Rodeando A Peneda

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Lunes, 3 de Diciembre de 2007
Adrián, Ángel, Carlos, Dietmar, Isidoro y José.
Recorrido; 22 Km.
Dificultad: Media.
Duración: 5 h.

A Peneda es un monte en forma cónica que se eleva como un enorme embudo puesto al revés entre los los concellos de Redondela y Soutomaior. En su cima, que tiene una vistas espléndidas sobre la ensenada de San Simón, en la ría de Vigo, hay una ermita, un cruceiro y restos de un castillo.

Con el nombre de A Peneda existen bastantes lugares en el resto de Galicia y norte de Portugal. No lejos de aquí, de Vigo, en el río Arnoia, está la roca de A Peneda, objeto de fuerte polémica a causa de la minicentral que se quiere instalar en tan bello paraje. En Monterroso, Lugo, también tenemos el complejo turístico de A Peneda, y en Portugal el parque nacional de Peneda-Gerês, en la frontera con Entrimo, provincia de Orense, entre otros.

Pero a lo que íbamos. A Peneda que nos ocupa aquí es la de Redondela/Soutomaior. Dejamos los coches en el aparcamiento que hay al lado de la iglesia parroquial, en Soutomaior y a unos dos cientos metros tomamos un vial a la derecha que discurre por el GR-58 o Sendeiro das Greas. Si seguimos las marcas blancas y rojas que jalonan este sendero de gran recorrido, llegaremos a O Viso.

También podemos acortar entrando en el monte, tomando una pista que rodea A Peneda, dejándola siempre a nuestra izquierda y llegaremos al mismo sitio. Desde ahí, continuamos hasta Ventosela, que es donde están ubicadas las Aldeas Infantiles SOS, una organización que se ocupa del alojamiento, manutención y educación de niños sin familia.

Seguimos nuestro recorrido hasta Reboreda, ya en el concello de Redondela. Dejamos las casas del pueblo ycaminando hacia el norte , con un poco de suerte, encontramos el PRG- 94 o Sendeiro Rural de Vigo que nos lleva, si seguimos sus marcas no siempre fáciles de encontrar, hasta el punto de partida.

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El cono de A Peneda se insinúa entre la niebla. Más adelante se encuentran hermosos parajes como el de la imagen.

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Esa especie de piorno con chimenea es otra muestra del feismo que tanto se da en nuestro rural. Contrasta con la armonía y belleza del Castillo de Soutomaior.

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El atrio de la iglesia de Ventosela, al abrigo de los olivos centenarios, es un buen sitio para repostar.

Mapa de la ruta
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Los colores del otoño

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Sábado, 1 de Diciembre de 2007
Carlos S., Conchi, Dietmar, Eduardo, Isidoro, Jaime, y José.
Recorrido: 13,5 Km.
Dificultad: Baja
Duración: 2h.40min.

Este sábado hemos hecho un recorrido por los Outeiros, partiendo del parque forestal de Saians. Llueve con persistencia hasta que llegamos a Chandebrito en cuyo torreiro tomamos la fruta. Entre Chandebrito y el parque de Saians, en un tramo del PR G60 que es el Circular de Priegue, nos encontramos con otro parque más pequeño pero que ahora, en estos días del otoño ya avanzado, presenta un aspecto precioso. Las imágenes siguientes dan una idea de la belleza del sitio.

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El hermoso bosque de castaños y carballos está tapizado con profusión de hojas que se extienden como una alfombra de ocre y oro, brillante por la lluvia recién caída. Un poco más arriba, mana agua de la fuente-roca al amparo del joven carballo, rebosante de colores como la paleta de un pintor.

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Relucen las tuyas que parecen flotar sobre la hierba. Los fentos verdes del verano cubren  ahora el pinar de un melancólico pardo rojizo.

Nota: Para ampliar, hacer clic en la imágenes.

Luis en el recuerdo

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Lunes, 26 de Noviembre de 2007
Adrián, Ángel, Dietmar, Isidoro, José y Manolo
Recorrido; 22 Km.
Dificultad: Baja
Duración: 5 h.

