Pionero del medio ambiente

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EL ÁRBOL EN EL HUERTO

A Ricardo de la C. y C.

Un naranjo vivía feliz en la huerta de Murcia, porque el hortelano le quitaba, en tiempo debido, las ramas secas y las chuponas, le abonaba al cavarle, para que las nuevas raicillas hallasen la tierra substanciosa y mullida, y luego le binaba, a fin de que las malas yerbas no le disputasen los jugos de la tierra ni el calor del verano desecase el suelo; en una palabra: lo cultivaba al uso y costumbre de buen labrador.

No era extraño, por tanto, que al llegar la primavera se le creyese árbol criado en el famoso jardín de las Hespérides y aún en el Paraíso Terrenal, tanto por sus hojas nuevas, que de raso parecían, y formaban armonioso contraste con las obscuras y aterciopeladas nacidas el año anterior, como por sus hermosos frutos y sus encantadoras flores de celestial aroma, que son el adorno más estimado de las desposadas.

Una cerca de alambre espinoso rodeaba el huerto, defendiéndolo de animales y merodeadores, y además, una cortina de cipreses moderaba el ímpetu de los secos vientos de poniente, para que no se mustiasen las hojas ni viniese a tierra el dorado fruto, que el exportador transforma en oro de ley.

Mas cierto día, un diminuto insecto, algo emparentado con la temible filoxera, y cuyo nombre vulgar es tan nauseabundo como feo el que le asignan los naturalistas (1) llegó a una hoja, y después de corto paseo, atravesó la epidermis con el pico, que hundió en el tejido celular, para no volver a sacarlo. El resto de su vida lo pasó el animalito chupando y chupando, como hacen las sanguijuelas con la sangre humana pero hay la diferencia de que cuando éstas se sacian, se sueltan para hacer la digestión, y el parásito del árbol sigue adherido hasta el fin de su existencia, como el empleado a la nómina, ¡si le dejan!

Creció el cuerpo del insecto, más no sus patas, que por el género de vida adoptado le habían de ser inútiles en lo sucesivo. Al mismo tiempo, empezó á exudar cierta sustancia semejante á la cera, con la que formó una coraza muy útil para defenderse contra la lluvia y otros enemigos. Luego puso muchos huevos que pronto se hicieron insectos, los que, reproduciéndose rápidamente, llenaron no sólo aquel árbol sino también los de los alrededores, tiznando hojas y frutos y convirtiendo la belleza en fealdad y miseria.

El hortelano se esforzaba en combatir aquel terrible enemigo del árbol y del hombre. ¡Cuántos y cuántos medios puso en práctica para exterminarlo! Lavó y pulverizó el árbol con los malolientes menjurjes formados por el jabón cáustico, petróleo, creosota, aceites de pescado, brea … Hasta empleó vapores de ácido cianhídrico, del terrible veneno que mata el insecto, .. y aún al hombre, ¡al menor descuido! Después de gastar mucho dinero, el hortelano se declaró vencido por falta de recursos y, resignado, dejó obrar a la sabia Naturaleza.

Entonces empezaron a llegar volando otros insectos, cuya mayor longitud no pasa de medio milímetro y corresponden al mismo orden en que están clasificadas las laboriosas abejas y las hormigas. ¿Qué podían hacer los insectillos de débiles mandíbulas, contra los acorazados himenópteros de largo pico? Sin embargo, las hembras llevan en el extremo de su abdomen un taladro y es curioso saber como lo emplean. Al llegar a la hoja elegida, se posan sobre la coraza, y atentamente la recorren del borde al centro, una vez y otra, hasta cerciorarse de que debajo existe el insecto que buscan. Segura ya la hembra, endereza el taladro y traspasa con él la capa cerosa; saca el instrumento, prueba la gotita de líquido que sale del agujero acaso para ver si agradará a su descendencia: de nuevo una, dos y tres veces vuelve á introducir el oviducto, hasta que, satisfecha de sus investigaciones, pone algunos huevos, ya junto al cuerpo de la víctima, ya en su interior. (2)

Cuando las larvas del parásito salen del huevo, comienzan a devorar su víctima, mas con la prudencia necesaria para no quitarle algún órgano de los absolutamente indispensables para la vida pues si muriese antes del tiempo, también la larva moriría de hambre.

Al fin todo es comido, y en breve salen nuevos insectos a continuar su labor, en extremo perjudicial para el insaciable chupador de naranjos, que es vencido al fin, gracias a la rápida multiplicación del casi invisible amigo del hombre.

Curioso es recordar que el utilísimo insecto alado, en la mayoría de los casos sólo tuvo madre y en no pocos, ni siquiera abuelo ni aun bisabuelo.

Se admira cuán grande es Dios al contemplar los planetas y las estrellas, mas no parece menor al estudiar los átomos.

(1) Chrysomphalus dictyospermi. Piojo rojo.

