Reliquias viajeras

«Hai que crer nos santos, eu aínda sigo neste mundo grazas a Santa Minia»

Así se expresaba una romera que se había encomendado a la Santa de Brión y que después de cinco operaciones, había salido indemne. Por eso no falta nunca a la romería que se celebra en 27 de setiembre en su capilla de Pedrouzos que es donde se guardan las reliquias de la niña santa.

En la Roma del siglo IV estaba muy de moda torturar, martirizar, a la gente, aunque fuesen niños, para hacerles cambiar de opinión. En estos tiempos se usan otros métodos más sofisticados quizás.

La joven Minia, de quince años , asesinada por su fe, fue enterrada en las catacumbas de Santa Inés, al lado de la parada del metro del mismo nombre en la Roma de hoy.

Fueron descubiertas el 1763 y el papa Pio VI se las regaló al obispo Bartolomé Mendoza. Éste a su amigo D. Juan Francisco Arieta quien a su vez las trasladó a D. Tomás  de Anduaga, un próspero comerciante gaditano. Muerto el comerciante pasaron a D. Luís Finoquio que las entregó a un tal Luís Tobío, antiguo empleado del Sr. Anduaga y nacido en Lamiño, concello de Brión a donde regresó con las reliquias de la joven mártir.

Allí, en el lugar de Pedrouzos, capital del concello, logró que se levantara la capilla de Santa Minia donde se venera encerrada en un hermosa urna que contiene sus huesos y una ampolla con su sangre.

Pues fue Santa Minia, el incio y remate de la estupenda caminata de este lunes. El sol estaba alto en las primeras y frías horas de la mañana. Poco a poco fue atemperando hasta obligarnos a despojarnos de las ropas de abrigo. Pasa la ruta por pequeñas poblaciones y extensas carballeiras muy abundantes en esta zona, cuyo olor a «estrume» revela su traza ganadera, en sus grandes praderas en las que  pacen tranquilamente vacas y terneros.

Nos acercamos al embalse de Barrié de la Maza, un prócer coruñés muy nombrado en estos días por su intervención en el regalo del Pazo de Meirás el extinto Generalísimo.  Seguimos paralelos al río Tambre hasta la Pesqueira do Canal que, como otras, fue engullida por el embale. Un poco más adelante se encuentra la Fervenza do Pozo Negro, una hermosa cascada formada por el río Chavielos en su desembocadura en el Tambre.

Continuando nuestro camino, de nuevo entre desnudas carballeiras que pronto lucirán sus verdes copas, alcanzamos el lugar en el que se encuentran las ruinas del antiguo castillo de las Torre de Altamira en un promontorio desde el que de domina en toda su extensión  el valle de A Maía que abarca los concellos de Brión, Ames y Rois.

Desde ahí, después de atravesar un extenso eucaliptal llegamos a la carballeira de Santa Minia tras haber recorrido durante la mañana casi 24 Km. lo que nos lleva a desplazarnos, ahora con tracción mecánica, hasta el cercano Hotel Restaurante Casa Rosalía en donde somos atendidos estupendamente con un variado menú acompañado de un delicioso Ribera del Duero Crianza con el que nos obsequia nuestro querido Jaime, veterano caminante de la Camina Sabatina que, ahora jubilado, se ha incorporado a la troupe de Los Lunes al Sol.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,840 Km. 6 h. 20 min. Baja Soleado 

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Una iglesia y tres ermitas.

En San Martiño de Borela, parroquia de Cerdedo-Cotobade, existe un conjunto eclesial formado por una interesante iglesia barroca, rectoral y cementerio que se completa con una amplia explanada al otro lado de la carretera con palco y cruceiro en donde, el 16 de noviembre, se celebra la romería del santo titular. Hay magosto con castañas gratis y vino del país.

