Calientes pero no fritos

Titulares de Faro de Vigo:

Viernes 3

Ola de calor en Galicia | Vigo marca su temperatura más alta en 10 años

Sábado 4

¿Hasta cuándo va a durar la ola de calor en Galicia?

Domingo 5

La ola de calor en Galicia se va, pero no la alerta naranja

Y así fue. En este lunes la ola se fue y nos dejó un día con cierta neblina en la primeras horas de la mañana y una suave brisa el resto del del día bajo un cielo nublado pero luminoso, ideal para un recorrido por las orillas del río Tea y sus dos acólitos, el Mendres y el Canedo.

Después de esos días de calor agobiante que echó a las playas a la población costera y mantuvo fritos a los del interior, caminar bajo la sombra de la frondosa arboleda del río Tea fue un lujo del que disfrutamos con avaricia los caminantes de «Los Lunes al Sol».

Iniciamos la ruta en el Centro Cultural de Fozara, lugar de A Lomba, en Mondariz Balneario, para seguir por la margen derecha del Tea hasta Ponteareas.

El ancho río fluye mansamente, en esta época con mermado caudal, entre fincas y prados, destacando en su curso la playa fluvial de A Freixa, un hermoso paraje que en los pasados días de africano calor habrá acogido un montón de personal para refrescarse en sus tranquilas aguas, muy cerca del caso urbano de la villa de las alfombras florales el cual rodeamos para cruzar el puente sobre el río Canedo que da nombre al monumental convento franciscano a donde llegamos, tras recorrer un par de kilómetros, por el sendero que allí nos lleva.

Hacemos un alto frente a la impresionante fachada de su iglesia para tomar «las once» y emprender la marcha hacia el Alto de A Picaraña y desde allí, a través de los montes que lo separan de Mondariz, entre mucho pino y eucalipto quemado, por terreno pedregoso, damos con la ermita de Santa Tegra, muy cerca del Castro de Troña que en esta ocasión dejamos a un lado para bajar al casco urbano de Mondariz Balneario, el más pequeño municipio de Galicia, segregado de Mondariz en 1920 y nombrado como «Muy hospitalaria villa» por Alfonso XIII en 1925. Parecer ser que la cosa no les hizo mucha gracia a los de Mondariz, hoy llamado Mondariz Pueblo para distinguirlo del otro. Sus poco más 600 habitantes se multiplican por 12 en la temporada alta con el número de vips por metro  cuadrado más elevado de la península.

Nosotros, recios caminantes, pasamos de su spa y su campo de golf y después de reponer fuerzas en el Restaurante Rivero, como hacemos siempre que pasamos por aquí, continuamos nuestra marcha por la ribera del Tea, pasando casi sin darnos cuenta por su afluente el Mendres, para después de media docena de kilómetros de agradable paseo, regresar al lugar de A Lomba que fue donde comenzó y termina la apacible jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,610 Km. 5 h. 54 min. Media Nublado

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Del Tripes al Louro

El cielo anuncia tronada:
saco paraguas…; no hay nada.
No lo saco, y aquel día
un diluvio nos envía
la Divina omnipotencia.
¡Paciencia! (Bretón de los Herreros).

Pues sí. Paciencia necesitó más de uno de los 13 que componían la cuadrilla de intrépidos caminantes que en este lunes que comenzó nublado pero sereno en las primeras horas de la mañana, siguió con una suave calima y antes de que dieran las doce devino en una pertinaz llovizna, chirimiri o calabobos que no cesó hasta la noche y que empapaba a quien no llevase paraguas o chubasquero.

Mientras ascendíamos por la larga la pista de tierra que saliendo de Ribadelouro sube hasta el Aloia la cosa prometía, pero cuando atacamos el sendero «rompepiernas» que conduce hasta la ermita de San Xiao, un estrecho carreiriño, bastante cerrado de maleza y de pronunciada pendiente, más que la lluvia lo que de verdad mojaba  era el roce con aquella espesa  vegetación ya bien empapada a esas horas.

