Río Sarela

El río Sarela rodea la capital compostelana por su cara oeste hasta su encuentro con el Sar cuyas orillas dieron nombre a uno de sus libros de poemas de Rosalía de Castro, por cierto en castellano.

Fue un río muy aprovechado en otros tiempos y de ello aún quedan abundantes huellas como algunos muiños, lavaderos, fábricas de curtidos como la de Pontepedriñas y numerosos puentes. Desgraciadamente, el río Sarela fue objeto de muchas e indeseables intervenciones: presas y acequias, muros que invaden sus orillas, carreteras que las atraviesan, deforestación, vertidos urbanos…

Parece ser que desde hace algunos años se ha iniciado un tímido proceso de recuperación con el intento de mejorar la calidad de sus aguas y la accesibilidad por ambas márgenes así como la conservación de la vegetación ribereña y de sus elementos patrimoniales. A su paso por la zona urbana se encuentran tramos bien adecentados pero aún quedan sitios en los que el río presenta un aspecto deplorable.

En estos días de pleno estiaje va muy menguado, casi sin agua en algunos lugares pero, aún así, la frondosa arboleda propia de estos parajes nos acompaña a lo largo de casi toda la jornada que discurre en su mayor parte por las riberas del Sarela.

La caminata, que se inicia en las afueras de la ciudad en la Rúa Sarela, nos lleva al cabo de pocos kilómetros a la Selva Negra, un espacio forestal en el que se alternan amplias praderas con tupidas carballeiras que no hay que confundir con la Schwarzwald, la Selva Negra del suroeste de Alemania, el famoso macizo montañoso de fama mundial.

Cerca de la Selva compostelana se encuentra a Granxa do Xesto y el Monte Pedroso con magníficas vistas de la ciudad y su catedral.

Ya nos vamos acercando a las dos de la tarde cuando llegamos a Ponte Romaño, en las afueras de Santiago, en cuyo Restaurante Triacastela, como es costumbre, nos detenemos para aliviar las hambres que han ido germinando a lo largo del camino. Pata con garbanzos, huevos escalfados con tomate, churrasco de cochino, tartas varias, vino del país de agradable pasar, chupitos, café…

Reconfortados y animados con tan abundante pitanza emprendemos el regreso siempre por las orillas del río Sarela. Nos paramos un momento en A Ponte dos Tres Ollos, un paraje idílico que, en el silencio de la tarde apenas tocado por los trinos del averío que ronda aquel paraje,  nos trae a la memoria unos versos del citado libro de Rosalía que dicen:

Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente, rústico y sencillo,
completando tan grata soledad.

Ensimismados por la magia del lugar, continuamos la marcha bajo la sombra agradecida de las riberas del Sarela que no nos abandona hasta que llegamos a las lindes de la ciudad, muy cerca del sitio en donde iniciamos la caminata de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,310 Km. 6 h. 42 min. Fácil Soleado 

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Ponte Ulla

A casi 20 Km. de Santiago Compostela, ya casi finalizando el Camino Sanabrés que junto con el Camino Francés es una de las continuaciones del de la Vía de la Plata, se encuentra Ponte Ulla, una pequeña población del municipio de Vedra, en A Coruña, en la que el río Ulla establece el límite entre esa provincia y la de Pontevedra.

Sorprenden al peregrino y a quien visite este lugar los tres grandes puentes que en muy poco espacio atraviesan el citado río, el más importante de los gallegos después del Miño y el Sil. Es el río del Apóstol Santiago. Remontándolo desde el mar de Arousa, sus discípulos Atanasio y Teodosio consiguieron, tras grandes esfuerzos, trasladar sus restos hasta enterrarlos en el monte Libredón.

El puente más antiguo, del S.XVI, está en el mismo pueblo y le da su nombre, Ponte Ulla.  Aunque ahora en desuso,  fue la vía que durante varios siglos unió el norte con el sur de Galicia. Los otros dos grandes son los viaductos de Gundián, el antiguo que está fuera de servicio y el nuevo de reciente construcción para el paso del AVE.  Tiene  este último 640 m. de longitud y casi 117 de altura, lo que hace de él una espectacular obra de ingeniería que ha sido objeto de importantes premios.

Siendo el río Ulla el protagonista de todas estas obras y de esta comarca, también lo fue de nuestra caminata cuyo inicio tuvo lugar en el parque de Agronovo, una zona recreativa que se extiende a lo largo de su orilla derecha y que es centro de celebraciones festivas y deportivas. Caminamos, siempre por las riberas el Ulla, ya por la derecha, ya por la izquierda,  bajo la sombra de su frondosa arboleda, a veces por tramos de difícil paso debido a lo intrincado de la vegetación. El río discurre por estas tierras con mansedumbre y bajo caudal en esta época de sequía estival.

