Entre Saiáns y Valadares

Hasta que en el 83 del pasado siglo la Xunta de Galicia promulgó la Ley de Normalización Linguística, Saiáns era Sayanes y Valadares era Valladares. Son dos parroquias que pertenecen al ayuntamiento de Vigo cuyos topónimos actuales son difíciles de retener para los que durante la mayor parte de nuestra vida los hemos conocido con aquellos nombres.

Aún habían de pasar 15 años hasta que en el 98 fue aprobado el nomenclátor definitivo para la provincia de Pontevedra y supongo que habrán de pasar muchos más hasta que los nombres de Saiáns y Valadares, así como otros  muchos, queden fijados en el vocabulario de la gente común.

En este lunes no hemos querido alejarnos mucho de la ciudad en la que vivimos y por eso diseñamos una caminata por los montes aledaños que se encuentran entre las citadas parroquias aunque buena parte del recorrido toca terrenos de la vecina municipalidad de Nigrán.

La ruta comenzó en Fragoselo, de la parroquia viguesa de Coruxo, para seguir monte arriba hasta las estribaciones del Monte Alba siendo este tramo poco aconsejable por discurrir durante casi 6 Km. por carretera asfaltada lo cual es sabido que es muy apropiado para los neumáticos de los coches pero no para las botas de los caminantes.

Llegados a la falda del Cepudo, monte gemelo del citado Alba, bajamos hasta A Garrida, en Valadares, y desde allí por el GR 53 tocamos Vincios para desviarnos por el mismo sendero hacia Chandebrito en cuya iglesia hacemos un alto para reponer fuerzas con un ligero refrigerio.

A partir de ahí, entre bosques de pinos y eucaliptos, por pistas forestales casi siempre, caminamos hasta la parroquia nigranense de Priegue para tomar el camino de O Cadaval que nos lleva a los muiños de Saiáns, a una carreiriña de can de la llamada carretera del tranvía en la glorieta que marca el límite entre los concellos de Nigrán y Vigo.

Tiramos por la Baixada a Igrexa y, a unos pocos metros, entramos en el restaurante de nombre Alegría del Bollo en donde nos atienden con un sencillo pero agradable y bien cocinado menú que nos deja bien dispuestos para reanudar la caminata al cabo de un par de horas de cordial y alegre convivencia.

No lejos de allí se encuentra la Fraga de Gontade, ahora algo deslucida por los rigores del invierno pero que pronto, llegada la primavera, lucirá con esplendor su hermosa arboleda a base de castaños y robles. Tres o cuatro kilómetros más por pistas y senderos, siempre a la sombra de frondosos pinares, para llegar, cuando el sol aún está muy arriba, a Fragoselo, inicio y término de la marcha de este lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,750 Km. 6 h. 42 min. Media Soleado

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La gran lampreada

La lamprea: el vampiro del mar que se alimenta succionando la sangre de otros peces, sangre que servirá después para cocinarla a ella misma resultando ese sabroso plato que se llama Lamprea a la bordelesa. No es bocado de medias tintas: o levanta pasiones o produce rechazos. Su aspecto de ofidio sin dientes repele a quien no la quiere pero su sabor conquista a sus amantes.

En Arbo está su paraíso. Y ahora es el tiempo en el que la reina del Miño vuelve  a su río y se convierte en la emperatriz de los fogones que  la ofrecen como el manjar más apreciado por estos lares desde hace cientos de años.

Ahora, en plena temporada de este milenario ciclóstomo, los de Sendereando la hemos fijado como objetivo de la caminata de este lunes en la que la ruta ha pasado a un segundo término cediendo todo el protagonismo de la jornada al festín que nos espera en O Mesón da Lamprea, en Cabeiras, parroquia de Arbo, su capital en el bajo Miño.

Iniciamos la caminata en el lugar de Espedregada, en la estribaciones de San Fins, un alto desde el que se domina una amplia panorámica del valle con Arbo a la vera del Miño, en la lejanía. Entre pinares y por pistas forestales llegamos a Cerdeira en donde paramos para tomar un refrigerio.

El sol reverbera con fuerza y una tibia brisa nos acompaña haciendo de nuestro caminar una tarea grata y apacible. A partir de Cerdeira todo es bajar hacia Cabeiras que ya se dibuja en el fondo del valle.

El tojo que cubre la mayor parte de estos montes y las mimosas lucen sus flores amarillas y brillantes como un anticipo de la inminente primavera.

