Llueve en Santiago

Los ríos Sar y Sarela abrazan a Santiago. El primero por el Este y el Sur; el segundo, por el Norte y el Oeste. De ahí el popular dicho santiagués: “entre el Sar y el Sarela, está Compostela”. Son ríos que nacen a las afueras de la ciudad, uno en San Lázaro y otro en la ladera oriental del Monte Pedroso, pero como esta tierra es tan pródiga en agua, apenas surgen del manantial se convierten en verdaderos ríos. El vocablo “sar” procede del antiguo germánico, viene a significar corriente de agua.

Iniciamos esta ruta en el lugar de Sarela de Abaixo. Desde aquí hay una buena vista sobre la ciudad, aunque el día no es el mejor para disfrutar del paisaje. Justo a 2 km hacia el Este, destacan las tres torres de la catedral y,  por delante, el Palacio de Raxoi, con las ventanas iluminadas, a estas horas aún está amaneciendo.

Tomamos dirección nordeste, atravesando la Selva Negra, que poco tiene que ver con la homónima de Suabia en Alemania, o acaso sí. Los suevos, cuyos guerreros se rodeaban la cabeza con la trenza del cabello, se afincaron en Gallaecia, creando el primer Estado altomedieval del occidente europeo y en Santiago poseían una ceca o fábrica de moneda. De esta finca hay documentación desde el siglo XVII. En el 2007, el Consorcio de Santiago se la compró a los herederos y hoy es un parque público.

Más arriba, atravesamos la “Granxa do Xesto”, otro lugar de esparcimiento de Monte Pedroso. Desde allí nos dirigimos a la cima, rodeados de la niebla que empieza a bajar y envolvernos. Toca ahora bajar por la vertiente Este del Pedroso. Casi de repente, el terreno granítico da paso a los esquistos y a las formas planas y suaves. El substrato de esquistos provoca la aparición de una tierra parda y fértil. Es la tierra donde se dan las mejores nabizas y grelos de la comarca santiaguesa.

Después de tomar el tentempié de las once, discurrimos por una zona planoconvexa que sirve de divisoria de aguas entre las cuencas del Tambre (al Norte) y del Ulla (al Sur). Enseguida llegamos a la orilla del Sarela, que todavía es un río juvenil de metro y medio de ancho, y ya no lo dejaremos hasta prácticamente el final de la ruta.

El río Sarela, protagonista de la ruta de hoy, fue un pilar muy importante de la economía de Santiago. En sus márgenes se asentaban no pocas fábricas de encurtidos, en apenas 10 km que tiene el río. Estas fábricas se mantuvieron a duras penas hasta la primera mitad del siglo XX, cuando ya no fue rentable obtener los taninos necesarios para el proceso de encurtido a base de machacar los brotes jóvenes de los robles. Cada primavera, chavales y no tan chavales, no dejaban un brote nuevo en los robles de la zona próxima a una curtiduría, era una fuente de ingresos estacional, pero los árboles quedaban en pésimas condiciones para subsistir.

De todas estas fábricas destaca la de Santaló, en Pontepedriña. Precisamente, la ruta pasa por el lateral de una gran nave, que actualmente está restaurada y rehabilitada por la Fundación Laboral de la Construcción, salvándose así de la ruina y dando ocupación a los empleados que hoy trabajan allí en otros menesteres.

No lejos de allí, atravesamos el río y llegamos a la Parrillada O Bo Xantar, donde reponemos fuerzas. Con un menú de 9 € muy digno, previamente acompañado por una bebida y unos muy abundantes entrantes de empanada y jamón serrano. La comida estuvo acompañada de unas botellas de buen Rioja con las que nuestro compañero Humberto tuvo a bien obsequiarnos por el día de su cumpleaños, como por otra parte es preceptivo en esta asociación.

Al salir del local, nos esperaba una lluvia persistente que ya no nos abandonó en el resto del camino, acompañada con algo de viento fresco, por lo que no pudimos disfrutar del precioso entorno.

Nos aproximamos a la ciudad en la zona de Santa Isabel y luego, siempre siguiendo al Sarela, atravesamos pasajes con numerosas edificaciones en ambos márgenes, no sólo de antiguas fábricas o molinos, si no también de viviendas, aunque el lugar, húmedo y sombrío, no parezca el más idóneo para vivir. Estas ruinas son mudo testigo del entramado económico que en otro tiempo se articuló a lo largo del Sarela y que contribuía a la riqueza de Santiago.

Llegamos a la altura de Chouciños, giramos 90º a la derecha y nos dirigimos al barrio de Sarela de Abaixo, donde termina esta bonita ruta y nos esperan los coches que nos llevarán a casa.

Participantes: Antón, Cristina, Dietmar, Elvira, Humberto, Manuel, Moisés, Miguel, Silvia, Torres.

Texto de Miguel

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,340 Km. 6 h. 6 min. Media Chubascos 

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