¿Qué manera de llover!

Cuando iniciamos la caminata de este lunes  nubes grises y blancas con retazos de azul auguraban una jornada tranquila con poca probabilidad de lluvias y así fue durante la primera hora de nuestra andadura al cabo de la cual comenzaron a caer unas gotas espaciadas y gruesas en los primeros minutos y sin interrupción en los siguientes, sin cesar durante las cuatro horas y media que duró la caminata.

Paraguas, chubasqueros, botas y polainas poco pudieron ante el contumaz chaparrón, porfiado e incesante. Desde los calcetines hasta la gorra todo estaba empapado lo que obligó a estos veteranos andarines a cambiarse ropa de arriba abajo.

Comienza la ruta en los aledaños de la iglesia de San Xurxo de Ribadetea cuando aún las luces del alba apenas han abandonado la oscuridad. Los primeros tres kilómetros nos llevan hasta el alto de Pena Gallada,  a poca distancia del lugar de Cillarga  en el punto más alto,  ya que a partir de ahí todo será bajar hasta el final.

La intensa lluvia que no cesa nos acompaña por las pistas forestales, caminos y corredoiras alternando su repiqueteo con el fragor de las aguas de O Rego de Cillarga o  el de O Padróns que discurren pletóricos en rápidos y saltos.

Más tarde, cuando damos con la senda del Tea, la imagen de aquellos regatos, hoy impetuosos torrentes, muda a la espléndida estampa del ancho río con  su poderoso caudal fluyendo solemne e imponente entre  la  exuberante arboleda de sus riberas.

Los últimos 5 Km. por la orilla derecha del Tea son un regalo para los sentidos pues la lluvia que nos empapa hace brillar las trémulas hojas en las copas de los árboles que  cimbrean bajo la débil ventolera. El camino es una alfombra de lustrosa hojarasca hasta que alcanzamos la iglesia de Ribadetea, inicio y fin de esta lluviosa jornada que rematamos con una comida especial en el restaurante Casa Rivero, frecuentado y apreciado por los componentes de Los Lunes al Sol.

Con un menú especial celebramos que el 2022 está próximo a su fin y aprovechamos la ocasión para homenajear a nuestra querida Elvira, incansable andarina  que cada lunes nos obsequia con una muestra de su erudición culinaria, ya sea una sabrosa empanada o una delicioso chula, leche frita o cualquier otro capricho gastronómico fruto de su sabiduría en el arte de cocinar.

Finaliza la fiesta con un pequeño concierto de trío JDA (José, Dietmar, Antonio), bandurria, acordeón y guitarra, que ponen musical remate a tan festiva reunión.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
14,220 Km. 4 h. 28 min. Media Lluvia

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

El agua enfurecida

Cuando la hicimos en junio del 2011 la titulamos Ruta de las papeleras y más tarde, en mayo del 2018, Papeleras de Trapo, haciendo mención en ambas a las fábricas de papel que, hoy abandonadas, jalonan las riberas de los ríos Vilacoba y San Xusto en el concello coruñés de Lousame.

Pero en esta ocasión no fueron las históricas papeleras el objeto de nuestra atención sino esos dos  ríos  que en estos días de fuertes lluvias fluyen  rebosantes de fuerza y espuma.

Nada que ver con aquellos cauces de escaso caudal de los meses del estío en los que las piedras asomabas como secas heridas entre las mansas aguas del río venido a menos.

En esta mañana de diciembre la escena era muy distinta.

Mientras caminamos entre la frondosa arboleda de ribera, bajo las brillantes copas zarandeadas por el viento y brillantes bajo la lluvia, el fragor de la briosa corriente del Vilacoba nos acompaña hasta que llegamos a las praderas de Lesende.

Allí, viramos la marcha hacia el sur hasta dar con la Fervenza de Toxoutos, un formidable chorro de hirviente espuma en el río de San Xusto que,  precipitándose  en la profunda garganta por la que fluyen sus aguas enfurecidas, se pierde en la lejanía

Seguimos por el río, topándonos de nuevo con los  fantasmales restos de aquellas que fueron floreciente industrias del papel en tiempos pretéritos, para regresar a las cercanías del parque  de Brandía en cuyas inmediaciones iniciamos y ponemos fin a esta hermosa y lluviosa jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
16,960 Km. 5 h. 40 min. Media Chubascos

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Carboeiro y la Fervenza del río Toxa

