Callada en Gondomar

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Sábado, 10 de Noviembre de 2007
Adrián, Candelas, Carlos S., Carlos P., Carmen,Celia, Dietmar, Isidoro, Jaime, Javier, José, María, Mª Teresa, Mercedes S., Pilar B. y Pilar M.
Recorrido: 20 Km.
Dificultad: Baja
Duración: 5h. 30 min.

No fue una jornada de silencio como podría colegirse del título, sino todo lo contrario. Alegría y jolgorio de los diez y siete componentes de la Caminata Sabatina que hicimos a pie el recorrido, ya tradicional por estas fechas, desde la Parroquia del Carmen, en Las Traviesas, hasta el Bar O Mineiro, en Gondomar, donde dimos buena cuenta de sus famosos callos y su cordero guisado entre otras lindezas que nos hicieron disfrutar sobre el mantel.

Llegar a Gondomar desde Vigo, sin pisar el asfalto es cosa imposible hoy en día, pues la mayor parte de los antiguos caminos y pistas han sido urbanizadas. Aún así, una vez alzanzada La Garrida, en la falda del monte Alba, son más abundantes los caminos y corredoiras que aún se conservan en su estado original.

Como éramos muchos, hicimos la ruta con tranbquilidad y si apurarnos, disfrutando de la compañía de los demás y de las alegres chácharas que se producían aquí y allá.

La buena gente del bar O Mineiro nos esperaba con la mesa puesta y la comida preparada, asú que no tardamos en estar todos sentados y comenzar el estupendo festín. A los cafés, como es habitual en las cuchipandas dela Caminata Sabatina, Dietmar desenfunda su acordeón y tiene lugar la alegre y entusiasta cantata. También hubo baile y, a eso de las seis, tocó pagar y se acabó la jarana.

Siguen unas imágenes que demuestran lo bien que nos lo pasamos.

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Clásica foto de familia antes de la partida.

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Un alto en el camino para darse un respiro.

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La callada en todo su apogeo. Mª Teresa, la nueva, entre sorprendida y encantada con nuestro acordeonista.

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Viascón bajo las estrellas

El pasado Lunes 29, dábamos cuenta de una ruta titulada Entre muiños, fontes, piornos y carballos, un circular de 17 Km. que recorrimos los de Los Lunes al Sol en una espléndida y luminosa mañana de este otoño que nos regala un clima tan poco habitual para estas fechas.

Unos días después, en este fin de semana, tuve el privilegio de disfrutar de la hospitalidad de nuestros buenos amigos José Manuel y Piruca, en la hermosa casa que poseen en Paraños, no lejos de Viascón, en compañía de uno de nuestros luneros, Eduardo. Y se nos ocurrió que sería ineteresante efectuar aquel mismo recorrido pero de noche, seguros de que la oscuridad nos depararía muy diferentes sensaciones.

Y así fue. Iniciamos nuestra andadura en el mismo sitio sitio que el pasado Lunes. Ya notamos que los parroquianos que merodeaban por los aledaños del bar Manolo, nuestro punto de partida, se fijaban con cierto aire de sospecha en torno a aquellos dos tipos con mochila y bastones que se perdían en las sombras de la anochecida.

Eduardo caminaba delante abriendo ruta con su linterna y tratando de indentificar las marcas blancas y amarillas que sirven de guía por el PR G68. A nuestras espaldas quedaban las luces del pueblo y el alumbrado de la carretera que a veces se filtraban a través de la arboleda, mejor dicho de sus sombras, hasta que llegamos a los bajos del río Cabanelas donde la oscuridad era total. Podíamos oir el rumor del agua brillando en efímeros reflejos, pero no veíamos nada a no ser el pequeño espacio que iluminaba la linterna.

Eduardo se detiene un momento.

-¿Oyes?, es un carabo. E scomo un ulular, uuuh, uuuh

-Pues no, no oigo nada

-Sí hombre, uuuuh, uuuuh.

