No pudo ser

A Pocos kilómetros de Tui,en la parroquia de Guillarei sorprende al caminante la deprimente imagen de un enorme santuario abandonado. Su esbelta torre se eleva cenicienta sobre el valle. Sus muros, hace unas décadas blancos y limpios, emergen rodeados de zarzas y matorral entre la yerma explanada. Los amplios ventanales, cegados con ladrillos, han dejado ciego al gran templo inacabado.

Parece ser que un párroco entusiasta quiso llevar a cabo una de sus principales ilusiones: levantar un gran santuario con residencia y salones para seminarios y juntanzas dedicado a la juventud bajo la advocación de la Virgen María.

Cundió su entusiasmo entre vecinos y benefactores. Se iniciaron las obras que avanzaron a buen ritmo pero sin la aquiesciencia y apoyo de las autoridades eclesiásticas, por lo que la obra fue decayendo, los benefactores fueron desapareciendo y el monumento quedó a medio hacer.

No pudo ser y hoy presenta el triste aspecto de un proyecto que acabó en fracaso, una ilusión frustrada.

No lejos de tan deprimente lugar se encuentra la parroquia de San Xoan de Paramos, que saltó a las portadas de todos los medios cuando en mayo del 2018 la monstruosa explosión de una pirotecnia hizo saltar por los aires muchas de sus casas. Varias ya han sido reconstruidas por lo que a nuestro paso no demos encontrado el lugar lleno de escombros y desolación como cuando pasamos por allí hace dos años.

De Paramos seguimos camino hasta Baldráns que luce hermosa iglesia y enorme pino manso a lado de un vieja escuela unitaria.  Continúa nuestra marcha entre viñedos recientemente vendimiados, espesos maizales y tierras de labor cuando un corto sendero nos desvía hasta la arenera al borde del gran Miño por cuya orilla derecha sigue la ruta, ahora entre la frondosísima vegetación que crece por la ribera del padre de los  ríos gallegos.

Prácticamente la mitad del recorrido discurre por este camino de pescadores llamado también de los carabineros que en tiempos pasado perseguían a los numerosos contrabandistas que trajinaban sus mercadurías por estos lares burlando siempre que podrían a la autoridad.

Es un delicioso paseo a lo largo del río que en esta mañana soleada y cálida  invita al baño en alguna de las playas fluviales que lo bordean.

Después de que algunos de nuestros andarines refresquen su esqueleto en sus tranquilas aguas, reanudamos la marcha cuando nos quedan poco más de un par de kilómetros para regresar a la villa tudense en donde rematamos la jornada dándonos un homenaje en La de Manu, el conocido restaurante con sede en La Corredera que nos ofrece un variado y espléndido menú.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
20,450 Km. 5 h. 30 min. Baja Soleado 

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La mata de Don Dinís

Una enorme mancha de color verde intenso  se extiende desde  la Foz del Miño hasta la localidad camiñesa de Moledo. Son 164 hectáreas de pinar que hace seis siglos mandó plantar el rey Don, Dinís, Dionisio I de Portugal. Es la Mata de  Camarido, el mayor pinar atlántico al norte del Duero.

Predomina el pino pero en él crecen otras muchas especies como alcornoques y sobre todo laureles. En algunas zonas adquiere más el aspecto de laurisilva que de pinar.

En el sendero que parte de la playa de Foz de MIño arranca la caminata de este lunes cuyos primeros kilómetros nos brindan un agradable paseo por ese bosque envuelto en los aires salobres del océano. Hasta que llegamos a Moledo nos acompaña el suave rumor de las olas que bañan el largo arenal que bordea el histórico pinar.

Pasado el casco urbano de Moledo, una larga calzada de empedrada nos lleva monte arriba hasta el mirador de San Pedro de Varais, con su capilla románica del S. XII, sus  bonitas vistas de la costa y su área recreativa en donde  hacemos un alto para reparar fuerzas antes se seguir la ascensión hasta el Alto da Espiga, un promontorio con vértice geodésico, la más elevada atalaya de su entorno con espectaculares vistas  van de la imponente Serra D´Arga descendiendo  hasta A Foz do MIño sobre la resplandeciente lámina ondulante del océano.

Comenzamos el descenso acercándonos a la Capilla de Santo Antâo de principios  del siglo XVIII reconstruida en 1775.

Desde ahí todo es bajada sobre el asfalto que cubre el trayecto hasta O Mirador da Fraga, ya muy cerca del casco urbano, casi encima del impresionante manto verde de la Mata de Camarido que parece confundirse con el mar.

