Andantes y «comientes» en Casa Paco

Andantes veinticinco, adjuntos once. Total treinta y seis «comientes» que nos hemos reunido en ese templo de la gastronomía que es Casa Paco, en Torroña, para disfrutar de sus míticos percebes y cabrito asado en el centro del menú precedidos de empanada a base de «ropa vieja» (los restos del cocido de ayer) y mejillones al vapor para ser rematados por tarta helada, filloas rellenas y macedonia de piña en su propia corteza, todo regado con mencía del país.

En resumen, un auténtico premio para los esforzados caminantes que, partiendo de Oliveira, emblemático punto de partida para este clásico de Sendereando y guiados por otro clásico de nuestras caminatas, Eduardo, después de atravesar su hermosa fraga, orillando el río da Groba, alcanzamos un estratégico paso estrecho por el que podemos vadear el río para seguir monte arriba por los vericuetos, pistas y senderos por los que vamos metiéndonos más y más en las entrañas de la sierra de A Groba en cuyo corazón se encuentra nuestro objetivo.

La mañana nos presenta un cielo gris y templada temperatura que augura una tranquila jornada entre las fincas, ríos y pinares por los que que hemos de caminar pero, a medida que el día avanza, aquellas tímidas nubes se van tornando cada vez más espesas, oscuras y amenazantes.

La suave brisa deviene en fría ventolera, el primer orballo en lluvia persistente. Surgen capotas, paraguas y chubasqueros. Las firmes pisadas se convierten en inseguros chapoteos y el apretado conjunto del inicio es ahora una larga fila multicolor que avanza alegre y sin desmayo hasta alcanzar el ansiado alcázar que encierra las delicias que deleitarán nuestra papilas, llenarán nuestros estómagos y repondrán en nuestro organismo las energías consumidas en el camino de ida y las necesarias para el  del regreso.

Gran algaravía reina entre la tropa que llena el mesón. A los postres suenan al compás de la guitarra de Cristina y el laúd de José viejas cantigas del país, algún bolero y alegres tonadas populares.

Es hora de regresar. Los «andantes» recogen sus bártulos y abandonan el tibio y confortable ambiente de la casa para enfrentarse al temporal que en forma de diluvio les espera en el exterior. Y allá van los de Sendereando, a paso ligero, echándole al mal tiempo buena cara, celebrando entre gritos que apaga el viento la gozosa jornada.

Recordando al gran Espronceda me vienen a la memoria aquellos versos, ahora arreglados para la ocasión:

Camina amigo mío,
sin temor
que ni el cielo más sombrío
ni tormenta, ni bonanza
torcer a tu rumbo alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Así lo hicieron desafiando al rudo temporal de agua y viento que les acompañó durante todo el tiempo hasta llegar al punto de partida cuando la tarde iba pasando del gris oscuro al negro cerrado.

Nota: Las fotos y el vídeo son obra de Cristina que es nuestra cronista gráfica habitual en las rutas sabatinas.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,000 Km. 5 h. 30 min. Media Lluvioso 

Y el río va…

Y el río va… el agua va, algo alocada por el joven arroyo entre los muiños de Freaza, huecos fantasmas de piedra,  de rodicios muertos e infernos vacíos.

Se serena río abajo, aprisionada en las presas, quieta y brillante como un espejo en el que se hunden los árboles de la ribera en el fondo de un cielo azul inmaculado. El dique centenario rompe el espejo en mil pedazos de espuma y vuelve el agua a su vehemente carrera buscando los viejos  muiños  que se mantienen,  testigos del antiguo ajetreo, solitarios y silenciosos, indiferentes al inútil entusiasmo de la corriente que antaño los colmaba de vida en la molienda del pan nuestro de cada día.

Ya no suenan los cantares, ni los paliques de los días de muiñada. Ha enmudecido el chirriar de los carros del país, las piedras de moler permanecen inmóviles y calladas. Ningún ruido que no sea el de nuestras pisadas apaga el rumor del agua que corre río abajo, olvidada de los viejos tiempos.

A aquel trajín de idas y venidas en los tiempos de molienda le sustituyen ahora los  andares no exentos de nostalgia de los que conocimos todo aquello.