(2) Entre los afelinos, que son parásitos en el interior del piojo rojo, figura el “Coccophagus lunulatus”, y al exterior el “Aphellinus crymsophali”; éste, descubierto por el famoso entomólogo español Don Ricardo García Mercet.

FELIZ NAVIDAD, CAMINANTES

Camino es una palabra que sugiere un montón de imágenes, metáforas, pensamientos…

Los senderistas disfrutamos caminando por las corredoiras, pistas, senderos, mientras escuchamos el chasquear de nuestras botas sobre la blanda tierra, nos dejamos acariciar por la suave brisa que “abanea” los carballos, castiñeiros, pinos y eucaliptos de nuestros montes. No nos importa empaparnos con los fuertes aguaceros ni enfrentarnos a los duros temporales. Gozamos caminando…

Pero hay otros caminos… los caminos de la vida, senderos por los que van nuestras preocupaciones, nuestros sueños, nuestra vida diaria, que se mezclan, se cruzan o se alejan de los de las otras personas, unas pocas conocidas, la inmensa mayoría anónimas.

Caminos de guerra como los de Irak y Palestina, caminos de miseria en la atormentada África, caminos de opulencia como los de Europa y USA, caminos solitarios por los que deambulan los que solamente se preocupan de sí mismos… caminos solidarios de los que piensan en los otros…

Desde este modesto portal de caminantes que es “Sendereando” y en estas fechas tan señaladas, hacemos votos porque todas las gentes del planeta encuentren los caminos de la paz, la dignidad, la riqueza y el bienestar compartidos.

Por un mundo mejor, Feliz navidad

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Por la sierra de «O Argallo»

Lunes, 28 de Noviembre de 2005
Adrián, Dietmar, Ángel, José

Recorrido: 22 Km.
Duración: 4 h.

Partiendo del santuario de San Campio de Lonxe, en Figueiró, Tomiño, al que le dedicaremos un articulito, porque se lo merece por su interés, avanzamos entre los viñedos y plantaciones de kiwis que se asientan en la ladera de esta sierra que, como una espina dorsal, separa la sierra de la Groba, con el valle de el Rosal por el medio, del río Miño, próximo ya a su desembocadura en Camposancos.

Pasamos por cerca de las bodegas de Terras Gauda y comenzamos la ascención, de unos 400 m. hasta llegar al mirador llamado «Niño do corvo» que está a lado de las antenas. Ahí contemplamos en el impresionante paisaje, cómo el «Padre Miño» se abre paso entre las tierras de Portugal y España, para entrar, solemne, en las aguas del Atlántico.

Después de seguir en horizontal por el espectacular balcón que es la pista que parte del mirador, comienza el descenso hasta el santuario, donde nos aseamos, mudamos de ropa y cocinamos un espléndido yantar.

Albariño, oro en la copa

Al fondo, el «mare tenebrosum»

Entre el Eifonso y Marcosende

Sábado, 3 de Diciembre de 2005
Adrián, Carlos, Héctor, Eduardo, Emilio José y José.

Recorrido: 14 Km.
Duración: 3 h.

Aparcamos los coches en un vial que deriva de la carretera que pasa por delante de la sede de la Asociación de vecinos de Beade. Monte arriba, llegamos a la autopista y, cruzando el puente poco más arriba, torcemos a la izquierda por la pista en cuya esquina hay un monumento a la plantación del Pinus Insignis, en 1998.

Seguimos hasta el parque forestal donde tomamos la fruta. Después bajamos hacia el río Eifonso, nos acercamos a su hermosa cascada junto al molino, para que la vea Héctor, que es la primera vez que viene por aquí. Seguimos descendiendo y, al poco rato, regresamos a los coches.

Apenas encontramos setas: algunos cantarelus, un coprinus… y para de contar. Por esto de las setas, andamos un poco más despacio que lo acostumbrado.

DOS GRUPOS DE SENDERISTAS

Somos ciudadanos de Vigo, aficionados, como es lógico, al senderismo. Formamos dos grupos, ambos bajo el liderazgo de Adrían, nuestro guía, conocedor profundo de todos los senderos, vericuetos, corredoiras y carreiriños que serpean por los montes y valles que rodean este enclave bellísimo de la Ría de Vigo.

Formamos dos grupos: uno, denominado Caminata Sabatina, que se reune los sábados, a las nueve, en el Paseo del Padre Lorenzo, detrás de la iglesia de Nª Sra. del Carmen, de los Padres Carmelitas. Desde allí, guiados por Adrián o por quien le sustituya en su ausencia, hacen recorridos por los montes que rodean la ciudad, con una duración de unas tres horas proximadamente, de manera que las marchas terminan antes de la hora de la comida.

El otro grupo, al que le hemos puesto el nombre de Los Lunes al sol, en recuerdo de la famosa película que protagonizó Javier Bardem y cuya acción se desarrolla en la ría de Vigo, está compuesto por cuatro o cinco jubilados y algún asimilado.