Volvimos a Brión

En el coche, desde Vigo, nos avisábamos entre nosotros de la lluvia que estaba por caer a las 12 del mediodía y a las tres de la tarde. Eso decía Meteo Galicia. Otros decían que a la una, o a las dos…
Esperando a los demás en el club de piragüismo Ribeiras do Tambre, nuestro punto de inicio, predominaba la niebla, mas bien alta, pero casi mojando como lluvia. Saqué el chubasquero de la mochila y me lo anudé a la cintura…
Apenas un titubeo sobre cual era el camino y en seguida estábamos pateando entusiastas en medio del arbolado que amamos y nos identifica, excepción hecha del eucalipto.
Subiendo con poca pendiente, disfrutando del color autóctono que también aquí, en estas aldeas de Brión, es afortunadamente abundante.
El matiz lechoso de la niebla daba a nuestro avance cierto aire de irrealidad, como si aún nos pudiera la modorra de la mañana.
El río, junto al que empezamos dos kilómetros atrás, reaparece a nuestra izquierda. Poco después llegamos al “pozo negro”, con su fervenza en medio de una densa vegetación de ambiente lúgubre y medio mágico, como de “bosque encantado”, sobre el pequeño regato “dos Chavielos”, que cruzamos por una pasarela casi devorada por la vegetación.
Atrás queda el río, pero no el bosque, nutrido de robles, castaños, salgueiros, ameneiros y otros muchos de los nuestros.
Poco a poco se despereza el día y se disipa la niebla, que no tarda en dejar pasar al sol en tímidas manchas de claridad o en auténticas cascadas de luz que devuelven infinidad de matices a la vegetación.
Verdes de variada gama: oliva, seco, militar… pasto, manzana, pistacho.
También los troncos y el matorral del sotobosque, casi seco, desnudan sus colores en plena cascada solar, con sus castaños claro, medio, oscuro, chocolate, rojizo, cobrizo, ceniza…
Y el dosel, invitando a levantar la vista, a disfrutar del entrelazado tierno y estrecho de las ramas haciendo pantalla al sol…
El ritmo diverso de nuestros caminares abre brechas constantemente. Pero siempre nos reagrupamos ante algún cambio brusco de rumbo.
Ya nadie pensaba en la anunciada lluvia. Tras el descanso acostumbrado, con la recompensa que Elvira siempre lleva a nuestras bocas, naranja esta vez, el chubasquero había vuelto a la mochila.
En la iglesia de Ons, esperándonos, Torres recordó haber comido tiempo atrás en un local frente a la entrada principal. “El Ruso”, le ayudó a recordar una simpática mujer vecina de allí. Que se comía muy buen cocido, y el ambiente era acogedor, cálido casi.
De allí bajamos hacia el río, nuevamente, y la nube amenazadora que hizo la contra al sol en Ons desató sobre nosotros su caudal, intenso y, aunque no infinito, tampoco tan breve.
Poco después estábamos en el hotel Rosalía, en Brión. Secos, con ropa limpia, y tan a gusto. En el mismo salón que hace año y medio, brindando por lo de siempre, lo bueno que tenemos y que nos queda.

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,540 Km. 4 h. 28 min. Media Nubes y niebla

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O Camiño das 14 revoltas

Una vez que llegas a la cumbre del monte de Santa Tegra, en castellano Santa Tecla, patrona de los pianistas nos decían de niños, después de contemplar la impresionante estampa del río Miño entregando su caudal al océano,  se inicia el camino de descenso hacia O Castrexo das Chans por un retorcido sendero al que le han puesto el nombre de Camiño das 14 revoltas, pues 14 son, por lo menos, las curvas poe las que hay que  moverse para llegar al citado lugar de Castrexo, antiguo enclave neolítico en el que un Centro de Interpretación explica a los visitantes las características del sitio, también merendero, en el que los castaños han abierto sus erizos lo cual nos permite disfrutar de los primeros frutos  de la temporada.

