En las orillas del Tambre

Una de las obras más conocidas de nuestra Rosalía de Castro es la que lleva por título «En las orillas del Sar».

Son poemas de un hondo lirismo romántico, teñidos por la tristeza, la desazón y la añoranza, sentimientos muy distintos a los que nos que nos embargaban en la ruta de este lunes por las orillas del rio Tambre que no se parece en nada al Sar si no es por  la cabecera de este comentario.

Alegría, entusiasmo y disfrute de la exuberante naturaleza que en los inicios de esta primavera nos ofrecen las orillas del ancho Tambre cuyo henchido cauce fluye poderoso hacia su paso por Ponte Maceira, son las sensaciones que nos dominan durante el hermoso paseo que fue la caminata de hoy.

Iniciamos la marcha en Ponte Maceira, un pueblecito al lado de la villa de Negreira que ostenta el título de uno de los» Pueblos más bonitos de España», bien merecido por lo que vemos: su impresionante puente románico parte del conjunto monumental formado por el poblado primitivo, un antiguo molino, presa, capilla de San Blas y el Pazo de Baladrón.

Ya  alcanzada la orilla izquierda, pasamos por la aldea de Rebordáns y el área recreativa de Fiopáns, sorteando pequeños riachuelos afluentes del gran río, hasta llegar a Portochán por cuyo puente vadeamos el Tambre pasando a la margen derecha.

Después de atravesar los jardines e instalaciones de su playa fluvial en el lugar de Tapias, seguimos por un ancho sendero que se convierte al cabo de unos cientos de metros en los estrechos caminitos que, bajo la frondosa arboleda de ribera, nos llevan de nuevo al punto de inicio en Ponte Maceira desde donde nos desplazamos a la vecina Negreira en cuyo restaurante, A Esmorga, damos cuenta de su menú del día   a base de fabada y churrasco, vino del país, animada conversación y el gratificante sentimiento de la gozosa convivencia entre estos buenos amigos unidos por su afición a patear por tan bellos parajes como los de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,270 Km. 5 h. 30 min. Baja Chubascos

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Un lugar especial

Es un lugar tan especial que no nos podemos resistir a visitarlo de vez en cuando.

Es el Castro de Baroña, en Porto do Son, muy frecuentado por excursionistas, senderistas o simples turistas.

Y es que este castro es, entre los muchos que se encuentran en nuestro territorio, uno de los que más llaman la atención por el maravilloso enclave en el que fue construido.

Amurallado en la pequeña península que se adentra en el mar por la playa de Arealonga, es como un castillo da hace 2000 años rodeado de un mar azul y bravo en esta espléndida mañana, ya en la antesala de la inminente primavera.

Las olas baten solemnes y sonoras rompiendo sus blancas fauces contra las altas rocas, inmutables testigos milenarios de tanta hermosura.

Hasta ahí hemos llegado desde la ermita de Santa Lucía, en la parroquia de Queiruga, sendereando entre fincas y pinares, siempre con el mar al fondo, hasta dar con la hermosa playa de Arealonga y su castro asombroso.

Recorremos los restos de sus viviendas circulares, ascendemos hasta su supuesta acrópolis, fantástica atalaya sobre la mar océana, increíble mirador desde donde contemplamos la bellísima estampa de su mar brillante en olas de blanco y azul.

Abandonamos el sitio  y,  ya en el camino de regreso, continuamos, casi siempre con el mar en el escenario de la ruta, hasta dar  con el río Maior que hemos de vadear con mucho tiento pisando en las piedras para no resbalar, siguiendo hasta la ermita de Nª Sª del Carmen y el mirador de A Illa do Mar, ambos en la costa, no lejos de la capilla de Santa Lucía, inicio y final de esta preciosa caminata.

