Ajuar del senderista

Los orígenes de Sendereando como grupo de caminantes se remontan a más allá de los años ochenta del siglo pasado habiendo pasado por sus filas cientos de aficionados a este sano y gratificante ejercicio de patear valles y montañas. Algunos, pocos, aún venimos de aquellos tiempos y somos los más veteranos pero hay cientos que nos han acompañado en diversas etapas permaneciendo un período con nosotros y abandonando al cabo de un tiempo por las más diversas razones pero el grupo se mantiene siempre vivo regenerándose, reinventándose a si mismo continuamente.

Ocurre con frecuencia que los que se apuntan por vez primera a esta grata experiencia se admiran al ver cómo los más veteranos van equipados. Gorros, botas, parkas, camisetas. bastones, polainas, pantalones… Es que, advierten los más experimentados, senderear no es simplemente pasear. “Oh sí, yo camino bastante, 6 o 7 Km. todos los días por las calles tal y cual”.  Eso es pasear y para ello no hace falta ningún equipo especial. Pero cuando te enfrentas a caminos pedregosos, al calor, a la lluvia y a los temporales,  si no vas bien equipado el placer de caminar puede convertirse en una tortura.

Así que respondiendo a las preocupaciones de muchos de los que empiezan y preguntas que nos llegan a Sendereando ahí van unas cuantas sugerencias. Comenzamos por la cabeza y acabaremos por los pies.

Una visera ligera y repelente al agua no vendrá mal para protegerse del sol y del viento. Si hace frío las hay con orejeras y se ahorra uno las  bragas que son esa especie de bufandas cortas que protegen la cabeza el cuello y la boca. Si hace calor, el que esto suscribe mete un pañal por debajo de la gorra, de aquellos que se usaban antes de que aparecieran los modernos acolchados. Estos, que solo se encuentran en Portugal, están hechos  una tela muy absorbente  que se queda con todo el sudor que se produce en la largas caminatas al sol.

Si continuamos hacia abajo nos encontramos con la ropa de protección interior y exterior. Camisetas térmicas, polos transpirables, técnicos, de muchos y tipos y modelos. En cuento a lo externo la cosa es más complicada, sobre todo cuando llueve. Deben ser prendas ligeras porque, aunque al comienzo de la jornada puede hacer frío, a medida que el cuerpo va produciendo calorías la ropa comienza a sobrar. Hay que seguir el sistema cebolla, de capas. Mejor será vestir varias prendas ligeras que una sola e ir desprendiéndose de ellas gradualmente como si fueran las capas del mencionado tubérculo.

El mayor problema con las prendas de abrigo es la lluvia. Capas, parkas y chubasqueros los hay de mil modelos y calidades. Las prendas que tienen membranas microporosas que dejan pasar las moléculas de aire pero no las de agua según dicen los fabricantes además de ser muy caras acaban cogiendo un peso exagerado al mojarse aunque, eso sí, pueden resistir una columna de agua de 20.000m mm. y son bastante transpirables. Las capas y chubasqueros no pasan de los 2.000 mm. y producen bastante condensación en el interior por lo que se recomienda que sean de abertura frontal para ventilar cuando no llueve. En mi opinión lo mejor en tiempo de lluvia, si no hace mucho viento, es una de estas capas y un paraguas y llevar en la mochila un repuesto de la ropa interior.

Seguimos bajando y llegamos a los pantalones. Un poco más de lo mismo. Para tiempo de lluvia los hay muy caros con revestimientos interiores que los hacen muy pesados.  Los  de plástico impermeables para llevar por encima de los corrientes son muy incómodos.  Un seguidor de Sendereando que entiende de esto me recomendó unos pantalones especiales para senderismo, que aunque no son impermeables sí son bastantes resistentes al agua y transpiran al mismo tiempo. En tiempos de lluvia con estos y unas polainas, además del paraguas, va uno perfectamente.

Y por fin quedan las botas. Marcas y modelos hay un montón. Como con frecuencia pisamos sobre terrenos irregulares y llenos de piedras, es necesario que el piso sea moderamente duro y poco resbaladizo. El cuerpo de la bota debe ser semirígido y con membrana impermeabilizante  y transpirante. De esos también hay a mazo en el mercado. El caso es acertar con el modelo adecuado. Hay a quien le duran años y a quien le entra agua a los dos meses. De todas maneras es recomendable llevar siempre un par de calcetines de repuesto.

Otro día nos meteremos con los pertrechos tales como la mochila, bastones  y otros accesorios.

 

 

 

 

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