Montes de Pazos y Redondela

Sobre la ruta diseñada por Juan Pena hemos realizado nuestro recorrido de este lunes con la diferencia de que él inicia la marcha en Redondela y nosotros hemos comenzado en Amoedo que es una parroquia de  su municipio limítrofe Pazos de Borbén.  La parte montañosa discurre en su mayor tramo por Pazos correspondiéndole a Redondela la costa en su totalidad.

Es una ruta bonita porque desde los montes de Pazos se contempla continuamente la Ensenada de San Simón con el estrecho de Rande al oeste cerrando la ría de Vigo y la isla de San Simón al este que con las Alvedosas decora el fondo de la ría que termina en las Salinas de Ulló. Por muchas veces que contemplemos esta estampa  nunca deja de maravillarnos su  fascinante belleza.

Durante el tramo montañoso solamente pisamos pistas forestales entre pinares, eucaliptos y alguna que otra carballeira hasta que descendemos a la urbana Redondela donde nos detenemos para almorzar. Atravesamos la villa escapando e la N 552 para adentrarnos de nuevo en el monte en un continuo ascenso hasta regresar a Amoedo. La única población que encontramos en nuestro regreso en la pequeña aldea de Quintela, no lejos de Redondela. A partir de ahí toca subir y subir hasta cerrar el bucle.

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Por las orillas de “O Rego Fondón”


Chovía si Dios ten augua
, dice un verso de Rosalía en sus Cantares Gallegos y eso es lo que ocurría en la mañana de este sábado cuando los seis de la Caminata, “inasequibles al desaliento”, desafiamos el diluvio que apenas si nos dejaba ver y nos lanzamos monte arriba por las tierras de Trasmañó, ese excelente balcón a la ría que hoy apenas si se adivinaba tras la cortina de agua, siguiendo la ruta trazada por nuestro desconocido richbichvene en wikiloc.

No duró mucho el chaparrón que fue amainando para convertirse en monótono orballo y diluirse, una vez alcanzado O Rego Fondón, en una niebla traslúcida que vestía el bosque con un halo de belleza y misterio de subyugante encanto.

Baja el regato trotón casi furioso con sus aguas como enloquecidas babeando espuma en sus caídas, un torrente marrón arrastrando el lodo de los caminos de tierra floja.

Entre pinos y carballos, helechos y acebos, zarzas y piedras, seguimos el curso del regato, casi río en esta mañana. Viejos muiños apenas ocultos bajo la maleza y el musgo parece que vigilan en su mutismo nuestro paso por caminos que, hoy abandonados, fueron en otro tiempo escenario del ajetreo propio de la época, con las idas y venidas de acémilas y lugareños transportando grano y harina.

La llegada a la carretera nos devuelve a la vida actual. Abandonamos O Rego y seguimos pista arriba hasta llegar al convento de las monjas benedictinas de San Vidente de Trasmañó que fue el punto de inicio de esta caminata.

Damos la bienvenida a nuestra intrépida María Rita que se estrenaba hoy en estas lides del senderismo y demostró un coraje y forma física envidiables.



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