Suerte tuvimos de que el restaurante Aloia que allí se encuentra estuviese abierto lo que nos permitió disfrutar de una café caliente y prepararnos adecuadamente para continuar el resto de la mañana ya seguros de que había lluvia para rato.

A continuación bajamos por la preciosa Senda botánica que discurre casi en su totalidad paralela a una larguísima y estrecha canalización de piedra que discurre entre acebos, sauces, alcornoques, brezo, madroños y muchas otras especies florales y arbóreas brillantes por la lluvia que caía mansamente resaltando su hermosura.

Siempre en descenso llegamos al lugar de Circos cabecera de la ruta del Tripes o Rego Cotarel que es  su nombre geográfico. Jalonan la ruta los los típicos muiños donde hace casi 200 años discurría una parte importante de la vida de los moradores del valle hasta que la aparición de la energía eléctrica los dejó en meros elementos etnográficos para disfrute de senderistas y amantes de la naturaleza.

Termina el hermoso sendero en las afueras de la capital tudense cuyo casco urbano rodeamos para alcanzar en, uno de los extremos del paseo de La Corredera,  el lugar que alberga el restaurante de nombre «La de Manu», un cuidado establecimiento con excelente servicio y espléndido menú que nos sorprende por su variedad y calidad.

Las mesa muy bien puesta, con elegante mantel de lino sobre el que nos van sirviendo brochetas de rape, tacos de ternera, solomillo a la pimienta, revueltos varios y un etcetera de deliciosos platos y postres, todo por el módico precio del menú del día. No es de extrañar que el comedor estuviese a rebosar.

Después de tan agradable refección recogemos los  bártulos del oficio y reemprendemos la marcha bajo la persistente lluvia dejando atrás las ultimas calles de ciudad para desviarnos por San Bartolomé al puente romano sobre el Louro por cuya margen izquierda caminamos los primeros cinco kilómetros hasta dar con el su afluente, el San Simón, que es el que nos lleva a lo largo de deliciosos parajes, bajo la luz oscura de sus frondosa arboleda hasta Santa Comba de Ribadelouro, inicio y fin de  la  lluviosa y entretenida jornada de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,950 Km. 7 h. 42 min. Media Lluvioso 

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Reboda en Santa María de Tebra

De primero: Rodaballo o marisco. De segundo, cordero al horno o carne asada. De postre, tartas varias  o pasteles. Todo de primera calidad y por el módico precio del menú del día. El restaurante está a rebosar  y es que ayer domingo hubo boda y los del Lunes al Sol y otros parroquianos que ya coocen el sitio aprovechamos los excedentes del banquete. Eso ocurría en el restaurante Las Colinas, en Santa María de Tebra, ya conocido por estos senderistas por anteriores y similares experiencias.

Para llegar hasta allí hemos partido los catorce componentes de la marcha de este lunes desde Santa María de Pinzás, una parroquia de Tomiño como la citada Santa María de Tebra. Grandes bosques de coníferas rodean la parroquia que se extiende hacia el sur a lo largo de amplias  extensiones de tierra llana que dan hasta para albergar un aeródromo cuyo proyecto fue parado por las protestas de los ecologistas.

Casi todo el trayecto discurre por pistas forestales a la sombra de pinos y castaños lo que es de agradecer en este caluroso día de julio y también por algún que otro carreiriño como el que nos lleva a la Fervenza do río Pequeno, un delicioso paraje en el que la caída del  río forma una pequeña cascada.

Seguimos por los anchos caminos de los montes que median entre Pinzás y Tebra hasta divisar desde la altura el hermoso valle en el que se asientan las parroquias de Santa María y San Salvador dominadas por la Torre y Pazo que edificó  en el S. XV Pedro Madruga, derribadas  más tarde por orden de los Reyes Católicos y reconstruidas en el S. XVI siendo hoy residencia privada.