Llegados a Ponte Ulla, paramos en el Restaurante Juanito, especializado en churrasco, así que churrasco y solo churrasco es lo que allí despachan sin opción a entrantes ni salientes. Plato único que, aunque apetitoso, resulta un tanto aburrido.

Con la panza bien abastecida del churrasco de Juanito regresamos al río para continuar hasta el mirador de Gundíán en cuyo entorno se alzan los dos viaductos citados más arriba desde donde se contempla la hermosa estampa del río Ulla encajonado en la profunda vaguada.

Regresamos a Ponte Ulla para tomar la pista que nos lleva de nuevo al río y al cabo de cuatro o cinco  kilómetros, siempre a su vera,  llegamos al  punto de inicio.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,540 Km. 7 h. 14 min. Fácil Soleado 

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Poza da Moura

Hace poco estuvimos en el Castro de Pedra Moura, en la paroquia de Borreiros, Gondomar. No muy lejos se encuentra el Outeiro dos Mouros, en Montecastelo, también en Gondomar y este lunes hemos hecho un recorrido cuyo objetivo principal era pasar por A Poza da Moura, en Domaio, Moaña.  Quizá alguien se pregunte ¿Que hacían tantos moros por esta tierras?

Es que no eran moros, sino mouros, personajes mitológicos  de una raza ya desaparecida a los  que en  Galicia y Asturias se les relaciona con los orígenes de los castros. Se decía que poseían grandes tesoros que escondían en montes y cuevas. Ellos eran de piel oscura muy celosos de sus mouras, rubias y bellísimas.

De ahí se derivan hermosas leyendas plenas de fantasía y romanticismo como esta de A Poza da Moura. Dice Francisco Javier Torre que «En la tradición mitológica gallega los mouros son unos seres fabulosos, habitantes de cuevas subterráneas y constructores de los dólmenes. Las mouras son unas fadas que viven prisioneras en fuentes y grutas y que aparecen al amanecer para peinar su larga y rubia melena con peines de oro.

Cuenta una leyenda del Morrazo que una moura se enamoró de un campesino de la zona. El padre de la moura sorprendió a la pareja en este lugar y furioso, dió muerte al pretendiente de su hija. Ésta, loca de dolor, se arrojó a la poza y desapareció bajo sus aguas. La creencia popular es que aún se oyen sus cantos en la noche de San Juan y que a veces se la puede ver sentada en las rocas, peinando sus cabellos con un peine dorado, mientras llora y se lamenta por su amor.»

Hemos iniciado la ruta en un lugar llamado Barranco do Faro, no lejos del Monte Faro o Xaxán, un promontorio desde el que, en días claros, se contempla una extraordinaria panorámica de la ría de Vigo. En realidad, casi todo el recorrido discurre por la parte alta de la parroquia moañesa de Domaio por lo que el sendero es como un balcón abierto a la ría que en este día soleado y luminoso muestra su estampa más hermosa con su mar y cielo de un azul brillante en el agua algodonado en el aire.

Llegamos al Chan da Arquiña, a los pies del citado Monte Faro,  una extensa zona de recreo con un dolmen en su centro y en donde se celebra en este mes de julio el Festival de Músicas Itinerantes Festichán. Dice el anuncio: «Festichán empieza hoy en el anfiteatro natural de Chan da Arquiña con Dios ke te crew ( hip-hop ), Remendaos ( flamenco fussion ), Obrint pas ( ska reggae ) y Hollywood sinners ( garage rock ). Entrada y camping gratis.» ¿Qué dirían los mouros si viesen esto?

Ya en bajada continua, llegamos a la carretera que discurre por la orilla del mar, justo hasta donde se encuentra la Churrasquería Domaio, cuyo menú del día nos zampamos con fruición acompañado de un espléndido Protos, detalle de nuestra entrañable Carmen con la que así celebramos el día de su reciente onomástica.

Calienta el sol con cierta insistencia ahora que todo es cuesta arriba. Menos mal que no tardamos en alcanzar las orillas del río Miñouva que, aunque en este tiempo de estiaje está bajo mínimos, nos ofrece su espesa vegetación cuya sombra mitiga bastante los rigores  de este calor bastante agobiante a estas horas de la tarde.

Ya están dando las seis cuando llegamos al punto final que fue  inicio de esta hermosa ruta que habrá que repetir cuando las lluvias llenen de nuevo el cauce ahora casi extenuado de este río para poder disfrutar de la espectacular cascada de la Poza da Moura y de otros parajes que, en estos meses de sequía,  presenta una imagen un tanto desoladora.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,700 Km. 7 h. 22 min. Media Niebla/Sol 

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Por tierras de Coura IX: Miliarios-Châ da Burra

Nuestras primeras incursiones por el municipio portugués de Paredes de Coura datan del 2008. Nos sorprendió por aquellos días comprobar que en Paredes de Coura existen hasta 16 trilhos o PRs, senderos de pequeño recorrido marcados y señalizados que cruzan la comarca en todas direcciones.

