Caminando entre Coles

Coles es un municipio ourensano que se encuentra muy cerca de la capital, tanto que desde  algunos puntos puede contemplarse el casco urbano de la ciudad allá abajo.

Hemos iniciado la andaina al lado de la iglesia de San Xoan de Coles  para seguir hasta Belesar  con el río Miño a nuestra derecha hasta encontrarnos con el  Barra que es uno de sus afluentes y que desemboca en el lugar que lleva el nombre de los dos ríos: Barra de Miño.

En nuestro recorrido nos encontramos con unas cuantas poblaciones rurales algunas de las cuales llaman la atención por sus espléndidas viviendas de piedra, algunas casi suntuosas.

También entre las densas carballeiras que abundan por estos lares se encuentran los restos de antiguas aldeas de las que solo quedan los muros de piedra como esqueletos de lo que fueron casas habitadas.

Entre praderas, bosques y extensas fincas cruzadas por estrechos caminos. a veces con la hierba hasta las rodillas, transcurre esta hermosa caminata.

Rematamos la jornada en el Mesón O Viso, un restaurante de carretera encima del casco urbano de la capital ourensana, en el que damos cuenta de sus variado menú del día con el que aplacamos nuestras hambres, mientras disfrutamos del placer de la convivencia entre estos viejos amigos a los que une esta sana afición del sendereo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,470 Km. 5 h. 15 min. Media Nubes y claros

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Un cabrito para olvidar

No es la primera vez que recorremos los montes de A Serra D´Arga.

Ya estuvimos por aquí en mayo y noviembre de hace dos años por la parte que toca a los aledaños de la parroquia de Sâo Lourenzo de Montaria desde donde acometemos la ascensión que, después de 5 Km., nos lleva hasta el Outeiro Grande, una amplia explanada en donde se encuentra el Santuario de Nª Sª do Miño.

Es una laboriosa subida que es compensada con el largo descenso que, siguiendo la ruta llamada Trilho dos Pastores, nos conduce hasta el punto de inicio.

Son montes de escasa vegetación, de suelo granítico en el que abundan grandes losas entre las que crecen solitarios pinos.

Ahora, en primavera los colores rosa y amarillo del brezo y del tojo decoran la montaña.

Las anchas pistas empedradas con grandes rocas alternan con estrechos caminitos casi escondidos entre el tojo que bordean las laderas de estos montes desde las que se contemplan, en un día claro como el de este lunes, espléndidas panorámicas de los valles que riegan los ríos Áncora y Miño.

Por estos espacios merodean los caballos garranos, el pequeño equino autóctono de los montes del norte ibérico, y pastan los cabritos que constituyen el principal reclamo de la gastronomía de la comarca.

Así lo hemos comprobado en el Restaurante Serra D´Arga que es en donde iniciamos y finalizamos la caminata.

La primera vez que degustamos el cabrito en el citado restaurante quedamos impresionados y encantados por la calidad del menú: un espléndido cabrito asado que hizo las delicias de nuestros paladares. La segunda vez no fue tan bueno. Quedamos algo decepcionados y se nos ocurrió intentarlo de nuevo en esta ocasión con la esperanza de que la cosa hubiese mejorado pero nada de eso. Peor que nunca. Un cabrito estofado del que sobró casi la mitad. El que tuvo más suerte fue Cristóbal que, no siendo partidario del pequeño caprino, optó por una tortilla francesa con ensalada que fue lo mejor de la mesa. Menos mal  que el vino era uno del Alentejo, de muy buen pasar.

Lo mejor de la jornada fueron la alegría y el buen humor con el que festejamos el cumpleaños de Silvia, nuestra veterana y entrañable compañera de fatigas, que nos  obsequió con unas deliciosas galletas de nata de elaboración propia acompañadas de un vino de Oporto con el que brindamos porque cumpla muchos más tan animosa y alegre caminante como lo es ahora.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,300 Km. 6 h. 1 min. Media Nubes y sol 

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Chozos de Bidueiros

En los altos de la Sierra del Suído abundan los pastizales que desde época medieval han sido aprovechados para alimentar el ganado en la estación estival. Como hogar temporal para los ganaderos surgieron unas edificaciones conocidas como chozos o chouzos, de paredes y techo totalmente de piedra, con espesores que superan el medio metro y cubiertas de musgo para proporcionar aislamiento. Se situaban al sur de grandes rocas, para protegerse de los vientos dominantes. Desde el chozo se podía controlar una parcela de pasto cercano, delimitada con piedras definiendo lo que se conoce como sesteiro.

Asociada a la ganadería surgió la necesidad de controlar los lobos, para cuya captura se construyeron fosos para lobos, unas estructuras con largas paredes formando un embudo que conducía a un profundo foso. Los ganaderos asustaban a los lobos y con ayuda de las paredes los guiaban hasta caer en el foso, donde morían. *

En este lunes, aprovechando el PRG 231, hemos subidos desde el lugar de Cascardoso, en Covelo, hasta el Chozo da Rega Grande que está situado  al borde el A Forca do Lobo que es como le llaman por aquí a lo que comúnmente se conoce como Foxo do Lobo.