Ya en el caso urbano de la villa, seguimos por el paseo marítimo hasta los inicios de la Mata, al lado del restaurante Forte da Ínsua en donde nos espera un espléndido bacalhao al horno y unas lubinas a la brasa que,  acompañadas por un blanco verde de la casa, convierten en un festín gastronómico de altura la gozosa reunión con la rematamos la jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
18,290 Km. 4h. 59 min. Media Soleado 

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Mirando al mar

Jorge Sepúlveda fue un cantante de boleros muy popular entre los años 40 y 50 del siglo pasado siendo uno de sus éxitos mayores Mirando al mar, compuesta por César de Haro con letra de Marino García.

Contemporáneo suyo fue Jacques Trenet que con La mer obtuvo el mayor éxito de su vida.

Unos años antes el compositor Claude Debussy se había inspirado en el mar para su «boceto sinfónico» también titulado La mer que un principio no tuvo gran aceptación pero que con el tiempo se convirtió en un clásico.

La de Sepúlveda es romántica y un poco cursi soñando con su amor bajo la pálida luz del atardecer. La de Trenet pinta el mar como un hermoso cuadro en la imaginación del autor.

La de Debussy es una obra maestra que describe el océano con una original orquestación y atrevidas armonías impresionistas.

Y es que el inmenso mar ha sido el leimotiv de la jornada de este lunes. Desde la cima del monte de San Trega, en esta mañana clara y luminosa, la visión del estuario del Miño en su entrega a la mar océana, una inmensa lámina azul que se pierde en la difusa línea del horizonte, invita a la ensoñación o a la contemplación de la serena belleza que inspiró las hermosas canciones de Sepúlveda y Trenet o la composición de Debussy.

Para gozar de la impresionante estampa que ofrece el río en su encuentro con el Attántico entre las villas de A Guarda y Camiña, hemos iniciado nuestra andadura en la playa de Camposancos, muy cerca del Piñeiral Castrexo, un pinar cuyos ejemplares han sido decorados con espirales, esvásticas, trisqueles, laberintos y otras figuras que forman parte de los petroglifos que suelen encontrarse en los yacimientos neolíticos tan abundantes en Galicia.

Seguimos por la pista que bordea la costa hasta llegar al centro urbano de A Guarda el cual atravesamos para adentrarnos en las fincas que rodean la villa pasando por los lugares de A Longa y O Aloqueiro hasta cruzar la PO 355 por la pista que asciende al monte y enlaza con  O Camiño das 14 voltas, un enrevesado tramo por el que accedemos a la cima en donde se encuentra el hotel, los chiringuitos de suvenirs y el aparcamiento.

Una escalinata de piedra nos lleva a las rocas desde las que se contempla el maravilloso espectáculo el gran río rindiendo sus aguas al océano con O Forte da Ínsua plantado en medio del estuario.

Ya va siendo hora de regresar, así que iniciamos el descenso por la empinada rampa de escalones de madera que conduce a las pistas que, rodeando la ladera oeste del monte, llegan a Camposancos por cuyas calles deambulamos para volver a la playa. Allí, en Hotel Restaurante El Molino, finalizamos la jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,150 Km. 5 h. 30 min. Media Soleado 

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Agua sobre agua

Así fue. Agua sobre agua. La lluvia vertical cayendo incansable sobre la horizontal corriente del río Tamuxe. A eso de las once una lluvia pertinaz que no nos abandonaría en toda la mañana caía sobre sus tranquilas aguas . Paraguas y chubasqueros olvidados desde la pasada primavera salen de las mochilas para protegernos del interminable aguacero. La otrora plácida lámina del río parece que hierve al impacto de las gruesas gotas. Reverberan las copas de la arboleda ribereña, brilla la ocre hojarasca de los caminos y destellan los pequeños charcos como oscuros espejos. Repiquetea la lluvia sobre capuchas y paraguas como una sorda balada monótona e interminable.

Comenzamos la caminata bajo un cielo gris con rachas de una lluvia débil, orballo, chirimiri, poalla… Vadeamos el río por el puente hecho de piedra en el siglo XIX que unía las poblaciones de Tui y A Guarda. Tras un corto tramo de carretera nos desviamos hacia el río continuando por su orilla derecha entre maizales y plantaciones de mirabeles huérfanos a estas alturas de su dulce fruto.

Pasado Couselo, ya en los alrededores de Fornelos, abundan las zonas de baño con playas de piedra en las que la arena ha sido reemplazada por enormes lajas cuya resbaladiza  superficie reluce bajo la lluvia.

