Vuelve el agua a La Groba

poza3p.jpg El Lunes pasado, los chicos de Los Lunes al Sol nos hemos dado una vuelta por la sierra de la Groba, esa cadena montañosa que se desliza en su vertiente norte hacia el Valle Miñor y mira en su cara noroeste a la ensenada de Bayona. Partiendo del Chan da Lagoa hemos bajado hasta las Pozas de Mougás, casi secas en el pasado estío y pletóricas ahora de la fuerza y belleza que le da la espléndida cascada que se precipita rugiente y espumosa sobre sus rocas.

En el largo y seco verano aún reciente hemos visto y sufrido los enormes incendios que arrasaron nuestros montes. Hace unos días una tremenda borrasca desbordó ríos e inundó de agua y lodo calles, viviendas y negocios en algunas de nuestras poblaciones.

En esta mañana del lunes, el cielo lucía limpio y azul, los caminos polvorientos hace poco más de un mes, habían recuperado su verde tapiz, los regatos y arroyos, mudos y pedregosos no hace mucho, dejan oír ahora el alegre borboteo del agua que brinca sobre las piedras de su cauce o se desploma de roca en roca, desde lo alto, como una cola de caballo.

Vale la pena darse una vuelta por estos parajes y disfrutar de la naturaleza, hace poco temible y perniciosa, ahora benigna y hermosa.

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Rapaces en Chandebrito

buhoap.jpgEn nuestra Caminata Sabatina de ayer, nos hemos llegado a Chandebrito, población rural situada en el delicioso valle que media entre el monte Alba y los Outeiros. Allí habita Manuel, un entusiasta aficionado a las aves rapaces que cuida y entrena en el arte de la cetrería en el que es un conocido experto, premiado en varios certámenes de prestigio dentro y fuera de nuestro país.

A Manuel lo conocimos en Agosto, cuando pasábamos por Chandebrito, en cuyo torreiro se estaba celebrando la fiesta local. Allí estaban Manuel y su esposa portando un impresionante ejemplar de buho real. Entablamos conversación con ellos que nos brindaroazorbp.jpgn su generosa hospitalidad. Cuando quiéramos pasar por su casa nos mostrarían algunos ejemplares de estas hermosas y elegantes aves.

Nos acompañaba Jaime, nuestro especialista en pájaros, cuyos amenos y eruditos comentarios ilustran nuestra revista. Jaime y Manuel mantuvieron una interesantísisima conversación en torno a las aves que nos iban enseñando que acaparó absolutamente la atención de todos nosotros.

 

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Senderos de fuego

Durante estos últimos diez días una parte importante de Galicia ha sido y aún está siendo arrasada por el fuego, especialmente Pontevedra y A Coruña. La verde Galicia, que tiene su expresión más dulce y coqueta en las Rías bajas, bravía y hermosa en Las Rías Altas, ofrece ahora una imagen de desolación y tristeza.

He reunido aquí unas cuantas imágenes de lo que era antes de los incendios y de lo que queda después.

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Estas son las llamas del crepúsculo, cuando el sol languidece y cierra la tarde, bajando el telón en negro sobre rojo.

 

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No son las luces del crepúsculo sino el fuego que devora la noche, arrasa todo a su paso, no purifica, contamina, no calienta sino abrasa, no ilumina sino ciega.

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¿Qué din os rumorosos..? cantaba Pondal. Silencio y desolación. El monte calla. Un luto de ceniza y humo negro ha hecho del bosque un inmenso catafalco.

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Noble animal, recio y vigoroso cuando campas libre, abriendo caminos monte a través con tu manada. Ahora te has quedado solo. Algo ocurre, el aire está cargado de un silencio espeso y cenizo, de negro presagio.

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Tus relinchos eran alaridos, tu coraje, pavor. Lamieron tu piel enormes lenguas de fuego, implacables y crueles. Sucumbiste y muchos como tú sucumbieron reventados tras sádico suplicio.

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Bomberos de corbata y despacho rizan el rizo con sus declaraciones, improvisan estrategias, ahora que es demasiado tarde, mientras brigadistas y voluntarios se entregan con coraje a la lucha desigual contra el monstruo de fuego.

La fraga de Oliveira

Oliveira es una pequeña población situada en la parroquia de Borreiros, pertenciente al concello de Gondomar. Para llegar allí hay que tomar la carretera que sale de Sabarís (Bayona), frente a la ferretería “La Cruz Roja” y seguir por ahí unos 11 km. Después de pasar por una plantación de kiwis que atraviesa un tramo de carretera bastante deteriorado, si se va con cuidado, se encontrará un indicador que nos señala que bajando a la izquierda, estamos en Oliveira.

Si seguimos bajando nos toparemos con un panel explicativo de la Fraga de Oliveira.

La fraga discurre por las riberas del río Groba, entre los lugares de Oliveira, que pertenece al concello de Gondomar, y Belesar que pertenece al de Bayona.

En esta ocasión nos acompañan unos amigos de Marta y Pili, asiduas senderistas de la Caminata Sabatina que, procedentes de Miami, están pasando unos días en Galicia y, como allá donde viven todo es llano, tenían mucho interés en hacer un recorrido por alguno de nuestros valles y montañas.

Salimos de la finca de Oliveira, de nuestros amigos Nené y Eduardo, donde nos hacemos la foto de familia. Nos acompaña también el entrañable Café, nuestro burro senderista que vive aquí en la finca de Oliveira y que conoce muy bien las pistas y senderos de estos alrededores.

La fraga de Oliveira es frondosa y oscura, aún en estas luminosas mañanas del estío. El terreno es accidentado y obliga a caminar por empinadas rampas hasta llegar al río Groba cuyas aguas son ahora más escasas y mansas que las del vigoroso torrente de la estación de las lluvias.

Llegados al fondo de la fraga, atravesamos el rústico puente de piedra que nos conduce a la próxima aldea de Belesar, recostada en la falda de la sierra de la Groba.

Dejando Belesar a nuestra espalda, continuamos por la pista forestal, que nos lleva de nuevo a cruzar el río y ascendemos hasta alcanzar una de las pistas más altas que nos llevan de vuelta a Oliveira. Es esta pista un magnífico mirador de la ría de Vigo, con las Cíes al fondo. En este claro día de verano, el color del mar es de un azul intenso. La hermosísima estampa del valle deslizándose hasta lamer el mar cautiva nuestros sentidos.

Ahora todo es bajar. Café sigue encabezando la marcha. no tardaremos en llegar. Ya de nuevo en su terreno, nos avisa con unos espléndidos y sonoros rebuznos de que la marcha ha terminado.