De ahí parte la caminata de este lunes. Bajamos desde San Martiño a las praderas que lindan con el río Borela por caminos tan encharcados que nos vemos obligados a regresar a la carretera hasta dar con el puente que cubre su afluente O Río Pequeno por un sendero que, en teoría, debería llevarnos al otro lado del monte de A Escorregada. Y eso hacemos pero sin sendero, ya que la mayor parte de ese tramo es todo tojo y piedras lo que endurece la travesía hasta que damos con la pista que nos lleva al Castro de Famelga.

Parece ser que hay allí vestigios del la Edad del Hierro aunque lo que se ve son unas cuantas rocas y maleza. En un día claro como el de hoy se observan las tres rías del sur de Galicia, el castro de A Peneda, el Monte Xeixo y la Sierra del Candán.

Ya en el llano, nos encontrarnos con la carballeira de Famelga, con su antigua escuela en la que estudió Antón Fraguas, ilustre polígrafo nacido en estos lares,  un peto de ánimas de 1825, la capilla de Canta Lucía, lavadero y zona de recreo. Seguimos en dirección nordeste por una amplia pista hasta dar con el lugar de O Pereiral y su ermita de Nª Sª das Neves, una vieja capilla de piedra que contrasta con el feo palco de cemento y bar que dan servicio el día de la romería.

Ahora toca bajar por la carretera que nos lleva hasta el puente que cruza el río Almofrei y acometer desde allí el tramo de la preciosa ruta de O Foxo do Lobo que cruza la aldea abandonada de Arufe hasta la carballeira de Martices en donde se halla la ermita de San Blas, parroquia de Rebordelo.

Metidos de nuevo en la carretera, no tardamos en llamar al portal de la Tapería Tente de Pé de la que en este mediodía somos únicos clientes. Una espléndida tortilla de patatas de generoso grosor y jugosa consistencia acompañada de sabrosa ensalada aplaca nuestras primeras hambres. Le sigue Carne ó caldeiro, que con sus patatas de la tierra, ternera de Cotobade, su poco de unto y pimentón de calidad  constituye todo un festín que se remata con un helado de vainilla de delicado gusto. Todo acompañado de mencía de la casa al que no hay nada que objetar.

Después de tan agradable pasatiempo bajamos al cercano puente del río Almofrei, en el lugar de Pozo Negro, en donde a pocos metros río arriba forma  la corriente  una hermosa cascada.

Toca volver a la carretera acometemos los cerca de cinco Kms. que, pasando por los lugares de Casás y O Pazo, nos separan de San Martiño de Borela, inicio y fin de la jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,130 Km. 6 h. 30 min. Media Soleado 

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Ondas do mar de Vigo

Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ai Deus!, se verra cedo?

Martín Codax

Desde la cima del Monte Coruto de Leboreiro en lo más alto de A Serra da Madalena, en pleno corazón de la hermosa villa marinera de Cangas do Morrazo, se contempla en un día soleado con el de este lunes una espléndida panorámica de las Rías de Vigo, Aldán y Pontevedra.

Seguramente que Martín Codax, el trovador vigués que anduvo por estas tierras allá por el siglo XIII y que cantó con emocionados versos a las ondas del mar de Vigo, no tuvo ocasión de disfrutar desde tan magnífica atalaya de la impresionante y bellísima estampa que ofrecen las tres rías

Hay que subir por un empinado y estrecho sendero a la cumbre del Leboreiro que seguramente no existía en los tiempos de Martín. Pero vale la pena el esfuerzo para poder disfrutar el mar en calma, bajo un cielo impoluto que presta su límpido color azul a las suaves ondas de un tranquilo mar que abarca las rías de Vigo, Aldán y Pontevedra.

Claro que antes de alcanzar este que fue el punto culminante de la jornada hemos tenido que recorrer unos cuantos kilómetros, ya que la caminata comenzó en el Monte de Varalonga, al oeste de la villa, no lejos de la playa de Liméns, el primero de los preciosos arenales que jalonan la costa canguesa hasta Donón e Hío.

