Compitiendo en hermosura

Acometemos el río Lérez por su parte urbana, por donde su amplio cauce entra en la capital pontevedresa. Dejamos atrás el parque y la playa fluvial para continuar por el sendero de pescadores que bordea su orilla derecha. Sus mansas aguas fluyen lentas y solemnes interrumpidas por los espesos muros que, aquí y allá, contienen sus aguas para liberarlas en anchas barreras de blanca espuma.

En Puente Bora vadeamos el río y nos vamos a la carretera que después de unos cientos de metros atravesamos para entrar en los bosques que albergan el río Almofrei, afluente del río grande al que entregará su caudal bajo el puente que acabamos de abandonar.

Con sus 26 Km. de recorrido es el tributario más importante del Lérez. Viene del Monte Seixo, en Caroi, municipio de Cotobade. Lo conocemos bien, pues lo hemos recorrido a su paso por los alrededores de Carballedo, en una preciosa ruta, la  de O Foxo do Lobo. En esta mañana de cielo gris disfrutamos de la rutilante belleza que la fina lluvia resalta en las copas de la frondosa arboleda que franquea sus riberas haciendo brillar con alegres destellos sus temblorosas hojas.

Es una belleza diferente a la del Lérez que con su lento y ancho caudal evoca paz y silencio en contraste con las rápidas y agitadas aguas de su tributario.

Entre esa sinfonía de colores, desde el intenso verde del musgo que cubre muros, árboles y rocas hasta el ocre de la hojarasca que cubre los estrechos caminitos que bordean el río, seguimos nuestro camino hasta que éste se acaba pasa ser continuado por las poldras o pasos de piedra que habrá que vadear para cruzar al otro lado. El problema es que algunos de esos pasos han desaparecido y, aunque el río va bajo de caudal, aún lleva agua y es fácil resbalar sobre las piedras mojadas, así que toca descalzarse y tratar de pasar al otro lado sin darse un remojón aunque algunos más atrevidos lo hacen con las botas puestas.

Una vez calzados y con los pies secos y frescos sigue la tropa andarina río arriba disfrutando de las preciosas estampas que nos regalan tan encantadores parajes como un solitario muiño, una pequeña cascada que ilumina de resplandeciente blanco las oscuras aguas o, ya abandonado el río, la pastoril imagen de pacíficas ovejas pastando en las veigas de O Salgueiral.

Pasada la citada aldea, regresamos al río hasta dar de nuevo con las poldras que, unos descalzos otros calzados, hemos de atravesar por segunda vez  para volver sobre nuestros pasos hasta la carretera que cruzamos para seguir por el paseo acondicionado en la ribera izquierda del Lérez que nos llevará hasta el bario de Monteporreiro que es donde se ubica el Asador Xiraldo.

Lentejas de primero y colas de rape de segundo son algunas de las opciones de su menú del día ennoblecidas con un sabroso Ribera del Duero con el que brindamos por nuestro veterano y entrañable Dietmar, decano de estos andarines, con más de treinta años pateando los montes y valles de este hermoso país y que ha tenido la atención de invitarnos a ese vino de tan renombrada cepa.

A unos cientos de metros, de nuevo por el paseo del Lérez, se halla el punto de partida y remate donde nos despedimos hasta la próxima caminata.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,050 Km. 6 h. 18 min. Baja Lluvia débil 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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