Espejo oscuro

Cuando hicimos esta ruta en el verano de 2015 solo éramos seis y todos varones. En este lunes de diciembre del 2021 eran doce los caminantes, la mitad mujeres. El elemento femenino aporta frescura y alegría a este grupo de veteranos andarines.

Castrelo de Miño es un municipio ourensano ubicado en el corazón del Ribeiro en la margen izquierda de río Miño. Es conocido sobre todo por el inmenso embalse que allí se construyó y que provocó la pérdida para muchos agricultores de sus mejores tierras.

La caminata parte del aparcamiento del Club Náutico de Castrelo de MIño y continúa por la orilla del embalse que a estas horas tempranas, cuando aún está amaneciendo, se extiende como un espejo oscuro bajo un cielo gris que amenaza lluvia.

Se desvía la ruta de la orilla para centrarse en el lugar de O Pazo, un solitario núcleo rural en el que llama la atención O Pazo da Casa da Capela, un caserón cuya antigua grandeza queda reflejada en los blasones que adornan su fachada.

De regreso a la orilla del embalse, llegados al lugar de Pedreios, hay que atravesar la carretera para meterse en los pinares monte arriba hasta dar con O Rego de Nogueiredo alcanzando poco después el  punto más alto de la ruta a unos 500 m. de altitud. A partir de ahí se acaban las cuestas y continúa una cómoda andanza entre viñedos, alguna que otra carballeira y típicos lugares de O Ribeiro como Nogueiredo, Foxo, Noallo de Abaixo y Parada hasta dar con San Estevo,  en la parroquia de Ponte Castrelo, con su monumental iglesia,  casa rectoral y cementerio, ubicados  en un lugar alto y dominante con vistas a la ribera del río Miño.

Vuelve la ruta a la orilla del embalse que bordea durante un par de kilómetros hasta el lugar en el que se encuentra el Club Náutico en cuyo restaurante se reponen fuerzas y se remata esta bonita y cómoda caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,130 Km. 5 h. 22 min. Baja Nubes y lluvia 

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Un convento, tres capillas y en el medio un castillo

En el siglo XV Pedro Madruga se cargó el monasterio que allí había. Un par de siglos después se construyó un palacio que más tarde fue cedido a la orden franciscana que lo convirtió en el convento que hoy conocemos como San Diego de Canedo, muy cerca del casco urbano de la villa de Ponteareas.

De allí parte la ruta que, a través de pinares y pistas forestales, después de salvar un desnivel de más de 400 m.,  conduce hasta el Castro de Troña, situado sobre un cerro que alberga los restos de un poblado castrexo que fue abandonado con la llegada de los romanos y cristiniazado más tarde con la capilla allí construida y dedicada al Dulce Nombre de Jesús. Desde la amplia explanada que hay en la cima se contempla una hermosa panorámica del valle del Tea.

A unos 700 m. del Castro. se encuentra  la ermita de Santa Trega, un vieja capilla en la ladera del monte Landín  en donde se celebra una típica romería en el mes de agosto.

Sigue la caminata por pistas y senderos, a veces bien tupidos de crecida retama o troncos caídos que dificultan la marcha, hasta dar con el Castillo del Sobroso, una fortaleza medieval hoy museo, famosa por haber albergado a Doña Urraca que, cercada por los partidarios del su hijo y su hermana Teresa, logró escapar y volver a Compostela.  Es una preciosa construcción, cuajada de historia y emplazada en un promontorio desde el que se domina toda la comarca del Condado y el Concello de Mondaríz.

Aún queda la tercera capilla, la de La Santa Cruz, en el monte de A Picaraña, muy cerca del convento al que nos hemos referido más arriba.  De allí parte un Via Crucis  que remata en una gran cruz de piedra ubicada en lo alto del Penedo de Pedro Madruga, una excelente atalaya con la villa de Ponteareas a sus pies y el Castillo del Sobroso en la lejanía.

