Reencuentro

Después de seis meses en el dique seco el que esto escribe vuelve a las «andadas», a las caminatas de los sábados y los lunes y al feliz reencuentro con sus amigos y camaradas compañeros de fatigas, que haberlas haylas, en esta grata afición a patear por los hermosos parajes que por monte, mar y río configuran el escenario de nuestras andanzas.

Este lunes hemos elegido una ruta que no por repetida es menos interesante. Se trata de Las Lagoas de Bertiandos, un extenso humedal al que se accede desde el puente romano de la pulcra y hermosa villa lusitana de Ponte de Lima.

Desde ahí parte la senda que, discurriendo por la orilla izquierda del «Río del olvido», el antiguo Lethes romano, lleva directamente al humedal que, cruzado por el  río Estoraos, ofrece al caminante numerosos miradores, pasarelas de madera y lagunas.

Después de unas cuantas vueltas por el húmedo recinto regresamos a la senda fluvial, a cuyo término, ya muy cerca del puente, nos saluda la efigie del brioso general Décimo Julio Bruto que confundió el Lima con el Lethes del Hades.

Un bonito y cómodo paseo que rematamos en la galería del restaurante O Confrade, a la orilla del río, con la presencia al otro lado de la inmutable imagen del mítico general.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
16,280 Km. 4 h. 22 min. Baja Nublado

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A Pedra do Lobo

Hace unas cuantas décadas, en estos montes que rodean el concello de Covelo por los que discurre la ruta que los sabatinos de Sendereando hicimos esta mañana, abundaban los lobos, muy temidos por la población rural que se defendía de ellos montando trampas como la muy conocida como  O Foxo do Lobo.

En la actualidad dudo que quede algún ejemplar por estos  montes de Fontefría, pero sí permanecen referencias a su existencia como ésta de a A Pedra do Lobo que imagino sería una roca desde la que el temido depredador oteaba el paisaje en busca de su presa.

Iniciamos nuestro recorrido en la localidad de O Castro, un conjunto de pocas casas, muy cerca de un promontorio desde  el que se contempla, a sus pies, la villa de Covelo.

Seguimos monte arriba, por estrechos caminitos bordeados de tojo, hasta el Coto de Barobe, un mirador con espléndidas vistas sobre el valle del Tea.

No tardamos en descender hasta O Rego de Portopiñeiros, un hermoso paraje protagonizado por ese regato que, en estos días de lluvias aún recientes,  precipita monte abajo sus agitadas aguas entre saltos y rápidos.

Dejando atrás el pequeño río y su hermoso bosque de ribera, seguimos la ruta entre brañas, turberas y algunos prados, hasta alcanzar la alta planicie de Fontefría con sus umbríos pinares en contraste con algunas pistas forestales sin sombra alguna para, una  vez pasada la cota más alta, pegada a la nacional 120, comenzar el descenso, por prados y tojales, a cielo abierto casi todo el trayecto, hasta toparnos de nuevo con el río, ya muy cerca de O Castro, inicio y fin de la caminata.

Distancia Duración Dificultad Tiempo
12,640 Km. 3 h. 37 min. Baja Soleado

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La vida del Tea

¿El es río un ser vivo’? ¿Tiene sentimientos?  A veces parece que sí, como en este sábado, en el que hicimos el tramo del Tea que va desde Cernadela hasta la localidad de Sabaxáns, por su margen derecha, regresando por la otra orilla, después de vadear el puente Mera.

Río arriba fluye el Tea hermoso y exultante, pleno de vida y vigor, sereno en sus remansos, agitado en los rápidos que se forman en su accidentado cauce o tras las represas, como la de los Pasos de Tatín casi cubiertos por las crecidas aguas en este tiempo de lluvia.

Hay alegría y gozo en el curso del río.