Arranca la ruta desde la playa del Codesal, al lado del hotel, para seguir  hacia Camposancos y desde allí, más o menos desde la plaza de San Amaro, iniciar la subida al mítico monte, lugar sagrado tanto para los antiguos como para los de hoy, ya que aquí se celebra en este mes de agosto la celebérrima Festa do  Monte en la que nos romeros acaban con su vestimenta del color del vino tinto que  se vierte raudales por las gargantas y camisetas de los que hasta allí acuden.

Para recorrer el total de los casi veinte kilómetros alrededor del monte hace falta recorrer las  muchas curvas por los numerosos senderos que serpentean por sus laderas. Por eso lo de las 14 revoltas no deja de ser un gracioso accidente entre tantos caminos que suben y bajan hasta llegar al centro urbano de la villa guardesa y continuar por la pista que a lo largo de la costa nos lleva al punto de inicio.

Es una andaina agradable y cómoda con el único esfuerzo de la subida a la cima desde Camposancos en la que  alternan magníficos miradores sobre el río y el mar con icónicos monumentos y lugares como la Citania, el Via Crucis, la capilla de la Santa o el pazo y museo.

Rematamos la jornada en el Mesón San Roque, en Salcidos,  con un modesto menú que colma aceptablemente las hambres que provocó la agradable y poco exigente caminata de esta mañana.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,570 Km. 4 h. 59 min. Media Nubes y claros 

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De San Lourenzo a Coto do Home

Si el fin de semana trajo algo de lluvia, sabíamos que este lunes 21 de agosto venía avisando. Ya a las ocho y media, la temperatura relativamente alta lo confirmaba, y eso que desde el primer mirador, se veía niebla en los recunchos de nuestra ría.

Aún frescos, caminábamos con energía, aliviados al comprobar que contábamos con largos tramos de sombra. La abundancia de carballos y castaños da a estas pendientes ese verde autóctono, algo desvirtuado, eso si, por el de los más abundantes pinos, y no digamos el de los eucaliptos invasores.

Allí donde el dosel es lo suficientemente tupido, como sucede normalmente en masas de robles y castaños de copas redondeadas, la luz tamizada es amable y sugerente.

Entre pinos y eucaliptos, con tendencia a rematar en punta, es más fácil que el sol entre en cascada si, como en esta ocasión, está brillando sin nada que lo frene.

También en el camino, o en los bordes, tan intensa luz cegaba todo color, rebotando como espejos, en las piedras, los árboles, o nosotros mismos.

Donde no era así, qué felicidad apreciar los tonos de verde diferentes de unos y otros arboles, también de los matorrales, helechos, zarzas, saúcos… Y cuando la orientación era buena y la vegetación se abría a nuestra vista, qué extraordinaria cascada de azules entre los del mar embalsado en la ensenada y del cielo limpio sobre nuestras cabezas.

La persistencia del bosque nos permite librarnos de los picotazos del sol, que ya es abrasador (por fortuna, casi todos protegemos nuestras cabezas de una u otra forma) pero no de los de los tábanos implacables. A cada paso que doy, me tengo que sacudir alguno, de los brazos, el cuello, la barriga… Les atrae mi sudor.

Al cabo de unos cuantos kilómetros reorientamos nuestros pasos dando la espalda a la ría de Vigo. Seguimos disfrutando, con pocas excepciones, de zonas boscosas. O chan da Armada, con algunos restos arqueológicos y, mas adelante, el parque y curro de Lagocheiras, donde descansamos y damos buena cuenta de otro dulce de los de Elvira.

Tras cruzar el chan da Arquiña nos despedimos de la sombra y nos dirigimos en subida intensa y prolongada hasta el Coto do Home, desde donde tenemos una panorámica impecable del fondo de nuestra ría: San Simón, Redondela, Arcade y las salinas de Ulló. Bajamos en trote intenso hasta San Lourenzo, chorreantes, felices de haber completado casi diecinueve kilómetros en un día de tanto calor.

