Altos de Domaio

Terminados los fuertes calores del estío, entramos en los templados días del otoño precursores de las duras jornadas del invierno. Para celebrarlo nos hemos acogido a la cálida hospitalidad  de Carmen y Antonio, dos de nuestros más veteranos y entusiastas andarines en cuya preciosa casa hemos disfrutado de un inolvidable banquete de cuya excelencia gastronómica y otros detalles hablaremos más tarde.

La caminata de este lunes se inicia en San Lourenzo, muy cerca de la vivienda de nuestros dos amigos, en los aledaños del campo de golf de Domaio, a los pies del monte Faro, un espléndido mirador de la ría de Vigo, viejo conocido de la tropa de Sendereando y de los innumerables visitantes que se acercan a esta atalaya hoy convertida en un complejo antenístico en cuya falda se encuentra la zona de esparcimiento de Chan  da Arquiña muy conocida también por el dolmen que preside todo el parque.

Antes de llegar hasta allí, hemos pasado por la aldea de Sobreira, una pequeña localidad que se encuentra en la ladera que mira a la ensenada de San Simón y en la que nos hemos encontrado con una sorprendente planta de tomates en forma de pera pendiendo de las ramas de un frondoso arbusto. Una simpática paisana nos explicó que eran dulces y muy apropiados para ensaladas. Seguimos caminando paralelos a la costa hasta llegar al Chan da Armada en cuyo centro se encuentra otro dolmen casi abandonado aunque no tanto como las mámoas cercanas que han sido engullidas por la maleza y que solamente expertos conocedores del lugar como nuestro colega Antón son capaces de identificar.

Cambiando la marcha en dirección oeste no tardamos en alcanzar otro parque forestal que alberga un curro, en donde se efectúa a rapa das bestas, un acontecimiento de honda tradición y que tiene lugar en los meses de verano en muchos de los montes gallegos. Un poco más de caminata monte arriba y llegamos al mencionado Chan da Arquiña desviándonos de nuevo hacia el este hasta llegar al Coto do Home, un balcón sobre la ensenada de San Simón que es también estación de parapente y desde donde se domina una inigualable panorámica que abarca desde las Salinas de Ulló, al fondo de la ensenada, hasta el puente de Rande  en el estrecho que la une a la bahía.

Ya en franca bajada hacia San Lourenzo bordeamos la hermosa y espectacular bahía de Vigo llegando en poco tiempo a la casa de nuestros amigos, después de haber agotado los primeros 20 Km. de la jornada. Empanadas de bacalao y zamburiñas, revuelto de setas, estofado de cordero acompañado de unos señores cachelos, tartas de higo y maracuyá, albariños y riojas, licores, caipiriña, cánticos da terriña y del pop tutelados por el acordeón de Dietmar y la guitarra de Antonio… ¿Que más se puede pedir?

Pues sí, se puede pedir más. Media docena de kilómetros de sobremesa, bajando desde la casa de nuestros anfitriones hasta A Poza da Moura y casi gateando por la formidable rampa del cortafuegos que nos conduce de nuevo al sitio en donde comenzamos la caminata. Allí llegamos cuando el sol se iba escondiendo por detrás del Monte Faro, envolviendo la bahía en los suaves tonos del ocaso mortecino.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,100 Km.  7h. 20 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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