Recorremos el sendero  que han habilitado no hace mucho en el Área Recreativa de Varalonga desde donde se contemplan hermosas vistas de la ría lo cual será frecuente a lo largo de toda la caminata. Bajamos a la zona urbana para trasladarnos a la parte  oriental en donde se encuentra la ermita de San Roque inicio de la ruta que cruza la pequeña Serra de O Nacente antesala de la de A Madalena.

O Castelo, O Balcón do Rei, O Trono da Raiña y el citado del Monte Coruto de Leboreiro constituyen magníficos miradores sobre las rías, por lo que el camino, entre bosques de pinos, eucaliptos y castaños, deviene en un entretenido recorrido no exento de rampas y bajadas pero fecundo en  miradores desde los que disfrutar de las hermosas estampas que nos ofrece tan excepcional entorno.

Ya en pleno descenso, desde el citado mirador del Leboreiro, llegamos hasta los Petroglifos de Abelairas, unas grandes rocas en las que nuestros ancestros de hace cuatro milenios han dejado constancia de su existencia mediante símbolos no siempre fáciles de descifrar. Llama la atención lo descuidado del lugar, con plásticos y desperdicios rodeando el yacimiento.

A partir de ahí continuamos la marcha por la ladera norte de la sierra para regresar al punto de partida después de los más de 21 Km. de recorrido, rematando la jornada en la terraza de El Bribón de La Habana, en el paseo marítimo de Cangas.

Unas sabrosas brochetas de rape acompañadas de un rico  albariño, oro en la copa, ponen el broche final a esta espléndida mañana de Marzo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,530 Km. 6 h. 20 min. Media Soleado 

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Alarma en el Galiñeiro

Es sabido que, a lo largo de los años, los ríos y montes de nuestra tierra han sido objeto de todo tipo de desafueros y agresiones unas veces por ignorancia, otras por puro negocio. Un ejemplo bien claro lo tenemos aquí, cerca de nuestra ciudad, en la Sierra del Galiñeiro.

Plantaciones de especies foráneas que se han cargado las autóctonas, canteras, algunas abandonadas, incendios que han asolado gran parte de sus laderas, ahora yermas y desnudas de arboleda. Y por si esto fuera poco ensombrecen aun más su futuro proyectos para la instalación de generadores eólicos y explotaciones en busca de las llamadas «tierras raras».

Todo eso en la zona norte de la sierra porque la sur, la del Aloia, fue declarada Parque Natural en 1978 quedando desde aquellas fechas a salvo de todas esas amenazas.

Instituciones como la Comunidad de Montes de Vincios y otras han dado el toque de alarma ante tan sombrías perspectivas y esperamos que consigan mantener la sierra libre de semejantes peligros.

Los caminantes de Sendereando, veteranos veteranos andarines por los agrestes parajes de esta sierra que se se extienden desde la localidad gondomatreña de Vincios hasta los aledaños de la ciudad de Tui, hemos sido testigos de la transformación del paisaje en el entorno del Galiñeiro, en el  que ha desparecido la arboleda modificando su orografía hasta el punto de que senderos que serpenteaban entre la vegetación son ahora irreconocibles mimetizándose con la rala superficie replantada ahora con los brotes de las nuevas especies que aún tardarán muchos años en convertirse en la masa forestal de antes de los pavorosos incendios del 2017.

Aun así, dentro de tanta desolación, hemos disfrutado de preciosos lugares como O Rego de Chenlo a su paso por la localidad de Filgueiras, al este de la sierra. En esta temporada de lluvias baja el regato desde ls alturas del Galiñeiro para entregar su caudal al río Louro. Como suele ocurrir, el río se precipita en saltos y rápidos que lucen su blanda espuma y brillantes aguas por pequeñas cascadas entre los consabidos muiños que en otro tiempo aprovechaban su energía para mover muelas y rodicios.

Seguimos por O Rego de Chenlo, monte arriba, hasta cerca de su nacimiento no lejos  del lugar de Saramagal, unas pocas casas rodeadas de verdes prados. Allí abandonamos el río para meternos por pistas forestales tocando el PR G-2 que va al Aloia y desviándonos hasta alcanzar la zona arqueológica de Auga da Laxe, unas grandes rocas en las que nuestros antepasados de hace cuatro mil años han dejado constancia de su paso en los petroglifos que, fijándose con atención, se aprecian en su superficie.