-Ahora sí oigo, le contesto.

-Ya, pero ese soy yo. Para otra vez y escucha.

-Uuuuh, uuuuh.

Es como un gemido que atraviesa el bosque. La Santa Compaña, Fendetestas, los antiguos habitantes de la fraga, merodean de nuevo, redivivos en la noche rural.

Rematado el primer bucle que se cierra en el puente de Rexedoiro volvemos a la pista a cielo abierto, un cielo en verdad oscuro pero límpido y cuajado de estrellas bajo cuyo resplandor, a pesar de no haber luna, podíamos distinguir las marcas del sendero. Retornando al asfalto, alcanzamos la fuente de Natoal y, a pocos metros, la ruta abandona la carretera y nos lleva por el saca ojos, una rampa infernal, pavimentada de cascajos, ramas y piedras, que el lunes pasado, bajo este sol otoñal que más bien parece de estío, nos hizo sudar la gota gorda.

Ahora la rampa no se ve, ni el sol abrasa nuestra espalda, pero hemos de caminar con pies de plomo, lentamente, pues la tenue luz de la linterna no es suficiente para distinguir tanto cascajo bajo nuestros pies y el riesgo de un tropezón o una caída es inminente. Ante nosotros el monte se perfila como una monstruosa joroba negra. Ni las piedras, ni el suelo, ni los pinos tienen forma ni color. Penetramos en la inmensa sombra hasta que alcanzamos la cima del Coto do Castro, desde donde divisamos de nuevo Viascón hundido allá abajo, entre las luces y sombras de la noche.

Bajamos al barrio de Atalaia, y nos detenemos a la salida del puente de Xoan Figueroa para reponer fuerzas a la luz de una solitaria farola. Dan las once en la torre de la iglesia. Apenas reanudada la marcha, una furgoneta se para a nuestro lado.

¿ Boas noites. Necesitan axuda?

-Non moitas gracias, respondemos.

-Pero entón, onde van a estas horas? ¿E alguha promesa?

-Nos home non. E que fixemos esta ruta o Luns posado de día e queríamos ver como era de noite.

Nos miran entre sorprendidos y desconfiados.

¿Entón, no necesitan nada?

-Que non, que vamos a andar, no se preocupen.

-Bueno, pois vaian con coidado. Sorte.

-Graciñas. Boas noites.

Seguimos. Nos queda por recorrer el tercer bucle que nos lleva hasta el Muiño do Río Grande, junto al Lérez. Van quedando atrás las últimas casas de Viascón. La ruta discurre ahora por estrechos y hondos carreiriños, sumidos en la negra oscurridad, entre rústicos muros de piedra apenas insinuados entre las sombras. Es necesario caminar con la máxima concentración para no dar un traspiés que dé con uno de nosotros en el suelo. A nuestra izquierda se alzan ahora, alargadas y siniestras, las altas siluetas de los eucaliptos. Al otro lado brilla, bajo el cielo estrellado una veiga que se extiende cual negra alfombra tras la cerca empedrada. De repente, suenan dos explosiones secas y cercanas y una lluvia se perdigones cae sobre nuestras cabezas y repiquetean contra las hojas del eucalipto. Alguien, desde una casa solitaria, ha visto la luz de nuestra linterna y seguramente quiso dar un aviso, por si acaso… Amparados por la sombras, apagada la linterna durante un rato, seguimos bajando hasta llegar al río.

Aquí la noche es cerrada y oscura. Los árboles altos y frondosos de la ribera, ocultan el cielo y el agua. Es como si el río hubiese desaparecido quedando solamente el fantasmal rumor de la corriente. Hemos llegado a la cota más baja del recorrido. De nuevo ascendemos por la larga cuesta hasta llegar de nuevo a la iglesia y reencontrarnos con la luz y el silencio del pueblo dormido. La campana del templo parroquial da la una.

