentran con las del océano.

Numerosas pistas y caminos  recorren el monte en todas direcciones, casi siempre a la sombra de una frondosa vegetación hasta que, por rústicas escaleras, subimos a lo más alto, unas grandes rocas sobre las que se alza el vértice geodésico rodeado en estos días de agosto de multitud de visitantes.  Hotel, tienda de  suvenirs, autobuses, es lo que se encuentra en este lugar en época turística.

Bajamos hasta el Viacrucis y subimos al Pico de San Francisco coronado por antenas. Allí hacemos una breve parada para reponer energías y seguimos escaleras abajo hasta la citania para poco después acometer O Roteiro das 14 voltas, un caminito que serpentea entre un abigarrado bosque de acacias con muchas vueltas y revueltas para bajar a la pista que nos lleva a la huerta celta, un cercado en el que se ve una palloza, muy cerca del semiabandonado campo de fúltbol del Chans al cual rodeamos para bajar  a Camposancos pasando con sus estrechas calles y llegar al los pinares de O Muiño.

A partir de ahí, siempre por la orilla del mar, tras un paseo de unos 2 Km. alcanzamos la villa de A Guarda en cuyo puerto nos espera el restaurante O Valladeiro.

En una mesa bien preparada en el primer piso con vistas al puerto nos sirven un generoso plazo de mejillones tamaño XL a los que sigue un delicioso arroz de marisco rematado con un  flan de la casa, todo por el módico precio del menú del día.

Reconfortados con tan espléndida pitanza emprendemos el camino de vuelta, abandonando el casco urbano para seguir entre fincas y pinares hasta O Pasaxe que es en donde habíamos iniciado la caminata y en donde la rematamos frente al desvencijado y enorme antiguo colegio de los jesuitas con la portuguesa Caminha en la orilla de enfrente.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,760 Km. 6 h. 38 min. Media Soleado 

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Una siesta de car(b)allo

Cuando salimos del restaurante en que habíamos compartido un abundante y potente menú en un agradable ambiente bajo la fresca temperatura que nos deparaba un eficaz aparato de aire acondicionado, nada más abrir la puerta y salir al exterior, alrededor de esa hora lorquiana que son las cinco de la tarde, recibimos tan  tremendo bofetón de luz y calor que nos hizo dudar de si volvernos adentro o seguir adelante.

Optamos por continuar, que no se arredran fácilmente los chicos de Los Lunes al Sol ante los desafíos meteorológicos, con la esperanza de  encontrar un lugar umbroso en el que reposar aquella copiosa cuchipanda  y refugiarnos de los rigores del implacable Lorenzo. Y sí fue. No tardamos en toparnos con un apacible soto de tupida hierba amparado por la generosa sombra de un gran carballo, un poderoso quercus robur bajo cuya copa nos tumbamos cuan largos éramos disfrutando del silencio y la frescura de tan bello lugar. Hasta algún ronquido rompió, irreverente, la quietud del momento.

Es inevitable el pareado: fue una siesta de carallo, debajo de un carballo.

Para llegar hasta allí habíamos partido del torreiro de Mouriscados, una parroquia mondaricense por la que fluye el Xabriña en un tramo jalonado por muiños, casi todos restaurados, que han dado lugar a una preciosa ruta que, siguiendo el curso del río, lleva al caminante por hermosos parajes plenos de verdor y frescura en una día como éste de calor canicular que apenas si se deja notar entre su espesa arboleda de ribera.

Poco antes de llegar a la parroquia de San Andrés de Meirol abandonamos la ruta del Xabriña para dirigirnos a Vilasobroso en cuyo restaurante O Rianxo nos espera la pitanza. Aunque con más asfalto del deseado, la caminata discurre casi siempre a la sombra lo cual nos ayuda a llegar a Santa María de Queimadelos, otra parroquia mondaricense, sin grandes agobios y desde allí, con solamente dos kilómetros de marcha, nos ponemos en O Rianxo.

Soubiñas, jamón y queso, pimientos de padrón y calamares fritos son el anticipo de un sabroso solomillo a la pimienta o medallones merluza en variadas versiones, todo regado con vino de la casa.

Después viene lo de la siesta, como ya está escrito, y el regreso al punto de partida, cinco kilómetros entre pinares y eucaliptos cuya sombra nos protege durante la mayoría del trayecto del fuerte calor que a estas horas se cierne sobre nuestras cabezas.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,000 Km. 6 h. 39 min. Media Soleado 

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Arte azteca en Barciademera

Después de atravesar los pinares que rodean el lugar de Corquillón, un conjunto de casas casi perdido en el municipio de Covelo, bajamos hasta cerca de la ribera izquierda del río Tea que fluye paralelo a la ruta que, entre carballeiras y fincas de labor, por caminos de carro, corredoiras y congostras, nos lleva hasta los Pasos de Lourido por los que atravesamos el río.

Desde allí no tardamos en llegar a la ermita de San José y su escuela en el lugar de Redondo a poco más de un kilómetro de los molinos de Portafurado en el río Caraño, ya en Barciademera,  cuyo conjunto abacial formado por iglesia y rectoral alcanzamos a media mañana.

Tanto la iglesia de San Martiño como su casa rectoral llaman poderosamente la atención por nu monumentalidad, sobre todo  la rectoral, cuya peculiar arquitectura la hace única por la exhuberancia barroca de su fachada que contrasta con la austeridad del resto del edificio en la que destaca  el frontón  en la parte central de su portada con detalles precolombinos, seguramente de inspiración azteca.

Dentro de este Pazo Abacial existen grandes salones y caballerizas que hemos tenido ocasión de visitar en anteriores ocasiones, lo que da una idea de la importancia que tuvo este sitio en tiempos pretéritos, allá por el siglo XVI que es cuando el abad Alberto Barreiro ordenó su construcción.

La iglesia  también es un ejemplo singular del barroco gallego con la particularidad de que en este año se celebra el décimo aniversario del Ciclo de Música Relixiosa  de Barciademera, un ciclo de música clásica que convierte el templo de San Martiño, durante la primavera y el verano, en punto de encuentro para los aficionados a la música clásica.

Después de haber admirado ambos extraordinarios monumentos en el hermoso enclave desde el que se domina el valle sobre el río Alén, volvemos sobre nuestros pasos hasta la aldea  de Redondo para seguir por la senda del Tea hasta la playa fluvial de Maceira, en donde el río ha sido convertido en una gran piscina que en estos días de calor invita al baño. Un restaurante y un camping completan las dotaciones de la playa fluvial.

Vadeamos el Tea por el cabezal del muro que retiene sus aguas para seguir hasta el lugar de Portagudiño y desde allí, ya por la carretera, hasta el centro urbano de Maceira en donde nos espera el restaurante Río Tea para colmar nuestras  hambres con una discreta ensaladilla y un muslo de pollo con patatas acompañados de un anónimo tinto que necesita gaseosa para su trasiego. Nada del otro mundo pero suficiente para reponer energías y continuar la marcha.

Media docena de kilómetros más nos llevarán al punto de inicio después de regresar a Portagudiño y pasar por estrechos caminos,  a veces ocultos bajo la verde vegetación de hierbas y helechos, casi siempre a la sombra de pinos y carballos, en esta tarde en la que  el sol comienza asomar entre las nubes que nos acompañaron durante casi toda la jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,330 Km. 6 h. 46 min. Media Nubes y claros 

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