Enfrente se alza la mole rocosa del Galiñeiro, topónimo que según los expertos nada tiene que ver con nuestros domésticos gallos o gallinas sino que tiene su origen en el tema prerromano *kal(l)-, cuyo significado sería «roca o peñasco».

Con unas cuantas vueltas más por pistas y senderos finalizamos la feliz jornada de este lunes.


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Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,030Km. 5 h. 45 min. Media Chubascos 

Un tesoro escondido

En estos tiempos de confinamiento, encerrados en los límites de nuestro municipio, no tenemos otra opción que, si queremos evitar las repeticiones, buscar nuevas rutas en el reducido entorno en el que nos podemos mover.

En la urbe viguesa es muy frecuentado el paseo que discurre por las orillas del río Lagares al cual tributan dos afluentes: el Eifonso que tiene su origen en el Monte de As Lagoas, muy cerca de la Ciudad Universitaria, y el Rego da Barxa, más modesto y menos conocido, que nace en las proximidades del Alto de  Eixón, en la parroquia de Sárdoma.

Hay que caminar unos cientos de metros por el paseo del Lagares y desviarse un poco después de pasar por el polígono de Miraflores. Seguimos   un rato más entre naves industriales para abandonar el asfalto y encaminar la ruta por un sendero que nos lleva por los aledaños del Monde da Serra hasta las orillas del Rego da Barxa que en estos días de lluvias y borrascas baja  encajonado en la vaguada  con su cauce rebosante de agua, espuma y energía entre la frondosa arboleda, a la sombra de las altas acacias que filtran la luz de la mañana arrojando un sombra semioscura sobre las aguas del río que bajan alborotadas y brillantes como ondulantes láminas de  bruñido acero.

Nos acercamos hasta O Campo da Feira, una explanada en donde en otros tiempos se mercadeaba con ganado y productos de la tierra, cerca del campo de fútbol de As Relfas, en pleno centro urbano de Sárdoma, el cual abandonamos para bajar de nuevo al río y recorrerlo de arriba abajo. La ruinas de un viejo muiño en cuyo dintel está grabado el en año de 1.777 nos contemplan silenciosas y olvidadas en su solitario rincón.

Parece ser que existe un proyecto para crear un gran parque forestal por las riberas del Barxa que sería el más grande la ciudad. De momento lo que hemos visto ha sido una máquina taladora que ha arrasado una ladera del Monte da Serra lo cual puede ser un anticipo del citado proyecto. Lo cierto que su aspecto es ahora desolador, aunque también es verdad que la población forestal de este monte está formada por las invasoras acacias que, aunque dan lugar a hermosos bosques, son letales para nuestros montes por su facilidad para propagar incendios y su dominio del terreno impidiendo el crecimiento de otras especies.

Una vez recorrida la margen izquierda del río volvemos sobre nuestros pasos por la pista forestal.  Hasta hace poco era una hermosa senda pero es ahora un barrizal que las máquinas han hecho casi intransitable.

Subimos de nuevo al monte, ya en las lindes de la parroquia de Castrelos, caminando por los estrechos senderos que serpentean entre la frondosa y oscura arboleda hasta que de nuevo damos con el asfalto que nos conduce al puente de Moledo sobre el Lagares cuyo paseo recorremos para seguir por donde hemos venido y regresar a la calle Regueiro, en pleno casco urbano, que es donde hemos comenzado la ruta de este lunes.

Es O Rego da Barxa es un pequeño río de corto recorrido que pasa casi inadvertido en tiempos de sequía pero que en estos días de invierno se convierte en un paraje de espléndida hermosura,  casi escondido en medio de la gran ciudad, un regalo para los sentidos, un tesoro para los amantes de la naturaleza.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
14,290 Km. 3 h. 45 min. Media Sol y nubes

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