Hemos caminado casi cinco horas, sumergidos casi todo el tiempo en las sombras espesas que bordean ríos sin ribera, senderos que se insinúan bajo los vigilantes luceros, árboles que se alzan como fantasmas, silencios y rumores inquietantes, ruidos inesperados.

Hemos penetrado en el reino de la sombras, en una experiencia senderista inolvidable.

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Ya es noche cerrada cuando abandonamos la Casa de Paraños. Un piorno solitario en la bajada al Lérez.

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Eduardo abre camino entre las sombras de la noche.

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La fuente de Natoal apenas si se distingue en la oscuridad. El blanco de la artística bañera resalta junto al Muiño da Ponte.

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Entre muiños, fontes, piornos y carballeiras

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Lunes, 29 de Octubre de 2007
Ángel, Carlos, Dietmar, Isidoro, Javier, José y Manolo
Recorrido; 17 Km.
Dificultad: Baja
Duración: 4 h.

De Viascón, en la carretera de Pontevedra a Orense, la N-541, cerca de la cafetería Manolo, bien visible por estar en el borde al comienzo del pueblo, sale el sendero PR G68 del que ya hemos dado cuenta hace poco más de un año en una entrada titulada Viascón, A vía escondida.

Hemos hecho el recorrido otra vez y, de nuevo, hemos disfrutado de sus hermosos y entrañables parajes, viejos y arruinados muiños, frondosas carballeiras, alguna fuente rústica pero monumental, los piornos que tanto abundan en e rural, hoy en desuso o abandonados la mayoría, viejas veredas casi desaparecidas y petroglifos en estado lamentable.

Hemos resumido todo eso en unas cuantas imágenes.

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Por las riberas del Cabanelas nos encontramos, entre otros, los molinos de Reboredos, Daponte, As aceñas darriba y O muiño novo, que de novo, como se ve, tiene bien poco.

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Javier sacia su sed en la fuente de Natoal, situada en un estratégico cruce. A su lado, el contraste de otra fuente en la Carballeira de San Xusto, modelo de chapuza y de mal gusto.

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De la Vereda vella tan sólo queda este trecho de la antigua calzada. El resto ha sido cubierto de hormigón. A Portela das laxes fue en su momento un cuidado recinto que albergaba estas rocas con sus petroglifos. Ahora es una muestra más del abandono en que están muchos de esos monumentos prehistóricos.

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Rara era la casa en el rural que no disponía de su piorno de uno u otro tamaño. Hoy la mayoría están fuera de uso o son elementos ornamentales.

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Este es O Muiño do Río Grande, que es el río Lérez . En la foto contigua, una vista de la Carballeira de San Xusto, un buen sitio para comer y descansar, que es lo que hicimos nosotros aquí al final de recorrido.

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Entre el río y la mar

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Lunes, 15 de Octubre de 2007
Adrián, Carlos, Isidoro, y José.
Recorrido; 28 Km.
Dificultad: Media
Duración: 5 h. 30 min.

El río es el Miño, el padre de los ríos gallegos y la mar es la mar océana que decían los antiguos, el Atlántico. Este recorrido discurre entre ambos. Desde los altos senderos de la ida cotemplamos el hermoso valle de El Rosal que se desparrama hasta el río. En el camino de vuelta, una vez pasada A Cruz da Portela, el sendero se convierte en un mirador a más de 300 m. de altitud, sobre la costa que nos afrece la impresionante estampa del mar inmenso viniendo a morir en los arenales y roquedos que bordean la carretera desde Baiona hasta A Guarda.