Monte abajo, ya camino del convento, la ruta avanza entre grandes rocas o penedos, algunos muy singulares como A Pedra do Equilibrio, una gran  roca ovoide que parece oscilar sobre otro enorme peñasco. Algunos tienen nombres curiosos, como O Penedo da Raposa, O da Banqueta, O do Sombreiro, etc.

Pasado O Penedo do Castro que es el último de la serie, no tarda en aparecer la mole de San Diego de Canedo, principio y fin de la caminata de este lunes.

La jornada se remata en  Casa Rivero, vieja conocida de los andarines de Los Lunes al Sol que celebran jubilosos el cumpleaños de Cristina a la que deseamos muchas más caminatas durante muchos años en la compañía es estos incansables caminantes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,420 Km. 6 h. 12 min. Media Soleado 

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Pulmones negros

Unos enormes pulmones negros cuya tráquea es un pequeño tronco de madera del que emergen dos ramitas. No son del color gris rosado de los pulmones sanos. Son oscuros, negros, hechos con la madera quemada del incendio que asoló Chandebrito hace cuatro años y arrasó los montes y fincas circundantes cobrándose las vidas de Máxima y Angelina cuando trataban de escapar de aquel horror.

En su nombre y en recuerdo de aquella tragedia se ha levantado alrededor de O Castro lo que será en el futuro O Bosque da Memoria. En este lunes lluvioso hemos estado allí los chicos de Sendereando, sobrecogidos ante aquellos pulmones negros. Bajo la intensa lluvia, nos sentimos agradecidos al comprobar que los nuestros aspiran y expiran con buen ritmo desde que hemos iniciado nuestra andaina, allá por los muiños de Saiáns, hasta estos parajes de triste recuerdo.

Aunque la mañana es gris y el aire no tiene la transparencia de los días claros, no hemos dejado de disfrutar de la maravillosa panorámica que nos ofrece el mirador de O Piricoto do Vilar con la ensenada de Baiona al fondo y el Valle Miñor a sus pies, no lejos el merendero de Camos, antesala de la parroquia de Chandebrito en donde nos hemos detenido al pie de O Castro para visitar el Bosque de A Memoria al que nos referíamos más arriba.

Continuamos nuestro esforzado caminar bajo la lluvia que no cesa por los bajos del Alba, rodeando el antiguo basurero de O Zondal hoy convertido en una extensa pradera de verde hierba. Entramos en Fragoselo para adentramos en el monte por estrechos carreiriños y pistas forestales de suelos brillantes por el incesante aguacero.

Nos recibe la Fraga de Gontade, un bosque casi urbano, pegado a la carretera pero ausente de sus ruidos, aislado de su tráfico, un reducto de la naturaleza con el encanto del otoño como escondido del fragor urbanita.

Continuamos por el monte, cruzando pequeños regatos, siguiendo las flechas amarillas que indican que por aquí pasa el Camino de Santiago, hasta meternos de nuevo en la floresta, un abigarrado conjunto de muiños, arboleda autóctona, lagunas y vestigios de edades más antiguas de lo que alcanza la memoria escrita, O Alto da Medoña desde donde podemos contemplar el panorama de  nuestra civilización actual, cuatro o cinco mil años después de los restos que aún se conservan en este lugar.

De ahí al sitio de donde hemos partido esta mañana queda muy poquito. Ya en Saiáns nos despojamos de lo mojado para sustituirlo por lo seco quedando en condiciones para dirigirnos a la cercana Casa Alberto en donde somos obsequiados con un abundante y sabroso menú, justa compensación a las fatigas y rigores de esta invernal jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,510 Km. 5 h. 21 min. Media Soleado 

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Rodeando Salvaterra de Miño

Aunque a primera hora de la mañana el cielo estaba cubierto y llovía mansamente no tardamos en cerrar los paraguas. No volvimos a abrirlos hasta llegar al restaurante por lo que pudimos disfrutar plácidamente del largo paseo por las riberas de los tres ríos que circundan Salvaterra de Miño.

