Fervenzas de Raxoi e Parafita

Iniciamos esta ruta en el ayuntamiento de A Estrada, en el santuario de los Milagros de Requián, junto a la capilla construida en honor de la Virgen de la Piedad en el siglo XVII. Allí nos reunimos cuatro de Vigo con otros cuatro compañeros de Pontevedra, tras una hora de viaje en la oscuridad de la noche, acrecentada por las borrascas que nos acompañan estos días.

No llovía ya cuando dejamos atrás los alcornoques que rodean el pequeño templo y empezamos nuestro camino. Por pistas entre campos extensos y arbolado abundante bajábamos y llaneábamos y, cuando el horizonte se abría, podíamos ver al sol abriéndose paso entre las nubes.

Con las botas y el bajo de los pantalones ya bastante mojados por el agua acumulada en la hierba, llegamos a las fervenzas. Este lugar profundo se alcanza tras bajar unas escaleras de madera, a riesgo de dar un patinazo por carecer de la necesaria “tela metálica” que lo evitaría. Con o sin lluvia, siempre hay humedad.

Es también un lugar de gran belleza. La luz, filtrada por la abundante vegetación, se prodiga en una amplísima gama de verdes sin comparación. También el rumor del agua es muy relajante.

Son dos fervenzas, o cascadas, consecutivas, que también pueden visitarse accediendo por lugares diferentes, como hicimos nosotros en esta ocasión. Entre una y otra nos paseamos entre carballos, castaños, avellanos…

Antes de llegar allí nos habíamos acercado a la ermita de Martores, un lugar con cierta aura de misterio. El nombre ya suena a mártires, pero no se acaba de saber. Allí se encuentra un antiguo cementerio “tardorromano”. Se relaciona este lugar con Prisciliano, un monje condenado por brujo cuyos restos se quieren relacionar con los depositados en Santiago.

Tuvimos la fortuna de disfrutar de un día maravilloso de sol. No contábamos con él. Quizás por eso la sorpresa fue tan bien recibida.

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,120 Km. 5 h. 12 min. Media Soleado 

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O Rego Fondón

Fondón: Dícese de quien está un poco gordo o más gordo de lo que debería estar.

Eso no va con O Rego Fondón que en castellano sería profundo, hundido.

Así es este modesto río que nace en el Monte Vixiador y en su corto recorrido, apenas 5 kilómetros, desciende unos 400 metros, dejando a su paso pozas, muiños, rápidos y cascadas rebosantes de blanca espuma en estos días de recientes y abundantes lluvias, precipitándose por su accidentado cauce hasta el cercano mar en Chapela, bajo el impresionante puente de Rande.

No lejos de su desembocadura en la ría de Vigo, iniciamos nuestra marcha río arriba, en un mágico entorno  sembrado de frutas silvestres, acebos, madroños,  y avellanos, entre otras especies propias de los bosques de ribera, en medio el fragor de sus agitadas aguas, trepando por sus escarpados y estrechos caminitos que nos llevan hasta cerca de su nacimiento desde donde caminamos entre mámoas, campas y bosques hasta el parque forestal de O Vixiador.

Pasada A Lagoa dos Seixos, serpenteamos por las numerosas pistas forestales del monte  y llegamos a Cidadelle, ya en Chapela,  para seguir  por la carretera y las calles del lugar hasta dar con la Senda del Agua que nos lleva directamente al punto de inicio.

Una bonita caminata de río y montaña en la que hemos disfrutado de la exuberante naturaleza que, en este sábado del incipiente otoño, nos ofrecen O Rego Fondón y el monte Vixiador, muy cerquita del paisaje de cemento y ladrillo que nos brinda la ciudad en la que vivimos.

Post scriptum:
Durante estas últimas semanas se ha encargado de las crónicas de Sendereando mi querido amigo y compañero de caminatas Jaime Sáiz a quien, desde aquí, quiero expresar mi agradecimiento más sincero por su generosa y entusiasta colaboración.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
13,990 Km. 4 h. 26 min. Media Chubascos 

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Por fin, la lluvia

Aunque a todos nos encanta el buen tiempo, queremos que llueva. Sobre todo cuando le toca y no acaba de llegar. Nos preocupa el tan traído cambio climático que ya está aquí. Sabemos que aún tienen que pasar años para evidenciar las temidas transformaciones, pero cada día nos aterra la idea de cataclismos que en el fondo no creemos que vayamos a ver.