La ruta comienza en la carretera N. 550, Baiona-A Guarda a unos 500 m. de esta villa, en la zona de descanso que se encuentra un poco más adelante de la estación de de la estación de servicio. Atravesamos la carretera y tomamos una pista asfaltada que sigue el curso del abandonado GR 54, que fue en su día un sendero de gran recorrido hoy descatalogado, aunque quedan vestigios de su señalización. Poco después de la casa de la Comunidad de Salcidos, que encontramos al adentrarnos en el monte, encontramos una señal del antiguo GR54. Tomamos a la derecha y llegamos hasta A Cruz da Portela, atravesamos la carretera y tomamos la fruta en una zona de descanso con unas cuanta mesas de piedra muy rústicas y algún asador. Seguimos por la pista fijándonos en la señales blancas y rojas que aún se ven, algunas repintadas por los chichos de Los Lunes al al Sol, y llegamos hasta los molinos del Folón y un poco más arriba a los del Picón.

Ahí es un buen sitipo para reponer fuerzas y echarse una siesta antes de regresar bien por el mismo sendero por el que vinimos, o por el que pasa por la ermita de San Martiño que es uno que se coge a la derecha poco después de los molinos. Al llegar de nuevo a A Cruz da Portela, tomamos la pista de la derecha que sube casi hasta los 400 m. y que discurre paralela a la costa.

La misma pista nos lleva al cruce cercano a la Casa de la Comunidad de Salcidos citada al principio. De allí seguimos por el camino de ida y, en un par de km., estamos de nuevo en el punto de salida.

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Una curiosa fuente de la que aún mana un delgado chorrito de agua. La siesta que no falte, bajo los pinos donde se juntan los molinos del Picón y del Folón.

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El Miño se desliza plácidamente y es ahora límite que no frontera entre España y Portugal. Al poniente, el Atlántico baña la costa baionesa.

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Mapa de la ruta

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Tres faros y un facho

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Sábado, 10 de Octubre de 2007
Adrián,Dietmar,Eduardo, Isidoro, Jaime, Javier, José, y Pilar M.
Recorrido: 12 Km.
Dificultad: Media
Duración: 3h.

El recorrido de este Sábado ofrece unas de las más hermosas estampas que se pueden comtemplar desde la península del Morrazo. Comienza la ruta en Donón, pequeña localidad a la que se accede desde Vigo atravesando el puente de Rande y tomando el corredor del Morrazo hasta Aldán. Desde allí nos acercamos a Hío y, siguiendo el indicador que hay frente a su famoso cruceiro, llegamos a Donón en cuya explanada podemos aparcar.

Tal como se indica en el mapa de la ruta así como en los paneles que allí existen, iniciamos ahí nuestra andadura dirigiéndonos hacia el sur por la pista que nos lleva hasta Punta Subrido en donde nos topamos con el primer faro. De allí bajamos a la playa de Melide, la cual atravesamos para tomar la pista que nos lleva a Punta Robaleira con su gracioso faro pintado de rojo. Poco más al norte, muy cerca, alcanzamos Cabo Home con su faro que señala el canal entre la isla de Monteagudo (Cíes) y A Costa da Vela.

Volvemos sobre nuestros pasos durante un corto trayecto y seguimos por la pista a nuestra izquierda que nos lleva, casi paralela a la de venida, de nuevo hasta el aparcamiento. De allí, subimos por un tramo del GR-59 o Roteiro Ecolóxico do Morrazo, hasta O Facho que es, al parecer, una torre construída en el siglo XVIII a base de aras romanas halladas en este lugar, en el que están llevando a cabo excavaciones arqueológicas, de las que ya se muestran algunos restos de viviendas castreñas. Desde aquí se pueden contemplar en toda su belleza las Islas Cíes, Ons y Onza. Habiendo disfrutado del impresionante paisaje que nos ofrece A Costa da Vela, regresamos al punto de partida.

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Los faros de Cabo Home y Punta Robaleira.

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Playa de Melide y Costa da Vela

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O Facho (Lugar desde el que se encencían fuegos para guiar a los marineros. A veces se hacían para provocar naugragios). Contrucciones castreñas.

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Mapa de la ruta.

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