As Neves – Ribarteme

Ribarteme es una afinación del cacofónico Ribarterme, el nombre de la zona ribereña del río Termes que riega las parroquias nevenses de Santiago, San Cibrán y Santa Marta, esta última muy conocida en la comarca y fuera de ella por su famosa romería en la que los vivos hacen de muertos, en la que algunos devotos procesionan metidos en sus ataúdes, una tétrica ofrenda muy del gusto del rural gallego, como la Santa Compaña y los viajes a San Andrés de Teixido a donde  vai de morto o que non foi de vivo.

Es que a nuestras gentes del rural no les asusta la de la guadaña, hablan con ella si es necesario, la desafían metiéndose vivos en sus lúgubres cubículos sin pedirle permiso resucitando al final de la procesión para demostrarle que, gracias a la intervención de Santa Marta, le han ganado la partida.

La verdad es que en un día como el de hoy, luminoso y radiante, caminando entre estos campos de alta hierba que la brisa torna en un suave oleaje de un verde exultante, entre  cerezos cuyos frutos se van encendiendo en un rojo brillante y dulce que los pájaros esperan como su manjar favorito, por las riberas del padre Miño henchido como una  arteria colosal a punto de reventar de brío y de vida, no es el mejor momento para pensar en la muerte, pues todo lo que nos rodea  invita a gozar del placer de vivir.

Iniciamos la marcha en la capilla del Cristo, no lejos del centro urbano de As Neves, no tardando en llegar a la iglesia de Santiago de Ribarteme y desde allí, siguiendo el río Termes, a un precioso puente romano en cuyo extremo oeste se eleva un interesante peto de ánimas en cuyo retablo aparece, a la izquierda de Cristo crucificado, el Papa y el rey de España y a la derecha la Virgen y un obispo.

Por aquí pasa el Sendeiro dos Frades, camino que recorrió la reina Isabel de Portugal en su peregrinación a Santiago en el siglo XII, pasando por A Franqueira y que aún se puede hacer hoy aunque el sendero se encuentra en pésimo estado de conservación. Nosotros lo hicimos en el 2007 y de ello dejamos constancia aquí, en Sendereando,  bajo el título de Si lo vieran los frades.

Dejando atrás  los maravillosos parajes que nos ofrecen las riberas del Termes, llegamos a Santa María de Vide encontrándonos con la sorpresa de que la entrada al atrio de su monumental iglesia nos está vedada por sólida cancela con la cerradura echada.

A poco más de un kilómetro, ya en franco descenso, tocamos las orillas del ancho Miño cuyas aguas bajan pletóricas de fuerza y velocidad. La espesa vegetación cubre todo el camino. Robles, fresnos, chopos, olmos, abedules y laureles, también las invasoras acacias, jalonan estos senderos de pescadores por los que caminamos bajo su generosa sombra hasta que se acerca la hora del bien merecido descanso con parada en el restaurante O Frenazo, en el centro de As Neves, uno de los templos gastronómicos de la lamprea servida aquí en variadas especialidades, desde la clásica bordelesa hasta la lamprea con tirabeques, no aptas para el módico presupuesto de estos caminantes para los que  Emerita, la gran sacerdotisa de esta casa, preparó un excelente menú a base de pimientos del piquillo rellenos de ensaladilla, merluza a la gallega con ajada acompañada de deliciosas patatas al horno y brazo de gitano de postre, todo ello regado con blanco del Condado y tinto de Rubiós. ¿Puede pedirse más a cambio de un billete colorado?

Reconfortados con tan agradable colación, nos enfrentamos al último tramo de la jornada abandonando el urbano asfalto de la villa para adentrarnos de nuevo en la espesura cuya benéfica sombra nos libera del fuerte calor precursor de los del ya cercano estío. Un poco más de camino a cielo descubierto y ya estamos de nuevo en el atrio de la capilla del Cristo, lugar de inicio y remate de nuestra caminata.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,550 Km. 7 h. 13 min. Media Soleado 

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Monte do Ceo

No pasa de los 700 m de altitud pero le llaman O Monte de Ceo, el Monte del Cielo pero, como ya va siendo habitual en nuestros montes, en vez de ángeles lo habitan esos modernos generadores eólicos a los que no llegaría la adarga del Ingenioso Hidalgo. Así que lo del Cielo será porque no muy lejos de allí se encuentra el monumental santuario del Santo Cristo, en la parroquia de San Paulo de Xende, municipio de A lama.

Allí hemos comenzado la caminata de este lunes. En este santuario se celebra en el domingo anterior al Corpus la fiesta del Santo Cristo de la Agonía en cuya procesión se ofrecen almas piadosas que, metidas en sus ataúdes, como en Santa Marta de Ribarteme, agradecen al Cristo mercedes habidas por su intercesión.