La lluvia es ya de por si muy incómoda. Si además se manifiesta con chaparrones intensos y acompañada de viento o granizo, se nos hace realmente molesta. Por eso, cuando el parte meteorológico nos la anuncia, tendemos a ponernos en lo peor.

Por otro lado, siempre conservamos algo de esa esperanza ingenua en que no acabe siendo tan malo, y que quede, una vez más, en un “pues no fue para tanto”.

La primera hora y media nos libramos. Caminábamos en medio de abundante arbolado. Esta comarca del Deza es también rica en bosques con presencia mayoritaria de especies autóctonas. Pies de gran porte capaces de construir el dosel arbóreo con altura y frondosidad de ramas que se entrecruzan, dando al espacio que ocupan la apariencia de sólidas catedrales o salones de majestuosa presencia.

A pesar de estar el cielo mayormente nublado, conseguimos sentir la magia de estos lugares. Había un viejo muro o cierre de alguna finca, de apenas metro y medio de alto y cubierto de un musgo de años, de apariencia esponjosa y color verde metálico.

Cayó por fin el primer chaparrón, a penas intenso y de corta duración, que a todos nos llevó a recomponer nuestra ropa. Protegimos las mochilas con sus fundas y salieron a relucir los paraguas.

El próximo aguacero llegó más sosegado aún, pero lo hizo para quedarse. Entre otros sitios, pasamos por “O muiño de Cuiña”, en Noceda. Nos llamaron la atención las ordenadas “fileiras” de arándanos, de distintas variedades, que allí se cultivan. La lluvia iba aumentando en intensidad, sin apenas tregua.

Poco después, cerca de “A Carballeira”, nos resguardamos en el palco de la música para regalarnos con una leche frita exquisita de nuestra Elvira. Aquí dejamos pasar la ocasión de hacer la foto de grupo que, aunque le echemos la culpa a la lluvia, tuvimos el inexcusable descuido de olvidar. Debe ser la primera vez que pasa algo así.

La lluvia, bendita sea, se fue apoderando de nosotros. Condicionando nuestro paso. Abrumando nuestro paraguas, que prácticamente no volvimos a soltar. Calando nuestro ánimo, ya que no nuestro cuerpo. Calmando las ganas de llegar. Refrescando aquel calor de las últimas caminatas. Volviéndonos más introvertidos…

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,320 Km. 4 h. 52 min. Media Soleado 

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Samieira: Cascadas, secuoyas y molinos

Recordaba yo esta ruta de Samieira comenzando por los molinos, un sábado de hace cosa de un año. Esta vez, sin embargo, la hicimos al revés.

El día lo anunciaban caluroso. Y lo fue.

Empezamos ya subiendo. Dos “escalones”, hasta los doscientos y pico metros el primero y, tras un breve tramo en bajada, el segundo hasta los trescientos cuarenta. En este segundo escalón, tres miradores nos permitían disfrutar de la ría de Pontevedra con un sol reinante en solitario. Día despejado y luminoso.

Fuimos subiendo sin mayor complicación. Solo, si acaso, la sensación de hacerlo más arriba de lo esperado y por más tiempo.

Los miradores, el “outeiro de la tartaruga” en primer lugar, buen ejemplo de esas formas caprichosas que adquieren las piedras, por acción del clima y de cientos de miles de años, tanto bajo tierra, a presiones inmensas, como al desnudo, sufriendo la erosión de la lluvia y el viento.

En el tercero, el “mirador do Loureiro”, hicimos la foto de grupo gracias a una caminante eslovaca, muy amable. Es un tramo corto de nuestra ruta el que coincide con el camino portugués, muy transitado ya que hasta cinco personas de distintas nacionalidades nos acompañaron durante veinte minutos.

