Retorno a Lansbrica

San Cibrao de Las es un poblado castrexo, fortificado y romanizado, que se encuentra entre los municipios de Punxín y San Amaro, en Orense, ocupando casi 10 Ha.  Su nombre original era Lansbrica y en su época de esplendor llegó a contar una población de 2.000 o 3.000 personas. Parece ser que en los años 50 muchas piedras de este yacimiento fueron sustraídas por vecinos y otros para hacer casas, vallas y carreteras.

Aun así, lo que queda de aquel asentamiento, llamado también A Cidade, es impresionante. Extensos muros defensivos con varias entradas, algibes, fuentes y los restos de las antiguas viviendas en las que se aprecian lo que fueron  cocinas, hornos, molinos y estancias dando una idea de cómo sería la vida en aquellos lejanos tiempos, desde el siglo II a. C. hasta el siglo II.

Ése era el principal objetivo de la caminata de este lunes  de manera que allí hemos llegado a primeras horas de la mañana cuando el sol, bien en lo alto, iluminaba el recinto evocando con sus claros y sombras, en el limpio silencio del momento, el ajetreo de la vida diaria de nuestros ancestros, el rumor de sus fuentes, el bullicio de los niños, o el estrépito de las armas en tiempos de pelea.

Es como si desde nuestro siglo XXI hubiésemos regresado a la Lansbrica castrexa y casi romana.

Aún con nuestra imaginación sumida en tiempos tan lejanos, abandonamos el castro para continuar nuestra ruta por las localidades de Ourantes y Ventosela. En Ourantes nos llama la atención su iglesia barroca, los muros que alojaban su antigua rectoral y su espléndido cruceiro.

Seguimos entre pinares, mimosas, carballeiras y tierras de labor hasta dar con la calzada romana de Barbantes por la que  descendemos hasta la orilla del río Miño en su versión embalse de Castrelo continuando por el hermoso paseo fluvial que nos lleva hasta el balneario de Laias en donde, despojados de nuestras mochilas y ropas de andar, embutimos nuestras salerosas anatomías en sucintos bañadores para sumergirnos en la salutíferas aguas del establecimiento termal.

Una vez bien mineralizados y masajeados por los chorros que nos acechan desde las paredes del estanque recuperamos nuestra indumentaria y nos desplazamos a restaurante de cuyo bufé nos servimos primeros, segundos, postres y bebidas pasando a la cafetería para las infusiones y licores. Que, aunque senderistas y gente de brega con las botas y bastones, no renunciamos a los placeres que la vida nos ofrece.

Dejando atrás el contorno de tan agradable lugar emprendemos el regreso que, en penitencia por las pasadas holganzas, nos impone una larga ascensión por los cuatro kilómetros que nos separan de la ribera el Miño hasta las estribaciones del monte en donde se encuentra el lugar de Xinzo, punto final y también comienzo de la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,770 Km. 6 h. 40 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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