Solamente el río sigue igual en su eterno curso hacia el mar que es el vivir, diremos parafraseando al poeta castellano, porque mientras recorremos los hermosos parajes que nos ofrece el río Barragán disfrutando de la hermosura que nos depara la madre naturaleza, únicamente el gozo de existir y las ansias de vivir inundan nuestro ser.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,860 Km. 6 h. 24 min. Fácil Nublado 

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La pirámide de A Peneda

Comenzamos la caminata de este lunes en el lugar llamado O Cruceiro do Viso, en la parroquia redondelana del mismo nombre donde efectivamente existe un cruceiro de piedra queestá situado en un cruce de caminos que es donde habitualmente se instalaban este tipo de monumentos. En poco más de media hora de camino monte arriba alcanzamos el Alto da Cabaleira, una terraza desde donde se disfruta de una magnífica vista de la ensenada de Rande con su monumental puente al fondo.

A poco más de un par de kilómetros se encuentra la localidad de O Viso en cuyas inmediaciones se alza el monte de A Peneda, una atalaya en forma de cono  con vistas a la ría de Vigo y al valle del río Verdugo,  «una pirámide que llaman A Peneda» según dejó escrito el P. Sarmiento, eminente polígrafo del siglo XVIII, de origen berciano (hay quien dice que nació en Cerdedo) que pasó una parte de su vida en Pontevedra donde su padre tenía el cargo de Correo Mayor.

En este monte de A Peneda construyó el castillo de Castrizán Alonso II de Fonseca. Dos años más tarde, fue conquistado y destruido por nuestro famoso Pedro Madruga, amigo de Doña Urraca y enemigo de los Reyes Católicos. También fue poblado castrexo. En la actualidad es sitio de romería alzándose en su cúpula la ermita de Nª Sª das Neves.

A pesar de  que el tiempo está cambiante, entre chubascos y claros, podemos disfrutar de las espléndidas vistas que se nos ofrecen desde este privilegiado mirador.

Ahora toca bajar hasta llegar a Soutomaior, pasando por el sendero que rodea a su castillo, (éste era el de Pedro Madruga).Seguimos cuesta abajo por el GR 58 que nos lleva, después de atravesar el centro urbano, hasta el puente medieval construido sobre el río Verdugo.

Siguiendo la margen derecha del río durante unos 5 Km., entre pequeños núcleos de población y algún tramo de asfalto, nos metemos entre fincas, parras  y algo de monte por los senderos que nos llevan hasta el puente medieval de origen romano que  une Pontesampaio con Arcade.

El primero pertenece al ayuntamiento de Pontevedra y Arcade al de Soutomaior. En este último se encuentra el restaurante O Caseiro que, aunque cierra los lunes, abrió sus puertas para estos chicos de Sendereando.

Sopa del cocido del domingo, lentejas, lomo al ajillo o gallo a la plancha fueron los manjares que nos habían preparado para alegrarnos las vísceras y reponer energías. Así fue, ya que en un periquete, superando con facilidad un par de empinadas rampas, recorrimos la escasa legua que nos distanciaba del punto de partida.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,060 Km. 6 h. 51 min. Media Chubascos 

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Monte Lobeira

Parece ser que por aquí estuvo situado el Castrum Luperiae, un enclave castrexo  de los primeros años de la era cristiana. No llega a los 300 m. de altitud pero es una magnífico mirador con espléndidas vistas a la ría de Arousa, al valle del Salnés y hasta la comarca del Barbanza en la lejanía.

Es el monte Lobeira y fué castillo en el siglo XII, fortaleza en la que se asentó la reina Doña Urraca para defender su territorio. Después de su marcha, el castillo, bastante abandonado, pasó a poder de la mitra compostelana y sus posteriores dueños no tuvieron interés en conservarlo hasta que en el siglo XV las luchas irmandiñas consumaron su destrucción casi completa.

Hoy apenas si quedan algunos vestigios consistentes en un aljibe, parte de las escaleras de piedra y las huellas de los antiguos cimientos en las grandes rocas sobre las que en la actualidad se eleva una gran cruz de hierro que preside el impresionante panorama que desde allí se divisa.