Ya estamos en O Mesón de A Lamprea. Para empezar, un aperitivo a base de jamón curado del país regado con vino del Condado, en la bodega. No tarda en aparecer la experta Flora que extrae del vivero un par de lampreas, que con su inquietantes bocas succionadoras se revuelven y resisten a ser metidas en la nasa que las llevará a la cocina para ser inmoladas en beneficio de nuestros paladares. Ya en la mesa, después de saborear unos trozos de empanada del pez ventosa, unos con  lamprea otros con cabrito, acometen ese rito tan pagano de la gula disfrutando del placer que enloquece las papilas gustativas.

Entre chanzas y jolgorios transcurre la cuchipanda. Llegan los postres a base de requesón y filloas con miel, tarta de chocolate y pudding, siempre presente el blanco vino del Condado seguido por licores de café, naranja y ruda. Café e infusiones, cánticos y desafinos para llegar a casi a las cinco de la tarde con lo que urge abandonar los manteles, cargar mochilas, izar bastones y reemprender la marcha no sin antes celebrar con los mesoneros  la calidad y excelencia de los manjares que han preparado para nosotros.

Otra vez monte arriba, con el humor alegre y los estómagos agradecidos, no tardamos en alcanzar el punto de partida cuando la dorada luz del ardiente Febo comienza a teñirse con los colores del crepúsculo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,310 Km. 6 h. 20 min. Fácil Soleado 

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Abrumados por la bruma

Cómo chove miudiño,
cómo miudiño chove;
cómo chove miudiño
pola banda de Laíño,
pola banda de Lestrove.

En una jornada como la de este lunes es inevitable el recordar estos versos de Rosalía. No estamos en Laiño ni en Lestrove pero el paisaje que evocan seguramente es muy similar al que nos ofrecían la banda de Nespereira o la de Louredo en nuestra caminata de ayer aunque sin la tristeza y la morriña que emana del poema de nuestra querida poetisa pues estos chicos de Sendereando, aún en los trances más severos, no pierden el ánimo ni el goce que les proporciona  una caminada en  estos montes que nos rodean.

Ya en el punto de partida, la iglesia de San Martín de Nespereira, la niebla envolvía la aldea convirtiéndola en un paisaje de sombras. Monte arriba la bruma persiste siempre acompañada de un pertinaz orballo que a veces se torna en lluvia más intensa sin llegar al chaparrón.

Por cualquier resquicio que la canalice el agua baja en pequeños rápidos y saltos por donde se desborda inundando pistas, senderos y caminos. Brillan las piedras y en las grandes lajas el caminante ha de pisar con tiento, pues la roca mojada es un piso resbaladizo donde una caída puede ser fatal.

En lo alto de la sierra, los grandes penedos casi ocultos por la niebla y la llovizna se insinúan como formas caprichosas que sugieren  siniestras figuraciones en los caletres más imaginativos. Los altos del Galleiro, a casi 800 m. de altitud, envueltos en la bruma ya no son los estupendos miradores de los días claros desde los que se dominan las espléndidas panorámicas de la ría de Vigo y del valle del Louro. No hay nada a su alrededor, son picos solitarios, cortas elevaciones sin la perspectiva que les da la luz, pues la niebla les ha robado su altura, sus laderas, sus montes vecinos más pequeños que son los testigos de su grandiosidad.

Pero el esfuerzo de subir hasta allí no lo evita la niebla y hay que darle duro para alcanzar el vértice geodésico que nos confirma que hemos alcanzado la más alta cima del Galleiro. Siempre acompañados por la niebla y la llovizna, ahora en franco descenso, llegamos a las orillas del Rego Torroeiras que baja enloquecido con su cauce rebosante de espuma en rapidísimo fluir, precipitándose monte abajo en pronunciada pendiente hacia el cercano Louro al que  entregará sus agitadas aguas.

Nosotros bajamos con él hasta la N-550 en donde se encuentra el restaurante O Cruceiro, el único lugar en esta jornada en el que la niebla ha quedado afuera.

Hemos dejado atrás unos 16 Km. de lluvia y bruma y aún nos quedan casi la mitad para regresar al punto de inicio, otra vez monte arriba, durante casi tres horas que nos han servido para llegar con la digestión bien hecha y celebrar el fin de la jornada más brumosa que hemos tenido hasta la fecha.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,060 Km. 7 h. 39 min. Alta Niebla/Lluvia 

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Por el Umia (Entre Cuntis y A Estrada)

Iniciamos la ruta en Vilar do Mato, en el municipio de Cuntis, con un buen chaparrón que va amainando a medida que avanzamos para introducirnos en el PRG 123, un precioso sendero que discurre paralelo al río Umia que fluye pletórico en estos días de abundantes aguaceros.

Entre el brillante color castaño de la hojarasca mojada y el verde intenso del musgo que cubre árboles y rocas, el camino es una exultante explosión de colores que alegra la vista y colma  los sentidos con la frescura de la brisa, el fragor de la corriente y el rumor de la arboleda acompañado por el repiqueteo intermitente de la lluvia que aparece y desaparece  caprichosamente.