Bajamos hasta la iglesia de Santa María en cuyas cercanías se encuentra el citado restaurante especializado en bodas y banquetes  en donde damos buena cuenta de espléndido menú citado más arriba.

Cuando salimos al exterior el sol aprieta y hemos de enfrentarnos a los siete kilómetros de ascensión que nos separan del punto de inicio.

Unas  veces por pistas polvorientas  a pleno sol, otras por tramos protegidos por benéfica sombra, vamos superando el largo tramo cuesta arriba, agradecidos a la suave brisa que de vez en cuando se compadece de nosotros y nos alivia el andar. Tras de casi dos horas de esfuerzo y paciencia alcanzamos los amplios llanos de Pinzás, en el lugar donde el río Cereixo tiene su nacimiento, A Alpuxarra, localidad vecina de Santa María,  fin y principio de la feliz jornada de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,900 Km. 6 h. 34 min. Media Soleado 

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Una torre y dos conventos

Una torre: La de Lapela.

Dos conventos: El de San Fins y el de Ganfei.

La Torre de Lapela  se encuentra a orillas del Miño, entre Valença y  Monçao, en la  localidad que lleva su mismo nombre. Es lo único que se conserva del Castelo de Lapela que defendía y vigilaba A Raia, la frontera con España. Situada a la orilla del Miño tiene una altura de unos 35 m. y constituye un magnífico mirador sobre el río que fluye mansamente entre las ciudades de Valença y Tui.

Para llegar hasta aquí hemos partido de la parroquia de Friestas desde donde bajamos a la ecopista construida sobre la antigua vía del tren que iba de Valença a Monçao y que nos lleva directamente hasta Lapela. La torre está cerrada a cal y canto en la solitaria aldea así que seguimos adelante desviándonos del Miño por las fincas de rodean la Isla de Crasto, un paraje cerrado de maleza lo que nos obliga a volver a la ecopista para encontrarnos, un poco más adelante, con el río Manco un pequeño afluente del Miño.

Regresamos a Friestas desde donde hemos de ascender por la ladera del Monte Faro en cuyas estribaciones se halla el Monasterio de San Fins, un cenobio fundado hace ocho o nueve siglos en el que destaca su preciosa  iglesia románica. Observamos que han limpiado sus viejas piedras y restaurado algunos paramentos y construcciones anejas lo que nos hace suponer que quizás haya por ahí algún  proyecto hostelero o cosa parecida.

Al abandonar los umbríos parajes que rodean el monasterio nos echamos al monte pelado arrasado por los incendios del año pasado cuya única arboleda es la formada por pinos quemados con su patético ropaje de corteza cenicienta y ramas muertas, triste paisaje apenas suavizado por el verde de los helechos que prevalecen sobre el fuego.

Siempre cuesta abajo llegamos a Ganfei, un caballero francés que llegó a santo y dio su nombre a la población y al monasterio que aquí llaman convento y que se eleva a la orilla de la carretera muy cerca de la hermosa ciudad de Valença.

No lejos del cenobio se encuentra el restaurante Merendola en donde nos han reservado una Bacalhao á brasa al que atacamos después de dar cuenta del caldo verde de la casa. Trozos como trasatlánticos del rey de los pescados portugueses rodeados de patatas cocidas y judías verdes que regados con  el vino de la casa, un blanco con aguja fresquito que entra muy bien en este día de canícula, ocupan nuestra atención durante un buen rato. Sobremesa e infusiones varias rematan el convite siendo hora ya de retomar los bártulos y emprender la marcha que, por un corto tramo de carretera, nos lleva al Convento de Ganfei, monasterio benedictino que se cargó Almanzor en el año 1000 y que fue reconstruido dos décadas después por el citado caballero y santo francés.