La marcha se inicia bajo un potente aguacero que será el primero de unos cuantos chaparrones que irán cayendo a lo largo de la jornada, el más intenso durante casi una hora, antes de llegar a la obligada parada para comer.

A poco de abandonar el santuario entramos en el monte coloreado de un intenso amarillo por la flor del tojo. Por pistas forestales y algún que otro sendero rural llegamos a la carballeira que rodea la capilla de Nosa Sª das Ermidas, un hermoso paraje dotado de mesas y bancos así como de un palco, ya que aquí se celebra, el 8 de setiembre, la romería en honor de la Virgen.

Seguimos por caminos encharcados y, en continua ascensión, alcanzamos el citado Monte do Ceo, un estupendo mirador en tiempos de bonanza pero hoy un promontorio rematado por una caseta rodeada de unos cuantos generadores. Ahora toca bajar hasta Forzáns a donde llegamos bajo un auténtico diluvio que pone a prueba todas nuestras protecciones contra este tremendo chaparrón: paraguas, chubasqueros, polainas y botas.

Desde Fozáns, una vez alimentados,  emprendemos el regreso al punto de partida por la carretera que nos lleva al puente sobre el río Xesta, justo en el punto donde éste se transforma en el río Oitavén muy conocido por los vigueses, pues es en el que se ha construido  la presa de Eiras para el suministro de agua potable a la ciudad de Vigo y su entorno.

Una carreiriña de can y ya estamos de nuevo en los aledaños del santuario, punto de partida de nuestra marcha.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,670 Km. 6 h. 37 min. Media Chubascos 

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Cortegada

El nombre de Cortegada me trae a la memoria la figura de Joselín, un personaje que fue muy popular en el sur de Galicia durante los años treinta, precursor de los monologuistas y cuentacuentos que tanto proliferan en estos tiempos. Recuerdo un cantar de ciegos que él recitaba y que, refiriéndose a la citada villa, decía así, más o menos:

Alá por terras de Ourense
concello de Cortegada
habitaba un matrimonio
modelo de fe cristiana…

Unos ladrones asaltaban su casa y al perro que la guardaba…

pegáronlle tal patada
que el pobre se fue a caer
onde estaba la estercada.
Y allí, entre malos olores,
el probe entregó su alma.

Era muy enxebre y divertido.

Pues a Cortegada nos fuimos iniciando nuestra caminata en el Santuario de San Bieito de Rabiño para seguir entre fincas de labor y pequeños núcleos de población como Cazapedo y Fondevila. Ya en pleno bosque, nos topamos con la aldea abandonada de Carballeda, un lugar pleno de nostalgia y romanticismo plasmado en los viejos muros de mampostería cubiertos de musgo y vegetación.

No debió ser un sitio de poca importancia, pues las ruinas nos hablan de casas de gran porte de las que solamente quedan sus imponentes paredones en medio de los cuales habitan ahora árboles frondosos y variada vegetación.

Más adelante, en Refoxos, nos paramos a contemplar la gran mole del antiguo priorato de San Breixo que fue refugio de los peregrinos a Compostela y después, en Valongo, la monumental iglesia de San Martiño, poco antes de llegar al puente de Trado en el río Deva, tributario del Miño, transformado en esta zona en el embalse de Frieira.

Bajamos a la orilla del embalse por un estrecho sendero, de acentuada pendiente, bien dotado de escalones de piedra aunque muy invadido por la maleza por lo que colegimos que, de seguir así, en poco tiempo quedará intransitable.

Un poco más y dejamos atrás las tranquilas aguas del embalse para entrar en el caso urbano de Cortegada en donde nos detenemos para descansar de los casi 20 Km. que nos separan del punto de partida mientras reponemos energías en la cafetería Bulevar.

Regresamos a las orillas del embalse, al sitio en donde está instalado el antiguo balneario desde donde parte el sendero que nos lleva al lugar de A Barca y desde allí, con algún que otro chubasco, al punto de partida en el Santuario de San Bieito.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
27,620 Km. 7 h. 33 min. Media Nublado 

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Negreira

Muchos de los peregrinos que llegan a Santiago no terminan allí si no que continúan hasta Finisterre, oficializada Fisterra por la Ley de Normalización Lingüística. Parece ser que los primeros fueron los discípulos del Apóstol que se desplazaron  hasta el Finibus Terrae a fin  solicitar del prefecto romano permiso para enterrar sus restos en Compostela. La primera etapa de este epílogo del Camino Francés va desde Santiago hasta Negreira y por este municipio coruñés, antesala de la Costa de la Muerte, ha discurrido la jornada senderista de este lunes.