Luego nos tocó hacer casi dos kilómetros de bajada hasta la “fervenza do Pereiro”. Ya la conocíamos, aunque no la recordamos por el nombre, yo por lo menos. La compañía brindada por su manso fluir fue bastante para relajarnos. También tuvimos nuevamente la suerte de disfrutar de la cocina de Elvira.

Subimos con esfuerzo el mismo tramo que antes bajáramos hasta la fervenza y, tras un breve receso de perfil llano, nos tocó seguir subiendo, aunque con una pendiente abrupta, tanto que de primeras nos parecía imposible.

Tras un breve desencuentro, reunimos nuevamente el grupo al llegar al bosque de Colón, un hermoso conjunto de secuoyas rojas, de una extensión de dos hectáreas, regaladas por los americanos hace treinta y un años, conmemorando el quinto centenario de la travesía atlántica del famoso don Cristobal.

Desde allí llaneamos otros tres kilómetros, con algún intento de escapar de la carretera que resolvimos bastante bien, si no es por una bajada fea que tuvimos que hacer.

El tramo final, siguiendo el Samieira, con veintitrés molinos, es una delicia para la vista, con abundante presencia de arbolado autóctono, una insuficiente compensación por el exceso de eucalipto que llevábamos visto, y una cascada exuberante de luz verde, en una dilatada gama de tonalidades, todo ello acompañado por agua viva y rumorosa hasta el final.

Frescos de cuerpo y de atuendo, brindamos una vez más por toda nuestra comitiva, los que caminamos y los que no, en el Novo Lar de Expósito.

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,390 Km. 6 h. 1 min. Media Soleado 

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En los chozos de Bidueiros

Nos dimos cita los cuatro de Pontevedra con los seis de Vigo en el lugar de Cascardoso, nuestro punto de inicio.

Arrancamos puntualmente por una rampa intensa que en seguida nos puso en la bifurcación de este “circular con dos ida y vuelta” que es nuestra ruta de hoy.

El pronóstico era de calor, hasta 25 grados de máxima, pero la altura de entre 500 a 900 metros nos permitió hacerlo con comodidad, con fresco incluso cuando nos plantamos en el coto Agudo, también llamado cima de Pedra Partida, uno de los puntos más altos.

Ni siquiera la casi total ausencia de sombra en la mayor parte del recorrido supuso problema alguno.

Los primeros seis kilómetros de subida, con pendiente continua aunque llevadera, se nos pasaron relativamente rápido. Torres me hablaba de Corea del Sur, de algunos recuerdos graciosos de sus años allí. Nos detuvimos al llegar a donde se visita el primer chozo, con un pequeño “foxo de lobo” a poca distancia.

Desde allí continuamos subiendo hasta los chozos restantes. Tras recorrer un tramo algo más exigente, se llega a una pequeña extensión más o menos plana donde se pueden reconocer hasta cuatro construcciones diferentes. Todas ellas en piedra, pero de aspecto rústico y sencillo. Aquí se traería al ganado con el buen tiempo, a disfrutar de estos pastos en alto.

Tras desandar el camino hasta algo más allá de donde se encuentra el primer chozo, junto a la trampa para el pobre lobo, tomamos un camino nuevo a la derecha que, a lo largo de mas o menos dos kilómetros bastante llanos de páramo mezclado de turbera, nos lleva hasta el comienzo de la subida a la ya referida cima de Pedra Partida. Las vistas desde allí son realmente bonitas. Se aprecia una buena pendiente festoneada a saltos con filas de aerogeneradores. Hicimos la foto de grupo.

En la bajada, los últimos cuatro kilómetros de nuestra ruta, Alejandro y yo caímos en la tentación de buscar una aventura en forma de nueva ruta. No tardamos en renunciar e intentar recuperar lo más posible del tiempo perdido.

Ya en la Rectoral de Fofe, donde nos esperaban Carmen y Antonio, pudimos brindar a la salud de nuestro compañero Miguel por muchos más en la misma, y más, compañía que hasta ahora. Nos lo merecemos…

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,130 Km. 5 h. 13 min. Media Nubes y claros 

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