Celebrando el XXV aniversario

Fue hace veinticinco años cuando el P. Julián, carmelita, párroco del Carmen en Vigo, andarín infatigable,  fundó con nuestro inolvidable Adrián, ya fallecido, este grupo que llamamos Sendereando que año tras año, sin fallar ni una sola semana, ha salido del suelo urbanita para recorrer  las innumerables rutas  que se extienden por los montes y valles de nuestro querido y hermoso territorio.

Hemos decidido celebrarlo en este lunes y lo hemos hecho por todo lo alto comenzando, como es natural, con una hermosa ruta por la mañana, a las Fervenzas do Pereiro, en el monte Castrove, por la parte de Poio. Iniciado el camino el lugar de a Seara, donde se encuentra el Parque da Memoria, nos dirigimos a los Muiños da Freixa, un encantador paraje por donde fluye un arroyo cantarín que en  otros tiempos movía los rodicios de aquellos ingenios molineros.

Regresamos al asfalto para salvar el barrio del Rial y, abandonando la carretera, entramos en el bosque que es dominio del Rego do Pereiro a cuya fervenza no tardamos en llegar. Gracias a las recientes lluvias, la cascada presenta el atractivo aspecto de una espléndida cola de caballo cuyo fragor nos acompaña durante un buen rato fundiéndose, a medida que nos alejamos, con el fino rumor de la brisa que sopla en el bosque.

Toca seguir subiendo, esta vez por una empinadísima rampa, un cortafuegos que casi nos deja sin resuello, para alcanzar por la vía rápida los tres miradores que jalonan lo alto de esta ruta, tres magníficas atalayas desde las que se contempla el majestuoso cuadro de la ría de Marín. Debería decir dos y no tres porque el primero, el de la Tartaruga, ha sido superado por los eucaliptos  que apenas dejan entrever tan maravillosa estampa.

A partir de ahí todo es descenso entre pinares y eucaliptales, un tanto ansiosos por llegar al turístico Combarro donde, como hoy ha sido declarado festivo, bulle cierta animación en sus estrechos y encantadores callejones atestados de bares, restaurantes, chiringuitos y tiendas, destacando entre todos A Taberna de Albariñas en donde, después de una visita al Peirao para trasegar unas cervezas, invitación de la casa, nos tienen preparada una mesa con esmerada presentación.

Platos que son elegantes cúpulas de marisco coronadas por apetitosos camarones, acompañadas en su base con porciones de excelente empanada  de maiz con soubiñas  y deliciosas zamburiñas alojadas en sus preciosas conchas, verdaderas perlas para el paladar. Y qué decir del plato fuerte, una inmensa merluza guisada, con toda la sabiduría y cariño de quien hizo de su oficio arte y devoción. Y para terminar, excelsas porciones de tartas y bizcochos con los que el pecadito de la gula se  convierte en místico placer del éxtasis culinario. No dejaré de mencionar el divino albariño y el elegante mencía con que regamos tan excelentes viandas.

Pero la cosa no terminó ahí. A los postres, el que esto escribe recibió como presente por los cinco lustros de Sendereando un precioso cuadro del que es autor uno de nosotros, nuestro entrañable Ramón, artista donde los haya, que refleja en su cuadro todo el sentido y el significado del senderismo que se encierra en esa simbología tan acertadamente plasmada en su pintura.

Respondió José a tan inesperado como inmerecido obsequio con un soneto que compuso para sus amigos de Sendereando, con más cariño que acierto pero con un profundo sentimiento de gratitud para todos ellos.

La cosa no terminó ahí y para rematar tan gozosa efemérides, salimos en procesión por la Plaza Peirado da Cousa enarbolando el cuadro de Moncho como el estandarte que expresa como nadie el lema de Sendereando: Caminar es vivir.


Ramón

Aguerridos, lunáticos andantes,
rompedores del alba y del ocaso
malandrines del campo y monte raso,
guerreros contra vientos delirantes,

burladores de lluvias, nigromantes,
que encerráis las tormentas en un vaso,
zampadores de leguas paso a paso,
por encima de todo, caminantes.

