Flotando en la niebla, persiguiendo perdices o arreando ganado.

Lo de este sábado no tuvo pérdida. Fuimos pocos, es cierto, pero el recorrido fue pródigo en emociones y belleza.

Arrancamos del Monte Faro, en Valença do Minho, entre un paisaje que, a esas horas de la mañana, daba de impresión de que caminábamos aún por parajes más propios de un sueño que de la vida real, entre colinas emergiendo de la niebla, como flotando sobre ella, hasta que llegamos al Castelo da Furna, una impresionante aglomeración de enormes rocas desde donde pudimos contemplar la fantasmal estampa de las tierras entre Valença y Paredes de Coura ocultas por un espeso y blanco manto que poco a poco fue descubriendo ante nosotros, a medida que regresábamos,  entre  montes y valles, las pequeñas aldeas y pueblos que se extienden a lo largo de las riberas del Miño.

Nos acompañaba nuestra querida Piona, la perrita de Eduardo que, a pesar de no ser ya una jovencita, patea nuestros caminos incansable, sin renunciar, si se tercia,  a correr tras un par de perdices.

En estos parajes no es raro toparse con un rebaño de cabras, una manada de garranos, que es como llaman  aquí a las caballos autóctonos, o un grupo de fornidas vacas como las que obstruían hoy nuestro  paso, capitaneadas por una enorme de enormes cuernos que,  mirándonos  fijamente, parecía indicarnos que mejor nos fuésemos de allí. La cosa la solucionó Eduardo enfrentándose a la buena de la vaca con una vara de más de tres metros ante la cual reculó ella y sus compañeras que, mansamente, se retiraron monte arriba.

Nuestra intención era visitar la ermita de Santo Ouvidio y el monasterio de San Finns, ubicados ambos  en las estribaciones del Monte Faro, pero se hacía tarde y decidimos dejarlo para un próximo sábado.

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Cerros y colinas asoman sus cimas sobre la niebla, cendal flotante de leve bruma, que diría Gustavo Adolfo Bécker.

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Llegados al Castelo da Furna, foto bajo esa especie de seta esculpida por lluvias y vientos a lo largo de cientos de siglos.

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Una perdiz se pasea tranquilamente delante de nosotros. Al poco tiempo aparace otra y Piona se lanza como una bala tras ellas.

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La mirada de esta vaca no parece demasiado amistosa pero Eduardo la convence para que se de media vuelta y nos deje el paso expedito.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
Datos de la ruta 16 Km. 4 h. Media

Soleado

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

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