Mirando al mar

Jorge Sepúlveda fue un cantante de boleros muy popular entre los años 40 y 50 del siglo pasado siendo uno de sus éxitos mayores Mirando al mar, compuesta por César de Haro con letra de Marino García.

Contemporáneo suyo fue Jacques Trenet que con La mer obtuvo el mayor éxito de su vida.

Unos años antes el compositor Claude Debussy se había inspirado en el mar para su “boceto sinfónico” también titulado La mer que un principio no tuvo gran aceptación pero que con el tiempo se convirtió en un clásico.

La de Sepúlveda es romántica y un poco cursi soñando con su amor bajo la pálida luz del atardecer. La de Trenet pinta el mar como un hermoso cuadro en la imaginación del autor.

La de Debussy es una obra maestra que describe el océano con una original orquestación y atrevidas armonías impresionistas.

Y es que el inmenso mar ha sido el leimotiv de la jornada de este lunes. Desde la cima del monte de San Trega, en esta mañana clara y luminosa, la visión del estuario del Miño en su entrega a la mar océana, una inmensa lámina azul que se pierde en la difusa línea del horizonte, invita a la ensoñación o a la contemplación de la serena belleza que inspiró las hermosas canciones de Sepúlveda y Trenet o la composición de Debussy.

Para gozar de la impresionante estampa que ofrece el río en su encuentro con el Attántico entre las villas de A Guarda y Camiña, hemos iniciado nuestra andadura en la playa de Camposancos, muy cerca del Piñeiral Castrexo, un pinar cuyos ejemplares han sido decorados con espirales, esvásticas, trisqueles, laberintos y otras figuras que forman parte de los petroglifos que suelen encontrarse en los yacimientos neolíticos tan abundantes en Galicia.

Seguimos por la pista que bordea la costa hasta llegar al centro urbano de A Guarda el cual atravesamos para adentrarnos en las fincas que rodean la villa pasando por los lugares de A Longa y O Aloqueiro hasta cruzar la PO 355 por la pista que asciende al monte y enlaza con  O Camiño das 14 voltas, un enrevesado tramo por el que accedemos a la cima en donde se encuentra el hotel, los chiringuitos de suvenirs y el aparcamiento.

Una escalinata de piedra nos lleva a las rocas desde las que se contempla el maravilloso espectáculo el gran río rindiendo sus aguas al océano con O Forte da Ínsua plantado en medio del estuario.

Ya va siendo hora de regresar, así que iniciamos el descenso por la empinada rampa de escalones de madera que conduce a las pistas que, rodeando la ladera oeste del monte, llegan a Camposancos por cuyas calles deambulamos para volver a la playa. Allí, en Hotel Restaurante El Molino, finalizamos la jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,150 Km. 5 h. 30 min. Media Soleado 

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