En el “Hoyo 19” del campo de golf de Domaio reponemos las fuerzas y algo más. Somos afortunados

Texto, fotos y vídeo de Jaime Sáiz.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,650 Km. 5 h. 10 min. Media Soleado 

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Cuervos, águilas y Benito

O Niño do Corvo sigue llamándose así desde tiempo inmemorial pero al nombrarlo me trae a la memoria aquel Niño de la Guía en Xunqueira de Espadañedo o El Mesón del Viento en Ordres, unas traducciones disparatadas que, en el afán de castellanizar los topónimos  en lengua vernácula, cometieron aquellos funcionarios del catastro antes de que las autonomías devolvieran a esos lugares los nombres que les correspondían.

Así,  El Niño de la Guía volvió a su denominación correcta Niño d´aguia, Nido del águila, y el Mesón del Viento recuperó su original Mesón do Bento, es decir de Benito.

Como éstos podrían citarse cientos de  disparates parecidos algunos de los cuales son de carcajada.

En esta mañana hemos estado en el mirador de O Niño do Corvo que nos hizo recordar aquellos divertidos topónimos. Es una atalaya con espléndidas vistas sobre el valle de O Rosal, y la desembocadura del Miño entre Camposancos y Caminha.

Desde ahí seguimos por pistas forestales, casi siempre a la sombra de los pinos, hasta un extraño paraje conocido como Pedra Furada, una gran roca en la que la erosión abrió dos grandes orificios que los visitantes se ven obligados a traspasar, si no la cosa no tiene gracia.

Seguimos entre pinares hasta un cuidado parque forestal, con fuente y estanque, esculturas e inscripciones, llamado O Delirio do Poderoso, ya no muy lejos de nuestro punto de partida y también de destino como es el Santuario de San Campio de Lonxe pegado a Casa Telleiro, lugares muy frecuentados por estos caminantes  que en esta ocasión no pasaron de cuatro y que disfrutaron de una  cómoda caminata por los bosques de estos montes de A Serra do Argallo.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,490 Km. 5 h. 13 min. Media Soleado 

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De la Mata do Camarido al Alto da Espiga

Como todos los veranos por estas fechas desafiamos los rigurosos calores del estío y emprendemos la marcha desde del  umbrío verdor de la Mata do Camarido hasta la cumbre desangelada del Alto da Espiga venciendo los 10 Km. que  separan tan desiguales espacios.

La suave brisa mañanera nos acompaña, siempre a la sombra de los pinos de Don Dinís, hasta Moledo, la villa de veraneo que recorremos bordeando su playa ventolera, atravesando la linea férrea libre de comboios para seguir la ascensión por pistas forestales, ora bajo la sombra de pinares y acacias ora a cielo descubierto, hasta alcanzar los reales de San Pedro de Varais donde, al amparo de su románico pórtico, damos cuenta del generoso refrigerio que Elvira nos ha preparado en forma de rico bizcocho enriquecido con los más variados ingredientes, almendras, canela, nueces…que nos preparan para el duro esfuerzo que será el peaje a pagar para acometer la fuerte rampa del pedregoso sendero que hemos de salvar para conquistar el vértice geodésico del Alto da Espiga al que,  ignorando los sudores y fatigas de la escalada a pleno sol, Torres y Ángel se encaraman como si en vez de rondando los setenta regresado hubieran a los juegos de su adolescencia.

Sigue la caminata entre los inevitables ingenios eólicos por las desamparadas pistas de los montes desnudos hasta dar con el oasis de San Antoâo en cuyo predio se yergue la Cruz da Menina en recuerdo de la niña desaparecida por estos parajes  sin causa conocida.

Desde ahí se inicia el descenso por pistas de pavés y carretera de asfalto, ya metidos en el casco urbano de la vila camiñense cuyo paseo marítimo bordeamos para regresar al punto de inicio en la Mata do Camarido.

Rematamos la jornada en el restaurante Remo, en el centro de la villa amurallada.

Bacalhau a miñota en generosas raciones, precedido de variados petiscos, regado con  fresco vinho verde o cálido maduro, seguidos de variadas sobremesas, en una amplia mesa con excelentes vistas a la desembocadura del Miño en la mar océana, un maravilloso escenario que relaja los sentidos y calma el cuerpo de las pasadas fatigas

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
17,490 Km. 5 h. 24 min. Media Soleado 

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