Hace unos días recorrimos una hermosa ruta de las que acostumbramos a hacer los lunes. Ausentes por diversas razones algunos de nuestros habituales compañeros de andaina, fuimos ocho los que iniciamos el camino a la puerta del restaurante O Refuxio donde a eso de las dos acabaríamos comiendo no solo por recuperar las fuerzas si no también por el placer de hacerlo en lugar tan agradable como acogedor.
El día, aunque frío, amaneció lo suficientemente despejado para que, así que hubo ganado altura suficiente, alcanzara el sol con sus rayos a infundirnos algo de calor, si el esfuerzo hecho desde el principio no hubiera bastado para compensarnos.
Recién cruzado el río Orza, a escasos 800 metros del comienzo, empezamos a subir camino de la villa de A Brea en la primera cima de nuestro recorrido.
Desde allí bajamos al río Deza, mientras a lo lejos contemplábamos el monte Carrio de 829 mts, el punto más alto de esta comarca. Desde la mitad de la bajada caminábamos ya en medio de la abundante vegetación que nos iba a acompañar casi todo el día. Arboledas de carballos, sobre todo.
Cruzado el Deza, subimos hasta el monasterio de Carboeiro, que empezó como ermita en el siglo décimo, llegando a su mayor esplendor en los tres siglos siguientes en que se convirtió en cenobio benedictino, una de las obras arquitectónicas de estilo románico mas destacadas de Galicia. Durante tres siglos acogió a varias comunidades, tanto de monjas como de frailes, que se fueron turnando en su ocupación a lo largo de los años. Finalmente perdió importancia y acabó siendo uno de tantos “desamortizados” por la famosa medida del ministro Mendizábal en el XIX.
Dejamos atrás el monasterio, bajando al principio para en seguida comenzar una prolongada subida hasta una extensa planicie que nos duró hasta el borde mismo de la fervenza del río Toxa. A lo largo de esta zona llana llegamos a otra iglesia de cierta importancia cerca de la aldea de Martixe, la de San Pedro de Ansemil que es lo que queda de un anterior monasterio benedictino de monjas. Se trata de una iglesia románica de planta basilical de tres naves y tres ábsides rectangulares, a la que está adosada en su muro sur una capilla gótica que sirvió de enterramiento de la familia de los condes de Deza.
Desde Ansemil caminamos hasta la fervenza del río Toxa, cuyo curso cruzamos unos dos kilómetros antes. La fervenza la contemplamos a placer desde un mirador, justo al borde de un barranco, desde el que se puede ver sin problema la caída de treinta metros que la convierten en la mas alta de Galicia. Al fondo se ve también el tendido del AVE camino de Santiago de C.
Bajamos con tranquilidad y enorme disfrute entre un sinfín de carballos y castiñeiros hasta el mismo borde del agua, donde nos hicimos la foto de grupo. Desde allí reanudamos la marcha aguas abajo hasta cruzar el Toxa de nuevo y volver poco después a cruzar el Deza para poder llegar tranquilamente a O Refuxio.


Texto y vídeo de Jaime Saiz

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,000 Km. 5 h. 50 min. Media Nublado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Sin José por los montes de Cuntis

Nos fuimos este lunes a patear los montes de Cuntis sin José, mas de su mano, que suya era la ruta.

Meteo Galicia pronosticaba lluvia para toda la mañana, así que yo iba provisto de paraguas, chubasquero blanco y, dentro de la mochila, la manta, ese híbrido de poncho e impermeable de planta cuadrada que va recogiendo toda el agua precipitada para volcarla a los pies de uno sin que nada, nada traspase.

La ley de Murphy se cumplió una vez más, aunque a nuestro favor. No llovió. Bueno, sí. Llovió una irrisoria poalla testimonial, casi imperceptible, durante los últimos quinientos cincuenta metros nada más, cuando ya nos daba en ojos el barrio de Campo, extrarradio de Cuntis, donde había empezado nuestra aventura.

Fue el asentamiento castrexo de Castrolandín lo primero reseñable que encontramos, con sus hermosas vistas a la villa termal. Desde allí comenzamos a penetrar la rica floresta cuntiense. Abundancia de carballos, castaños, ameneiros y pinos. No faltaron los eucaliptos, de tiempo atrás posesionados de nuestro territorio de manera parece que irreversible.

Alternaba la cuesta arriba con algunas agradecidas bajadas, siempre en compañía de nuestros árboles, hasta llegar el primer desencuentro con la ruta. Estábamos sobre ella, pero era problemático abrirse paso. Optamos por el camino más fácil, siguiendo la dirección correcta ya que no la ruta prevista.

