Esta sí que é muiñada

Unha noite no muiño
unha noite no é nada
unha semaniña enteira
eso sí que é muiñada.

Coplas como ésta se cantan aún hoy en la manifestaciones folclóricas en las que se evocan las danzas y cantares que hace una década amenizaban los trabajos de la molienda en los innumerables muiños que jalonan los ríos grandes y pequeños que surcan los montes y valles de nuestro país gallego. Uno de los lugares más singulares, donde se desarrollaban esas tareas en plan casi industrial es el de los Muiños do Folón y do Picón, en el municipio de o Rosal, no lejos de la villa.

Ya hemos dado en más de una ocasión noticia en Sendereando sobre esa impresionante batería de molinos que en número de 36 descienden desde la altura a lo largo del río Folón y de los 14 del Picón que bajan por la otra ladera. Muchas noches, días y semanas hacían falta para transformar en harina las toneladas de grano de maíz, trigo y centeno que, bien a hombros de los paisanos o a lomos de burros o mulas, eran transportados hasta estos ingenios tan tradicionales en nuestro país hasta que la llegada de la electricidad los condenó a quedar como mudos testigos de esta faceta de la actividad campesina de hace unos lustros.

Estos de O Folón y de O Picón han sido restaurados y están como nuevos, algunos de ellos en condiciones de funcionar como cuando estaban en activo.

La ruta de este lunes se inició en el lugar de Forzáns, no lejos de A Ponte das Penas que es de donde arranca el sendero circular PRG 94, de poco más de 3 Km., que rodea los muiños. Nosotros hemos hecho la parte de los de O Picón, monte arriba hasta enlazar con los últimos de O Folón para seguir por los aledaños de la ermita de San Martiño hasta la intercesión de A Cruz da Portela, en la carretera que baja hacia O Rosal, continuando en dirección de A Guarda con el emblemático monte de San Tegra al fondo, caminando durante un buen tramo paralelos a la impresionante costa de Oia, el inmenso mar azul a neutros pies, rompiendo en jirones de blanca espuma contra las costa rocosa que bordea los montes que suavemente entregan su altura al océano.

No tardamos en llegar, en los límites de A Guarda y O Rosal, al estupendo restaurante Casa do Outeiro en donde disfrutamos de una excelente parrillada de pescado con los habituales complementos de entrantes, postres, vino y café que por un módico estipendio nos ayudó a reposar y recuperar fuerzas después de los cerca de 20 Km. que habíamos recorrido para llegar allí.

Dejamos para la tarde los últimos cuatro o cinco que, entre frondosos y umbríos pinares, nos llevaron hasta el punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,210 Km. 6 h. 23 min. Media Sol/Nubes 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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