Este era el objetivo de nuestra caminata y allí hemos llegado partiendo del Pazo de Tapedello en la parroquia vilanovense de András. Entre fincas de cultivo y pequeños núcleos de población, con la ría de Arousa al fondo, entramos en las inmediaciones del monte internándonos en sus pinares para llegar por pistas forestales hasta el denominado Faro das Lúas, un promontorio rematado por la escultura del villagarciano Manolo Chazo, tres medias lunas de acero inoxidable que le han dado nombre , que constituye una magnífica atalaya para admirar el paisaje que le rodea.

Unos  cientos de metros más de pistas forestales y alcanzamos la zona recreativa del Monte Lobeira en donde nos detenemos con  más tiempo para reponer fuerzas y subir a la cima. Desde allí disfrutamos de la bellísima estampa que nos ofrece la ría de Arousa y el valle del Salnés en esta mañana de luz y sol, en condiciones inmejorables para contemplar el fastuoso cuadro que se abre ante nuestros asombrados ojos.

Ahora toca bajar hasta los aledaños de Vilagarcía, donde a la vera de la autovía, se encuentra el Bar Acueducto, un rústico  establecimiento que ha preparado para los chicos de los lunes un generoso cocido elaborado según los cánones de la más recia tradición, precedido de la inevitable sopa, regado con ribeiro y rematado con un par de tartas heladas, cafés, infusiones y licores para aquellos que aún encuentran en esos brebajes estímulo energético para completar la caminata.

Como no podía de ser de otra forma, alegres y felices, reemprendemos la marcha por estas feraces y suaves tierras del Salnés para llegar, cuando el sol luce que no calienta, al punto de inicio.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,860 Km. 6 h. 30 min. Media Soleado 

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Entre Moaña y Vilaboa

El monte Faro, también llamado Xaxán, con sus 636 m. de altitud es la máxima elevación de la sierra del Morrazo, la cadena montañosa que recorre la península de este a oeste. Con semejante título, podría pensarse que el Faro sería una magnífica atalaya o mirador para contemplar la bellísima ría de Vigo, pero no es así porque un bosque de antenas instaladas en unas estructuras de acero de enorme base forma un entramado de hierros que  impiden ver con claridad la espectacular estampa que la ría ofrece.

A la invasión de los metálicos adefesios hay que añadir el monótono pedorreo de un grupo electrógeno que completa la bestial contaminación ambiental, visual y acústica con la aromática aportación del gas oil.

Uno comprende que estos artefactos son necesarios para sustentar el modo de vida de estos tiempos, ya que sin estas antenas no funcionaría la TV en HD, ni los móviles y no sé cuantos inventos más de los que nos ofrecen las modernas tecnologías, pero esto del Monte Faro supera cualquier expectativa.

El monte Faro o Xaxán queda muy cerca del lugar de San Lourenzo, un pequeño núcleo rural situado en la parroquia de Domaio que es en donde hemos iniciado la caminata de este lunes. En la ladera este del monte se encuentra el Chan da Arquiña, un extenso parque forestal muy frecuentado en primavera y verano que cuenta con un dolmen, monumento funerario megalítico de unos 5.000 años de antigüedad, semienterrado en la mámoa que lo cubría.

Un poco más abajo, a poco menos de una hora de camino, después de otro parque forestal o merendero de menor envergadura que el de A Chan da Arquiña, se encuentra, en una zona acotada al lado de la carretera, otra mámoa. Del dolmen, que se supone estaba allí enterrado, quedan al descubierto unas cuantas  piedras verticales, restos del antiguo monumento. Este dolmen no tiene nombre que se sepa y está bastante abandonado.

De ahí parte una larga pista forestal paralela a la costa de la ensenada de San Simón. La pista discurre por la parte alta del monte y se contempla, a medida que se camina, el mar allá abajo insinuado tras los pinos y los eucaliptos. Después hay que descender un largo trecho hasta atravesar la AP 9 por el túnel que nos lleva al barrio de O Carballal en la N 554, al borde del mar.

Allí, en el Bodegón homónimo del barrio, paramos para descansar y comer después de lo cual reemprendemos la marcha que nos obliga a subir todo lo que hemos bajado, una larga y fatigosa ascensión cuyo esfuerzo es compensado con las excelentes vistas de la bahía de Vigo a la que las nubes que se han ido formando después del mediodía han convertido en una inmensa lámina de color acerado bajo el cielo plomizo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
24,930 Km. 6 h. 58 min. Media Soleado 

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