Próximos a coronar la subida más larga del día, dimos con una vía alternativa que, en pronunciado descenso, nos permitía reconectar con la ruta. Así comenzó la momentánea separación de efectivos que se resolvió pocos kilómetros después con el feliz reencuentro de toda la compañía al cruzar el rego da Bandeira.

No mucho después reponíamos fuerzas con la dulce aportación de Elvira, poco antes de decidir no alargarnos hasta el castro de Arcos. Retomada la marcha, llegamos a avistar la laguna de Zoo, acompañada de algunos aerogeneradores de ominosa presencia. Siendo este el punto más alto de nuestro recorrido, la fuerza del viento se hacía sentir.

Con un giro de noventa grados a la derecha empezamos el descenso. Quiso la ruta esconderse una vez más, detrás esta vez de un sinfín de plantones de eucalipto que, sin embargo, no consiguieron desanimarnos de buscar el camino que no tardó en aparecer.
Recuperamos la compañía de los árboles que más queremos y, al poco, salió un tramo del camino inundado y, en apariencia, imposible de superar. Hizo falta sacar lo mejor de nuestro espíritu aventurero, remover las piedras incluso, para superar aquel nuevo obstáculo. Hicimos lo que teníamos que hacer. Faltaría más.

Más abajo cruzábamos el río de Campo la primera vez y tras una vivaz bajada, que a ratos se apuraba por lo pronunciado de la pendiente, volvimos a cruzarlo.

Más adelante cruzamos el río da Patela cerca de la Fervenza Campaiñas. Más adelante aún, y con menor pendiente, cruzamos tres veces el rego do Pazo y, teniendo ya Cuntis a la vista, nuevamente el río da Patela, a unos cientos de metros del final.
Tras conducir hasta Caldas, comimos muy a gusto en el restaurante Castro.
Texto y vídeo de Jaime Saiz

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,001 Km. 5 h. 38 min. Media Nublado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Falsa alarma

Cuando salimos de casa caía semejante  tromba de viento y agua que presagiaba una jornada de senderismo turbulenta y dura de pelar pero resulta que, cuando llegamos al punto de partida en el Alto da Cabaleira, el temporal había desaparecido y tan solo una débil lluvia con algo de aire caía sobre la meseta en la que se levanta el espléndido mirador de la ría de Vigo que desde allí se puede contemplar en los días claros.

Desde allí iniciamos la caminata  que, sin  grandes apuros,  nos lleva a la cercana localidad de O Viso en la que abandonamos el asfalto para, caminando por las pistas forestales que nos llevan ora entre pinares, ora por monte bajo sembrado de espesa hierba, llegar hasta Moreiras, muy cerca del Castillo de Soutomaior,  a cuya finca accedemos escalando  el muro por la parte que rodea a la capilla de San Caetano, ya que la puerta que da entrada a la ermita está cerrada con llave. Parece que solo se abre el día de la festividad del santo, en agosto.

Así que, de forma un tanto clandestina, atravesamos la hermosa finca del que fue Castillo de Pedro Madruga y que en el 2012 fue catalogada con la distinción de Jardín de Excelencia Internacional. Para abandonar el privilegiado recinto también fue necesario hacer exhibición de la agilidad de estos veteranos caminantes para salvar la cancilla que les cerraba el paso al espacio exterior.

Seguimos por veredas y pistas, a veces con fuertes aguaceros de corta duración espaciados en el tiempo, hasta dar de nuevo con los alrededores de O Viso desde donde emprendemos la ascensión al mítico castro de A Peneda con su ermita dedicada a la Virgen de las Nieves, su impresionante alcornoque de 400 años de antigüedad y sus magníficas vistas de la Ensenada de San Simón en el fondo de la Ría de Vigo.

Desde hace una década se celebra también en este lugar A Festa dos Fachos, en la que se da la bienvenida al verano, con procesión de  antorchas (fachos),  música celta y la tradicional queimada.

El descenso de A Peneda por sus escaleras de piedra y suelo también empedrado ha de hacerse con cuidado y precaución pues, debido a la lluvia, está altamente resbaladizo de manera que es alto el riesgo de un patinazo.

Dejando atrás las casas de O Viso, acometemos la subida al Alto da Cabaleira desde donde nos desplazamos a Casa Piñeiro, en  la PO 244 de Soutomaior, en donde disfrutamos de un excelente menú del día a base de caldo gallego y besugo con salsa verde, entre otros, acompañado todo de Albariño y Ribera de Duero, obsequio de nuestro entrañable Dietmar que lleva semanas esperando para poder invitarnos por su 80º cumpleaños que fue celebrado por todo lo alto hace un par de meses.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,480 Km. 5 h. 49 min. Media Lluvia 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.