Lo de Forca en vez de Foxo se debe a la forma del recinto que asemeja una horca, el palo que remata en dos púas con el que los labradores hacinan las mieses, las echan al carro, levantan la paja y revuelven la parva. *

Desde A Forca do Lobo atravesamos el monte cubierto del intenso amarillo del tojo en plena floración para subir hasta otro chozo, el de A Peneda, y desde allí pasando por el Chozo de Mera emprendemos el regreso atravesando el parque eólico que domina estas alturas y desviándonos hasta el Castro de Touros en donde no observamos nada de particular si no es A Cima da Pedra Partida, allí a lado, un vértice geodésico con vistas al valle.

Siempre por pistas forestales  sigue el descenso hacia el punto de origen de la  caminata en esta mañana clara con agradable temperatura acariciados por el suave soplo de la brisa.

Bajando hasta el puente sobre O Rego Pequeno, solamente quedan unos pocos metros para regresar al punto de inicio.

Rematamos la jornada en el Mesón A Xestosa que ya conocemos de otras ocasiones y que, una vez más, nos sorprende con un agradable y variado menú regado con un Ribera del Duero invitación de nuestro entrañable compañero de fatigas Manolo Gil que celebra una fiesta familiar al lado de nuestra mesa y por el que brindamos con todo nuestro cariño porque nos encontremos muchas veces más.

  • Wikipedia
Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,320 Km. 5 h. 24 min. Media Sol y nubes

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La «telleira» fantasma

Ya en el siglo XVII se fabricaban por esta zona tejas y ladrillos de forma artesanal, moliendo el barro y pisándolo con la ayuda de un caballo, hasta que en 1960 se lleva a cabo la construcción de un complejo industrial que cerraría en 1993.

En el 2007 el Concello de Lalín negoció con la empresa propietaria su recuperación con fines museísticos pero un año después se abandonó el proyecto.

En este lunes nos hemos acercado al lugar de Vilasancho, de la parroquia de Santiago de Sello, por donde pasa O Rego  do Porto dos Cornos y todo lo que allí se ve, a través de la espesa vegetación, son los restos de la antigua cerámica, apenas unos solitarios pilares de hormigón de los emergen unos hierros oxidados y muros destartalados.

Lo más visible es la laguna que se formó en los sitios de los que se extraía la arcilla y que hoy son refugio para varias especies animales y vegetales.

La ruta, que tiene su inicio en el casco urbano de Lalín,  sigue el curso del río Pontiñas para continuar por fincas y praderas, también entre frondosas carballeiras y caminos con tramos embarrados, por los aledaños rurales de la villa.

Nos acompaña  con frecuencia el aroma proveniente de las abundantes granjas de vacuno, un olor a bosta o estiércol de vaca que perfuma una parte importante del recorrido.

Como el tiempo está templado y apenas ha caído una ligera llovizna, la caminata discurre plácidamente por terreno llano sin cuestas relevantes lo que hace de la marcha un cómodo paseo por estas tierras con mucha vaca y mucha hierba.

Rematamos la jornada en la Churrasquería Modesto, muy cerca de del punto de inicio.

Croquetas de bacalao y ternera con guarnición, entre otros platos del menú del día, colman nuestras hambres mientras disfrutamos de la grata convivencia entre los caminantes de Los Lunes al Sol.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,960 Km. 5 h. 39 min. Media Nublado 

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Un sendero bonito y cuidado

Partimos de O Camiño da Feira en Rebordechán, que era por donde los parroquianos se dirigían a la feria de A Cañiza.

Rebordechán es una parroquia del Concello de Crecente en cuyo rural se encuentran algunas rutas  como ésta y la del río Ribadil que cuentan con lugares de gran belleza.

Nos espera una larga subida hasta el Coto de Vesperón, un espléndido mirador sobre el Miño, para desde allí iniciar el descenso hasta dar con O Camiño dos Muiños, un paraje de  excepcional hermosura,  cruzado por las agitadas aguas movían los rodicios de sus muiños cubiertos de musgos y trepadoras, entre rápidos, pequeñas cascadas y empinados caminitos zigzagueantes en un espacio umbrío de intenso color verde cuyo encanto cautiva al caminante.

Sigue la ruta por pequeños núcleos rurales, algunos despoblados, canastros solitarios, petos de ánimas, antiguos lagares como del de Pousa y viejas construcciones con la típica solaina como A Casa do Coco.

A partir de ahí se inicia el tramo del vuelta al punto de inicio, otra vez cuesta arriba con un tramo exigente que pone a prueba piernas y resuello.

Toda la fue ruta diseñada por O Tempo da Aldea,  Sociedad Cooperativa de Rebordechán, que mantiene el sendero en perfectas condiciones, muy bien señalizado y cuidado como pocos.

Rematamos la jornada en el Restaurante Casa Creciente donde, como es costumbre, somos, muy bien atendidos, sobresaliendo entre el abundante menú su deliciosa empanada de xoubas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,090 Km. 5 h. 59 min. Media Soleado 

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