La última vez que pasamos por aquí fue en diciembre del 2012. En aquella ocasión la ruta fue de 25 Km. pero ahora la hemos recortado a la mitad, pues las caminatas de los sábados son matutinas y el tiempo disponible no da para más.
Andoriña o anduriña es la voz gallega para la castellana golondrina o andorina y, como nombre de mujer, gozó de cierta fama en los años sesenta con la canción de Juan Pardo que hablaba de aquella muchacha, Anduriña, que se había escapado de su hogar. La versión de Juan y Junior le gustó mucho a Picasso que hizo un estilizado dibujito para la portada de su disco.
Es un ave de campo abierto y quizá de ahí le venga el nombre a este paraje que se encuentra no lejos de Fornelos de Montes, poco después de Bustelo, una aldeíta perdida en estos montes de la sierra del Suído.
Con algunos chubascos y algún rayo de sol que se colaba entre las abigarradas nubes, recorrimos estos agrestes lugares en cuyo interior se halla, como escondido, este encantador rincón a donde se llega a través de una frondosa carballeira, entre altos helechos y rocas cubiertas de espeso musgo.
En sus alrededores se pueden visitar un foxo do lobo y el Coto de Eira, cosa que haremos en otro día en el que dispongamos de más tiempo.
Ya vuelven los charcos
Desbrozando el camino
La caminata comienza con una fuerte ascensión
Peto de ánimas en Bustelo
Capilla de San Caetano
Carballeira de entrada al Chan da Anduriña
Una poza misteriosa
Desde la poza
Los montes de Ventín
Foto de familia
Datos de la ruta
Distancia
Duración
Dificultad
Tiempo
12,460 Km.
3 h. 31 min.
Media
Chubascos
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En enero del 14 estuvimos por aquí haciendo esta misma ruta aunque en esta ocasión hemos variado su trazado sensiblemente pero conservando sus dos puntos principales: el monte Xesteiras y la fervenza de Parafita.
El primero es un pico de 714 m. de altura situado en la parroquia de Setecoros, en Valga, desde el que en días claros y soleados como el de hoy se contempla parte de la ría de Arosa, Santiago de Compostela, Padrón, Cuntis y A Estrada. Para llegar hasta allí iniciamos la caminata en la zona recreativa de As Laceiras pasando por Requián y su espléndida carballeira y siguiendo monte arriba, en larga ascensión, hasta alcanzar la falda del Xesteiras cuya cima conquistamos después de salvar las fuertes rampas que son la alternativa a la pista que lo rodea, más larga y llana.
Después de un corto descanso allá arriba para contemplar la espléndida panorámica de sus alrededores y hacernos la foto de familia, iniciamos el descenso, que también es largo, coincidiendo en algunos tramos con el Camino Portugués en el que nos cruzamos con unos cuantos peregrinos.
Ya en Valga, paramos en la Parrillada O Castro, restaurante frecuentado por camioneros, en donde nos atienden con los contundentes platos propios de estos establecimientos.
Aunque ya estamos en los comienzos del otoño, pega fuerte el calor del que nos libramos al bajar de la carretera al sendero que nos lleva a la fervenza de Parafita o Raxoi que, a pesar de este tiempo de sequía, aún conserva parte de su prestancia.
No presenta la formidable estampa de aquel enero, cuando las lluvias eran abundantes, pero corre agua suficiente para formar un par de hermosas cascadas en el mismo umbrío paraje de frondosa vegetación permitiéndonos recorrer todo el sendero hasta llegar a la pista forestal sin necesidad de regresar al inicio como ocurre cuando las aguas van altas y es obligado desandar el camino para salir de allí.
Quedan un par de kilómetros para alcanzar el punto final en el citado lugar de As Laceiras en donde un original poste indica que hacia el norte se encuentra A Pedra da Serpe, una roca megalítica de las que tanto abundan en por estos lares en la que hay insculpidos algunos petroglifos. Allá nos vamos tres de los que aún nos queda fuelle para recorrer los cuatro kilómetros que nos separan del citado monumento que consiste en un gran roca en la que está grabada la gran serpiente que da nombre a la piedra y dos espirales. Como ocurre con indeseada frecuencia, los vándalos han llegado hasta aquí para destrozar el panel explicativo, que con la roca no pudieron.