Los de Sendereando podemos presumir de haberlos pateado en tu totalidad pero hay uno que hemos repetido una y otra vez por lo bonito y entretenido que es: el de los Miliarios, llamado a así por aquellas columnas, hitos construídos en granito que señalaban las distancias en las calzadas romanas, ocho de las cuales pueden verse a lo largo del recorrido, algunas aprovechadas como pilares como ocurre en la ermita del lugar de Antas, no lejos de A Ponte dos Canicos, en el río Coura, que es en donde hemos comenzado la ruta de este lunes.

Es de suponer que el sendero que parte del citado puente no tardará en volver a estar intransitable como ya ocurrió hace algunos años si alguien no se ocupa de desbrozar la zona invadida por una espesa vegetación. Dejando atrás el río Coura, no tardamos en llegar a la aldea de Antas y desde allí, monte arriba, en continua ascensión, alcanzamos la cima del monte de Cossourado en donde se halla O Forte da Cidade, una citania de la edad del hierro muy bien acondicionada, con un par de las antiguas viviendas reconstruidas y con una magnífica panorámica del valle del Miño que se extiende hasta las ciudades de Valença y Tui.

Bajamos hasta la iglesia parroquial de Santa María de Cossourado y desde allí atravesando la carretera, damos con el cruce del PR4 que es la ruta de Os Miliários con el PR8 que es la de O Châ da Burra. Así como la primera discurre en gran parte a lo largo de las orillas del río Coura, la segunda tiene un trazado más monótono por terrenos áridos, de poco arbolado, con el sol cayendo a plomo sobre nuestras cabezas en este lunes de julio, aunque también tiene el encanto que nos ofrecen sus pequeñas poblaciones rurales como Linhares de Cima, Châ da Burra y Bolência, con encantadores monumentos como la ermita de Nª Sª do Alivio y la Quinta da Cruz. La hemos acortado en unos cuantos kilómetros para que el conjunto del recorrido (PR4+PR8) no se hiciese demasiado largo.

Llegado el mediodía nos acercamos a Rubiâes en cuyo restaurante Cosntantino nos deleitan con un magnífico Bacalhau Á Constantino, regado con viño verde y que, precedido por un caldo de patata invento del chef, nos deja felices como perdices. Postres deliciosos como su leite a crema y una copita de aguardente velha rematan este festín de la gastronomía lusitana.

De nuevo en el exterior, desafiamos los rigores del ardiente febo durante un par que kilómetros para guarecernos bajo la vegetación de las riberas del Coura que nos llevan de vuelta, protegidos por la sombra de su frondosa arboleda y el frescor de sus transparentes aguas, hasta el punto final en el citado puente de Os Canicos.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
22,020 Km. 6 h. 48 min. Fácil Soleado 

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Aloia-Tripes

En la falda del monte Aloia, por su cara suroeste, se encuentra la aldea de Tripes que da nombre al río que geográficamente se conoce por Rego Cotarei. Es el típico río gallego que con su caudal, ahora muy menguado en pleno estío, suministraba la energía necesaria para hacer funcionar los numerosos muiños que se hallan a lo largo de su curso cuando la electricidad aún no había aparecido.

Aunque el agua en vez de fluir parece que lame el lecho del río debido a la sequía de estos secos días del verano, la flora ribereña mantiene su frondosidad y espesura lo que garantiza una sombra generosa muy agradecida en estas jornadas caniculares.

La caminata de este lunes discurre en su totalidad por los alrededores del monte sin salirse de su entorno con lo cual hemos caminado casi 22 Km. en un radio de no más de tres teniendo como centro la cima del Aloia. Como es esta una zona muy conocida y visitada tanto por la gente de Sendereando como por otros muchos, hemos pasado por alto los sitios más conocidos limitándonos a recorrer la multitud de pistas y senderos que surcan este monte por doquier casi siempre bajo la benéfica sombra de sus arboleda tan variada y frondosa.

Una vez más, acudimos al restaurante de la cima en donde por un módico precio nos han tratado estupendamente pues somos asiduos clientes y buenos amigos de nuestro anfitrión.

El regreso es todo bajada por los agradables senderos del Aloia hasta el castro del Alto dos Cubos cuya visita dejamos para otra ocasión ya que el cansancio y el calor nos empujaban hacia el punto final que estaba a unos minutos.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,890 Km. 7 h. 19 min. Media Soleado 

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