Abundancia en la penuria

Parecía el far-west de la Galicia profunda de los años 40.

Pululaban por las veigas de Fontao agentes de la Alemania nazi, otros de la Gran Bretaña de Churchil, intermediarios  locales y extranjeros, todos tratando de conseguir la mayor carga de wolframio posible para alimentar la industria de guerra con ese mineral indispensable para aportar dureza y consistencia al acero de los cañones y otras armas de guerra.

Alrededor de las minas de  wolframio que ya existían en esa pequeña localidad de la parroquia de Merza en el municipio estradense de Vila de Cruces en el siglo XIX y que fueron abandonadas y recuperadas varias veces se construyó un poblado para los cientos de trabajadores que de todas partes acudían al reclamo de las minas en aquellos años de la posguerra española, años de penuria y escasez que en estos parajes y mientras duró la Segunda Guerra Mundial fueron tiempos de abundancia y hasta derroche por el dinero fácil que se obtenía del codiciado mineral.

Había cine, iglesia, tiendas, tabernas y salas de baile y hasta una tómbola de alegres señoritas y campo de fútbol. Todo esto se fue a pique cuando la guerra terminó y el wolframio dejó de interesar.

En el año 2000 y siguientes la Xunta de Galicia rehabilitó el poblado  que en la actualidad ha devenido en una urbanización en la que destaca el Museo da Minería que guarda muchos detalles y recuerdos de aquella época.

Pues ahí, en Fontao, hemos iniciado la ruta que, saliendo del poblado, nos lleva después de un corto tramo de carretera por caminos entre fincas y carballeiras hasta el cercano y archiconocido monasterio de San Lorenzo de Carboeiro, un antiguo cenobio  benedictino actualmente abandonado y en restauración situado a orillas del río Deza, en la parroquia de Santa María de Carboeiro, perteneciente a Silleda.

Seguimos por la orilla del río abandonándolo por las cercanías de San Pedro de Ansemil, una de las varias iglesias que encontramos en el    camino hacia el  río Toxa, afluente del Deza con el que se encuentra un poco más abajo después de despeñarse desde las alturas del monte de Pazos en una caída de 60 m. formando una catarata del tipo cola de caballo que convierte el lugar en un paraje  de mágica y misteriosa belleza.

Contemplamos la cabeza de la cascada desde el mirador que allí existe desde el que se contempla la profundísima garganta por la que se despeña el río. Dejando atrás el mirador hay que descender por un corto tramo de carretera para llegar al sitio en el que el río sigue su curso hacia el Deza después de precipitarse desde  allá arriba.

Seguimos por el río hasta su desembocadura  vadeando un largo puente metálico que nos mete de nuevo en el monte por un estrecho sendero que va a dar al barrio de A Carrixa que es donde se encuentra el restaurante O Refuxio.

Allí hacemos un alto para reponer fuerzas y descansar. Un menú del día variado que a unos, pimiento relleno de marisco y secreto con patatas fritas, satisfizo pero que a otros, empanada de bacalao y arroz de marisco disgustó, poco hecha la primera, frío y pastoso el segundo.

Poco más de tres kilómetros nos separan del antiguo poblado minero de Fontao hoy un conjunto de apartamentos entre cuyas calles unas niñas juegan al escondite  entre el silencio y la paz de lo que en otros tiempos fue trajín, diversión, duro trabajo, barullo  y trapicheo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,830 Km. 5 h. 56 min. Media Sol y nubes

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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