Aún el sol está bien alto cuando regresamos al sitio de comienzo y fin de esta ruta que, una vez más, nos ha hecho disfrutar de los hermosos parajes que nos ofrece nuestro país y del placer de senderear con estos buenos amigos.
Iglesia de Nª Sª de la Salud
Carballeira de Requián
Subiendo al Xesteiras
La bahía de Marín desde la cima
A 714 m. de altitud
Hito en el Camino Portugués
Rematando la vendimia
El monte Xesteiras
Memoria de una retirada
A Pedra da Serpe
Datos de la ruta
Distancia
Duración
Dificultad
Tiempo
25,680 Km.
7 h. 38 min.
Difícil
Soleado
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El río Muiños es corto, de caudal modesto aún con las lluvias a favor, poco más que un regato, pero fluye solitario e independiente desde los altos de Camos hasta el mismo mar.
Ríos mucho más grandes como el Sil y otros de mucho más porte han de entregar sus aguas, humildemente, a los ríos mayores mientras este pequeño David de Nigrán no entrega su modesto caudal a nadie que no sea el Goliath de los mares, el océano Atlántico con el privilegio, además, de ser él quien marca la frontera entre las dos playas que forman el maravilloso arco de la ensenada de Baiona, la de Panxón y la de Playa América, antes Playa Lourido tras capear la presión urbanística y ambiental que lo agobia, colándose entre polígonos industriales, complejos deportivos, autopistas y carreteras
Lo hemos recorrido de abajo arriba y de arriba abajo partiendo de su desembocadura entre las dos playas mencionadas hasta enlazar con la Senda de Os Matos, una precioso camino por las orillas del Muiños con la frondosidad propia de estos parajes por los que baja el pequeño río entre los muiños que le dan nombre, bajo pasos y pontellas como la de Gacholo, encantadoras pasarelas de piedra que permiten atravesar el río por los lugares estratégicos que antiguamente necesitaban los usuarios de aquellos ingenios para transportar los sacos grano o de heno cargados sobre sus sufridas espaldas.
Después de rematar la Senda dos Matos de casi 5 Km., nos acercamos a la iglesia de Santa Baia, en Camos, para retomar el camino por el que vinimos en las primeras horas de la mañana y regresar al punto de partida y desde allí a la casa de José donde, como es ya costumbre al remate del verano, hacemos un receso para preparar el churrasco en sus variantes de cerdo y ternera, con sus chorizos criollos y el pollo de Rebón de los que ya no se catan que trajo José Luís, seguido de tarta de Santiago, cañas de Extremadura aportadas por Ángel y un delicioso bizcocho cuya autoría no me está permitido desvelar, todo regado con riojas y albariños de categoría.
En fin, un festejo gastronómico que reclamaba a estos esforzados senderistas unos cuantos kilómetros de alivio por lo que decidimos acercarnos a los pinares de Monteferro desde cuya Punta Maleda se contempla el hermosísimo cuadro de la bahía de Vigo, con las islas Estelas a nuestros pies, Baiona al fondo a la izquierda y Vigo a la derecha, completando tan preciosa estampa las islas Cíes que parecen flotar entre Cabo Silleiro y Cabo Home en esta tarde de mar en calma y cielo impoluto de intenso azul.
Así despedimos este verano que hoy, 21 de setiembre, da paso al otoño en el que continuaremos con nuestras caminatas para disfrutar un año más de las agradables sensaciones y hermosas escenas que nos deparará esa bella estación.
