Bordeando el Padre Miño

Las fotografías que se muestran a continuación correspoden a las impresiones obtenidas en la ruta del PRG 19, que es un sendero que discurre por la orilla del Miño, en su último tramo, ya cerca del mar Atlántico, poco antes de entregarle su caudal.

Son imágenes del invierno, recién abandonado el otoño.

Discurrre el sendero entre brillantes tapices de fina hierba

Silencio y quietud, el río va…

Santa Tegra, al fondo, esperando al Miño, eternamente

La vida es dura, el río ayuda…

Hendido por el rayo, solitario y muerto

Y VA DE ESTADÍSTICAS

A continuación se exponen los gráficos correspondientes a los kilómetros «consumidos» por cada uno de los componentes tanto de la Caminata sabatina como los de Los Lunes al sol, desde el primero de Enero de este año, en base a los datos que Carlos, uno de nuestros senderistas más veteranos, nos ha facilitado. Periódicamente iremos dando cuenta de los kilómetros que acumula cada uno.

¡Animo, amigos de sendereando! Ya sabéis, a más kilómetros más salud. Como reza un viejo dicho: Si quieres vida pa rato, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato.

La urraca (Pica pica)

Urraca, nombre de mujer, de reina incluso, que el pueblo castellano quiso dar a esta conocida ave que tiene la propiedad de parlotear como una fémina; marica la llaman en Valladolid quizás por el mismo motivo, su constante palique de mujer.

Urraca, onomatopeya también de la más común de sus voces, el reclamo ronco y seco que recuerda al sonido de una caja de cerillas agitada rápidamente.

Pega en Galicia, herencia clara del pica con que la bautizaron los romanos.

Picaza, picaraza, gaya…

Muchos nombres para una habitual de nuestro entorno, siempre merodeando a nuestro alrededor, y siempre temerosa de nosotros. El habla popular la compara al que excesivamente apegado a los objetos cotidianos nunca tira nada; todo, sobre todo las cosas inútiles, le llama la atención. Y así no nos ha costado imaginárnosla, coleccionista de mil y una baratijas en su nido, atrevida, al punto de colarse por nuestra ventana, descuidadamente abierta, y ponerse a curiosear en nuestras cosas. Sigue leyendo

EL PETIRROJO (Erithacus rubecula)

El pasado 17 de diciembre nos paseamos «de sifón a sifón«por los alrededores de los Valos, un entorno predominantemente forestal, aunque bastante humanizado, en el que además del bosque se cruzan algunos pequeños núcleos urbanos, que a veces no son más que casas aisladas entre la vegetación. Las especies de aves que sorprendimos fueron casi exclusivamente las propias del medio forestal, y además aquellas que han aprendido a vivir en sociedad con el hombre.

De las forestales destaca el petirrojo, paporrubio en galego, que muestra un grado de confianza muy elevado, dejándose aproximar a distancias que otras aves jamás permitirían. Es muy abundante en nuestra zona, como en la mayor parte de la mitad norte de la península ibérica, pero en invierno, los efectivos locales se ven reforzados por miles de individuos que bajan de latitudes más septentrionales, huyendo del frío y la nieve, y que invaden por así decirlo los territorios de “nuestros” petirrojos.

El acusado sentido de territorialidad que caracteriza a estos pájaros se hace especialmente evidente en esta época, debido a que tienen más rivales de quienes defender a sus árboles, sendas y matorrales.

A pesar de su pequeño tamaño, el petirrojo se muestra muy agresivo con todos los que se atrevan a disputarle su terreno.

El sábado 24 de diciembre, víspera de Navidad, fuimos a recorrer el “camino del agua”, en A Ermida, Pazos de Borbén ; es un sendero que transcurre entre carballos, castaños, abedules y sauces la mayor parte de su recorrido. La presencia de petirrojos es allí constante.