Dejando el río atrás, alcanzamos la parroquia  de Cequeril desde donde comienza la ascensión hasta su descuidado parque arqueológico cuyo Outeiro do Galiñeiro, principal estación  neolítica del yacimiento, está cubierto de tojo y completamente abandonado. Como ocurre con indeseable frecuencia, mucha foto el día de la inauguración para caer en el olvido a los pocos meses.

Hay que seguir ascendiendo, a veces por empinadas rampas que imponen  una marcha lenta y hasta penosa, hasta los casi 800 m. de altitud del Monte dos Cregos, ya en el municipio de A Estrada. Ahora, un relajado descenso por pistas forestales y estrechos carreiriños nos lleva a O Montillón de Abaixo, un núcleo rural en donde nos espera un copioso cocido con todos los ingredientes que demanda la receta tradicional: cacheira, gallina, tocino, chorizo, lacón, repollo, patatas, garbanzos, regado con mencía Rectoral de Amandi y rematado con filloas y tetilla con membrillo. A pesar de los 16 Km. que llevábamos a las espaldas no fuimos capaces que liquidar todo el material, así que aún sobró para la ropa vieja del día siguiente.

Reforzados con semejante combustible, recorremos sin apenas darnos cuenta la media docena de kilómetros que nos separan del punto de partida adonde llegamos ya con luz ahora que el invierno va caminando lentamente hacia los claros atardeceres de la primavera.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,320 Km. 6 h. 33 min. Alta Lluvioso 

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Monte Xiabre

En el año 2000 Adrián y Carlos fundaron el grupo de los lunes con el nombre de Los Lunes al Sol como una escisión del de los sábados para jubilados. Adri ya no está con nosotros pues falleció y Carlos abandonó la práctica del senderismo, pero el grupo de los lunes sigue con algunos abandonos y nuevas incorporaciones que lo mantienen vivo.

Vivo y masculino, pues durante estos últimos quince años siempre fueron hombres los que formaron en sus filas. Hasta este lunes en el que Carmen, la intrépida senderista del grupo de los sábados, se unió al de los lunes en el que fue aceptada con toda naturalidad. Ella nos dio el aprobado y nosotros le damos sobresaliente invitando a quien lo desee, hombre o mujer, a acompañarnos siempre que esté a la altura de las circunstancias, es decir dispuesto a patear un par de docenas de kilómetros, por montes y valles, con frío o calor, con ciclogénesis o sin ella.

El monte Xiabre es la elevación más alta de la cadena montañosa que lleva su nombre en la cual se halla también el monte Lobeira en donde estuvimos hace un par de semanas. Lobeira tiene casi 300 m. de altitud y Xiabre roza los 650 m. Desde Lobeira se contemplan magníficas vistas de la ría de Arousa y del valle del Salnés y desde el Xiabre parece que también pero no pudimos comprobarlo en esta ocasión debido a la densa niebla que cubría todo su entorno, así que habrá que dejarlo para otra ocasión.

La ruta se inició en el lugar de Areas en donde nos sorprendió la monumental fuente con reloj que llama la atención en un sitio tan pequeño, en las afueras de Vilagarcía. Desde allí, monte arriba, alcanzamos la zona recreativa de Fontefría, muy frecuentada por la población vilagarciana para pasar allí el día cuando el buen tiempo lo permite. Poco a poco la niebla se va apoderando del paisaje hasta que apenas si se ve algo más que nuestras botas y el camino.

Arriba, en la cima, la siluetas de eólicos y antenas se perfilan entre la niebla. La temperatura ha bajado drásticamente y sopla un viento gélido que obliga a sacar guantes, bragas y capuchas hasta que, monte abajo, se abre el día y entre algún que otro chaparrón llegamos a los aledaños de Vilagarcía y allí, en el Bar da Silva, en Trabanca Badiña, interrumpimos la marcha para allegarnos unas almejas a la marinera con una rica salsa que agotó a base se sopas todo el pan que había en la mesa, siguiéndole un plato-fuente rebosando jamón asado y patatas fritas para rematar con flan de la casa que estaba para chuparse los dedos. Pena que el vino era un jarabe un  tanto amargo que solo podía trasegarse enmascarándolo con gaseosa.

Como de costumbre, entretenemos la digestión caminando los 5 o 6 Km. que nos separan del punto de inicio, ahora casi siempre  por llano entre tierras de labor y algún que otro pinar, agotando así esta jornada novedosa por ser la primera vez que contamos con presencia femenina en el Sendereando de los lunes.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,690 Km. 6 h.41 min. Media Niebla/Lluvia 

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