Prácticamente debajo del puente internacional está el punto de partida en donde iniciamos la marcha caminando por el sendero que discurre por la ribera derecha del río Miño que,  bajo el cielo gris, se extiende ante nuestra vista como una inmensa y brillante lámina de acero.

Después de un poco más de 2 Km. entre el río y la vía del tren atravesamos ésta por los aledaños del lugar de Oleiros para desviarnos por la Senda del río Mendo o Lobeira en sentido contrario a su desembocadura en el Miño, por aquí cerca, a nuestras espaldas.

Es un río modesto, casi un regato, que nacido en tierras de As Neves discurre entre bosques y fincas de labor hasta que  lo abandonamos a la altura del lugar de Os Chans dirigiéndonos al oeste para visitar la ermita de Nª Sª de la Asunción en la cima del Monte Castelo. Es una capilla singular, empotrada en una enorme roca, desde cuyo mirador se puede contemplar el valle del Tea  en su curso desde Ponteareas hasta la isla de Fillaboa que es en donde entrega sus aguas al Miño.

Bajamos de tan preciosa atalaya y continuamos camino hasta dar con la carretera que cruza el lugar de O Rial  atravesando el bosque por un corto tramo que nos lleva al río Tea cuya ribera ya no abandonaremos hasta la llegada al puente medieval de Fillaboa por donde en tiempos pretéritos pasaba el camino real.

Como queda dicho, por estos parajes el Tea desemboca en el río Miño formando la gran isla fluvial de Fillaboa. Ya de nuevo por la orilla del gran río gallego, nos adentramos en el parque de A Canuda, en la zona urbana de Salvaterra y allí, bajo el puente que la une con la ciudad portuguesa de Monçao, está el sitio en el que habíamos iniciado y finalizamos la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,570 Km. 5 h. 30 min. Baja Nublado 

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Entre fervenzas

A poco más de dos kilómetros del punto de partida de la caminata de este lunes se encuentra la Fervenza do Inferniño, en un escondido paraje de asombrosa belleza modelado por O Regato dos Fungos que se desploma sobre las oscuras rocas dando la impresión de que brillantes hilos de plata se derraman sobre una hermosa y negra cabellera.

El Fungos continúa durante unos cientos de metros monte abajo,  casi oculto en su estrechez, para entregar sus aguas al río Ulla, uno de los grandes de Galicia, por cuyas orillas discurre la mayor parte de nuestra andadura.

Es un paseo por un escenario maravilloso en el que la madre naturaleza no repara en gastos para ofrecer al caminante toda su hermosura en esta esplendorosa mañana otoñal.

Fluye el Ulla majestuoso, plácido en unos tramos, rugiente en otros, escoltado siempre por la frondosa arboleda que se alza en sus riberas engalanada por los ocres, amarillos, verdes de sus altas copas que se pierden en el azul de cielo.

Bajo nuestros pies cruje en mínimos estallidos la hojarasca que tapiza el sendero que paralelo al río se alarga, ya en ondulados badenes, a veces en abruptos desniveles, pero siempre en medio de este fascinante entorno en el que todo es naturaleza hasta llegar a la otra fervenza, la de O Salto das Pombas, en el río das Lañas.

Ésta no es como la de las blancas hebras sobre la melena oscura que vimos en O Regato do Fungos. O Salto das Pombas lo forman las aguas del río das Lañas que se precipitan en hirviente espuma  por su accidentado cauce hasta caer en un chorro de furia y espuma sobre las tranquilas aguas que fluyen al fondo de la sima.

A partir de ahí quedan atrás ríos y fervenzas para salir a la carretera que, entre pinares, nos lleva hasta el lugar de O Castillón, vecino de de O Arroeiro, principio y final de esta gozosa y bonita caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,180 Km. 5 h. 16 min. Media Soleado 

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