Sus aguas parecen felices en su peregrinaje hacia el mar,  en contraste con la triste imagen que ofrece la arboleda de ribera, despojada de su ropaje en este tiempo de invierno, elevándose sobre las orillas del Tea como inmensos esqueletos que no tardarán en recuperar su esplendor en la cercana primavera.

Llegará el estío y cambiarán las tornas. Pasará el río bajo los arcos del espléndido puente de Cernadela, humillado su cauce por la sequía, mostrando sus rocosas entrañas bajo el escaso caudal. No habrá en sus aguas la alegría de la crecida, ni el fragor de su caudal a rebosar, sino el triste murmullo de su curso lento y desganado.

Así son los ríos y nosotros, los andarines de Sendereando, los disfrutamos en cualquier circunstancia, ya sea en su plenitud, como en estos días, o en su declive.

La caminata de hoy, es un goce para los sentidos, más agreste en el tramo de ida por su margen derecha, con muchas rocas que sortear con cuidado de no darse un resbalón y angostos carreiriños hundidos en la espesura, en ocasiones casi tocando el agua.

Pasado el puente de Mera, la cosa cambia, pues un cuidado sendero de pescadores nos lleva por lisos caminos festoneados de verde hasta los famosos Pasos o poldras de Tatín, que «permitían el paso sobre el Tea y ahorraban a los vecinos de Lougares y Sabaxáns un gran rodeo ya que el puente más cercano tanto río abajo como río arriba está a dos kilómetros»*. Hoy, con las aguas tan crecidas, no podrían vadearlo.

Nosotros sí hemos hecho el citado rodeo, no tardando  en alcanzar de nuevo el puente de Cernadela, inicio y final de esta hermosa andadura

https://www.galiciamaxica.eu/galicia/pontevedra/pasosdetatin/

Distancia Duración Dificultad Tiempo
13,320 Km. 4 h. 28 min. Baja Nubes y claros

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Per loca pulcherrima

Per loca maritima fue el nombre con el que los romanos designaron la calzada que unía, bordeando el litoral atlántico,  las ciudades de Braga y Astorga .

Si aquellos romanos hubiesen conocido el recorrido que en  esta mañana hicieron los senderistas de Los Lunes al Sol le habrían llamado Per loca pulcherrima que sería algo así como la vía de los lugares más bellos.

Porque así es esta esta ruta que discurre por el orensano municipio de Padrenda y que, en su tramo fluvia,l ofrece al caminante una de las más hermosas estampas que la naturaleza ha creado en estos parajes por los que fluyen los ríos de Esmoriz y Gorgua, bien conocidos por estos caminantes, ya que raro es el año que renuncian a disfrutar del maravilloso espectáculo que ambos ríos presentan a su paso por estas tierras.

También la mano del obra aportó  su contribución  a la hermosura de estos parajes con los muiños, corredoiras y carreiriños que acompañan al río en su precipitado descenso, jalonado por el intenso verde que tapiza muros, troncos y rocas que, a pesar de la desnudez con que el invierno ha castigado a los caducifolios, brillan con esplendidez en contraste con la blanca espuma de las hirvientes aguas que, entre cascadas, saltos y remansos, configuran un escenario de extraordinaria belleza.

Para llegar hasta allí hemos partido del lugar de San Amaro, en Crespos, en continuo ascenso hasta la ermita de San Miguel y el Mirador de A Quinta, dos atalayas con  vistas sobre el impresionante mar de niebla que las rodea.

Culmina la ascensión cuando ya llevamos caminados unos 8 Km.,  punto en el que comienza la bajada a losríos de Esmoriz y Gorgua de los que nos desviamos en la inmediaciones del citado lugar de Crespos, final e inicio de esta inolvidable caminata.

Rematamos la jornada en el Restaurante Casa Creciente en donde festejamos la primera caminata del año, brindando además por el que suscribe que ya va por los 84 y por Elvira que, una vez más, se ha hecho acreedora de la medalla de oro como la más andarina.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
16,850 Km. 5 h. 28 min. Media Nubes y claros 

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