Iniciamos la ruta en la afueras de la villa, al lado del Centro deportivo y piscina municipal, para continuar por la localidades de Seilán y Doumes hacia Fontedemirón, siempre cuesta arriba de suave pendiente entre pinares tierras de labor y praderas, éstas abundantes debidas al carácter ganadero de la zona. Llegados a la localidad de Fiopáns bajamos hasta el río Tambre por cuyas riberas caminamos durante un pas de horas.

La vegetación es frondosa como suele ocurrir en los bosques de ribera. La primavera ya está asentada en estos parajes y el verde brilla intenso por doquier. Hacemos un alto en Ponte Maceira, hito importante en el Camino de Fisterra con su bellísimo puente, A Ponte Vella, de origen romano derribado por las acometidas del Tambre y reconstruido varias veces a lo largo de los siglos.

Seguimos por los caminos de pescadores que recorren las orillas del río abandonándolo por los aledaños de Novais para desviarnos hacia Lodosa y Chancela ya en los alrededores de Negreira. Allí, en el mesón O  Noso Lar, reponemos fuerzas con una lubina al horno como centro del menú acompañada de un rico mencía.

Los poco más de 3 Km. que nos separan del punto de partida los hacemos con calma, en plan paseo por las orillas del río Barcala, a lo largo de una preciosa senda muy bien acondicionada para el disfrute de los vecinos que tienen aquí un espacio muy agradable para deleitarse con las bellezas de este entorno envidiable.

El tiempo ha sido perfecto. Una temperatura equilibrada y un cielo de nubes y claros han propiciado esta jornada de andares tranquilos, conversación relajada y gozoso disfrute del placer de caminar.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
23,940 Km. 6 h. 56 min. Baja Nubes y claros 

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Tsunami de piedra

El parque Peneda-Gerês es el único Parque Nacional que hay en Portugal. Su entrada turística por el este está en Lamas de Mouro, municipio de Melgaço, que es donde hemos iniciado la llamada Andaina do Lobo organizada y realizada en el año pasado por los Bombeiros Voluntarios del citado municipio. El temido depredador abundaba entre estos riscos, según parece, así como el corzo, símbolo del parque. Hemos visto algunos garranos, los pequeños equinos del país, que andan sueltos por estos montes.

Una vez abandonado el valle, comienza el ascenso por los montes de Laboreiro, enormes paredones que se alzan cortando el horizonte y ocultando el sol que no alcanza a asomarse por sus mil y pico metros de altitud.

Enormes pedruscos nos rodean y sobrecogen como una inmensa ola que se haya quedado petrificada en las alturas. Dicen los geólogos que hace 3oo millones de años que están ahí. Quizá en aquel tiempo un tremendo tsunami reventó esta parte del planeta y, cuando todo acabó, quedaron como mudo testimonio de la colosal mutación estas cumbres de  piedras descomunales que a veces toman la forma de caprichosas figuras, el sapo, el escribano, que se dibujan en el horizonte como enormes seres fantasmales ajenos a nuestro paso por allí.

La ascensión no es fácil. El sol comienza a calentar y sobra impedimenta. Lentos pero incansables, los chicos de los lunes van ganando altura. Una parada aquí y otra allá para recobrar el resuello. Llegamos a lo más alto, donde las grandes rocas nos esperan impasibles, intemporales y eternas. Conscientes de la brevedad de nuestra existencia y de nuestra pequeñez ante estos monstruos de granito, grandes sí, pero sin vida, nos invade una ola de optimismo y contento por haber llegado hasta aquí, respirar el puro aire de estas soledades y disfrutar del magnífico espectáculo que nos ofrece la naturaleza en esta mañana resplandeciente.

La pendiente es tan pronunciada que la bajada es rápida y algo atropellada. No tardamos en llegar a Portelinha, a poco más de una legua de Castro Laboreiro en cuyo restaurante, O Miradouro do Castelo, hacemos alto para disfrutar del merecido premio a nuestros esfuerzos de la mañana consistente en un sabroso Bacalhau com Broa e Batatas a Murro, una de las mejores entre las mil recetas que se dice hay en este país para cocinar el bacalao.

Con las renovadas energías obtenidas en O Miradouro, emprendemos la ascensión a las ruinas del antiguo Castelo, un promontorio a 1025 m. de altitud desde el que se domina una amplia panorámica de Castro Laboreiro y sus alrededores. Aún nos quedan 9 Km. para regresar al punto de partida, ahora por terreno prácticamente llano, entre tierras de labor, corredoiras y congostras como las de aquí, alguna aldea de viejos caserones y caminos empedrados en los que el agua dificulta la marcha por el alto riesgo de pegar un resbalón.

Ya el sol comienza a esconderse tras las montañas cuando llegamos a Lamas de Mouro, al atrio de su encantadora iglesia que es donde hemos iniciado esta Andaina do Lobo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
27,840 Km. 8 h. 49 min. Difícil Soleado 

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