En seguida observamos que cada cierto número de metros veíamos alguno, siempre posado en una rama baja, en un tocón o en una piedra al borde del camino, y el patrón de comportamiento era siempre también el mismo; aguantaban muy valientemente nuestra aproximación hasta que, por fin, levantaban el vuelo para alejarse un poco nada más, hacia adelante, pero profundizando ligeramente en la espesura y, así que habíamos pasado de largo, les veíamos volver a ocupar su anterior percha.

Pues bien; en una de estas nos tocó hacer una parada técnica (y no porque nadie tuviera que cambiarle el agua al canario); nos detuvimos para descansar un poco y reponer fuerzas con la poca fruta que solemos llevar al efecto; para nuestra pausa elegimos un recodo del camino que estaba soleado, lo que era de agradecer en una mañana fría como aquella.

Coincidiendo con nuestra llegada, el consabido petirrojo titular de este territorio había volado hasta un árbol distante unos quince metros del camino, y desde una de sus ramas nos observaba, ansioso.

Apenas conscientes de nuestro observador, nosotros charlábamos y comíamos formando un círculo, pequeño. Yo me encontraba al borde del camino, de espaldas al árbol en el que se había refugiado el pájaro, así que no lo ví venir volando hasta nosotros, como luego me contaron mis compañeros, ni me di cuenta de que se llegaba hasta mi hombro, donde amagó posarse, o eso pareció en principio, porque no llegó a quedarse.

Todo lo que yo noté fue un rumor, o zumbido junto a mi oreja izquierda, y que algo me movía el pelo, que lo llevo medio largo, pero no tuve tiempo de enterarme de lo que era.

Eduardo fue quien me dijo lo que había pasado. Llegamos a la conclusión de que probablemente, aquel celoso señor de su territorio, intentaba ahuyentarnos a nosotros, pájaros de mal agüero.

Por qué me abordó a mí es algo que aún no sé; quizás fue porque le parecí el más débil o porque era yo quien más cerca le quedaba. Yo prefiero pensar que fue por ser el que tenía el aspecto más desaliñado, más asilvestrado, y que eso me valió el raro privilegio de ser tomado, por mi delicado agresor, por un pájaro de cuenta.

Jaime

De orejas saladas a orejas dulces ¡Menudo festín!

Los de «Los Lunes al sol», después de cada caminata, solemos darnos un pequeño homenaje gastronómico con las viandas, postres y vinos que cada uno aporta y que, a veces, también cocina in situ.

Si hace mal tiempo o hace frío, nos cobijamos en el refugio de San Campio y si hace bueno, en cualquier merendero o parque forestal cercano a nuestras andanzas.

El pasado lunes, después de hacer la ruta por el Alto da Pena, cuya referencia aparecerá uno de estos días en «sendereando», nos hemos puesto como «el quico», según se puede leer a continuación en estos versos festivos que titulo:

______________________CUCHIPANDA________________________

Suaves trocitos, cartilaginosos,
de gorrina oreja en aceite aliñados,
ibérico lomo, tortilla casera,
jamón de bellota y manchego queso,
fueron los entrantes…

Callos con garbanzos la mar de sabrosos
en su punto exacto, tan bien cocinados…
bacalao y pasas, la empanada entera,
todo fue pa dentro y aparte d´eso
estos caminantes…

aún no satisfechos, hambrientos y ansiosos,
dieron buena cuenta ¡quedáis asombrados!
de la oreja dulce, la carnavalera,
tarta de manzana, torrijas al peso,
y desengrasantes…

rioja reserva Marqués de Victoria,
el rojo mencía que sabía a gloria,
el blanco pitarra que alegra el gaznate
y el moscatel dulce que priva a este vate.

Señor de los cielos,
protege a estos tíos,
que aunque botas gasten pisando esos suelos,
si al yantar cometen tales desvaríos
más tarde o temprano amanecen lelos.

San Campio, Lunes, 6 de Febrero de 2006