Río Ribadil

Amanece entre los pinos cuando suenan sobre la hojarasca los primeros pasos de la caminata de este lunes. Iniciamos la ruta en un lugar sin nombre de la carretera PO 400, cerca de la aldea de Sendelle, en el municipio de Crecente. Entre pinares, por pistas forestales y algo de asfalto, llegamos al lugar de As Carballeiras, no  lejos de A Urxeira que es de donde arranca el precioso sendero del río Ribadil o Sendeiro de Vilar, de accidentado curso, que nace en A Cañiza y desemboca en el Miño.

Entre la frondosa arboleda propia de estos parajes ribereños baja el río, ya cerca de Crecente, pletórico de fuerza, en rápidos que se van escalando a lo largo de su descenso hacia el valle, cruzado por el hermoso puente de Noceifas el cual atravesamos para regresar por la orilla derecha y seguir disfrutando de la incomparable estampa que nos ofrecen sus muiños destejados y vacíos, cubiertos de musgo, vestigios de tiempos pasados y tareas desaparecidas de cuya vida y trajín solo queda el silencio y la calma orquestados por el rumor incesante de sus aguas que, en estos días de lluvias recientes, fluyen alborotadas hasta calmar su ímpetu en la playa fluvial de Mandelos que de playa tiene poco, pues si algún día lo fue, ahora es un lugar abandonado con un trampolín desvencijado  en la orilla y los restos de una compuerta que aún quedan por allí como testimonio de la desidia y el desinterés de los que lo habrán inaugurado a bombo y platillo.

En Mandelos nos desviamos del río a la carretera que nos lleva al lugar de As Barrondas en donde se encuentra  O Pozo do Inferno, de nuevo en el Ribadil, junto a un viejo puente seguramente centenario y un antiguo muiño del que solamente quedan los muros. En febrero del año pasado instalaron allí un pasarela de madera  y una plataforma metálica desde la que se contempla la hermosa cascada que forma en la profundidad del cauce una poza encajonada en el barranco que,  como ocurre en otros sitios de parecida morfología, semejan la entrada al infierno en la imaginería popular.

Ya estamos muy cerca de Crecente a cuyo centro urbano llegamos después de pasar por el barrio de Os Fernández y toparnos con la casa do Concello y a su lado el Bar Creciente en donde nos espera una amplia mesa para los catorce comensales que somos y  que atendidos por Pili, nuestra amable y atenta anfitriona, disfrutamos de una abundante pitanza a base de sopa, empanada y carne estofada, flan de turrón y queso con membrillo, todo regado por un dorado Condado que es el vino de la comarca.

Regresamos a la ruta esta vez por el PRG 174 o Sendeiro do Coto da Cruz por caminos de carro jalonados por las viejas piedras cubiertas de musgo, entre pinares y fincas, hasta dar con O Cruceiro Quebrado de Freixo, un pequeño promontorio sobre el que se eleva la capilla de O Cristo dos Aflixidos, cuya romería se celebra en el mes de julio. Como curiosidad es de resaltar que a cada lado de la puerta hay una ventana porticada en una de las cuales está inscrita la palabra “maiz” mientras que en la otra pone “azeite”. Es de suponer que esas serían las ofrendas de los romeros.

Seguimos nuestro camino por estrechos senderos y empinadas cuestas que, después de pasar por el lugar de Mollapán, nos llevan a las cercanías de Sendelle, la citada aldea muy próxima al sitio en el que hemos iniciado y rematado la hermosa jornada de este lunes fresco y soleado.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
21,190 Km. 6 h. 58 min. Media Soleado 

Para ver el mapa y más detalles de la ruta hacer clic con el ratón aquí.

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