Un mar de rocas

Cuando iniciamos la marcha en el puerto de A Guarda aún había espacios libres en el aparcamiento, sus numerosos restaurantes estaban cerrados y comenzaba a percibirse una tímida actividad en las casas y calles adyacentes.

Dejando atrás las tranquilas y azules aguas de la ensenada, atravesamos el centro de la villa para tomar la carretera que nos lleva a la vecina parroquia de Salcidos en donde destacan sus dos templos muy cerca uno del otro: el parroquial de San Lourenzo y el santuario neogótico de San Roque.

Atravesamos la carretera que va a Tomiño para continuar por las empinadas rúas de la parroquia y alcanzar monte arriba la pista forestal que, partiendo de la Casa Forestal de Salcidos, nos llevará hasta A Cruz da Portela en lo alto del Monte Torroso desde cuyo merendero, en el cual nos detenemos para el obligado refrigerio de la mañana, se contemplan unas majestuosas vistas el océano.

Desde ahí hemos de salvar  una empinada bajada por el monte para llegar  hasta el lugar de Portocelo, muy pegado a la costa, contra cuyas rocas baten suavemente las  olas festoneadas de blanca espuma en esta hermosa y clara mañana. Panorama bien distinto de los días de temporal en los que el mar furioso embiste con temibles olas las enormes lajas que bordean las costa desde este lugar hasta la villa guardesa.

Como en otras ocasiones, nos hemos hemos decidido abandonar la pista por la que discurre el camino de Santiago y continuar nuestra marcha por encima de las enormes piedras que se extienden desde el monte hasta el mar aprovechando la marea baja que deja al descubierto esas inmensas losas que, combinadas con otras rocas más pequeñas, dificultan la marcha por tan irregular sendero que pone a prueba nuestras rodillas y nuestra agilidad, ya que es fácil resbalar y darse un buen porrazo.

Sin incidencia alguna que resaltar, sorteamos los accidentados vericuetos que nos deparan tan hermosos parajes para reencontrarnos con los habituales senderos que, flanqueados por viviendas y chiringuitos, nos llevan hasta las viejas y abandonadas cetáreas Atiña y Redonda, ya muy cerca de la playa de Fedorento hoy muy concurrida después de tantos días de cielos encapotados.

Pasada la playa tomamos el paseo peatonal que acaba en el puerto, a los pies del monte San Trega en donde comenzó y finaliza la ruta de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,470 Km. 5 h. 24 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.