Espuma blanca sobre gris oscuro

Al río Oitavén le ocurre lo que al  Miño con el Sil, que siendo éste el de mayor caudal le entrega sus aguas y su fama. El Oitavén, que nace en la Sierra del Suído y abastece con sus aguas a la ciudad y comarca de Vigo, lo hace con el Verdugo al que, a su paso por las tierras de Soutomaior, le entrega su nombre y su caudal.

Pero el Oitavén no nace solo, sino que se forma al juntarse las aguas del río Xesta y O Rego das Ermitas dando lugar a la bellísima Fervenza de A Freixa.

Aunque en castellano se le llama cascada, el término vernáculo de fervenza me parece que, en este caso, describe con más fuerza y claridad la preciosa e impresionante estampa del  agua despeñándose desde las alturas por la enorme hendidura que forman las inmensas rocas como un profundo lecho de brillante color gris oscuro sobre el que se precipita, en este tiempo de lluvia, la impresionante mata de espuma como una colosal cabellera que derrama su blanco pelaje sobre la profunda garganta que se abre entre los montes de la aldea de Xesta.

Parece que el agua ferve, hierve, a pesar del frío, con miríadas de blancas burbujas, en su caída.

Este era el principal objetivo de la caminata de este lunes pues, aprovechando las intensas lluvias que han caído en estos días, esperábamos encontrarla , como así ha sido, en todo su esplendor.

No es la primera vez que visitamos estos hermosos parajes que acompañan las riberas de los ríos Xesta y Oitabén los cuales nunca defraudan, pero en esta ocasión tanto la fervenza como la senda que discurre por sus riberas nos han deparado una jornada inolvidable.

Con la  imagen de tan impresionante lugar bien grabada en nuestras retinas abandonamos tanta hermosura para seguir camino, ahora bajo un fuerte chaparrón, hacia la aldea de Liñares desde donde descendemos hasta el encantador puente románico construido sobre el río Xesta que baja caudaloso y agitado hacia su encuentro con el Oitavén.

Continúa la marcha por las estribaciones de la Sierra del Suído hasta la aldea de Cortegada desde donde descendemos a la riberas del Oitavén bajo cuya densa arboleda caminamos  sobre la espesa hojarasca  siempre a la vera  del impetuoso caudal cuyo fragor nos acompaña, ahora bajo un cielo azul y claro.

Es un hermoso tramo de unos pocos kilómetros que nos lleva hasta el Bar-Restaurante Gaxate en donde Lito y Dina nos agasajan con un generoso pote de callos con pata y garbanzos seguidos de la contundente troca estofada, todo regado con un tinto de espesa catadura y oscuro semblante que mejor suavizamos con la cantarina gaseosa.

Bien comidos y servidos y después de escuchar las divertidas historias que nos cuenta Lito con el gracejo y estilo del mejor monologuista, continuamos nuestra marcha no sin admirar la ostentosas mansiones con las que los indianos gaxateños han querido dejar memoria del éxito y poderío adquirido en  los lejanos pagos de la emigración.

Ahora toca monte bajo adornado con el amarillo intenso del tojo en flor hasta alcanzar el Santuario do Cristo de Xende, inicio y fin de la espléndida jornada senderista de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,590 Km. 5 h. 30 min. Media Nubes y claros 

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