Rematamos la jornada en el restaurante Porto Nadelas, en Porto do Son, en cuya terraza damos buena cuenta  de su menú del día acompañado de un extravagante vino blanco, turbio, de aspecto blanquecino, que nos hizo recordar aquellos caldos que servían en las tascas de los cincuenta, también con  opaca turbidez y desconocida procedencia, lo cual fue objeto de jocosos comentarios y divertidas anécdotas que alegraron tan grata convivencia.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,090 Km. 4 h. 58 min. Baja Nubes y claros 

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La dorsal de Cangas

La villa de Cangas, capital del municipio de Cangas do Morrazo, ostenta una peculiaridad que la distingue de sus vecinas que es la cadena montañosa que la atraviesa de norte a sur como una espina dorsal que divide su casco urbano en dos mitades.

Esa espina dorsal la forman las sierras de A Madalena y O Nacente, a las que accedemos desde el atrio de la iglesia de Santa María de Darbo, uno de los mejores ejemplos del barroco rural que se pueden contemplar en Galicia.

Sigue la caminata entre parcelas y casas aisladas para continuar por el parque forestal de A Pedra Cabalgada desde donde no tardamos el dar con el IES de Monte Carrasco que señala el comienzo de A Serra da da Madalena en la que destacan sus espléndidos miradores sobre las rías de Arousa, Aldán  y la Ría deVigo.

Se trata de los de Monte Leboreiro, O Alto da Garita, O Carballiño y el de Monte Carrasco, siendo éste el que menos vistas ofrece, pues los pinos que lo rodean impiden contemplar la bella panorámica sobre la Ría de Vigo con el Puente de Rande al fondo.

Abandonamos el mirador desde el que no se mira nada para acometer la suave ascensión a la Serra do Nacente, de orografía menos exigente que la de la Madalena, hasta dar con la ermita de San Roque, otra espléndida atalaya sobre la ría, ya en pleno casco urbano,  cuyas calles recorremos durante un corto tramo para adentrarnos, a través de un estrecho carreiriño, en los aledaños de la parroquia de Darbo, siguiendo por O Camiño Vello de San Roque, ahora asfaltado, hasta el atrio de Santa María, inicio y fin de esta hermosa caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
14,110 Km. 4 h. 10 min. Media Chubascos 

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El Dúo Dinámico

El Dúo Dinámico, de Manolo y Ramón, fue muy popular allá por la década de los 60.  En el 72 se retiraron y volvieron a aparecer seis años después para dejarlo definitivamente en el 78.

No tan definitiva fue la retirada pues, con motivo de la pandemia del Covid 19, su canción Resistiré fue versionada por más de 50 artistas y músicos que crearon desde sus casas este tema  que cada día a las 20:00 horas sonaba  en todos los balcones.

Pues así como el dúo compuesto por Manolo y Ramón se dedicaba a cantar, el formado por José y Elvira se dedica a caminar en esta lluviosa mañana de principios de marzo, resistiendo la fuerza del viento y de la lluvia que durante las primeras horas no nos concedió tregua.

Iniciamos la ruta en la iglesia de San Miguel de Carballedo, entre las parcelas acotadas y cruzadas por las pistas de lo que fue un proyecto de Extensión Agraria que no sé si sigue en uso a estas alturas. Los caminos y campos están inundados por la lluvia y hasta el lugar conocido como A Braña das Pozas Secas  está  casi intransitable convertido en una piscina natural.

Durante casi 13 Km. recorremos pinares y monte raso así como alguna carballeira  hasta llegar al Foxo do Lobo, en Paraños, que cuando fue restaurado hace unos años lucía como nuevo pero que ahora, cubierto de musgos y oscura su mampostería, tiene el aspecto de una de aquellas antiguas trampas que los vecinos construían para atrapar al lobo.

Ocupados en vadear senderos convertidos en regatos, pistas inundadas y caminos encharcados, apenas si tuvimos oportunidad de pararnos a contemplar las vistas que nos ofrecen los miradores naturales que sí los hay y otros atractivos que nos ofrecería el buen tiempo.

Pero como los que nos gusta es caminar, hemos caminado y recorrido  Os  Tres vales de Cotobade a donde, en otra ocasión más propicia, volveremos  para disfrutar de sus encantos con tiempo soleado.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
12,360 Km. 3 h. 54 min. Media Lluvia 

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