El Cereixo y el mirlo acuático

Amaneció un sábado infame, como hacía tiempo que no teníamos. La primera intención al mirar por la ventana fue la de volverse a la cama. Después de meses echando de menos la lluvia por fin había llegado.
En el lugar de costumbre solo aparecimos José, Eduardo y yo. Aunque la ruta prevista era otra, Eduardo propuso ir a conocer un camino nuevo que había descubierto durante la semana santa en Pinzás, poco después de Donas.
Es esta una zona de monte, con abundante pino de Monterrey, alto, y que resulta muy atractiva por la cantidad de espacios relativamente silvestres que conserva. Otras veces hemos caminado por allí.
Dejamos el coche junto al parque infantil, apenas llegando al pueblo, y en seguida nos pusimos en marcha guiados por Eduardo, que nos contó que unos días antes él y su hijo habían recorrido un tramo del río Cereixo que les había dejado impresionados.
En los primeros metros de nuestro camino, todavía saliendo del pueblo, pudimos oír el inconfundible canto del cuco, el primero que oíamos este año. Sonaba fuerte y próximo, pero por desgracia no íbamos en su dirección. Como compensación, a pocos metros apareció una abubilla, primera también del 2012, en un cable del teléfono, preciosa con su largo pico curvo y su gracioso bonete, un abanico de plumas con el que adorna su cabeza.
Seguimos caminando a buen ritmo y, no mucho después, pudimos ver a nuestra derecha el curso del río Cereixo, o “da Briña”, como también figura en el mapa. Todavía un río relativamente modesto, de poca anchura y de aguas bastante calmas, aparecía ya, según nos contaba Eduardo, claramente beneficiado de las lluvias de la última semana.
Somos caminantes veteranos que disfrutamos con la vista de la naturaleza que nos rodea, y que siendo siempre distinta, porque nuestros paseos tienen lugar en una amplia variedad de lugares, mantiene siempre unas señas de identidad muy claras. Llevábamos muchos meses caminando, sábado a sábado, por un entorno muy querido que, por la falta de lluvia, se estaba agostando prematuramente. El milagroso cambio obrado por la lluvia nos estaba haciendo salir el corazón por la boca.
Ya a la orilla del Cereixo el agua iba muy alegre, y con relativa frecuencia era blanca. La vegetación era abundante, fragosa, tupida. Predominaba el avellano sobre una variada representación arbórea a base de carballos, loureiros y ameneiros, todos cubiertos de musgo y líquenes. “Esto es maravilloso”, decíamos a cada poco.
El avance no era sencillo pues la abundante vegetación nos cerraba el paso con frecuencia. Por si fuera poco, el terreno empezaba a descender, y el río se estaba encajonando. Tuvimos que bajar entre piedras, agarrándonos a las ramas para no resbalar por el sendero de pescadores que recorríamos, que, ahora, se había vuelto bastante arriesgado.
Como contrapartida, el río a nuestro lado era ahora un espectáculo de enormes piedras redondeadas, por entre las cuales las aguas blancas saltaban alegres, o excavaban surcos increíbles, generando con todo ello un rumor delicioso que nos acompañó todo el paseo.
Yo llevaba un buen rato pensando en el mirlo acuático, primo de babero blanco de nuestro familiar mirlo común, especializado en este tipo de hábitat. Su figura rechoncha contrasta con su carácter inquieto, de constantes movimientos, flexionando las patas y levantando la cola. Así suele marujear por entre las piedras y zambullirse de repente en busca de alimento en el agua, y salir al poco increíblemente seco.
Yo me decía que aquel era un sitio ideal para el acuático pero estaba convencido de que no lo íbamos a ver. No, porque la abundante vegetación nos tapaba con frecuencia el río.
Cada cierto tiempo, sin embargo, Eduardo nos invitaba a asomarnos aquí y allí, y disfrutar de un espectáculo incomparable: cascadas, rápidos, remansos, puentes improvisados, vegetación tropical, o casi, por lo abundantemente que se manifestaba.
Allí, con la boca abierta, yo me volvía a decir que aquello era lo tal para el acuático, pero claro, con nosotros allí, no se iba a presentar.
Poco a poco el río recobró la horizontal y el avance se hizo menos arriesgado. Ahora el cauce era más ancho y por todas partes había ramas y restos de vegetación arrastrados por el río en días, pasados, de riada.
Llegamos por fin a donde el río se ve forzado a remansarse, impedido en su avance por una presa, modesta, de cantería, aunque con un complemento moderno, una compuerta hidráulica alimentada por energía eléctrica de origen solar.
El río se había parado, y también nosotros. Allí nos encontrábamos mirando la presa con sus contrastes, con su mezcla de tradición y modernidad, un poco tristes por que el río aquí perdía la belleza que tan pujantemente había exhibido hasta entonces y que ahora echábamos de menos.
Así estábamos cuando de manera casi desapercibida, sin ruido, sin pausa, cruzó ante nuestros ojos en vuelo rectilíneo, que solo se curvó para salvar el obstáculo de la presa, el mirlo acuático con su babero inmaculadamente blanco.

Jaime


El mirlo acuático posando antes de sumergirse.


El Cereixo comienza regato en los humedales de Pinzás y no tarda en formar preciosos saltos de agua.


En su descenso hacia el Miño abundan los desniveles y cascadas. (Ver vídeo abajo).


Un bosque de cañas de bambú negras, raro en estas latitudes. El hermoso sendero de pescadores corre paralelo a la orilla.


El tramo inicial remata en la presa de Miudiña productora del primer alumbrado de la ciudad de Tui en 1896. Unos cientos de metros río abajo se encuentra un parque con mesas, ermita y fuente.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
Datos de la ruta 8,42 Km. 2 h. 54 min. Media Nubes y claros

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

Nota: Para ampliar, hacer clic en las imágenes.

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2 pensamientos en “El Cereixo y el mirlo acuático

  1. El día 12/05/12 hice la ruta y la parte más complicada por las orillas del Cereixo requiere la debida atención, pero es perfectamente realizable. Esperar que los voluntariosos promotores continuen con su mantenimiento porque es de esos recorridos que todos queremos hacer cuanto antes, no sea que la frondosa vegetación nos deje sin camino de un momento para otro.
    Hermoso recorrido por ese joven y cantarín río que salta por encima de las piedras y que con la misma dinámica sigue aguas abajo del embalse.
    Yo recomendaría el uso de pantalón largo por el tropiezo bastante frecuente con el ramaje y también bastón para alguna bajada comprometida.
    Saludos de Suso.

  2. Pingback: Cereixo arriba | Sendereando

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