No nos resistimos a echar una reconfortante siesta a la sombra de los plátanos que crecen frente a la fachada del monumento lo que nos deja listos para recorrer la media docena de kilómetros que nos separan del arranque de la estupenda caminata de esta jornada, toda sol y luz en este espléndido día de verano que rematamos con una parada para refrescar nuestros gaznates con unas cervezas a la honra y salud de nuestra querida Carmen, la esposa de Antonio, que en su ausencia ha querido invitarnos para celebrar su onomástica, hoy que es la fiesta de la Virgen del Carmelo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,180 Km. 6 h. 24 min. Media Soleado 

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Los tres Santos de Tabagón

Entre las villas de O Rosal y la de A Guarda hay un lugar llamado Tabagón, ribereño del Miño ya en su último tramo, que es un auténtico jardín. Su privilegiada situación en el estuario del padre de los ríos gallegos, resguardada de vientos y fríos, crea un espacio de tierra fértil en la que frutales y flores surgen por doquier llenando de color y hermosura este precioso enclave.

Tres son las parroquias, cada una con su santo protector, que se encuentran en Tabagón: San Miguel, San Xoan y As Eiras, ésta bajo la advocación de San Barlomeu. Llama la atención lo cerca que están unas de otras y lo monumental de sus templos.

La caminata de este lunes se inicia en la explanada de la iglesia San Miguel envuelta a estas horas en una espesa niebla. Desde aquí nos allegamos al centro urbano para, atravesando la PO 552, bajar al Parque do Tamuxe, muy cerca del puente su su mismo nombre que vadea el río poco antes de que entregue sus aguas al padre Miño. Siguiendo por la margen izquierda del Tamuxe, que más adelante adquiere la denominación de río Tambre o Carballas, alcanzamos otro parque, el de As Aceñas, presidido por el gran molino construido en el siglo XIX, restaurado en el 2011 y convertido en un centro de interpretación llamado Área da Natureza do Muíño das Aceñas.

Hace unos años un colosal viaducto de hormigón fue construido sobre este idílico paraje sobre cuyo antiguo silencio retumban ahora los ruidos  del tráfico rodado sobre la enorme estructura.

Continuamos por el sendero de pescadores disfrutando de la agradable sombra de la floresta ribereña,  ahora que la niebla va dejando sitio a la luz y calor del sol hasta llegar al lugar de Valdemiñotos cuyo núcleo urbano hemos de cruzar bajo un sol que ya comienza a calentar sin sombra ni cobijo, pasando por sus extensos viñedos, también a pleno sol, hasta que nos reencontramos con las casas de Tabagón, muy floridas y de gran porte muchas de ellas, amparándonos en la sombra de sus estrechas calles.

No tardamos llegar a la iglesia de San Xoan, construida en el XIX a petición de los feligreses a los que la de San Miguel les quedaba escasa y lejos. Aquí,  en San Xoan, levantan en el mes de febrero un enorme arco  florido, costumbre ancestral que data desde la fundación del templo en 1926.

Dejamos atrás San Xoan para adentrarnos en los montes cercanos  hasta dar con el Castro de Eiras sobre el que se eleva la ermita de A Magdalena, rodeada de unos enormes alcornoques bajo cuya sombra de celebra en este mes de julio la tradicional romería.

Un poco más abajo nos espera la tercera iglesia de esta ruta, la de San Bartolomeu, de estilo manuelino de clara influencia portuguesa dada la proximidad con la tierra lusitana.

Muy poco queda para bajar la bosque que se extiende a la orilla del gran Miño en cuya explanada se encuentra el restaurante Eiras, viejo conocido de estos andarines, en donde en una mesa al aire libre damos cuenta su palometa a la plancha o su cordero asado que aplacan gustosamente nuestro apetito.

Aún está muy alto el sol cuyos rigores suaviza la fresca brisa que sopla a lo largo del PRG 112 que discurre paralelo a la ribera hasta regresar, al cabo de un par de horas, al punto de inicio y fin de esta caminata en el atrio de  la iglesia de San Miguel.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,210 Km. 5 h. 43 min. Media Niebla/Sol 

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