Adalides de botas y bastones,
de mochilas, polainas, chubasqueros,
merlines de las rutas y senderos,

al mío unid los vuestros corazones
porque quiero expresaros, compañeros,
mi admiración y afecto más sinceros.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,410 Km. 5 h. 30 min. Difícil Nublado 

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Un samaín de hace 3.000 años

Ya que estamos en tiempo del comienzo de la estación oscura,  Samaín o Jalopín (adaptación enxebre del Halloween americano) se nos ocurrió celebrarlo en este sábado recorriendo los numerosos túmulos megalíticos que con el nombre de mámoas jalonan la ruta que serpea entre los montes Vixiador y Penide, colindantes y situados en los municipios de Vigo y Redondela, respectivamente.

Son más de sesenta los  monumentos funerarios que nuestros antepasados  elevaron en estos lares hace más de 2.000 años. El primero, A Mámoa da Casa Moura, se encuentra a pocos metros del cementerio de Candeán, no lejos del Vigozoo que es en donde iniciamos esta ruta. Se ven numerosos devotos y familiares ajetreados entre las tumbas, limpíándolas y adornándolas con flores en recuerdos de sus muertos. No muy diferente de lo que hacían, hace poco más de  un par de milenios, aquellos que, moviendo grandes piedras, construían los dólmenes en los que enterraban a sus difuntos, amontonando tierra a su alrededor, formando un pequeño montículo en forma de mama, de ahí lo de mámoa, su nombre en Galicia.

Muchos de ellos apenas si son reconocibles, pues la maleza los ha hecho casi invisibles, pero otros destacan claramente sobre la limpia superficie del pinar. Llama la atención la gran cantidad de estos túmulos que hay en estos montes. O había mucha población en aquella época en esta zona o alguna epidemia fue la causa de tantas tumbas y tan juntas.

También se encuentran por aquí unas cuantas estaciones arqueológicas,  A Porteliña, Poza da Lagoa, Chan da Cruz,  rocas en las que hay grabadas pictografías e ideogramas del neolítico, el más cercano antecedente de los símbolos previos a la escritura, así como figuras del arte rupestre, la más antigua expresión del genio artístico del ser humano.

Tanto desde el Vixiador como desde el monte Penide se pueden contemplar espléndidas panorámicas de la ría de Vigo gracias a la clara visibilidad de esta mañana, en la que algún esporádico chubasco ha limpiado el aire haciéndolo transparente y embellecido el bosque que luce, abrillantados, los hermosos colores del otoño.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
15,300 Km. 4 h. 13 min. Fácil Chubascos 

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Hitos del Sobroso

No es la primera vez ni será la última que los de Sendereando nos marquemos una ruta por estas tierras que rodean el Castillo del Sobroso primero de los tres emblemáticos lugares que jalonan esta caminata.

El Castillo situado en la colina de Landín, la más alta atalaya de Vilasobroso, domina el valle del Condado pudiéndose divisar desde su Torre del Homenaje más de cincuenta pueblos. Iniciamos la marcha en el monumental pórtico que da acceso al parque que lo rodea descendiendo por el barrio de San Martiño por un largo trecho de carretera que nos lleva hasta una reciente plantación de viñedos que cubre una extensa ladera de lo que hasta hace poco era un pinar.

Entramos ahora en los  montes de A Picaraña por caminos que discurren entre frondosos pinares y los enormes «penedos» característicos de estos parajes reencontrándonos con el bosque de madroños en donde nos detenemos para probar sus frutos, esas bayas rojas cuando están maduras y que poseen multitud de propiedades medicinales.

Seguimos monte arriba por las pistas forestales que rodean el alto de A Picaraña hasta toparnos con la empinada ladera que hemos de salvar para alcanzar la cima en la que se eleva la impotente cruz de piedra desde la que se contempla una amplia panorámica del valle con la villa en Ponteareas a sus pies. Bajamos hasta la capilla de la Santa Cruz, una curiosa construcción en forma de concha toda pintada de blanco,  casi oculta entre la frondosa arboleda decorada con los hermosos colores del otoño.

Unos  cuatro o cinco kilómetros más alternando pistas y asfalto nos llevan al Castro de Troña, en la parroquia ponteareana de Pías, un cerro en el que abundan las construcciones castrexas, de principios del primer milenio rematado en la cima por la iglesia del Dulce Nombre de Jesús, del siglo XVIII.