Nos desviamos hacia los montes aledaños hasta dar con el río Cal, tributario del Tamuxe, que baja de los altos del Folón y del Picón, los dos regatos que movían los numerosos muiños que, construidos en cascada, son la admiración de cuantos los visitan. Aunque el río va casi seco y puede vadearse  a pie, no hay más camino así que nos vemos obligados a  regresar por donde hemos venido y volver a la carretera que nos lleva de nuevo al Tamuxe pero por la orilla izquierda.

Continúa la marcha bajo la lluvia que no cesa alternando entre río y monte hasta llegar al lugar de A Lomba en donde tomamos la Senda de Pescadores que nos lleva hasta As Aceñas, un idílico paraje con gran molino y piscina natural muy cerca del puente sobre el Tamuxe que ahora dejamos a nuestras espaldas pasa seguir por la ribera del Miño durante poco más de tres km. y meternos de nuevo en San Miguel de Tabagón, restaurante As Brasas, principio y fin de la caminata de este lunes.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,120 Km. 5 h. 30min. Media Lluvia 

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El bosque incombustible

Hace 15 años, en el 2006, un pavoroso incendio arrasó los montes de A Serra da Groba llegando hasta As Sobreiras do Faro, el alcornocal más extenso y uno de los pocos que se se dan en  clima oceánico como es éste  del oeste de Galicia. Sus árboles aún mantienen el color negro de su gruesa corteza que fue la que los salvó de sucumbir al ataque de las llamas.

Con casi 7 Ha. se superficie este excepcional bosque de sobreiras (alcornoques) se encuentra casi hundido el el profundo cañón del río Broi, entre los montes de O Faro y Pousiño. En estos días de pleno estiaje el río es apenas un tímido hilo de agua que se desliza  casi oculto entre las grandes piedras desnudas que forman su cauce que  en tiempo de lluvias es un hermoso torrente de agua y espuma cuyo fragor resuena entre la arboleda de esta peculiar masa forestal.

No es difícil llegar hasta este precioso paraje partiendo del Restaurante Costa Verde, en la carretera de la costa, a la altura de Viladesuso, enlazando, siempre cuesta arriba, con la Ruta Máxica de Oia por la que en poco más de una hora llegamos hasta el puente sobre el río Broi, cabecera del extraordinario enclave. Siguiendo por la pista forestal que nos lleva monte arriba no tardamos en dar con O Cano dos Mouros, antiguo castro y excelente mirador sobre la costa atlántica  oculta en esta mañana por una  densa niebla.

Otro de los hitos de la caminata de este lunes son las Pozas de Mougás, también víctimas de la implacable sequía de estos días. Sus aguas altas y transparentes cuando el río suena son ahora una laguna de superficie verde y fondo turbio. Aún así, la agradable temperatura del agua invita al baño de manera que algunos de los andarines olvidan el triste aspecto de  lo que parece más charca que poza y se sumergen para nadar unos cortos largos en su verdosa superficie cuyo nivel mantiene un débil chorro que se filtra por los secos roquedales por los que en tiempos de bonanza baja pletórico O Rego de Pías.

Abandonamos las pozas para seguir monte arriba hasta el cercano Curro de Mougás, actualmente fuera de servicio a causa de la peste del Covid, continuando por pistas y caminos empedrados entre pinares y monte bajo que conducen al  lugar de A Cabeciña, otra atalaya sobre el mar desde la que a esta hora, ya  despejado el horizonte, se contempla una espléndida panorámica de la costa de Oia. Yacimiento arqueológico, asentamiento castrexo y base de un antiguo castillo es un lugar de alto interés para quien sepa apreciar los tesoros que encierra.

Desde ahí todo todo es bajar, a veces por abruptas rampas y cortafuegos, hasta dar con la carretera por la que, después de pasar por la parroquia de Mougás, alcanzamos casi el borde del mar, en la carretera de Baiona-A Guarda en donde se alzan hostales y restaurantes en uno de los cuales, el Costa Verde, rematamos la caminata de este lunes y damos cuenta de su variado menú enriquecido por un Joaquín Carballedo, el noble mencía de Valdeorras, invitación de nuestro entrañable y querido Ángel, compañero de fatigas durante muchos años y que, ahora ausente de estos pagos, ha vuelto en sus vacaciones para revivir viejos tiempos y compartir con nosotros esta jornada.

Datos de la ruta Distancia Duración Dificultad Tiempo
19,700 Km. 6 h. 4 min. Media Niebla/sol

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