En la resplandeciente mañana de este lunes de otoño al que ya le falta poco para dar paso al invierno, volvimos a San Campio, en cuyas instalaciones disponemos del hospitalario cobijo que nos ofrece el santuario. Una vez más, caminando entre los viñedos e invernaderos que abundan en la zona, ascendiendo por las laderas de la Sierra del Argallo nos acordamos de Luis, nuestro amigo y compañero de fatigas en tantan andaduras, fallecido hace hoy diez y seis meses y muy buen conocedor de estos parajes que recorrió con nosotros.

Aquí, en esta Sierra del Argallo hay un lugar por el que Luis sentía una especial predilección: O Niño do corvo, un espléndido mirador situado en uno de los picos de la sierra desde el que se contempla la bellísima e impresionante estampa del río Miño entregando sus aguas al océano con el monte de Santa Tegra al fondo.

Allí, a los pies del Niño do Corvo, amparado por una enorme roca, yacen las cenizas de nuestro amigo, bajo el joven pino que habíamos plantado cuando, con su familia y cumpliendo su deseo, las llevamos allí.

Permanecimos unos minutos alrededor del sitio donde reposan sus restos, dedicándole nuestro cariñoso recuerdo y regresamos de nuevo entre pinares, prados y viñedos, hasta San Campio.

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Entre el dorado y el ocre de las viñas los senderistas comienzan la ascensión hacia el Argallo. Aún quedan restos de racimos de albariño de la pasada vendimia, verdadera miel en la boca.

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Al fondo el mirador del Niño do corvo. Los viejos amigos dedican un recuerdo al entrañable compañero. Que descanse en paz.

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El Miño, arropado por el valle de O Rosal, se desliza mansamente hacia el mar.

Nota: Para ampliar, hacer clic en la imágenes.

La Vía de asfalto

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Lunes, 12 de Noviembre de 2007
Adrián, Ángel, Carlos, Dietmar, Isidoro, Javier, José y Manolo
Recorrido; 24 Km.
Dificultad: Baja
Duración: 5 h.

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Sendereando por internet me encontré con que no hace mucho inauguraron en Valença do Minho un tramo de la antigua Vía Romana XIX, del itinerario Antonino que iba desde Braga hasta Lugo (Bracara Augusta-Lucus Augusti). Esto forma parte de un proyecto llamado Vías Atlánticas, auspiciado por la CEE cuyo objetivo es recuperar y promocionar las antiguas vías romanas XIX y XX.

Guiados por el GPS de Carlos, nos allegamos el pasado Lunes hasta la parroquia de Sâo Juliâopaisana.jpg en Valença, pues el tramo a recorrer comienza en la confluencia de esta parroquia con la de Sapardos que pertenece a Vilanova de Cerveira. Buen trabajo nos costó encontrar dicho emplazamiento, ya que ni los propios lugareños lo conocían. Después de dar unas cuantas vueltas, encontramos uno de los postes de madera que jalonan la tal vía XIX en un largo tramo asfaltado, siendo así la mayoría del recorrido.

panel.jpg Bastante decepcionante. En Portugal este tramo de la vía romana se llama Trilho Pedestre da Via Romana, em Valença, pero de pedestre tiene bien poco. Únicamente poco antes de llegar a Valença ciudad, nos topamos con un trozo del Camino Portugués de Santiago que coincide con esta vía en el que aún se conserva un viejo puente que en unos sitios está rotulado como medieval y en otros como romano. ponte.jpg

Pasado el puente, no tardamos en llegar a la carretera que va de Valença a Viana, la cual coincide con la citada Vía XIX, pero ahora no son romanos los que circulan por la calzada sino coches y más coches ruidosos y comida.jpgmolestos para el caminante. Así que renunciamos a seguir hasta La Fortaleza y regresamos para comer poco después del puente, al borde de la carretera, pues por aquí no hay de esos parques forestales con mesas y bancos de piedra que tanto abundan en nuestros montes.

asfalto.jpgSeguimos por la vía-carretera, pasando de nuevo por las parroquias y lugares que recorrimos en la ida, hasta llegar de nuevo a Sapardos en donde hallamos el inicio de la ruta. Una ruta esta poco recomendable para los senderistas que buscan disfrutar con recorridos entre campos y aldeas, montes y valles, estrechos senderos, naturaleza, en fin. De todo esto poco encontrarán en este tramo de la Vía XIX.

Nota: Para ampliar, hacer clic en la imágenes.