Senda del río
Pórtico del Pazo de A Touza
A la orilla del Muiños
Un tramo del río
Sigue la senda
Entrando en el mar
A punto para hincarle el diente
Delicias extremeñas
Islas Estelas
Las antiguas baterías de Monteferro
Islas Cíes
Punta Lameda
El Faro de Punta Lameda
Pinares de Monteferro
Datos de la ruta
Distancia
Duración
Dificultad
Tiempo
25,000 Km.
7 h. 18 min.
Fácil
Soleado
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En este lunes nos hemos venido muy cerca de la ruta de la pasada semana para repetir la VI Andaina del Concello de Cenlle que se celebró el pasado mes de marzo en favor de la infancia. La hemos iniciado en la parroquia de Barbantes, en las orillas del Miño para, alejándonos del río, subir por la cercana calzada romana de la que aún se conserva parte de su pavimento original hasta la ermita de San Trocado, siempre por caminos y pistas forestales desde cuyas alturas contemplamos de vez en cuando el gran río embalsado en la presa de Castrelo, bien visible desde estos parajes.
Aprovechando el abrigo que nos ofrece la capilla, paramos allí para reponernos del esfuerzo y defendernos de la repentina bajada de temperatura propiciada por el fino orballo que cae sobre la colina. Afortunadamente, una vez, iniciado el descenso, el ambiente mejora y desaparece la amenaza de lluvia y de frío.
Pasamos por una vieja mina de wolframio ahora abandonada pero que tuvo su apogeo en la 2ª guerra mundial debido a la demanda de este elemento para la fabricación de armamento para seguir cuesta abajo hasta la Cova da Moura, un túnel que parece ser que tuvo que ver con la explotación del oro que arrastraba el Miño en tiempo de los romanos.
Ya estamos en Laias.
Polas ribeiras de Laias
baixa o Miño entre viñedos
cantando unha ribeirana
con saibo de amor labrego.
Son versos de Víctor Campio Pereira, natural de esta parroquia del municipio de Cenlle, en la margen derecha del río Miño. Sus manantiales ya eran conocidos en la época romana y dice la tradición que el rey Bermudo II, apodado «El gotoso», vino a estas aguas para curar su dolencia. Seguramente lo consiguió porque es fama que las aguas de estas termas con casi milagrosas.
A principios del siglo XX, sobre los restos de las antiguas termas romanas, se construyó un balneario que funcionó hasta la construcción del embalse de Castrelo en los años sesenta que sepultó la vieja construcción y las surgencias. Más tarde se construyó otro edificio, un poco más arriba, para residencia geriátrica ahora transformada en un moderno balneario que fue el que escogimos para nuestra parada habitual a la hora del yantar.
Pero antes de entrar en el restaurante y como preparación para la agradable reunión que allí nos esperaba, una vez revestidos de gorro, bañador y chancletas, pudimos disfrutar de un fantástico hidromasaje a base de los variados chorros en intensidad y dirección que en la piscina termal repasan lumbares, cervicales, rodillas y hasta la planta de los pies con el resultado de una puesta a punto espectacular que nos deja como si en vez de haber recorrido casi 20 Km. por el monte hubiésemos estado paseando por las estancias del balneario toda la mañana.
Después, en un ambiente relajado y distinguido, no por nuestra indumentaria más bien desaliñada y montaraz sino por el ambiente y el servicio, nos sentamos en la elegante mesa que nos tenían preparada para degustar un excelente menú.
Abandonamos el balneario por la senda que, bordeando la orilla del río durante unos 3 Km., nos lleva a Barbantes en cuyas inmediaciones habíamos iniciado esta especial jornada de senderismo y termalismo.
Inicio de la ruta
Por los montes de Cenlle
El río desde San Trocado
Al fondo, Castrelo de Miño
Senda hacia el balneario
Antiguo lavadero
Preparados para el festín
Todo estaba estupendo
Presentación esmerada
Listos para regresar
Iglesia de Laias, pegada al balneario
Un remanso del MIño
Datos de la ruta
Distancia
Duración
Dificultad
Tiempo
21,700 Km.
6 h. 31 min.
