Arrecia la canícula

“Sangre, sudor y lágrimas, es todo lo que os puedo ofrecer”,le espetó Winston Churchill a sus compatriotas avisándoles
de lo que se les venía encima si entraban en guerra con los alemanes.

En la caminata de hoy no hubo lágrimas ni sangre pero sí sudor, no del que hablaba Churchill refiriéndose al sufrimiento, sino sudor físico de ese que, deslizándose por la frente, recorre todo el cuerpo empapando desde la camiseta hasta el calcetín.

Y es que en este lunes de la penúltima semana de agosto, después del julio más nublado de los últimos treinta años, la canícula arrecia y el calor aprieta por las pedregosas pistas que serpentean por los montes que rodean la parroquia oiense de Loureza en nuestro camino hacia los muiños del Picón y del Folón, los dos riachuelos que dan nombre a la serie de los 60 ingenios, 36 el primero, 24 el segundo, que desde hace más de 300 años fueron construidos a lo largo de sus cauces y que hoy son una de las más importantes expresiones del patrimonio rural gallego.

Para llegar a tan pintoresco lugar bajamos hasta el río Tamuxe hasta su cruce con el río da Cal, un poco antes del puente que nos lleva por un corto tramo de carretera hasta el camino de la que se desvía monte arriba para conducirnos, una veces a pleno sol otras bajo la sombra de la escasa arboleda, hasta el inicio de los citados Muiños do Picón en uno de los cuales nos detenemos para dar cuenta de un pequeño refrigerio que buena falta nos hace para lo que nos queda de camino.

Dejando atrás los Muiños do Picón, do Folón y los de O Nivel , seguimos monte arriba hacia el este, al encuentro del río da Cal cuyas escasas aguas bajan desde el Monte Valga, en Loureza, por un profundo desfiladero formando preciosas pozas en el lugar donde se hayan los viejos Muiños do Calán.

Los incendios habidos en el 2005 y posteriores han arrasado estos parajes en los que hoy predomina el pino joven y el eucalipto por lo que nos quedan largos tramos de marcha a pleno sol.

Solamente al llegar a la aldea de Santa Comba nos topamos con el sendero de bajada profusamente protegido por la frondosa arboleda que da sombra al  camino que nos lleva hasta el punto de final y también inicio de esta hermosa ruta que finaliza con un gratificante chapuzón en las mansas aguas de la piscina natural que forma el Tamuxe a su paso por el puente de Loureza.

Rematamos la jornada en la cercana Casa Paco, en Torroña, vieja conocida de este grupo de senderistas a los que nunca defrauda como en esta ocasión en la que calidad, atención y precio son marca de la casa. No se puede tener más por menos. Paté de foie, salpicón, un espléndido codillo y riquísimas filloas por el módico precio del menú del día.

Regresamos a nuestros hogares cruzando los montes montes de A Groba con maravillosas vistas de la ensenada de Baiona, las Islas Cíes y Monte Ferro, sorprendidos por la cantidad de garranos y vacas refugiados bajo la sombre de los pinos, resguardándose del agobiante calor que el implacable Lorenzo está dejando caer sobre estos territorios.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,470 Km. 5 h. 11 min. Media Soleado 

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