Como el tiempo apremia, regresamos a toda marcha por la pista que, a través del monte, empalma con la carretera que conduce al castillo cuya visita recomendamos pero que nos vemos obligados a dejar para otra ocasión, así que atravesamos su hermoso parque para alcanzar de nuevo el pórtico en donde habíamos iniciado esta interesante ruta.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,570 Km. 4 h. 38 min. Media Nublado 

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Chan da andoriña

La última vez que pasamos por aquí fue en diciembre del 2012. En aquella ocasión la ruta fue de 25 Km. pero ahora la hemos recortado a la mitad, pues las caminatas de los sábados son matutinas y el tiempo disponible no da para más.

Andoriña o anduriña es la voz gallega para la castellana golondrina o andorina y, como nombre de mujer, gozó de cierta fama en los años sesenta con la canción de Juan Pardo que hablaba de aquella muchacha, Anduriña, que se había escapado de su hogar. La versión de Juan y Junior le gustó mucho a Picasso que hizo un estilizado dibujito para la portada de su disco.

Es un ave de campo abierto y quizá de ahí le venga el nombre a este paraje que se encuentra no lejos de Fornelos de Montes, poco después de Bustelo, una aldeíta perdida en estos montes de la sierra del Suído.

Con algunos chubascos y algún rayo de sol que se colaba entre las abigarradas nubes, recorrimos estos agrestes lugares en cuyo interior se halla, como escondido, este encantador rincón a donde se llega a través de una frondosa carballeira, entre altos helechos y rocas cubiertas de espeso musgo.

En sus alrededores se pueden visitar un foxo do lobo y el Coto de Eira, cosa que haremos en otro día en el que dispongamos de más tiempo.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
12,460 Km. 3 h. 31 min. Media Chubascos 

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Xesteiras-Parafita

En enero del 14 estuvimos por aquí haciendo esta misma ruta aunque en esta ocasión hemos variado su trazado sensiblemente pero conservando sus dos puntos principales: el monte Xesteiras y la fervenza de Parafita.

El primero es un pico de 714 m. de altura situado en la parroquia de Setecoros, en Valga, desde el que en días claros y soleados como el de hoy se contempla parte de la ría de Arosa, Santiago de Compostela, Padrón, Cuntis y A Estrada.  Para llegar hasta allí iniciamos la caminata en la zona recreativa de As Laceiras pasando por Requián y su espléndida carballeira y siguiendo monte arriba, en larga ascensión, hasta alcanzar la falda del Xesteiras  cuya cima conquistamos después de salvar las fuertes rampas que  son la alternativa a la pista que lo rodea, más larga y llana.

Después de un corto descanso allá arriba para contemplar la espléndida panorámica de sus alrededores y hacernos la foto de familia, iniciamos el descenso, que también es largo, coincidiendo en algunos tramos con el Camino Portugués en el que nos cruzamos con unos cuantos peregrinos.

Ya en Valga, paramos en la Parrillada O Castro, restaurante frecuentado por camioneros, en donde nos atienden con los contundentes platos propios de estos establecimientos.

Aunque ya estamos en los comienzos del otoño, pega fuerte el calor del que nos libramos al bajar de la carretera al sendero que nos lleva a la fervenza de Parafita o Raxoi que, a pesar de este tiempo de sequía, aún conserva parte de su prestancia.

No presenta la formidable estampa de aquel enero, cuando las lluvias eran abundantes, pero corre agua suficiente para formar  un par de hermosas cascadas en el mismo umbrío paraje de frondosa vegetación permitiéndonos recorrer todo el sendero hasta llegar a la pista forestal sin necesidad de regresar al inicio como ocurre cuando las aguas van altas y es obligado desandar el camino para salir de allí.

Quedan un par de kilómetros para alcanzar el punto final en el citado lugar de As Laceiras en donde un original poste indica que hacia el norte se encuentra A Pedra da Serpe, una roca megalítica de las que tanto abundan en por estos lares en la que hay insculpidos algunos petroglifos. Allá nos vamos tres de los que aún nos queda fuelle  para recorrer los cuatro kilómetros que nos separan del citado monumento que consiste en un gran roca en la que está grabada la gran serpiente que da nombre a la piedra y dos espirales. Como ocurre con indeseada frecuencia, los vándalos han llegado hasta aquí para destrozar el panel explicativo, que con la roca no pudieron.

Aún el sol está bien alto cuando regresamos al sitio de comienzo y fin de esta ruta que, una vez más, nos ha hecho disfrutar de los hermosos parajes que nos ofrece nuestro país y del placer de senderear con estos buenos amigos.


Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
25,680 Km. 7 h. 38 min. Difícil Soleado

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