Media
Nublado
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Fue sicario, un malhechor, quizá un asesino que arruinó más de una vida por dinero, anduvo metido en turbios negocios que hoy, muchos años después, lo han convertido en titular de una jugosa fortuna. Ahora está sentado tranquilamente a la puerta de su casa acariciando con suavidad a su viejo mastín. Su barba entrecana, sus pobladas cejas y su abundante cabello le confieren cierto aire patriarcal. Está bien considerado por sus vecinos que desconocen su pasado y a quienes saluda contemplándonos calmosamente con sus ojos de mirada fatigada.
Esta es la imagen que me sugirió el embalse de Castrelo de Miño objetivo de la ruta de este lunes. Un extenso lago de tranquilas aguas, quietas y brillantes como un inmenso espejo en esta tarde estival. Todo a su alrededor respira paz y sosiego. Llaman la atención las enormes torres eléctricas que se elevan sobre la superficie y la gran presa que retiene sus aguas bajo la iglesia románica de Santa María. Son los vestigios que nos recuerdan que no siempre fue así. Tras esa imagen de paz y dulzura se esconde una historia de violencia y desgarro.
Ocho mil personas fueron afectadas por las obras de la presa. Las mejores tierras del Ribeiro desaparecieron bajo sus aguas. El Miño perdió su riqueza piscícola. Fenosa e o proxecto do seu encoro, en 1969, matou o río e ese lugar para sempre. Eu penso que se podía facer doutra forma. O río Miño merecía outro trato…Hoxe non se hubera feito…(Secundino Lorenzo). Su construcción provocó, en plena dictadura, una de las mas sonadas movilizaciones campesinas de la época y airadas reacciones de conocidos intelectuales. El régimen abortó cualquier clase de oposición al proyecto y la obra se llevó a cabo como tantas otras, hijas de la fiebre hidroeléctrica de aquellos días.
Eso fue hace cincuenta años y ahora, al contemplar la hermosa estampa de las tranquilas aguas bajo un cielo de intenso color azul, pocos se acuerdan de la amarga historia que guarda su memoria.
No lejos del embalse se encuentra el lugar de Noallo de Abaixo, en el municipio de Castrelo de Miño. Desde allí iniciamos nuestra marcha hacia el Coto Novelle que, con su altura casi 700 m., constituye un privilegiado mirador sobre las tierras del Ribeiro. La primera parte del recorrido discurre entre viñedos cuyos racimos están casi a punto para la vendimia. Llegados al coto, nos detenemos allí para reponer energías mientras disfrutamos de la hermosa panorámica que nos ofrece el río Miño encerrado en el enorme embalse con la villa de Ribadavia al fondo escondida entre los montes que la rodean.
Bajamos por un accidentado cortafuegos a la pista forestal que nos lleva entre pinares hasta los aledaqños de la presa, no lejos del Club Náutico de Castrelo en donde hacemos un alto para disfrutar del esmerado menú que nos ofrece su restaurante, a las orillas del embalse. Como el calor aprieta y no hay prisa, aprovechamos su soleada terraza para echar una corta siesta que nos deja bien dispuestos para reemprender la marcha otra vez en medio de tierras de cultivo, casi siempre tierras de vino, como es natural en esta comarca.
Pasamos por los lugares de San Esteban y Souto, con sus viejas casas, algunas en ruinas, otras antiguas viviendas que aún conservan las tradicionales galerías acristaladas. De nuevo toca marchar cuesta arriba entre pinares para regresar al punto de partida y final de esta interesante ruta.
El oro del Ribeiro
Esperando por el pan
Coto Novelle
En el Coto
Bajada difícil
El embalse
Santa María de Castrelo de Miño
Menú del día
Náutico de Castrelo
Se camina entre viñedos
Viejas casas en Nogueiredo
Se regalan orejas
Torre de San Esteban
Aldea de Souto
Datos de la ruta
Distancia
Duración
Dificultad
Tiempo
24,280 Km.
7 h. 23 min.
Media
Soleado
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